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Trueques y similares

Formas de intercambios antropológicos-históricos y ahora alternativos y anticapitalistas

Fuentes: Rebelión

«La cuestión es propiamente la siguiente: en todas las formas en que predomina la propiedad de la tierra y la agricultura constituye la base del orden económico […] el objetivo económico es la producción de valores de uso, la reproducción del individuo en aquellas relaciones determinadas con su comunidad en las que él constituye la […]

«La cuestión es propiamente la siguiente: en todas las formas en que predomina la propiedad de la tierra y la agricultura constituye la base del orden económico […] el objetivo económico es la producción de valores de uso, la reproducción del individuo en aquellas relaciones determinadas con su comunidad en las que él constituye la base de ésta».

«Un examen más detallado mostrará que en todos esos procesos de disolución se disuelven las relaciones de producción en que predomina el valor de uso, la producción para el uso inmediato; el valor de cambio y la producción del mismo tiene como presupuesto el predominio por parte de la otra forma [basada en el valor de uso]: por consiguiente en todas estas relaciones predominan las contribuciones en especie y los servicios en especie sobre los pagos en dinero y las prestaciones en dinero […]; todas las relaciones disueltas sólo eran posibles dado un grado determinado de las fuerzas productivas materiales y, en consecuencia, también de las espirituales».

(Karl Marx, Grundrisse)

1. Lo que se entiende en general por trueque (intracambio/intercambio de bienes y/o prestaciones a través de lazos sociales-culturales y sin usar dinero oficial-estatal) en la actualidad tiene raigambre histórica profunda. Ha sido una necesidad de sobrevivencia colectiva, forma parte de la reproducción de la vida social, específicamente de la humana. Además podemos decir que se trata de un fenómeno de carácter tanto sociopsicológico como económico-político tanto, como propiamente simbólico-cultural; esto es, estamos hablando de un fenómeno histórico-antropológico complejo y multidimensional.

La etnografía reciente lo ha subtematizado bajo diferentes modalidades donde intervienen diferentes formas de intercambio en las cuales no son preponderantes, son marginales o de plano se prescinde de las transacciones dinerarias/mercantiles/monetarias: negociaciones de palabras, divisas sociales, capitales sociales, redes de cooperación, altruismo, relaciones desinteresadas, dinero futuro, créditos de palabra, créditos invisibles, deudas morales, deudas generacionales y transgeneracionales, pagos con favores, pagos sacrificiales, niveles de ayuda entre familiares, compadrazgos y vecindades, reciprocidades de trabajos y de obsequios, ahorros, fiados y finanzas cotidianas, etcétera (Villareal, 2004; Long y Villareal, 2004; Barros Nock, 2004; Zanotelli, 2004; Durin, 2004). Así, pues, podemos decir que en las sociedades capitalistas actuales quedan aspectos y fenómenos sociales domésticos, colectivos o estatales donde se hace evidente la existencia de vínculos de este tipo donde los intercambios se conjugan y combinan con el dinero, pero donde éste no tiene la función capitalista de actuar como capital que se acumula; junto con lo arriba mencionado, están otros ejemplos: las tandas entre familiares y vecinos, las «vaquitas» o fondos de dinero para ayudar a alguien en desgracia, las «coperachas» o «trajes» para realizar un festejo o fiesta, las «rifas» con compra de boletos para sacarse premios y cuyo dinero recabado sirve para subvencionar una mejora para una escuela o para un espacio colectivo (calle, jardín, etc.), igualmente la organización de «bailes» o la venta de productos y pago por actividades en las «kermeses», o también la «loterías» y juegos de azar donde se compra un «billete» para la beneficencia pública, etcétera.

Podemos decir que truequear (intracambiar/intercambiar a través de lazos sociales-culturales sin intervención de dinero oficial) tiene que ver con compartir las actividades vitales y sobre todo los bienes producidos de esas actividades vitales. Compartir (intracambiar/intercambiar) se hace para la sobrevivencia y la vivencia, para la existencia y para el encuentro; así, para el famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss las sociedades se fundan en los cambios y sólo existen por la combinación de todo tipo de inter-cambios. De esta manera tenemos que las entidades sociales humanas comparten e intercambian relaciones humanas mediante: productos, instrumentos, palabras, personas, sensibilidades, energías, experiencias, escrituras, saberes, conocimientos, representaciones e imaginarios (entre otros); Lévi-Strauss (1972) priorizaba tres tipos de intercambios: de mujeres (parentesco), de bienes (economía) y de símbolos (cultura). Por su parte el antropólogo Maurice Godelier distingue dos dominios: el de los intercambios, independientemente de lo que se intercambie y de la forma en que se intercambie (del don al potlatch, del sacrificio a la venta, a la compra o al mercado); y el de la conservación y de la guarda para sí (de grupos e individuos) de cosas, relatos, nombres y formas de pensamiento que posteriormente se transmiten a descendientes o a quienes comparten las mismas concepciones (1998:285).

Para producir y reproducir la vida colectiva también están implicados de manera fundante los intercambios con la naturaleza (y a veces con la «sobrenaturaleza» o intercambios «sagrados») y los intercambios con nuestras propias subjetividades (por ejemplo mediante la mente y sus estratos). Formando todos ellos el metabolismo social-natural, subjetivo e intersubjetivo, objetivo e interobjetivo (Marx 1980).

Al interior de los grupos, colectivos y las entidades y comunidades humanas ha existido el intracambio y el compartir como elementos indispensables, pero también han existido las divisiones del trabajo por sexo, edad y condición como aspectos organizativos y de eficacia cohesiva e identitaria. Por tanto, el diseño de reglas y acuerdos que regulen esos intracambios que podrían llamarse en las sociedades indivisas o igualitarias (Clastres, 1981) de reciprocidad en las actividades vitales (Mauss, 1979). Éstos en forma de dones y contradones, regalos, trabajo colectivo, faenas, manovuelta, tequio, ayuda mutua, solidaridad, etcétera. Esos acuerdos, reglas manifestadas muchas veces de manera consuetudinaria (costumbres, hábitos, valores, etc.) dentro de un ethos u habitus comunitario, tienen que considerar las condiciones en que se encuentra la comunidad o colectivo y las condiciones en que se encuentran los miembros, es decir sus necesidades, capacidades y sus participaciones. Predomina la cualidad (valor de uso) respecto a la cantidad (valor de cambio). Pero de entrada predominan los intercambios internos, en términos generales, bajo condiciones de igualdad o equidad.

2. Cuando se realizan las transacciones con otros colectivos o comunidades (bandas, hordas o tribus, fatrias, clanes, confederaciones, etc.) se realizan dos tipos de intercambios:

1) Intercambios de relaciones sociales y culturales para establecer, ampliar y/o asegurar positiva o negativamente lazos.

2) Intercambios objetuales y de actividades (trabajos, servicios, prestaciones, actividades, tiempos) para complementar o para el abastecimiento suficiente de recursos y bienes.

Dichos dos grandes tipos de intercambios 1) y 2) comúnmente se han dado de manera conjunta. Se integran, cruzan o insertan unos a los otros: a manera de ejemplo etnográfico está el anillo del kula practicado por los nativos de la islas Trobriand estudiado a principios del siglo XX por el antropólogo B. Malinowski [1975].

Respecto específicamente a los objetuales y de actividades (que se han concebido limitadamente como intercambios meramente económicos) pueden ser de las siguientes maneras:

En primer lugar, ocasionales o eventuales, cuando a las colectividades les sobran y están en disponibilidad de ofrecer y recibir estos elementos (plustrabajo, plusproducto), generalmente después de cumplir sus necesidades básicas. Tenemos en este caso un ejemplo muy citado que es el del «intercambio silencioso» realizado en algunas tribus consistente en entregar y recibir bienes entre por lo menos dos comunidades a manera de ofrendas sin necesidad de encuentro físico directo entre los participantes: se seleccionaba un lugar «neutral» considerado generalmente «sagrado» y en el cual debía reinar la paz para establecerse como lugar «solemne» (o de ritual), aquí se ofrecían objetos para el cambio dejados allí por uno de los grupos, una vez dejados por sus representantes se retiraban, posteriormente el otro grupo llegaba y si aceptaban el cambio retiraban los bienes y dejaban otros a cambio, esta operación se repetía sucesivamente hasta ir concretando acuerdos de: entrega-aceptación-entrega (Jozsef. 1989). El geógrafo y antropólogo Daryll Forde (1966) nos ilustra el siguiente caso:

Muchos pigmeos están tácitamente unidos y relacionados con un poblado negro y han establecido acuerdos para intercambiar caza por productos agrícolas. Después de una caza provechosa, los pigmeos penetran en los campos de bananas de los habitantes del poblado, recogen el fruto que consideran justo y cuelgan en su lugar la cantidad de carne conveniente. Cuando los agricultores negros necesitan caza proceden de igual modo dejando productos agrícolas en un lugar a propósito al alcance de los cazadores, los cuales, a su debido tiempo, dejarán en este lugar una parte de su caza [pág. 39].

Aquí, pues, «la proporción cuantitativa de su intercambio es, en un principio, completamente fortuita. Si las cosas son intercambiables ello se debe al acto de voluntad por el que sus poseedores resuelven enajenarlas recíprocamente» (Marx, 1979: 107).

3. Pero también, en segundo lugar, se desarrollaron históricamente otro tipo de intercambios entre entidades o colectividades, etc., los que podemos llamar constantes o consistentes, puesto que se realizan con continuidad cuando los sobrantes en bienes y/o actividades (plusproductos y/o plustrabajos) aparecen con mayor continuidad y sistematicidad:

La repetición constante del intercambio hace de él un proceso social regular. Con el paso del tiempo es forzoso que se produzca por lo menos una parte de los productos del trabajo con la intención de volcarlos en el intercambio. A partir de ese momento se reafirma, por una parte, la escisión entre la utilidad de las cosas para las necesidades inmediatas y su utilidad con vistas al intercambio. Su valor de uso se desliga de su valor de cambio. De otra parte, la proporción cuantitativa según la cual se intercambian, pasa a depender de su producción misma. La costumbre las fija como magnitudes de valor (Marx ídem).

Esto debido a tres elementos:

a) Al crecimiento de la productividad del trabajo debido a mejoras técnicas y de conocimiento e información que hace posible la producción de más bienes y/o la disponibilidad de diversificar las actividades.

b) Este crecimiento de la productividad genera regularidad excedentaria, o sea el plusproducto y/o el plustrabajo se convierten en excedentes (Guerrero, 1972; Sarmiento, 1992) y ello hace que se desarrolle un compromiso con ello; lo desata una lógica excedentaria y por tanto una dinámica de búsqueda de fuentes energéticas extra-humanas, lo que lleva a la «red evolutiva de la expansión humana» (véase Adams, 2001).

c) Si por lo menos dos grupos o comunidades participan de esta situación y tienen excedentes que intercambiar de manera comprometida debido a que ello genera mutua dependencia positiva y/o negativa, más o menos pacífica y/o tensa.

Esto es, el acuerdo genera una alianza de intercambios o permutas de excedentes, la entrega-aceptación-entrega se va a haciendo formal y necesaria para los colectivos implicados. Pero esto no garantiza la constancia ni la sistematicidad, pues ella depende no sólo del compromiso pactado y del supuesto beneficio mutuo, sino que todo esto depende de la garantía de la productividad del trabajo, de su desarrollo y por ende de las mejoras técnicas y energéticas y sus eficacias y eficiencias, de la mayor división del trabajo que produce, del desarrollo de las necesidades y del posterior desarrollo demográfico que puede conllevar; todo ello en función de las potencialidades y posibilidades ecológicas o medioambientales (rendimientos), etcétera.

4. En tercer lugar cuando aparece el excedente como tal, puede suceder y de hecho sucede (y sucedió en las épocas precapitalistas), que este mecanismo productivo y de intercambio lleva -como dijimos, siguiendo a Adams a una lógica de crecimiento y expansión- y, por tanto, las permutas de excedentes se instalen y se demanden en las comunidades o sociedades cambiando y afectando la lógica de los lazos socioculturales; esto es, aspectos organizativos, económicos, mentales/ideológicos, y políticos de ellas; y por ende afectando también su forma y tipología y teniendo como uno de sus ejes los elementos simbólicos-rituales (Baudrillard, 1995) y las contradicciones escisiones y ajenidades señaladas por Marx (la escisión de valor de uso y valor de cambio, las necesidades de objetos para el uso ajenos, etc.).

Aparecen los intercambios ya no sólo entre dos o tres grupos, sino que con la lógica productiva y energética de los excedentes se posibilita su extensión a varios grupos o colectivos al interior mismo de las comunidades o sociedades que generalmente son más grandes o entre comunidades que ahora se agrupan en alianzas o integraciones más formales y cohesivas; aunque también pueden generarse y se generan confrontaciones y disputas, o sea conflictos y competencias entorno a ese excedente o esos excedentes. Por ejemplo, aparecen los big-man o «grandes hombres» que a cambio de grandes esfuerzos e incluso rivalidad por reconocimiento, prestigio y honor (potlach) impulsan la productividad y la competencia de sus grupos en torno la productividad del trabajo y de los productos del mismo (Sahlins, 1979)1.

Recordemos que en el tránsito del plus o sobrante → hacia el excedente (propiamente dicho) las actividades, pero sobre todo los bienes o productos pueden adquirir uno o varios de los siguientes destinos:

i) Para autoconsumo y autodisfrute más o menos inmediato del grupo que lo produjo (en comilonas, ceremonias, fiestas, rituales, etc.). ii) Para ofrendas a la tierra, a los dioses, a la naturaleza y a la sobrenaturaleza. iii) Para el intracambio e intercambio de dones y contradones entre personas miembros o familias, etc. iv) Para almacenamiento cuando sea posible y viable. v) Para catalizar los intercambios o permutas como tales. Una vez instalado el excedente y su lógica, éste servirá principal y primordialmente a este último fin:

5. Así pues, se desarrolla, en cuarto lugar, otra manera de permutas: entre varias comunidades o grupos que se ponen de acuerdo o pactan intercambiar y complementar sus productos y/o trabajos excedentes («multitrueques») bajo una forma de intercambio múltiple o distributivo. La forma más conocida de ello, en términos fundamentalmente etnográficos, es la llamada entrega-concentración-redistribución, donde se presenta una verdadera circulación de bienes a partir de líderes o representantes de colectivos (linajes, clanes, tribus, segmentos, etc.) que funcionan como intermediarios, conductos y garantes de esta distribución o intercambio múltiple; y que, además, instalan centros concentradores y redistribuidores de los excedentes; conformándose una economía donde esta forma circulatoria-distributiva hace a los colectivos co-dependientes complementarios (simbiosis) dado el peso que van teniendo en su forma de vida, de producción, de consumo y de relación con los medios ambientes ecológicos esa re-distribución (Polanyi, 1976; y McClung, 1995 para el caso del sistema simbiótico de la cuenca de México prehispánico). Así, en términos generales: entre más división del trabajo social, entre más maneras de «especialización» productiva y ecológica (diferentes nichos o ecosistemas en simbiosis eco-lógica y eco-nómica), mayor tecnificación, mayor productividad, mayor estructuración disipativa, mayor población y mayor complejidad.

Este modelo circulatorio-distributivo puede tener básicamente dos opciones:

A) La primera es la entrega-concentración-redistribución simétrica o igualitaria, bajo condiciones de relativo igualitarismo de las sociedad y los segmentos, donde entre lo que se entrega, se concentra y se recibe hay una correspondencia equitativa o cercana a lo equitativa y donde los participantes, es decir los grupos o segmentos, se benefician de la circulación y los intercambios dado que entregan su producto o actividad excedente y reciben otros productos o actividades que los complementan y diversifican en sus necesidades y consumos, es decir los enriquecen al verse beneficiados de variedad de bienes y o trabajos. Igualmente los líderes y el centro concentrador y redistribuidor gestionado por ellos, cumple funciones fundamentalmente inter-mediadoras y no concentran para ellos mismos o para beneficio personal o familiar los productos o los trabajos excedentes.

B) La segunda entrega-concentración-redistribución es la asimétrica o pro-estratificada, bajo condiciones de inicios de la estratificación y jerarquización de los segmentos, donde entre lo que se entrega, se concentra y se recibe no hay una correspondencia equitativa o cercana a lo equitativa y donde los participantes, es decir los grupos o segmentos se benefician de manera tangencial y ya no completa de la circulación y los intercambios, esto, dado que entregan su producto o actividad excedente y reciben otros productos o actividades que los complementan y diversifican pero ya no en equidad sino de manera inequitativa y por ende desventajosa para ellos: dan más de lo que reciben. Igualmente los líderes y el centro concentrador y redistribuidor gestionado por ellos, cumple funciones inter-mediadoras pero también de control y de concentración para beneficio de ellos mismos, de su familias y de sus grupos. Una parte importante de los excedentes son apropiados de manera excluyente, o sea exclusiva, desarrollándose los gérmenes de la expoliación del trabajo. Por tanto aparecen los inicios de la propiedad exclusiva, la propiedad privada, la estratificación, la jerarquización, la división de clases. Y la plataforma para la concreción política de las jefaturas (cacicazgos o señoríos) y posteriormente los Estados, los Imperios, etcétera (procesos estudiados por antropólogos eminentes como G. Childe, E. Service, L. Krader, M. Fried, M. Harris, R. L. Carneiro y Ch. Redman, entre otros)

6. Pero, en quinto lugar, lo importante para la cuestión de los intercambios o permutas es que todas las formas y tipos descritos anteriormente (a excepción de la tendencia última) podrían entenderse como maneras de trueques («multitrueques») o de permutas («multipermutas»), es decir, donde no interviene todavía el dinero o la compra-venta para extraer ganancia. En efecto, en términos histórico-cronológicos se trata de maneras de intercambios, trueques o de permutas pre-clasistas, pre-estatales, pre-mercantiles, la mayoría de ellas, o casi todas son maneras no reificadas de intercambio, distribución y circulación. Sobre la base de ellas y a partir de la dinámica creciente de la productividad excedentaria se desarrollan: las mercancías, el mercado, los equivalentes generales y las formas del dinero, son estas nuevas modalidades de intercambio enajenado porque se basan ya en el trabajo enajenado y en la formas de valor. Las formas o maneras de trueques o de permutas tradicionales o por costumbre no desaparecen quedan entonces subsumidas o subordinadas, aparecen como secundarias, marginales o sólo complementarias de las formas de intercambios enajenadas, basadas en el valor de cambio.

7. Las mercancías son bienes, servicios y valores productivos que están proyectadas para funcionar en la circulación o flujo constante y continuo de diferentes tipos de ellas, para encontrarse, espejearse y compararse unas con otras. Pero conforme y como permea y se acrecienta su diversidad y su campo expansivo de circulación y distribución que rebasa los ámbitos de las comunidades o segmentos para llegar a sociedades y espacios semiurbanos y urbanos más o menos cercanos o más o menos lejanos; entonces se ensayan encontrar a partir de sus valores de cambio, de su tiempo de trabajo contenido en ellas, de su trabajo abstracto, etc., medidas comunes (esto es predomina una lógica más cuantitativa que cualitativa) que puedan hacer que las mercancías se equiparen y equivalgan unas con otras por su magnitud de valor.

Pero antes que se consolide esta tendencia mercantil y cuantitativa, que mide cuantitativamente el valor de cambio de las cosas de manera cada vez estricta, se ensayan tipos de equivalentes parciales y tangenciales a partir que las comunidades van distinguiendo a nivel de los intercambios y los incipientes flujos, ámbitos diferenciados de circulación de los bienes: por ejemplo: a) bienes de subsistencia, b) bienes de lujo y c) bienes de prestigio. Son los que se han denominado «monedas arcaicas», «monedas primitivas» o «paleomonedas», que tienen las siguientes características y funciones principales (Godbout y Caillé, 1997): i) no circulan más que como permutación con un número de bienes limitado, ii) su circulación es entre cierto número de personas determinadas, iii) su valor no es fijo, es flexible: «varía en función del número de poseedores que han tenido, de su prestigio, así como de las circunstancias que han presidido las transacciones para las que han servido» [p. 151]; iv) la exigencia de igualdad, de auténtica medida aritmética no está manifiestamente en el plano de prioridad; v) no evalúa primero el valor de las cosas sino el de las personas, y si lo hace es únicamente en forma indirecta, por refracción del valor de las personas; vi) no permite comprar cualquier cosa; y vii) porque esencialmente no sirve para comprar, sino para «pagar», y principalmente el «precio», o mejor dicho, la contraprestación de equivalente no de cantidad de las personas y sus cualidades, habilidades o capacidades (de la novia, de los especialistas, de «sangre», de «honor», de servicios concretos, etc.)

En efecto, se prueban históricamente diversos tipos de equivalentes en diferentes regiones, lugares, periodos o zonas en donde se desarrolla la circulación mercantil in crescendo (ganado, conchas marinas, piezas de marfil, jade o ámbar, granos de cacao, telas, hachas de bronce, barras de sal, cuentas ornamentales, clavos, leña, etc.). Estos equivalentes generales cuando se consolidan, de manera lenta y desigual y dependiendo del estado de la economía y de la estructura de la sociedad (Vilar 1974), se convierten de suyo en mediadores e intermediarios -impuestos por la lógica del poder mercantil y del valor de cambio- de los intercambios de la riqueza humana en zonas o regiones importantes de las sociedades clasistas y estatales; y cuando logran dominar en buena medida las economías y las formaciones sociales se afianzan como dinero: esencialmente como monedas dinerarias, donde los metales durables, maleables, fraccionables y acuñables (el oro, precioso-amarillo-rutilante como rey-sol simbólico) se convierten en la representación abstracto-simbólica de riqueza humana (fundamentalmente material) y por ende adquieren cualidades «superiores» que desatan las ambiciones y las posesiones-apropiaciones privadas y elitistas. Se desata «la bestia», diría Marx siguiendo el «Apocalipsis».

Cabe señalar que el origen de las monedas-dinerarias está vinculado los cultos sacrificiales de intercambio para la cohesión de la sociedad y a las instituciones religiosas prístinas conocidas como Templos, además, según Horst Kurnitzky (1978), el dinero en su estructura libidinal, encarna el sexo femenino reprimido y su correlato: la naturaleza sometida en forma de materia prima a través del trabajo enajenado, específicamente el trabajo sacrificial (trabajo esclavo primordialmente).

En la antigüedad se tenía ya la conciencia de que el trabajo era sacrificio -sólo recordaré que los esclavos de las sociedades esclavistas, como los animales de labor eran antiguamente sacrificados o sea que la esclavitud viene siendo un canibalismo sublimado- la palabra operare significa trabajar y al mismo tiempo sacrificar. Pero sólo con la introducción del trabajo asalariado se convierte el trabajo en base consciente de la reproducción social (p. 207).

Empero lo central, en términos económicos, es que: «por ser todas las mercancías, en cuanto valores, trabajo humano objetivado y por tanto conmensurables en sí y para sí, pueden medir colectivamente sus valores en la misma mercancía específica [siendo el paradigma de ella el oro] y ésta en convertirse en su medida colectiva de valor, esto es, en dinero» (Marx ibid: 115).

8. De esta manera, los Estados mercantilistas y sus sistemas jurídico-económicos legalizan y regulan en cierta medida ese nuevo cuerpo simbólico de poder económico (en relación con la naturaleza y en relación a los lazos sociales desmembrados) y nuevo cuerpo simbólico de cohesión ficticia. Pero estas primeras monedas dinerarias no pierden sus conexiones simbólico-sagradas, pues siguen estando asociadas a lo ritual-religioso, y de hecho son los templos, palacios, sagrarios, etcétera, donde se almacenan, acuñan, sacralizan y sancionan mítica y también estatalmente; además son los primeros espacios donde se instalan los mercados y los mercaderes. Es decir, el lugar donde se concentran y encuentran las mercaderías, los poseedores de las mercancías y los posibles destinatarios o consumidores. Posteriormente los mercados crecen y relativamente se independizan (se secularizan en cierta medida). Pero también el dinero fungió no sólo como medio de compra y venta de productos y servicios, sino también como medio de pago: de tributos, impuestos, multas, dotes, trabajos y para pagar favores de todo tipo. En la época del crecimiento de la esfera dineraria, crecen también los profesionales del comercio: los comerciantes como estamento que va adquiriendo fuerza y poder económico y político.

En la transición de los equivalentes generales (o «patrones de valor») a las monedas dinerarias se pasa de la fórmula: mercancía-dinero-mercancía a la de → dinero-mercancía-dinero incrementado. Es decir, las transacciones dinerarias compran mercancías para sacar la ganancia dineraria, pero ¿de dónde brota esa ganancia o ese plus? ¿De la circulación misma o de la producción?, la respuesta y el secreto es que de la producción, concretamente del trabajo expoliado, pues el dinero bajo está dinámica coagula y encierra el plusvalor obtenido del alquiler de fuerza de trabajo, de trabajo impago, y comprar barato para vender más caro es posible porque las mercancía contienen plusvalor que se convierte en ganancia dineraria, etcétera. Por eso el dinero se convierte en capital y en medio de acumulación de capital. Estamos en los prolegómenos y luego en la génesis de la era capitalista. El dinero directamente puede comprar fuerza de trabajo y mediante la relación capital-trabajo y capital-salario se convierte en medio de expoliación y de fuerza de trabajo y a ésta en una mercancía más (Karl Marx, 1979)

Así, el dinero se generaliza en las sociedades capitalistas y adquiere diferentes formas que cumple semejantes funciones pero que cada vez facilitan cada una de ellas y por supuesto las ganancias y concretamente el capital usurario y financiero: El dinero en billetes, en documentos: contratos de inversión, en hipotecas, en fideicomisos, en préstamos, cheques, vales de despensa, tarjetas de débito, de crédito, dinero digital o electrónico, etcétera.

9. ¿Pero qué pasa mientras tanto con las formas o maneras de trueque y de permutas (y en general con el «espíritu del don») que fueron predominantes en las sociedades preclasistas y predinerarias? Es decir, qué pasa con estas maneras en la era del dominio de la circulación y la acumulación dineraria como capital, de los grandes mercados y supermercados, de los grandes bancos y su trasnacionalización neoliberal, etcétera.

Ya dijimos que dichas maneras quedan en general y de varias maneras subsumidas o marginales, nunca han desparecido, o sea, dominio del dinero y el capital no las ha podido eliminar. El dinero y el capital usa esas formas, pero también existen ámbitos de relativa autonomía: lo cotidiano, lo doméstico, las relaciones familiares consanguíneas y por afinidad, las ayudas entre vecinos, las solidaridades amistosas o entre amigos, los rituales, las fiestas, la gratuidad2. Igualmente, a nivel macro, en muchas regiones o zonas siguen vigentes como espacios donde se practica de manera destacada e incluso hegemónica los trueques, por ejemplo en tianguis o mercados especiales; tenemos el ejemplo en México de varios mercados rotativos, periódicos o regionales en zonas interétnicas o indígenas (Chilapa, Guerrero; Tepeaca, Puebla; Santiago Tianguistenco, Estado de México; Tlacolula, Oaxaca, Huejutla, Hidalgo, Cuanajo, Michoacán, San Cristóbal, Chiapas; Zacualpan, Morelos, entre otros3). Igualmente junto a o incluso dentro de áreas de mercados semirurbanos y urbanos se establecen procesos de truequear o permutar sin mediación dineraria (un ejemplo urbano en la Ciudad de México es en el tianguis cultural del Chopo donde se intercambian discos y libros, entre otros productos). O también hay combinaciones de formas de intercambio dinerarias con no dinerarias. Así, estas formas de intercambio como lazos sociales-culturales no dinerarios siguen prevaleciendo en el intercambio de gratuidades, dones y contradones, regalos en fiestas, en ofrendas, en rituales, etcétera; donde formas de reciprocidad positiva se siguen practicando, o en los intercambios de servicios, habilidades y de trabajos en comunidades rurales y campesinas o incluso en las periferias de las metrópolis, donde la fajina, el tequio, la gozona, la guelaguetza, el trabajo de enmedio, trabajo comunitario y la manovuelta son formas de solidaridad, complementariedad y cohesión de grupos y familias.

En los intersticios y en los capilares de las sociedades capitalistas sigue vivo y vigente el truequeo, los dones y las permutas, practicándose conforme a tradiciones, hábitos, necesidades y/o urgencias, y donde se establecen transacciones y negociaciones sobre la base de costumbres o, también, de resurgimientos y de innovaciones para poner en marcha y encontrar nuevos sentidos y nuevas funciones a los dones/contra dones, a los intercambios truequeadores de bienes, habilidades, solidaridades y servicios.

El antropólogo francés Maurice Godelier habla de un «retorno al don», pues si bien durante el auge del capitalismo, el don «sin cálculo» se mantuvo como una cuestión subjetiva de relaciones interpersonales (de parentesco, amistad y proximidad) al margen o más allá de los mercados y los Estados; ahora promueve una nueva «ética» y una nueva «economía», e incluso una nueva «utopía» (que puede proyectarse hacia el pasado o hacia el futuro) desbordando así la esfera de la vida privada y de las relaciones estrictamente personales: «el don -dice Godelier- está en una condición de convertirse en una condición objetiva, socialmente necesaria a la reproducción de la sociedad» (p. 297).

10. En efecto, en la actualidad y ante la crisis multidimensional estructural de la civilización capitalista tenemos ya múltiples ejemplos de revitalización de maneras de trueques, permutas, dones/contradones, canjes, redes de solidaridad y autogestión y/o de formas alternativas de intercambios, monedas y de «mercados»: lo que implica y lleva también a ensayar y practicar formas diferentes de economía, de producción, de circulación, de éticas y, en general, de procesos productivos, solidarios y de servicios basados no en la lógica del valor de cambio y del valor, sino en lógicas que giran en torno al valor de uso, a la equidad, a la solidaridad y a la ecología, etcétera. Citando otra vez al antropólogo M. Godelier se trata de ir superando la «des-solidaridad» y la generación de «déficits permanentes de solidaridad» que promueve el sistema capitalista, y, de esta manera construir nuevas o renovadas solidaridades alternas a los modos y maneras del capitalismo [p. 298].

Es decir, formas que critican y demuestran en los hechos otras maneras no cosificadas, fetichizadas o mercantilizadas de lograr intercambios: de lograr producción, circulación, distribución, adquisición y abastecimiento de riquezas materiales e inmateriales o culturales, bajo lógicas alternativas al capitalismo y a la propiedad privada: de acento en la reciprocidad, solidaridad mutua, de autoorganización, de autogestión, de mutualismo, de colectivismo, de asociacionismo, de comunitarismo, etcétera. Construirlas como embriones económicos, socioculturales y políticos de transformación. Para ir rebasando y rebasar fácticamente y en determinados espacios y situaciones al lucro, al mercado capitalista y al Estado (véase el video «Podemos vivir sin capitalismo», conferencia de Enric Durán, 2012).

11. A continuación enlistamos, a manera de ejemplos de vínculos de multi-intercambios y circuitos económicos actuales («multitrueques», «trueques indirectos o mediados», gestiones, producciones, consumos y estilos de vida), un abanico de formas, maneras, experiencias y redes alternativas, solidarias, autogestivas, sustentables y ecológicas.

«Concienciación de consumo responsable: por ejemplo en torno a productos contaminadores (plásticos, unisel, pilas, gagdets, etc.), a «ogetes» (organismos genéticamente transformados), a transgénicos o bioproductos cultivados con fertilizantes e insecticidas, etcétera. «El Poder del consumidor».

Fuente: https://www.google.com.mx/concienciación+del+consumo+responsable,+poder+del+consumidor

«Comercio justo (con sentido) y consumo solidario: considerando las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o producido un servicio, se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado. Igualmente se trata de ser solidario con los que sufren discriminación y marginación, contribuir con los intercambios y adquisiciones a eliminar la discriminación por causa del color de la piel, nacionalidad, género o religión; se trata de visualizar alternativas sociales de integración y de inducir un nuevo orden económico nacional-internacional. Mercado social.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2006/05/12/solidaridad/1147452400.html

« «Cambio lo que no uso por lo que no necesito» a través de valorar cada objeto por puntos o «dinero ficticio» para truequear: entregar y adquirir. Las prendas y productos se re-ciclan, lo que ya no usas o no te sirve en tu casa le puede servir a otro u otros. Tiendas que combinan trueque con dinero complementario: Auge en Ciudades de Europa.

Fuente: http://www.madridmegustas.com/2013/07/abrete-sesamo-trueque-madrid.html

» » Podemos vivir sin capitalismo «, o » casi «, en el aquí y ahora . Construcción de monedas alternativas, monedas sociales, y sistemas monetarios alternativos. Control social de la creación de dinero. Dar créditos, financiación colectiva. R edes de intercambio libres y autogestionadas. En fin, valorar actividades, productos, habilidades y capacidades que el capitalismo enajena, margina, no reconoce y/o reprime.

Fuente: https://monedaslocalesensevilla2013.wordpress.com/

https://liberacionahora.wordpress.com/2015/02/09/monedas-sociales-prosperan-las-redes-de-intercambio-libres-y-autogestionadas/

«Cooperativas de producción, distribución y consumo; fondos y cajas comunes. Cooperativas integrales en torno a alimentación, salud, transporte, educación, política, vivienda. Proyectos de ocupación, bancos de tiempo, antibancos. Cooperativas agroecológicas sin intermediarios.

Fuente: http://integrajkooperativoj.net/wp-content/uploads/2014/03/coop-Integrales.jpg

«Ferias de intercambios, ferias y fiestas ecológicas. P. e. Mercado de Trueque Itinerante. Ejemplos en México:

Mercado de Trueque Itinerante. Bosque de San Juan de Aragón.

Fuente: http://alianzanahuaca.org/2013/04/12/2do-mercado-de-trueque-itinerante/

Tianquiztli: Trueque e intercambio de Bienes y Saberes UAM-Iztapalapa.

Fuente: http://alianzanahuaca.org/2013/03/04/tianquiztli-2da-feria-de-trueque-e-intercambio-de-bienes-y-saberes

Tianquiztli: De Trueque y Economía Solidaria. En Querétaro.

Fuente: http://alianzanahuaca.org/category/tianguistianquiztli/

«Redes de intercambios de productos orgánicos y Tianguis orgánicos. Para promover el desarrollo mercado agroecológico interno y/o mercado social; fomentar el consumo local responsable de productos orgánicos; promover el intercambio directo entre productores y consumidores; difundir los principios y la filosofía de la agricultura orgánica; facilitar el intercambio de experiencias y ofrecer espacios multiculturales donde el consumidor efectúe una compra ética y amigable con el ambiente. Ejemplo: Tianguis orgánico de Tlalpan y la Red mexicana de tianguis y mercados orgánicos.

Fuente: http://coatlorganicos.blogspot.mx/2011/07/red-mexicana-de-tianguis-y-mercados_12.html

Fuente: http://www.redandaluzadesemillas.org/red-de-resiembra-e-intercambio-177/encuentros/article/la-red-de-resiembra-e-intercambio»

«Ecoaldeas y vida sustentable. Red global de Ecoaldeas, sustentabilidad, asentamientos humanos sustentables o autosustentables. Las ecoaldeas se proponen cambios hacia patrones de vida, que rescatan y regeneran los sistemas ecológicos, económicos y sociales, que consideramos vitales para garantizar la permanencia de la especie humana en la tierra. Entidades de la naturaleza Modelos de ciudades en transición. Los movimientos de ciudades en transición tienen el objetivo de transformar las ciudades en modelos sustentables, menos dependientes del petróleo, más integradas a la naturaleza y más resistentes a las crisis externas. Se establecen con el principio de pensar globalmente y actuar localmente, utilizando como estrategia de acción el fortalecimiento de la comunidad, el rediseño de los espacios y un perfil de ciudadano activo e involucrado para poner en práctica las acciones necesarias, siempre atendiendo a la especificidad de lo local para garantizar una alta calidad de vida con bajo impacto ambiental.

Fuente: http://www.archdaily.mx/mx/758106/certificacion-internacional-diseno-de-ecoaldeas-y-asentamientos-humanos-sustentables-descuentos-archdaily

Fuente: http://www.arquimaster.com.ar/web/conferencia-modelos-de-vida-sustentables-experiencias-de-ecoaldeas-y-ciudades-en-transicion

Ejemplo en México: Ecoaldea de Huehuecóyotl, Tepoztlán, Morelos.

«Redes locales, regionales, nacionales e internacionales; intercambios entre comunidades (por ejemplo sistema de intercambios comunitarios) redes, alternativas o paralelas al mercado. Las redes de intercambio son agrupaciones de personas o comunidades que, se organizan para intercambiar bienes y servicios sin dinero, con el fin de satisfacer sus necesidades fuera del sistema de mercado. Así, una persona puede producir y recibir bienes y servicios dentro de la red, independientemente del dinero que posea o que perciba. Existen muchas variantes de estas redes, por ejemplo, entre vecinos pueden intercambiar conocimientos y habilidades; o funcionar como una economía paralela (como la ciudad estadounidense de Ithaca), en vistas a reducir la dependencia del sistema económico convencional capitalista y hacer una vida cada vez más autogestionada.

Fuente: http://redesalternativas.com.ar/

«Ciudades/metrópolis alternativas o «Microestados» impulsados desde opciones alternativas y de ecotecnias. Nuevos modelos y experiencias de planeación, construcción, gestión y decisión integral de actividades, necesidades, recursos, etcétera.

https://estudiosmetropolitanos.wordpress.com/category/actividades-desarrolladas/

12. En este apartado expondremos brevemente un ejemplo en México de experiencia concreta de un tipo de dinero socialmente sostenido que contribuye y aporta subsanar el «déficit de solidaridad» de la que habla el etnólogo Godelier [1998].

En la región totonaca del norte de Veracruz a partir de inquietudes e iniciativas comunitarias del pueblo de Espinal se instauró desde 2010 una moneda o dinero alterno y complementario al peso oficial, basado principalmente en procesos de circulación de mercancías y productos entre comerciantes y productores al menudeo. En efecto, se trata de una herramienta de intercambios confeccionada a partir de un buen número de socios o tumines, puesto que el nombre de la moneda es el túmin. En la república mexicana circulan regionalmente otras monedas con funciones similares aunque cada una tiene su modo de funcionamiento y reconocimiento como son: el tláloc, el mezquite, la mixhuca y otras.

Fuente: http://p=túmin&fr=yhs-avast-001&fr2=piv-web&hspart=avast&hsimp=yhs-001&type=avastbcl#id=2&iurl=

El túmin tiene como objetivo mejorar en algo la economía local y regional a través de la construcción de mercado alternativo, relaciones solidarias y de confianza entre los participantes que circulan (compran y venden) y usan/consumen, aceptándola en las transacciones (la moneda) para vender y/o adquirir mercancías y también algunos servicios.

Aunque no se trata de una moneda dineraria sustentada totalmente en productos alternativos como orgánicos, nutricionales o de calidad de valores de uso, sí funciona socialmente haciendo que los productos que la población comercia puedan ser ofrecidos y adquiridos entre sus miembros; actúa como «vale de descuento» puesto que por acuerdos de ellos «se pueden pagar por lo menos 10% en cada compra o hasta el 100% dependiendo de las posibilidades de cada socio (o participante) y a veces hasta con mejores precios a manera de solidaridad» (p. 69). También se utiliza para dar cambio en las compras, igualmente según el acuerdo explícito entre comprador y vendedor.

Además dichos vales a manera de moneda o dinero de ayuda mutua que se hace efectivo por la aceptación y uso de los participantes, se mantiene circulando en tanto exista ese grupo de compradores y vendedores que aprovechen su calidad de socios. Así la moneda colectiva se fue haciendo más fuerte conforme se confió más en ella y al ser utilizada por más gente de manera más frecuente y en mayores cantidades.

Otro aspecto de fondo es que dicho dinero está sustentado también en la organización autónoma de los socios mediante asambleas, juntas, coordinaciones, comisiones y exposiciones que se realizan en un local colectivo que denominan «la casa del túmin» en dicha localidad totonaca de Espinal; cuentan también con una revista de difusión el Kgosni y con un reglamento general de funcionamiento del dinero social bajo tres modalidades: túmin común o de calle, túmin ferial (o en ferias) y el túmin de la casa del túmin.

Su éxito ha sido significativo a partir del aumento de socios y establecimientos (en tres años pasaron de 78 a más de 400) y de la creación de un directorio regional e incluso extraregional. Igualmente este crecimiento ha sido tan importante que se han hecho entrevistas en los medios de comunicación masiva /radio, televisión, internet), videos, tesis, y un libro en torno a esa experiencia de ayuda mutua y solidaridad socioeconómico-cultural. Asimismo dicha difusión llegó hasta oídos del Banco de México y de la PGR (Procuraduría General de la República) nacional y regional, estas instituciones del Estado y del gobierno nacionales, han venido hostigado y tratado de reprimir este proyecto; sin embargo como ellos aclaran:

Se trata de un complemento a todas luces distinto al billete del peso, tanto en tamaño como imágenes y tipo de papel […], no es oficial como el peso sino un acuerdo civil entre ciudadanos; ni es público como el peso, es particular, entre socios cooperativistas; y tampoco es obligatorio como el peso, es de uso libre y voluntario. Más aún, no sirve para acumular; no es para competir sino para solidarizarse con los compañeros socios; ni es individualista sino de uso comunitario; no financia guerras ni paga deudas injustas; ni sirve como lavado del narcotráfico […] (p. 95).

En el libro escrito por la Junta de Buen Gobierno del túmin (2015), se habla de que a nivel mundial ya existen más de 5 mil monedas o dineros comunitarios al margen de las monedas oficiales del capitalismo y allí (en el libro) los autores tratan de hacer un breve balance de las posibilidades y las limitaciones de organizar articulaciones de dichas monedas marginales como la creación de uno o varios bancos articuladores a nivel mundial o por lo menos a nivel nacional; encuentran serias dificultades para generalizarlas, gestionarlas y entrelazarlas debido a la diversidad de circunstancias y condiciones, aunque plantean que se podrían formar redes de pequeñas monedas para encontrar modos de canjes y equivalencias de cambios entre ellas, etc.

Pero obviamente el límite mayor y crucial, como lo indicó K. Marx en el inicio del Capítulo III de El Capital respecto a estos «artilugios dinerarios» es que lo dominante y predominante es el régimen de producción de mercancías, en el cual impera la explotación del plusvalor, la acumulación del capital, la propiedad privada de los medios de producción, la atomización social, la separación de los trabajadores de sus condiciones de trabajo (materia prima, instrumento, medios de subsistencia), la subordinación del valor de uso al valor y al valor de cambio, etc., y los fetichismos y enajenaciones respectivos y concomitantes. No obstante, cuando estos «artilugios dinerarios» se establecen como experimentos sociales y éticos de ayuda y confianza mutua, solidaridad, etc. desde procesos autogestivos en los intersticios de las relaciones capitalistas, creemos que contribuyen a generar bases de conciencia y práctica comunitarias y alternativas que sirven para liberar parcialmente espacios respecto de los poderes del capital.

13. Así pues, a manera de conclusiones diremos que con el empuje, el crecimiento, la extensión y la expansión de estas iniciativas y experiencias paralelas, alternativas, complementarias, etc. se contribuye a demostrar aquí y ahora, en los hechos, en el día a día práctico que se puede ir viviendo sin elementos claves del capitalismo. Estas modalidades de experimentos, ensayos, redes, etc., solidarias, colectivas, comunitarias, etc., abren oportunidades de integrarse y fusionarse.

Por un lado, a) con los procesos y movimientos sociales y políticos más amplios e internacionales de resistencia. b) En segundo lugar, con las experiencias colectivas masivas y/o de autogestión social comunitaria, especialmente en América Latina; por ejemplo los caracoles indígenas de Chiapas y las comunas en Venezuela, como ha dicho el ensayista de izquierda Miguel Mazzeo (2015): «La praxis comunal es la única que podrá rebasar sus premisas, porque tiene la aptitud de des-plegarse y colmar los espacios de participación establecidos, pero sobre todo porque es la única con capacidad de crear nuevos espacios de decisión y nuevos espacios de poder político. La comuna es la mejor medida del avance revolucionario. La comuna hace la revolución. La hace permanente. La comuna es el mejor remedio contra el reformismo. La comuna nos incita a ‘avanzar para consolidar'». c) En tercer lugar, con la Crítica de la Vida Cotidiana (CVC), la contracultura, el movimiento de comunas antifamilia y posfamilia (Adame, 2014) que (auto) experimentan y (auto) analizan críticamente la gestión de lo doméstico, las relaciones cara a cara, el erotismo, la amistad, el poliamor, la educación de los niños, la convivencia, el ritual, el juego y la fiesta (Adame, 1998). Todo ello con el fin de las opciones y alternativas anticapitalistas y no capitalistas crezcan y se consoliden teniendo como eje nodal nuevas relaciones, interacciones e intercambios sociales-culturales y sociales-ecológicos sustentados en el rescate, retorno y potenciación de los «dones» (multitrueques, ayudas mutuas, reciprocidades, confianzas, solidaridades, co-gestiones, etc., etc.). Así como en la gestión, construcción y defensa de un nuevo modo de vida desde la tradición, la autoorganización y las innovaciones en torno al enriquecimiento de los valores de uso, que abarque todos los niveles de la producción y la re-producción. Como ha señalado el ecologista de izquierda mexicano V. M. Toledo (2016):

[…] durante las últimas tres o cuatro décadas se han venido construyendo innovadores proyectos locales y regionales en sus zonas rurales […] y múltiples casos de autogestión comunitaria. Todos estos proyectos se fincan en el poder ciudadano sobre los territorios y en los procesos de producción y comercialización, pero también en la democracia participativa, la autogestión y autodefensa, la creación de bancos locales y regionales, las radios comunitarias, la dignificación de las mujeres, y últimamente en la reconversión hacia fuentes alternativas de energía solar. Con diferentes grados de integralidad y de éxito, y abarcando diversas escalas, estos proyectos de alteridad civilizatoria avanzan construyendo en regiones y territorios, un mundo sin capitalismo, partidos políticos, bancos, empresas y poniendo en práctica una ciencia que respeta y dialoga con sus propios saberes (p. 16).

Todo esto para para demostrar que el capitalismo no es «natural» a la condición humana, que el capitalismo es un modo histórico de economía, sociedad y cultura; es decir, un modo construido y por ende superable. La historia precapitalista, la antropología y la etnología tienen a lo largo de su investigación teórica y etnográfica cientos de ejemplos de otros y variados modos de vida y de reproducción de la vida humana que pueden revitalizarse con las modernidades alternativas. Ahora más que nunca que el capitalismo se ha convertido en una maquinaria demoledora de la vida humana y de la vida en general, que se ha monstrificado en una especie de tumor maligno que vive de expoliar recursos, fuerzas y energías planetarias y humanas, y que esto, a pasos agigantados, ha venido destruyendo a la naturaleza y a la humanidad; y que ahora la pone al borde del apocalipsis. Recuérdese que el reloj de la historia de la humanidad está al borde de extinción. Por ello urge seguir desarrollando todas estas alternativas para formar confederaciones regionales y planetarias de libres comunas, comunidades, pueblos, acoaldeas, zonas, regiones, etc., que empujen e impulsen utopías realizables dentro del buen vivir y del vivir crítico y hacia la plenitud (previo y a la par de revolucionamiento total de la dúo bestial: capital-capitalismo).

Referencias

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______________________ (2014). Crítica de la vida cotidiana y contracultura juvenil, de las calles a las comunas postfamilia. Editorial Ítaca, México, D. F.

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Notas

1 Al respecto de la caracterización de Sahlins de estos hombres, Chumpitazi Ramírez (2010) dice lo siguiente: «El gran hombre melanesio no es -como puede parecer- un cargo político tal cual, al cual puede accederse. Es un status que se construye socialmente a partir de las acciones sobresalientes de una persona. Las razones de esa predominancia suelen ser tecno-económicas, pero se presume que en etapas anteriores a la colonización (pre-coloniales) las capacidades como guerrero eran también apreciadas. El liderazgo que se desprende de esa preponderancia, le otorga al gran hombre poder político que, si bien muy limitadamente, le permite ser un «hombre centro» y contar con una facción (conformada por lazos de lealtad y obligación) cuya producción canalizará (en buena medida) en la acumulación de un fondo de poder cada vez mayor, que le permitirá concentrar una cantidad cada vez mayor de miembros en su facción y acrecentar su fama con el fin de aventajar a otros grandes hombres, con quienes compite. Esto último constituye el aspecto externo de las relaciones construidas alrededor del gran hombre (hombre fama). La forma en que los grandes hombres se relacionan con sus sectores internos (su facción) y externo (la tribu y otras tribus) encierra en sí misma el germen de su propio final: la reciprocidad económica inicial para con la facción, la extorsión económica posterior con el fin de acrecentar la fama, el fondo de poder basado en relaciones personales que deben ser continuamente reforzadas y la imposibilidad final de realizar una adecuada distribución pública (en la que se basaba el éxito de gran hombre) genera inestabilidad al interior de la propia facción. La ruptura potencial es inherente a esta forma de relación política». véase «Informe sobre el artículo ‘hombre pobre, hombre rico, gran hombre, jefe: tipos políticos de melanesia y polinesia»‘, de Marshall Sahlins; en http://sociedaddemente.blogspot.mx/2010/10/sobre-el-articulo-hombre-pobre-hombre.html. Consulta, 2 noviembre de 2015.

2 Véase más arriba las aportaciones de las investigaciones etnográficas, aparatado 0. Por su parte Godbout y Caillé [1997] observan que estos ámbitos no son residuales en el capitalismo, incluso el moderno, pero, decimos nosotros sí subordinados. Dicen lo siguiente: «regalos, servicios rendidos, benevolencia, invitaciones de todo tipo, donación de un riñón, de sangre, herencia, hospitalidad, don de la vida, relaciones con los niños […]. Estas formas de intercambio social no son residuales actualmente, ni en forma cuantitativa (debido a su frecuencia en la vida cotidiana), ni cualitativa (dada la importancia de su significado que ilustra la donación de órganos)» [pág. 35-36].

3 Véase Genaro Bautista [2013], en Tenamaztle, Kakuxkintik. en línea; consulta, agosto de 2015. Como dice este autor en estas transacciones e intercambios se presentan fenómenos como el regateo y la negociación en términos de que las partes involucradas salgan «ganando» y satisfechas a modo de encuentros humanos más directos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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