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Fidel: un ser contrario al culto a la personalidad

Fuentes: Rebelión

Nuestro temor más profundo no es que somos meramente idóneos. Nuestro temor más profundo es que tenemos poder más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestras tinieblas, lo que nos atemoriza…” Nelson Mandela

Introducción:

El culto a la personalidad es tan antiguo como la sociedad de clases. Significa la glorificación de unos en detrimento de las mayorías. Era costumbre, por ejemplo, que los emperadores chinos-para despachar con sus ministros, se acomodarán en una suerte de tarima bien alta, repleta de símbolos y riquezas, para establecer jerarquías y demostrar su condición celestial superior como enviados del más allá, mientras que los ministros debían transitar un largo trecho por la alfombra, en posición cuadrúpeda con cascos de asnos en las manos y rodillas, para demostrar su condición animal ante su señoría imperial.

El culto a la personalidad tiene un fundamento de origen: en todos los casos se parte de la deificación de las personalidades, de su egolatría y poder desmedido, de aquella máxima de Thomas Carlyle: Si la historia no está de acuerdo conmigo, mucho peor para la historia. Están por encima de todo y todos.

Los que dirigen son hombres y no dioses-repetía Fidel. Por los atributos de su personalidad, el papel histórico que le correspondió jugar en el ámbito nacional e internacional y el amor ilimitado del pueblo pudo haber promovido y cultivado un desenfrenado culto a su persona como pocos en la historia. Sin embargo, lejos de estimularlo, lo combatió sin tregua desde posiciones de principios como una grave deformación del liderazgo, especialmente dañino en la Revolución. Este aspecto es abordado claramente por Fidel cuando expresó:

No el culto fanático, no la obediencia ciega, no las fórmulas mágicas de resolver los problemas al conjuro de hombres sino que cada ciudadano se sienta responsable de la obra de la Revolución porque en el socialismo la solución de los problemas no es solo cosa de gobernantes sino de gobernantes y de pueblo.i

El poder es del pueblo- no mío, insistía una y otra vez. Fue un ser humano de una inteligencia superior, distante de la infalibilidad espuria, contrario raigal de la divinización o canonización de su figura. Como todos, tuvo grandes aportes y también errores, ninguno de principios. Tal vez su mayor error en la dirección revolucionaria fue el exceso de humanismo. Querer y conceder a su pueblo, más derechos que deberes, más conquistas que contribuciones, si es que acaso el exceso de humanismo y de derechos se puede catalogar como un error.

(…) los fundadores de un proceso revolucionario socialista adquieren ante sus conciudadanos tal autoridad y ascendencia, tales y tan poderosos medios, que el uso irrestricto de esa autoridad, ese prestigio y esos medios puede llevar a graves errores e increíbles abusos de poder. (…) cualquier hombre, no importa que actitudes se le puedan atribuir, nunca será superior a la capacidad colectiva, que la dirección colegiada, el respeto irrestricto a la práctica de la crítica y la autocrítica, la legalidad socialista, la democracia y disciplina partidista y estatal y la inviolabilidad de las normas y las ideas básicas del marxismo – leninismo y el socialismo son los únicos valores sobre los cuales puede sostenerse una verdadera dirección revolucionaria.ii

Exigió a sus compañeros en el seno del Partido, el Estado y el Gobierno el ejemplo. Nunca predicaba o pedía algo que primero no practicara en su conducta cotidiana. “Ningún revolucionario es más importante que la Revolución. El ejercicio del poder debe ser la práctica constante de la autolimitación y la modestia. El socialismo es la ciencia del ejemplo”iii. El ejemplo no de palabras sino de hechos: cuando se sintió enfermo, inmediatamente hizo el traspaso de todos sus poderes a la nueva dirección, sin traumas o resentimientos, se puso a un lado sin intromisiones o críticas aunque su autoridad superior nunca se puso en duda. Actitudes así son muy raras en el mundo a través de la historia.

Si se entiende por culto a la personalidad el gobierno unipersonal, entonces no se puede hablar de culto a la personalidad en nuestro país, puesto que cuando triunfó la revolución, yo era Comandante en Jefe de un ejército victorioso, pero desde mucho antes me había preocupado por establecer ciertos principios de dirección colectiva. (…) en plena clandestinidad, teníamos un grupo de dirección que analizaba y decidía los problemas.iv

A diferencia de otros grandes líderes mundiales, comunistas o no, que sentían más interés en perpetuar su imagen en el futuro que su obra en el presente, en glorificar sus figuras como nuevas deidades políticas, Fidel se pronunció siempre contra la vanidad personal, lo fatuo, las máscaras construidas en laboratorios, los intentos de atribuirle valores divinos, de convertirlo en un ser infalible y no en el hombre de carne y hueso que fue como un Quijote de la Revolución, un caballero andante por las mejores causas de la humanidad.

Algunos creen que no somos lo que somos. Solo nosotros podemos juzgar y puede creerme si digo que soy severo y autocrítico conmigo mismo. Cuando digo una palabra de más o se me escapa que pudiera parecer un poco de vanidad, créame que soy duro, pero bien duro. Uno debe vigilarse mucho a sí mismo. Me gustan los hechos, no me interesa la gloria.v

Y cuando en un importante medio de difusión nacional un periodista utilizó un símil con su persona: A Dios lo que es Dios y al César lo que es del César, su respuesta indignada no se hizo esperar exigiendo que no se le vinculara ni con uno ni con el otro. Ni dioses del Olimpo celestial ni emperadores terrenales cabían en el arquetipo de ser humano que se había formado de sí mismo una imagen de humildad. Era un mortal como los demás.

(…) los fundadores de un proceso revolucionario socialista adquieren ante sus conciudadanos tal autoridad y ascendencia, tales y tan poderosos medios, que el uso irrestricto de esa autoridad, ese prestigio y esos medios puede llevar a graves errores e increíbles abusos de poder. (…) cualquier hombre, no importa que actitudes se le puedan atribuir, nunca será superior a la capacidad colectiva, que la dirección colegiada, el respeto irrestricto a la práctica de la crítica y la autocrítica, la legalidad socialista, la democracia y disciplina partidista y estatal y la inviolabilidad de las normas y las ideas básicas del marxismo – leninismo y el socialismo son los únicos valores sobre los cuales puede sostenerse una verdadera dirección revolucionaria.vi

Poco después de que los rebeldes entraron en La Habana en 1959, el escultor Enzo Gallo Chiapardi erigió un monumento de mármol en honor del líder rebelde cerca de la Ciudad Militar de Columbia. Fidel, furioso, ordenó que fuera destruido de inmediato y que jamás se repitiera aquella afrenta a su persona. Por eso, una de las primeras leyes adoptadas después del triunfo del 1ro de enero de 1959 —sin precedentes en el planeta— prohibía levantarles estatuas a los dirigentes vivos y ponerles sus nombres a ninguna calle, ciudad, pueblo, fábrica… y, proscribía también, las fotografías oficiales en las oficinas administrativas. Las que han existido y existen son de pura elección y admiración personal, no por indicación institucional o partidistavii.

No estoy luchando por la gloria. ¿Por la gloria para qué? ¿Por vanidad? ¿Para qué me hagan una estatua? Yo no lucho por estatua, lucho porque siento, lucho porque cada hombre tiene que cumplir un deber en esta vida. Mi deber era servir al pueblo.viii

Su voluntad expresa una vez fallecido que su nombre y su figura nunca fueran utilizados para erigir monumentos, denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria bustos, estatuas y otras formas similares de tributo. Las normas legales incluyen la prohibición del uso de denominaciones, imágenes o alusiones de cualquier naturaleza referida a su figura para su utilización como marca u otros signos distintivos, nombre de dominio y diseños con fines comerciales o publicitarios.

[…] “siento un profundo desprecio por todas las vanidades y ambiciones humanas. Todo el orgullo del mundo vale menos que un átomo de humildad cuando comprendemos que los hombres somos una desoladora nada”. Fidel

En la Revolución cubana, a diferencia de otras experiencias en el mundo, nunca se cumplió la fábula del Dios Saturno devorando a sus hijos.

Nuestra Revolución jamás devoró a ninguno de sus hijos, porque no hubo culto a la personalidad, ni dioses sedientos de sangre. La más estrecha unión, respeto y camaradería reinó siempre entre todos los revolucionarios. Las normas leninistas de organización y dirección son hoy nuestro más preciado tesoro.ix

La idea de la transitoriedad física de los hombres, cualquiera que sea su mérito histórico, y la perdurabilidad del pueblo como el sujeto permanente y supremo del desarrollo humano, han estado sistemáticamente en la prédica y el accionar de la dirección revolucionaria.

Yo creo en la dirección colectiva y, además, no creo que los individuos, las personalidades hagan la historia. Yo estoy muy consciente de cuál ha sido mi papel, y ha sido un papel- estoy consciente,- en un momento determinado, muy importante, porque cuando no hay nadie y empiezan unos pocos, la idea de algunos o de una persona puede tener un gran valor. En la actualidad no es la idea de un individuo que piense de una manera, son millones de personas y decenas de miles de cuadros que piensan de la misma manera”. Y concluye: “…los hombres pasan, los hombres no son imprescindibles…los que duran siempre, los que tienen que ser eternos, son los pueblosx.

El magisterio ético de Fidel es una muestra insuperable de humildad y servicio al pueblo.

Que se cumpla el deseo de García Márquez, compartido por Fidel cuando señalaba: ¡que ningún ser humano tenga derecho a mirar desde arriba a otro, a no ser que sea para ayudarlo a levantarse!

Notas:

i Castro Ruz, Fidel (1966): Discurso en el acto en conmemoración del V aniversario de la victoria del pueblo en Playa Girón, Granma, 20 de abril, La Habana, Cuba.

ii Castro Ruz, Fidel. (1976). Discurso pronunciado en la clausura del Primer Congreso del P.C.C. Editora Política, La Habana, Cuba.

iii Castro Ruz, Fidel (1966) Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, Primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del gobierno revolucionario, en la conmemoración del VI aniversario de los CDR. Plaza de la revolución, 28 de septiembre de 1966. Editora Política, la Habana, Cuba.

iv Castro Ruz, Fidel. (1988). Una América Latina más unida. Conferencia de prensa en Quito. La Habana, Editora Política. La Habana, Cuba

v Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Segunda Edición. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006.

vi Castro Ruz, Fidel (1976) Discurso pronunciado en la clausura del Primer Congreso del P.C.C. Editora Política, La Habana, Cuba.

vii Tres meses y 29 días después de triunfar la Revolución cubana, más exactamente el 20 de Marzo de 1959, se aprobó por el Consejo de Ministros la ley N° 174, la misma prohibía homenajear a personalidades nacionales no fallecidas a través de monumentos, estatuas y bustos. De esta manera, los dirigentes de la Revolución demostraban su rechazo a cualquier culto que no emanara de su ejemplo. El 27 de diciembre del 2016, un mes y dos días después del fallecimiento del líder histórico de la Revolución cubana el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba aprobó una Ley « mediante la cual se prohíbe utilizar el nombre de Fidel para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles y otros lugares públicos, así como también cualquier tipo de condecoración, reconocimiento o título honorifico». La legislación prohíbe igualmente el uso de denominaciones, imágenes o alusiones de cualquier naturaleza referidas a la figura del Comandante en Jefe para su utilización como marca u otro signo distintivo, nombre de dominio o diseños, con fines comerciales o publicitarios.

viii Intervención de Fidel Castro en Santiago de Cuba, 11 de marzo de 1959. Ediciones Revolución. 1960. La Habana, Cuba.

ix Fragmento del Discurso de Fidel Castro en la Sesión Solemne Celebrada en el “Carlos Marx” con Motivo del XX Aniversario del Triunfo de la Revolución, El 1º De Enero De 1979, “Año 20 De La Victoria”.

x Castro Ruz, Fidel (1985) Entrevista concedida a los periodistas Ricardo Utrilla y Marisol Marín de la Agencia EFE. 13 de Febrero. Versiones taquigráficas del Consejo de Estado. Editora Política, La Habana, Cuba.

Jorge Luís Guach Estévez. Universidad de Holguín. Miembro de la Cátedra Honorífica Fidel Castro Ruz.

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