No es común encontrar en la historia de la humanidad que los líderes políticos sean al mismo tiempo personas con alta cultura intelectual. Generalmente su horizonte se reduce al dominio de los cánones ideológicos de las cosmovisiones que los sustentan y un nivel informativo más o menos aceptable en la época y los contextos en los cuales desarrollan su liderazgo. En el caso de Fidel Castro asistimos a una genuina combinación de cualidades excepcionales para la dirección sustentada en una vasta cultura que sobrepasa cualquier referencia a otros líderes revolucionarios. Apetito de aprendizaje voraz, capacidad absortiva de la ciencia, la tecnología y la innovación multidimensional, de autocrecimiento y dominio de de la cultura más allá de la temporalidad.
En Fidel Castro se resumen los atributos principales de lo que Gramsci denominó un intelectual orgánico con mayúscula. Ello es una vasta cultura general integral combinada con un apostolado al servicio del pueblo y de la humanidad toda. Es una figura de talla global que ha signado toda una época. Cultivada sobre todo de forma autodidacta mediante el intercambio permanente con la comunidad científica e intelectual sin la exclusión de temas y cosmovisiones así como la lectura de los más disímiles títulos y autores desde la temprana juventud.
Hombre de miradas amplias y abundancia de sed intelectual. A su curiosidad no escaparon las obras históricas y filosóficas sobre los Arcontes griegos y la filosofía antigua de aquella región, Aristóteles, Platón, Demócrito, Cratilo, Sócrates, Diógenes Laercio y otros; las Obras Completas de Homero, Vidas paralelas de Plutarco y también Mirabeau; las grandes proezas militares de Aníbal, Los doce Césares de Suetonio, Alejandro Magno, Gengis Kan, Garibaldi; las biografías de Napoleón y su asombrosas hazañas como líder indiscutido en su época; Churchill y las peculiaridades de su liderazgo enigmático y valiente; la legendaria Esparta y sus guerreros de leyenda; la Biblia con la historia creacionista y las discusiones que perduran hasta hoy; Maquiavelo y el Príncipe que tanto ha representado en las ciencias políticas hasta nuestros días como ejemplo de estadista y teórico liberal; la Utopía de Tomás Moro y su visión germinal del socialismo; Locke y sus contribuciones a la filosofía política de la modernidad; los iluministas del siglo XVIII y el republicanismo emancipador que rompía de forma radical con el clericalismo; Fundamentos de filosofía de García Morente, la biografía de Carlos Prestes, un líder comunista kominteriano, Del espacio y del tiempo, de Kant; Hegel, y sus tratados filosóficos aportadores de la dialéctica y nuevas cosmovisiones; Charles Darwin, la evolución y la selección natural; Carlos Marx, Federico Engel, Vladimir Ilich Lenin y la revolución radical que representaron en las Ciencias Sociales y políticas (El Capital, Dialéctica de la naturaleza, El Manifiesto Comunista, El Dieciocho Brumario de Luís Bonaparte, El Estado y la Revolución, Materialismo y Empiricriticismo y la crisis de la física a fines del siglo XIX, El Imperialismo: fase superior y última del capitalismo y tantos otros); Curzio Malaparte y la técnica del golpe de estado que lo acompaño siempre en la sierra, Kaputt y La piel, del mismo autor; Clausewitz y su obra El armamento del pueblo, que aprendió casi de memoria; La biografía de Mussolini de Margarita Sarffati, Hitler y su Mein Kampf que proclamaba la supremacía aria; Víctor Hugo y los Miserables, Gustavo Le Bon y su Psicología de las masas que leyó con mucho placer e influyó en su preparación como líder de grandes multitudes; Segismund Freud y el Psicoanálisis basado en el “yo”; Antony Giddens, Patrick Süskind, Bradbury, Romain Rolland, La Élite del poder de Wringht Mills; las teorías eugenésicas y el socialdarwinismo; Gramática Latina, Diccionario de Modismos, varias obras sobre la cocina y sus secretos; J. Ortega y Gasset, Unamuno, Cronin; de José Ingenieros El hombre mediocre; S. Zweig, William Thackeray, Iván Turgueniev; Shakespeare, Munthe, Maugham y Dostoievski. Encíclicas Papales, Robert Jordan, S. Maugham, Honorato de Balzac, Jean Paul Sartre y el existencialismo; Ernest Hemingway y toda su obra y aquella sentencia que lo marcó para siempre que se encuentra en el Hombre y el mar, que se convirtió en faro y guía de su vida revolucionaria; Gabriel García Márquez, no solo como lector de su pródiga obra sino también como eficiente y agudo corrector de sus libros, cuyos manuscritos les enviaba el colombiano universal de forma puntual; Eduardo Galeano, Graham Grenne, Saramago y otros. Por supuesto Don Quijote de la Mancha y las historias caballerescas de aventuras donde él también se sentía que cabalgaba sobre Rocinante; Dostoiesvski, Tolstoi y la Guerra y la Paz, y tantos otros. Casi toda la literatura histórica sobre la Segunda guerra mundial y la Guerra patria de la Unión Soviética.
Aprovechó la prisión para leer hasta 16 o más horas diarias muchas veces con una vela bajo el mosquitero. Con el paso de los días aumentan las lecturas: El lirio del valle, Las cien mejores poesías, Siete cantos, El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde; Eugenia Grandet, de Honorato de Balzac; todo sobre la Gran Revolución francesa; Adolphe Thiers y la Historia de la Revolución Francesa en 10 tomos; los Padres Fundadores de la nación norteamericana y la historia de aquel país y su peculiar Constitución; las teorías sobre el genoma a través de algunos de los científicos principales: Francis Collins, James D. Watson, Craig Venter, Frederick Sanger, KaryMullis; la economía mundial con Adam Smith, David Ricardo, Robert Malthus, John Stuart Mill, John Maynard Keynes, Friedrich A. Hayek, Milton Friedman, Joseph Stiglitz, Geoge Soros; la ecología y todo sobre el cambio climático del cual era un experto que se adelantó a su tiempo (Al Gore, Jacques Cousteau, Masanobu Fukuoka, Wangari Maathai y otros);Stephen Hawkingy la teoría del Big Bang, los agujeros negros y el universo, la Teoría de las cuerdas y otras. Moun Vemon de Gerald White Johnson, Calle Mayor, de Sinclair Lewis; Robert Sinsheimer; Ana Karenina, de León Tolstoi; Shólojov, Memorias de Guerra, de Charles de Gaulle; Morelos, Bolívar; Raquel Carson, André Voisin; Arthur Miller, Raúl Prebich y el pensamiento cepalino, Pablo Neruda y sus poemas de amor; Vargas Llosa, Rachel Louise Carson, José Saramago, Noam Chomsky, Barak Obama, Borges, Roque Danton, Atilio Borón y muchos otros,
De la literatura de Cuba casi todo: Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, y Juan Criollo, de Carlos Loveira. El tema histórico es constante: Félix Varela y Luz y Caballero, Miró Argenter y sus crónicas de la guerra. José Martí es infinito y permanente en su voracidad intelectual y política como maestro y mentor; Varona, Mella, Martínez Villena, Raúl Roa y la Historia de las doctrinas sociales, que le sirvieron además en la preparación de la autodefensa por lo del Moncada; el Che, Carlos Rafael Rodríguez; los 10 voluminosos tomos de la Historia de la nación cubana hasta la literatura más actual, entre otras muchas obras y autores que les suministraban sus amigos escritores o no, en especial García Márquez, que era como su edecán para la literatura.
Adicionalmente, leía todos los días grandes dosier de cables y noticias de unas 200 páginas, preparados por sus ayudantes, que le permitía estar informado de inmediato de los principales acontecimientos mundiales, la economía, la política, la ecología, todo.
Gustó también de ver el buen cine, sobre soto el que recrea la epopeya histórica, disfrutar de la buena pintura y sus creaciones enigmáticas, el ballet, la música, la plástica y en general todas las manifestaciones artísticas. De joven, trató de aprender a tocar la guitarra pero el oído y las manos no se lo permitieron. Pésimo en el canto.
De igual forma sentía una fascinación especial y compromiso por aquella expresión definitoria del sentido de la vida de un gladiador, de un luchador revolucionario que él asumió desde la más temprana juventud, del gran escritor norteamericano, escrita además en Cuba:
Además de las magníficas entrevistas con Oliver Stone y otras, Fidel figura como coautor de otros libros de entrevistas y conversaciones, entre los que se citan: De los recuerdos de Fidel Castro. El Bogotazo y Hemingway. Entrevistas (obra del investigador colombiano Arturo Álape, 1984); No hay otra alternativa: la cancelación de la deuda o la muerte política de los procesos democráticos en América Latina (del congresista Mervin Dymally y el académico Jeffrey Elliot estadounidenses, 1985); Endeudamiento y subversión, América Latina: entrevista a Fidel Castro (del periodista mexicano Regino Díaz Redondo, 1985); Fidel y la religión (del dominico y teólogo de la liberación brasileño Frei Betto, 1986); Habla Fidel (del periodista italiano Gianni Miná, 1988); Una conversación en La Habana (del escritor español Alfredo Conde Cid, 1989); Un grano de maíz. Conversación con Fidel Castro (del dirigente sandinista nicaragüense Tomás Borge Martínez, 1992); ColdWar: A Warningfor a Unipolar World (entrevista de la CNN, 2003); y Guerrillero del tiempo (de la periodista cubana Katiuska Blanco, 2012, entre otras).
Libros recopilatorios y antologías de discursos, artículos y cartas aparte, de su puño y letra Fidel produjo otros títulos, entre los que se citan: Pensamiento político, económico y social de Fidel Castro (1959); Proceso al sectarismo (en coautoría con la cubanóloga francesa Janette Habel, 1965); Hay que pensar en el futuro (1975); La crisis económica y social del mundo: sus repercusiones en los países subdesarrollados, sus perspectivas sombrías y la necesidad de luchar si queremos sobrevivir (informe para la VII Cumbre del MNA, 1983); José Martí, el autor intelectual (1983); Ideología, conciencia y trabajo político, 1959-1986 (1987); Che en la memoria de Fidel Castro (2007); La victoria estratégica. Por todos los caminos de la Sierra (2010); La contraofensiva estratégica. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba (2011); y Obama y el Imperio (2011). Se suman cientos de reflexiones, comparecencias de prensa y otras.
Si de algo se quejaba siempre, era que sus múltiples obligaciones como estadista no le permitían leer todo lo que él quería y necesitaba.
Uno de los rasgos que caracterizan a las personalidades cualquiera sea el rango es por las predilecciones en las lecturas y dentro de ellas aquello que más sintoniza con su vida. Llama la atención un fragmento que subrayó Fidel de la Vida de Shakespeare escrita por Víctor Hugo, que él consideró como pensamiento formidable y guía:»Es hermoso que la fuerza tenga un amo y éste sea el derecho; que el progreso tenga un jefe: el valor; que la inteligencia tenga un soberano: el honor; que la conciencia tenga un déspota: el deber; que la civilización tenga una reina: la libertad; que la ignorancia tenga una servidora: la luz”[i]. En ese párrafo se encontraba el sentido y la proyección de su fecunda vida que lo practicó hasta sus últimos días y lo dejó como legado de un pueblo para todos los tiempos.
Nota:
[i] Para más información ver a Pedro de la Hoz: Ciertas lecturas de Fidel. Cubadebate 18 de agosto del 2017. En: http://www.cubadebate.cu/especiales/2017/08/18/ciertas-lecturas-de-fidel/ Consultado 5/5/2020.
Jorge Luís Guach Estévez. Universidad de Holguín. Miembro de la Cátedra Honorífica Fidel Castro Ruz.
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