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Frantz Fanon y la cuestión nacional

Fuentes: Rebelión

A pocos meses de que se cumplan los 50 años de la muerte de uno de los teóricos marxistas y humanistas más influyentes de la década de los 60 en los movimientos de liberación nacional de África y América Latina, es preciso recuperar algunas ideas de actualidad recogidas en su inmortal obra «Los condenados de […]

A pocos meses de que se cumplan los 50 años de la muerte de uno de los teóricos marxistas y humanistas más influyentes de la década de los 60 en los movimientos de liberación nacional de África y América Latina, es preciso recuperar algunas ideas de actualidad recogidas en su inmortal obra «Los condenados de la tierra (1)» (Frantz Fanon, 1925-1961).

En la comunicación dirigida al Segundo Congreso de Escritores y Artistas Negros, celebrado en Roma (1959), el pensador revolucionario Frantz Fanon se posicionó claramente contra aquellos que, amparados en algunas citas de los clásicos del marxismo pero olvidándose de la riqueza del análisis marxista (el análisis concreto de la situación concreta), rechazaban las reivindicaciones nacionales en los países del llamado Tercer Mundo. «Ha llegado el momento de denunciar el fariseísmo de algunos» que dicen que ha llegado la hora «de los grandes conjuntos» y que «los anticuados del nacionalismo deben corregir sus errores«, de los que piensan que la reivindicación nacional «es una fase que la humanidad ha superado«.

Con una notoria claridad dialéctica de lo que significan los conceptos antagónicos unidad-separación, individual-universal y nacional-internacional, escribe que la conciencia de sí mismo no es una cerrazón a la comunicación con el otro, sino, todo lo contrario, es su garantía, como nos enseña la reflexión filosófica. «La conciencia nacional (que no es el nacionalismo, remarca) es la única que nos da una dimensión internacional«. Y continua, «si la construcción nacional es verdadera, es decir, si traduce la voluntad manifiesta del pueblo,… entonces la construcción nacional va acompañada necesariamente del descubrimiento y la promoción de valores universales. Lejos de alejarse de otras naciones, la liberación nacional es la que hace presente a la nación en el escenario de la historia. Es en el corazón de la conciencia nacional donde se eleva y se aviva la conciencia internacional (pág. 227)«.

Ahora que la lucha de liberación nacional y social en Euskal Herria ha tomado un auge inusitado y lleno de esperanzas, y en otras nacionalidades como Galiza están tomando fuerza y reorganizándose las fuerzas independentistas y socialistas, las ideas de Fanon cobran una clarividente actualidad. Solo se puede ser independentista si se es internacionalista y se tiene como meta una sociedad socialista. Pero no para construir un socialismo burocratizado y fosilizado, sino un socialismo de hombres y mujeres nuevos, dotados de una moral y forma de vida superiores. Todo el libro está recorrido por una idea motriz: «la descolonización realmente es creación de hombres nuevos» (pág. 31), por lo que «hay que elevar al pueblo, ampliar el cerebro del pueblo, llenarlo, diferenciarlo, humanizarlo» (pág. 180). Y termina finalmente diciendo: «compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear hombres nuevos» (pág. 292).

Al igual que el Che Guevara (del que se dice que leyó la obra de Fanon y, según la hija de éste, Mireille (2), tradujo «Por la revolución africana»(3)), esta idea del ‘hombre nuevo’ atraviesa buena parte de su obra. Liberar una nación oprimida y colonizada no es un fin en sí mismo, no basta con ser independientes y reformar el aspecto del antiguo régimen. Si en el proceso de la lucha los hombres y mujeres que se han comprometido en ella se han transformado, y han dejado atrás prejuicios e ideas burguesas, reaccionarias e imperialistas, su completa liberación y la de todo el pueblo no puede quedarse aquí, en el momento de la independencia. «Cuando la nación se impulsa definitivamente, el hombre nuevo no es un producto ‘a posteriori’ de esa nación, sino que coexiste con ella, se desarrolla con ella, triunfa con ella. Esta exigencia dialéctica explica la reticencia ante las colonizaciones adaptadas y las reformas de fachada. La independencia no es una palabra que deba exorcizarse, sino una condición indispensable para la existencia de hombres y mujeres realmente liberados, es decir, dueños de todos los medios materiales que hacen posible la transformación radical de la sociedad» (pág. 287).

Fanon, aunque nacido en la isla caribeña de la Martinica (antigua colonia francesa y actualmente denominada «departamento de ultramar») y educado en la cultura francesa, desconfía de la ideología burguesa imperante en Europa, que aunque progresista, humanista y «revolucionaria» en sus principios se ha convertido en el sostén ideológico del imperialismo y el colonialismo. Asimismo no le convence el anquilosamiento y pragmatismo que observa en los países del llamado «socialismo real». Y por eso llama a pensar y crear con la propia cabeza, en sus realidades peculiares y originales. E insiste en que, frente al estancamiento del pensamiento humanista en Europa, en las naciones liberadas del colonialismo hay que huir de imitar nada, ni de envidiar nada de la ideología (capitalista y colonialista) europea, «hay que reformular el problema del hombre,… el problema de la realidad cerebral de toda la humanidad cuyas conexiones hay que multiplicar, cuyas redes hay que diversificar y cuyos mensajes hay que rehumanizar» (pág. 290).

Como andaluz que soy, me ha llamado de forma muy poderosa la atención el párrafo final de «Los condenados de la tierra»: «Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo» (pág. 292). El lema de Andalucía, propuesto por Blas Infante y aprobado en la Asamblea de Ronda en 1918 es: «Andalucía por sí, para España y la Humanidad». ¿No parece muy similar hasta en su construcción gramatical? De nuevo aparece en una unidad dialéctica el carácter nacionalista e internacionalista, por un lado, y el humanismo, el hombre nuevo, por otro. Lo he investigado pero no tengo constancia de que Fanon, que viajó mucho por el norte de África y estuvo en el Sahara, conociera la obra de Blas Infante, pero aun así la coincidencia me sigue dejando perplejo.

Algunos medios independentistas andaluces recomiendan la lectura de Fanon de forma genérica, pero el antropólogo Isidoro Moreno, catedrático de la Universidad de Sevilla, va más allá al analizar la violencia y represión que ejerce el estado multinacional a veces de formas sutiles. Al hablar de la situación que padece Andalucía escribe: «Para que nuestra identidad histórica y cultural no se deteriore más aún de lo que ya está, y pueda desplegarse creativamente, debemos evitar caer en el «síndrome del colonizado», expresión exacta con la que Frantz Fanon denominó la interiorización enfermiza de la dependencia y la subalternidad por parte de los pueblos dominados, con el consiguiente ocultamiento o minusvaloración de sus culturas propias» (4) (pág. 260).

De Frantz Fanon se ha dicho que pocos revolucionarios han tenido un impacto tan profundo sobre la identidad negra como él, ejerciendo su obra una poderosa influencia sobre el movimiento de los derechos civiles en EE.UU., y los movimientos por la conciencia negra de todo el mundo, desde el Black Power hasta los Black Panthers. Pero por encima de todo, la figura de Fanon se agiganta por su clarividencia y coherencia teórica y práctica. No solo era negro y trabajó como psiquiatra en Argelia; no solo por eso fue un antirracista, africanista y simpatizante de la liberación argelina del colonialismo francés. Por eso, como consecuencia de eso, y por encima de todo eso, era un pensador y teórico marxista que se comprometió con la militancia revolucionaria hasta sus últimas consecuencias. A su lado profundamente humanista después de ver y tratar los horrores de la guerra y la tortura en Argelia, se le une su defensa mantenida del derecho de ejercer la violencia revolucionaria y la lucha guerrillera en determinado momentos de la historia liberadora de los pueblos oprimidos. En ese aspecto, su figura debe asociarse a la del ejemplar guerrillero comunista, el Che Guevara.

 

Y para terminar os dejo los títulos de dos documentales que tratan algunos aspectos de la vida y la obra de Fanon:

– «Frantz Fanon, une vie, un combat, une œuvre » (F. Fanon, una vida, un combate, una obra) de Cheikh Djemai (2001), que ha podido verse en festivales como el Festival de Cine Africano de Tarifa (2009).

– «Frantz Fanon, memoria de asilo» (Frantz Fanon, mémoire d’asile, 2002) de Abdenour Zahzah y Bachir Ridouh, que se ha podido visionar recientemente en festivales como los de Sant Feliu de Llobregat (2010).

 

«Frantz Fanon, Black Skin White Mask» (1996) de Isaac Julien. Está  disponible en youtube, en francés y con subtítulo en inglés.

 

Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=-KNSipIY5cI&feature=related  

Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=HX0yxe02DG8&feature=related  

Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=ZZ85LTOxWfU&feature=related  

Parte 4: http://www.youtube.com/watch?v=ZKTyP00bdko&feature=related  

Parte 5 y final: http://www.youtube.com/watch?v=0mKQIuHQwvo&feature=related

(1) Frantz Fanon. Los condenados de la tierra. Fondo de cultura económica (Colección Popular). México, 1963. La editorial Txalaparta publicó una edición en 1999 y actualmente está agotada.

(2) «El aporte de Frantz Fanon dentro del proceso de liberación de los pueblos» escrito por su hija Mireille Fanon-Mendès France, publicado en la web de la Fundación Frantz Fanon.

(3) Frantz Fanon, «Por la revolución africana: escritos políticos», FCE, México, 1965.

(4) Isidoro Moreno. «La identidad cultural de Andalucía: aproximaciones, mixtificaciones, negacionismo y evidencias». Centros de Estudios Andaluces, Junta de Andalucía. Sevilla, 2008.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.