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Fiebre española

Fuentes: linformatiu.com

Cuando escribo esto faltan unas horas para que la selección española de fútbol se dispute con la alemana un puesto en la final del Mundial de selecciones de este deporte. Un partido que, no lo oculto, voy a ver. Llegados a este punto, les confesaré además que ni cuestiono que se puedan llegar a pagar […]

Cuando escribo esto faltan unas horas para que la selección española de fútbol se dispute con la alemana un puesto en la final del Mundial de selecciones de este deporte. Un partido que, no lo oculto, voy a ver. Llegados a este punto, les confesaré además que ni cuestiono que se puedan llegar a pagar unas primas de 600.000 € a cada jugador si se gana el campeonato. Vista la locura generalizada, ¿creen que si se preguntara a la gente si pagaría 60 céntimos por cabeza a los jugadores en caso de vencer (las cuentas a vuela pluma me dan esa cifra), la mayoría diría que no? Al revés, muchos pagarían aún más. Total, los ciudadanos intuyen cómo se desperdicia o malgasta su dinero día a día sin decirles en qué, y en cosas que seguramente les importan menos.

Puede parecerles triste, pero es así. A la mayoría -como diría Rajoy, que siempre la tiene en boca- le importa más el fútbol que el origen de la crisis, las corruptelas políticas, o en qué se emplea el grueso de sus impuestos en lugar de en esos servicios públicos que nunca funcionan a su gusto el día que va a utilizarlos. Seguramente por eso, ayer -no quiero ni pensar lo que estará pasando hoy si España venció anoche- la mayoría de los medios de comunicación, en concreto los de masas, estaban especialmente pesados con la selección, con los «antecedentes históricos del partido», con el «clima previo», con las «opiniones de la calle», y abrían y llenaban con ello sus espacios presuntamente informativos.

Esto, a diferencia de las primas de los jugadores, sí me preocupa. Porque lo que saca a relucir -si es que quedaba alguna duda- es que los medios de comunicación no sólo han renunciado a su función de cuarto poder, sino a valorar su papel como divulgadores de información y como responsables de parte del conocimiento del entorno que tenga su audiencia, a la que se deben. En ese sentido, valorar como importantes los logros de este equipo de fútbol es innegable, pero relativizarlo, enseñar a la audiencia cuál es el lugar del asunto como el espectáculo que es, también debería serlo, y mucho más. Y pocos, muy pocos medios lo hacen. Es otra fiebre española, pero no puntual en su apuesta actual por el fútbol, sino generalizada en un intento constante por mantener adormecido al personal. Y cada vez se extiende más.

¿Cómo frenarla? Quizás poniendo en valor -nosotros como conscientes consumidores de prensa los primeros- a los medios y periodistas que no han olvidado cuál es su función y tratan de ejercerla de la mejor manera posible. Sí, lo normal sería decir que hacen simplemente lo correcto. Pero visto lo visto, lo correcto parece cada vez más digno de elogio. Y es un bien cada vez más escaso.

Fuente: http://www.linformatiu.com/nc/opinio/detalle/articulo/fiebre-espanola/

rCR