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¿Globalización o capitalismo agonizante?

Fuentes: Rebelión

Reflexiones en recuerdo del sindicalista Isidoro Gálvez «No hay nada más difícil de realizar, ni de más dudoso éxito, ni más peligroso de conducir, que iniciar un nuevo orden de cosas» El Príncipe. Maquiavelo RESUMEN: Vivimos final del capitalismo Palabras no neutras. Dialéctica: no habrá trabajo asalariado sin capital en la organización social futura, el […]

Reflexiones en recuerdo del sindicalista Isidoro Gálvez

«No hay nada más difícil de realizar, ni de más dudoso éxito, ni más peligroso de conducir, que iniciar un nuevo orden de cosas» El Príncipe. Maquiavelo

RESUMEN: Vivimos final del capitalismo Palabras no neutras. Dialéctica: no habrá trabajo asalariado sin capital en la organización social futura, el desarrollo de las fuerzas productivas empujan hacia el cambio. Contradicción fundamental. Crisis del trabajo asalariado pone en crisis la actual sociedad. Los «gestores» artífices del capital. Supervivencia, crecimiento y autonomía los motiva. Países comunistas proceso paralelo. Corrupción incrustada. Contradicción principal: cuestión energética. Dinero especulativo no es capital, no domina. ¿Qué otro mundo es posible? Fuerzas del cambio: empresa, respuesta sindical, economía social, desarrollo local, ciudades, personas. Debilidades: sujeto social en si CSI, para si carece, por si FSM.

Cuando comienzo a escribir estas reflexiones se está celebrando en Nairobi (Kenia) el VII Foro Social Mundial (FSM), el llamado por algunos «Parlamento del mundo» que se contrapone a «los amos del mundo» reunidos en estas mismas fechas en Davos (Suiza). La sociedad civil mundial frente a los «gestores» económicos, políticos y mediáticos de la globalización neoliberal.

En el seno del FSM existe un debate sobre su significación y su futuro. Es necesario dedicar esfuerzo y tiempo para su análisis. Dónde nos encontramos; cómo hemos llegado hasta nuestra realidad histórica; qué fuerzas impulsan y cuáles hay que superar para construir el futuro que queremos; quienes son los artífices en los que se personalizan estas tendencias; cuáles los mecanismos que utilizan y sus debilidades; cuál es el futuro que queremos y, por último, cuáles son nuestras fuerzas y nuestras debilidades para este camino.

Este artículo aspira a incitar al debate, a la réplica. Es tarea común y colectiva enfrentarnos a los acontecimientos que nos ha tocado vivir, que no podemos ignorar y de cuya salida somos responsables.

1.- ¿Globalización o capitalismo agonizante?

Cada 175 ó 200 años en la historia de occidente se produce una súbita transformación. La sociedad se reestructura a sí misma: cambia su visión del mundo, sus valores básicos, su estructura política y social, sus instituciones claves. En estos momentos estamos viviendo una transformación así. Es el momento de construir el futuro, precisamente porque todo está cambiando. Es tiempo para la acción.

Vivimos tiempos difíciles porque lo viejo y caduco no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. A la humanidad le ocurre como a una embarazada con el tiempo cumplido que no puede evitar ponerse de parto. Hay partos complicados, donde el bebé y la madre pueden llegar a morir, y partos fáciles. Mientras mayor es la conciencia de la madre y más preparada está, mejor y más fácil es el parto. Con la sociedad pasa lo mismo. El nacimiento del capitalismo en Inglaterra se basó en una integración y alianza entre la aristocracia y la nueva clase burguesa, lo que le permitió adelantarse a los demás países y una transición controlada y «pacífica» (la violencia institucional se aplicaba inmisericorde solo con «los vagos y maleantes» la nueva clase proletaria). En Francia se enfrentaron la antigua clase dominante, los aristócratas, con la nueva clase emergente, la burguesía. La violencia y destrucción social, así como la debilidad de la nueva burguesía naciente fueron sus notas características.

Históricamente los partos vienen precedidos por la angustia, el dolor y el derramamiento de sangre. Hoy ya estamos viviendo plenamente la angustia, el dolor y el derramamiento de sangre.

Este es el mundo que nos ha tocado vivir y del que somos responsables. De nosotros depende, como dice Evo Morales en su saludo al VII Foro Social Mundial de Nairobi, que avancemos hacia la vida o por el contrario caminemos hacia el exterminio de la humanidad enfrentándonos contra la Madre Tierra, la Pacha Mama.

Estamos viviendo el comienzo del quinto ciclo largo de la economía capitalista . En esta quinta onda larga de Kondratieff ya tenemos la nueva tecnología, el microchips. También disponemos de la nueva organización del trabajo el trabajo en equipo. El nuevo sistema político avanza imparablemente. La Unión Europea; USA junto con Canadá y Méjico; China y los países de la ASEAN se consolidan rápidamente; MERCOSUR avanza paulatinamente; los países árabes dan sus primeros pasos; Rusia y Australia son en si mismas continentes, y, tan sólo África subsahariana queda de nuevo descolgada. Los nuevos valores sociales de solidaridad, creatividad, respeto y dignidad se imponen y exigen. El nuevo cuerpo doctrinal es una de las grandes carencias que aún tenemos, así como la nueva energía que es la principal de las carencias actuales.

Pero esta quinta onda larga tiene una peculiaridad que le da un carácter distinto a las cuatro anteriores: se ha alcanzado el límite geográfico del planeta. No es posible un nuevo salto de ampliación geográfica. De aquí tan sólo se puede pasar a la conciencia de ser parte de un solo planeta, de una sola humanidad que debe tener un solo Gobierno mundial.

Como en la física cuántica la acumulación de cambios cuantitativos nos conduce a un necesario cambio cualitativo.

Las palabras que se utilizan para definir los conceptos no son neutrales. Hablamos de Globalización y de sociedad del conocimiento, conceptos que se nos han impuesto en el uso diario pero que ocultan las contradicciones de clase que sacuden a la humanidad en este proceso como auténticas contracciones del parto histórico que vivimos.

Nuestro tiempo es el del capitalismo agonizante que debe morir para darle vida a otro mundo, a otro sistema de organización social. Históricamente la superación de cada fase se realiza asumiendo todo lo positivo de la anterior, en un proceso dialéctico de desarrollo de lo nuevo en el seno de lo antiguo y de unión de los contrarios en la síntesis superadora. Es decir, en la actualidad en el seno de la empresa fusionando trabajo asalariado con control sobre el capital que asigna los recursos Fondos de pensiones (salario diferido) y Fondos de inversión. En la organización social, fusionando lo positivo de los sistemas antagónicos agotados, el comunismo estalinista y el capitalismo. Una organización social que al pleno empleo y universalización garantizada de la sanidad, educación, renta básica, prestaciones sociales (desempleo, atención a la dependencia y pensiones) y vivienda, añada capacidad creativa, innovación periódica, respeto a la libertad y realización individual en el seno y por la realización social.

La sociedad tiene que transformarse como la oruga en crisálida. No hay capital sin trabajo asalariado, son las dos caras de la misma organización social. No habrá trabajo asalariado sin capital en la organización social futura superadora de la actual.

El desarrollo de las fuerzas productivas empuja hacia la socialización de los medios de producción y hacia la mundialización de la economía, agravando la contradicción con la apropiación privada del producto social. Es decir, la ciudadanía, el mundo del trabajo, los pueblos somos más fuertes y estamos más cercanos a la transformación de la sociedad mientras más se desarrollen las fuerzas productivas. La informatización y robotización del sector productivo plantea un problema irresoluble con el pleno empleo y crisis periódicas sólo en el marco de una organización social agotada. Las políticas económicas de reducción de costes de mano de obra y materias primas en un comercio desigual e injusto, las políticas competitivas de oferta que están detrás de los procesos de deslocalización e innovación, son las únicas posibles siempre que se renuncie a avanzar en el nuevo modelo de sociedad, que pugna desde el vientre de la vieja por un alumbramiento feliz.

2.- Contradicción fundamental

La contradicción fundamental sigue siendo en la denominada globalización la que enfrenta al capital con el trabajo asalariado. Analicemos cada aspecto por separado.

El capital, en tanto que valor que se acrecienta por si mismo, necesita realizarse en la circulación: se invierte en la compra de mercancía, materias primas y fuerza de trabajo, que posteriormente transformada, incorporado el nuevo valor, se vende retornando el capital inicial más el beneficio o realización de la plusvalía. La creciente masa de mercancías requiere que se amplíen constantemente los mercados para la venta de las mismas. En las actuales circunstancias de mercados mundiales difícilmente ampliables y donde la exclusión social y reducción salarial tiende a aminorar su capacidad total de compra, le obliga a un proceso de concentración económica, de fusiones y absorciones que han llegado en 2006 a un valor de 3,98 billones de $ , y que se ha acelerado extraordinariamente en la última década, como proceso de destrucción del capital y mano de obra sobrante. Como consecuencia del mismo los sectores económicos se han oligopolizados, cada vez existe un menor número de empresas verdaderamente relevantes en cada uno de ellos, hasta el punto de que sólo 200 transnacionales manejan la tercera parte del PIB total del mundo.

La Bolsa es el refugio de los capitales sobrantes, fruto de los procesos de fusiones y absorciones, que ya no pueden reproducirse como tales, pero que reclaman rentabilidad. De todos los movimientos financieros que se producen actualmente el 95% es pura especulación , manifestando otra gran anomalía: la financiarización de la economía internacional. El sistema financiero internacional se comporta como la enredadera tropical: necesita apoyarse en la economía real pero su propio proceso de crecimiento estrangula a esta última. El sistema financiero debe actuar como el aceite en un motor, dando la liquidez necesaria para facilitar las transacciones comerciales. Por ello debe recibir una compensación, una retribución. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en el lugar de realización de beneficios del capital. Las ganancias especulativas obtenidas superan las que se pueden lograr en inversiones productivas, por lo que los empresarios en lugar de reinvertir los beneficios en sus empresas o en nuevos proyectos empresariales que creen empleo, lo invierten en el mercado financiero, que se convierte así en competidor y liquidador de la economía productiva y, consecuentemente, en generador de paro. La crisis de 1929 vino precedida de un periodo en el que los capitales sobrantes buscaron su supervivencia en la economía especulativa sobre todo en los mercados de acciones y valores en general. Este fenómeno anuncia las tormentas que hoy vuelve de nuevo a amenazarnos. Joseph Stiglitz se pregunta en un reciente artículo si reventará la «presa» en 2007 .

Esta concentración y financiarización económica tiene como consecuencia la reducción del número de personas que toman las decisiones, que disponen de poder real sobre el acontecer económico, la oligarquización y la desigualdad social. Según el informe hecho a final del año pasado y con datos hasta el año 2000 del World Institute for Development Economics Research (WIDER) de la Universidad de las Naciones Unidas en Helsinki sobre la distribución de la riqueza en el mundo podemos deducir que esta oligarquía mundial de 8,7 millones de personas representa aproximadamente el 0,14% de la población mundial. En su entorno más directo y dependiendo de las anteriores existen otros 37 millones de personas beneficiadas que representan el 0,6%. En ellos recae el poder de decisión sobre más del 85% de los recursos del planeta. Los beneficios del crecimiento económico sólo son visibles para el 10% de las capas altas de la sociedad en EE. UU. y en la UE. Según el senador demócrata James Webb en el último debate sobre el estado de la Unión «la horquilla de los salarios es cada vez mayor. Cuando me gradué en la universidad los presidentes de empresas ganaban 20 veces el sueldo de un trabajador, y hoy ingresan 400 veces más.». James Petras en su magistral artículo ¿Quién manda en USA? , plantea que «el 2% de los hogares poseen el 80% de los activos mundiales. Dentro de esta pequeña elite, una parte, empotrada en el capital financiero, posee y controla el grueso de los activos mundiales y organiza y facilita todavía más la concentración de conglomerados.»; posteriormente suma los nombres de los miembros de Consejos de Administración de las diez principales sociedades de capital riesgo y personaliza en 1.175 personas la élite del capital financiero internacional.

Esta creciente desigualdad lleva a la degradación democrática en un doble sentido: por un lado, independencia de los organismos reguladores de la economía del poder político que le facilite la adopción de decisiones relevantes para el mundo financiero sin interferencias ni necesidad de dar explicaciones públicas y, por otra, control político y sometimiento de la voluntad de la mayoría social mediante técnicas de manipulación social (opacidad, mentiras, control y manipulación de los medios de comunicación social, inducción del miedo psicológico de masas,…) para poder controlarla y militarizarla, pudiendo disponer indirectamente de los fondos públicos en manos de los Estados-nación, cuyos gobiernos están sujetos a la «dictadura de la opinión pública». La unión burda, por exceso de visualización pública, del poder económico, el control de los medios de comunicación y el poder político directo lo hemos visto llevados al extremo en Italia con el Gobierno de Berlusconi. En EE. UU. con la Administración Bush también, aunque un poco más disimulado.

. La crisis del trabajo asalariado está inseparablemente unida a la crisis del Capital. Mientras se desarrolla la competencia entre Capitales por la imperiosa necesidad de mantener la tasa de beneficios, el Capital no puede dejar de aplicar cada día nuevos avances basados en el conocimiento, en la I+D+I, a la producción, pero esta aplicación rompe al mismo tiempo el equilibrio entre las retribuciones del trabajo necesario para la producción de cualquier mercancía y la plusvalía que revaloriza el Capital. Este desarrollo propiciado por las NTIC produce en esta sociedad capitalista una desvalorización constante de la fuerza de trabajo humana, bien aumentando el grado de su explotación, provocando deslocalizaciones hacia países con mano de obra más barata, con economía sumergida o bien disminuyendo el coste del salario total, directamente como es la generalización de los mileuristas, o indirectamente traspasando parte de los costes a las Administraciones públicas, por ejemplo reduciendo los gastos de seguridad social, como viene reclamando la patronal, o traspasando los costes de las regulaciones de empleo al Estado, opción que la Comisión Europea está estudiando con el Libro Verde de «Flexiseguridad» , el modelo danés. Esta desvalorización de la fuerza de trabajo lleva pareja la exclusión del sistema de cada vez más amplios sectores sociales que engrosan el número de parados y excluidos sociales, provocando migraciones masivas. El desempleo mundial subió en 2006 a cotas sin precedentes, alcanzando a 195,2 millones de personas, según el último informe de la OIT , y eso a pesar del «robusto crecimiento» del PIB mundial en torno al 5%.

La crisis del trabajo asalariado pone en crisis todas las instituciones políticas y sociales que conocemos actualmente, ya que sobre él y los Estados-nación se articulan. Sindicatos, partidos políticos, ingresos públicos, etc. están organizados sobre el «pacto social» establecido tras la segunda guerra mundial, que establecía el equilibrio de retribuciones entre trabajo y capital, y los actores sociales y políticos que los representarían, sobre clases sociales claramente delimitadas y enraizadas socialmente en torno al lugar que ocupaban en el proceso productivo. La globalización sobrepasa a los Estados-nación. La desvalorización y dispersión del trabajo asalariado deja sin base social objetiva a los sindicatos y partidos de la izquierda, que debaten internamente en busca de su identidad en esta nueva etapa.

3.- ¿Quiénes son los artífices del capital?

El capital no puede tomar decisiones por si mismo. Es a través de seres humanos como adopta decisiones, como actúa. ¿Qué mecanismos intervienen para que determinados seres humanos adopten decisiones que pueden terminar poniendo en peligro la propia supervivencia del ser humano como especie?

La innovación constante, la complejidad técnica que de ella se deriva y la necesidad de planificación son las fuerzas últimas que han provocado cambios esenciales en el sistema económico.

La complejidad técnica ha requerido de mano de obra especializada y de una dirección profesionalizada. La toma de decisión en la gran empresa ha pasado a ser un proceso de informes de comisiones o comités técnicos que se discuten por los equipos de profesionales y que se elevan a los ejecutivos para que adopten la decisión definitiva, pero quedándoles a estos un margen limitado. El poder de decisión en las grandes corporaciones y empresas está en quién toma la decisión: un equipo de personas integrado por los accionistas con poderes ejecutivos y los directivos cuyos informes se consideran en la toma de decisiones. Mientras más alejados estén los accionistas de la gestión diaria menos poder tienen. A estos equipos Galbraith los denominó «tecnoestructura» en su obra «El nuevo estado industrial» . Yo prefiero denominarlos con la palabra más coloquial de «gestores».

La necesidad de planificación ha llevado a intentar controlar las posibles variables: si la producción depende del suministro de ciertas materias primas los Departamentos de compras estudian y planifican las medidas a adoptar; si dependen de la venta de la producción el Departamento de Marketing intentará manipular al consumidor para que compre. Lo mismo ocurre con el capital, la tecnología y la fuerza de trabajo. La planificación de la gran empresa ha terminado con el mercado, si es que alguna vez existió, tal como lo describieron los economistas del S. XIX y principios del XX.

El poder del accionista minoritario o no vinculado directamente con la gestión, «propietario» según la Ley vigente, se reduce en la práctica a comprar o vender sus acciones y a cobrar los dividendos que los gestores determinan repartir, porque también planifican los resultados económicos de los ejercicios que presentarán en las asambleas anuales de accionistas a través del entramado de empresas con sede en paraísos fiscales. Con la aún vigente batalla por el control de Endesa hemos podido observar la enorme flexibilidad de la que ha hecho gala la gerencia para elevar el beneficio en más del 60% de un ejercicio económico a otro, como simple estrategia para elevar el valor de las acciones y dificultar la OPA de Gas Natural, sin ningún tipo de inversión ni mejora de la actividad productiva ni de los servicios prestados al consumidor.

Si hablamos del sector público, que controla en los países avanzados en torno a su 50% de PIB anual, los «propietarios» somos toda la ciudadanía y no disponemos ni siquiera de la teatralidad de las asambleas anuales de accionistas. El control de la ciudadanía sobre los gestores de lo público se aplaza cada cuatro años a las elecciones, que tienen sus propias reglas y donde la gestión realizada es un valor diluido entre otros para la captación del voto.

La innovación constante, la complejidad técnica y la necesidad de planificación exige especialistas que trabajen en equipo y que participan a distintos niveles en las decisiones que se adoptan. Esta participación da la ilusión de Poder e identifica con la decisión tomada, con el objetivo buscado por la corporación empresarial. Mientras más directa y mayor sea la participación más se considerará la propia influencia en la determinación de los objetivos y la posibilidad de adaptarlos a los propios del equipo directivo, de los gestores. Se considera que los objetivos de la corporación o empresa son superiores a los propios del individuo y nos identificamos con ellos, a la vez que colaboramos para definirlos y desarrollarlos.

La motivación actual del trabajador es una mezcla de compensación salarial y de identificación. En la etapa anterior la empresa intentaba maximizar las ganancias de los empresarios-propietarios reduciendo la masa salarial; no era un objetivo con el que fuera fácil para el obrero manual identificarse, más aún si iba acompañado de represión. Los objetivos de los gestores, «compañeros» de trabajo nuestros, más ambiguos y menos visiblemente egoístas, entran menos abiertamente en conflicto con la identificación del trabajador cada vez más individualizado y aislado, más aún si la finalidad de la corporación no es la de «ganar dinero» y hay una suavización en las relaciones laborales y sindicales.

A medida que se sube de nivel y de sueldo aumenta la importancia de la identificación y adaptabilidad como motivación en relación al salario. ¿Cuáles son los objetivos con los que se identifican los gestores y cuáles los objetivos personales a los que buscan adaptación?

Los gestores surgen de la planificación y por un proceso colectivo de toma de decisión. Para que el grupo actúe hay que garantizarle AUTONOMÍA. Cualquier intromisión externa es perjudicial, habría que repetir el proceso de explicación, análisis y conclusiones, corriendo el peligro de malograrse por introducirse información no contrastada, fuera de crítica por venir de un «accionista» que siempre estará deficientemente informado, o bien, que alguien quiera el control del proceso para hacer ver «quién manda».

Las grandes inversiones de capital que exige la innovación permanente obligan a las empresas a ser grandes. Para la planificación mientras más grande sea mayor poder e influencia tendrán la empresa y sus gestores para controlar los posibles riesgos. El CRECIMIENTO sin límite es el objetivo de la empresa para poder reproducirse como capital. El crecimiento sin límites es el objetivo también de sus equipos gestores para aumentar su poder y control. El objetivo real no es aumentar los beneficios a repartir entre los accionistas, convertidos en meros rentistas, sino la reproducción del capital en el proceso productivo.

Para garantizar la autonomía los gestores deberán aportar un nivel mínimo de ganancias que permita repartir dividendos, tranquilizando a los accionistas que esperan la renta de su capital, y genere los fondos necesarios para continuar el proceso de crecimiento. Si el resultado económico fuera de pérdidas no se podría crecer, y los accionistas al no obtener la retribución esperada podrían exigir la destitución del equipo de gestores, con lo que se pone en peligro su primer y básico interés: La SUPERVIVENCIA como gestores. En el mercado mundial depredador y competitivo en el que vivimos, cualquier empresa por muy grande que sea puede ser objeto de una OPA hostil, que implicaría la eliminación del equipo gestor. Esta posibilidad no se da en una Fundación (El Corte Ingles) o en una institución sin fin de lucro (ONCE), en las que, además, las perdidas durante varios ejercicios no implican cambios en el equipo gestor mientras no se agote el patrimonio acumulado. Esta es la explicación a la proliferación de Agencias, Fundaciones, instituciones benéficas sin animo de lucro, que han proliferado en la última década, tanto en EE. UU. como en Europa y Japón.

Peter Drucker en su libro «La Sociedad poscapitalista» publicado en 1993, donde por primera vez se utiliza el concepto «sociedad del conocimiento» para poner en valor el papel relevante de los gestores, y posteriormente la Fundación que lleva su nombre dedicada a la gestión de las organizaciones y corporaciones empresariales, son quienes han elaborado la teoría justificativa que ha llevado a los escándalos conocidos de Enro, World com, Parmalat, etc. y que han provocado la exigencia de normas éticas de buen gobierno, voluntarias y muy contestadas por los equipos gestores, y prácticas de responsabilidad social de las empresas con sus entornos sociales y medioambientales.

La coherencia interna del sistema exige que los objetivos y las motivaciones de la gran empresa, sus gestores y la sociedad han de ser coherentes entre si. Es decir, los objetivos de los gestores serán un reflejo de los objetivos de sus corporaciones empresariales y los objetivos económicos de la sociedad tenderán a ser los de la gran empresa y sus gestores dada la posición hegemónica y dominante que estas tienen en la sociedad.

Si el crecimiento es una necesidad básica del capital para reproducirse, la reinversión de los beneficios será proclamada como prioridad de las empresas por sus gestores, y el crecimiento económico (PIB) por el crecimiento será un «bien social» indispensable sobre el que pivotará la evaluación del bienestar de las sociedades.

Lo mismo ocurre con los demás objetivos: innovación tecnológica, investigación, educación obligatoria, autonomía de las empresas y de los organismos reguladores, prioridad de la lucha contra la inflación en la política económica, etc.

La misma coherencia existe en la motivación que mueve a las personas, las corporaciones y la sociedad. El salario es básico para la persona hasta alcanzar un determinado nivel, a partir del cuál predominan otras motivaciones. Análogamente para la empresa alcanzar el nivel de ingresos mínimos que garanticen la autonomía y crecimiento es básico también, a partir de él otros objetivos cobran mayor importancia. La política económica marca anualmente un objetivo mínimo de crecimiento a partir del cuál la lucha contra la inflación pasa a primer plano.

Lo mismo ocurre con la identificación y la adaptabilidad. Las personas no nos identificaremos con los objetivos de las corporaciones empresariales sino se identifican estas a los ojos de las personas con algún noble objetivo social. Pero estos, mediante el proceso de adaptabilidad, no son sino los objetivos del capital y de los propios gestores socialmente considerados.

Lo que venimos diciendo de los equipos gestores es asimismo de aplicación a los gestores de partidos políticos de todo signo y color, así como a los gestores sindicales, que ven reflejados en su organización interna los valores, objetivos y motivaciones de la sociedad en la que se desenvuelven.

En los países comunistas la planificación realizada por las grandes empresas la realiza el aparato planificador del Estado. También en ellos las exigencias de la complejidad técnica y la planificación generó unos equipos gestores que exigían mayor autonomía para las empresas y un crecimiento de la producción permanente. La convergencia de ambos sistemas se produce sobre la forma de la planificación. Este es el proyecto que se desarrolla en amplias zonas de China y el proyecto frustrado de Gorbachov para la desaparecida URSS. Los mercados incontrolados, la desintegración económica, social y política posterior a la URSS demuestran la necesidad de una instancia planificadora para el nivel tecnológico alcanzado por las empresas y la peligrosidad de los ideólogos adoradores del mercado puro. Hasta Francis Fukuyama reconoce ahora la necesidad de «Estados fuertes» para el desarrollo económico.

No todas las actitudes y objetivos sociales arrancan de las necesidades del capital y sus gestores socialmente considerados. También existen fines sociales que se imponen desde la sociedad a las corporaciones empresariales, como es la lucha contra el cambio climático provocado por el agujero en la capa de ozono que se está imponiendo a su pesar, o el código ético sobre el gobierno corporativo. El sistema económico planificador impone aptitudes sociales y está sometido a otras. Es un proceso de dos direcciones. Volveremos a este punto verdaderamente esencial cuando definamos las fuerzas y pasos para el cambio.

4.- La corrupción incrustada en el sistema

Supervivencia, crecimiento y autonomía son los objetivos básicos del capitalismo agonizante que vivimos y sufrimos. Analicemos los límites extremos donde nos conduce la autonomía de los equipos gestores.

El hombre de la organización está principalmente sostenido por la propia organización. La diferencia entre estar dentro o fuera de su cargo es total. Cuando un integrante del equipo gestor deja la corporación está abocado a una oscuridad total, exceptuando aquellos/as que han creado y sostenido la propia organización por haber patentado una exitosa innovación, cuestión que tan sólo se da en los comienzos de las ondas largas y que obviamente son una minoría. Nada explica mejor el vigor de la lucha por el puesto. La transición es drástica para el alto ejecutivo cuando le llega la jubilación. El gran empresario-propietario anterior vivía hasta el último día disponiendo de sus riquezas. El gestor moderno no tiene tanto dinero personal. Si unimos que la sociedad de consumo no cesa de trasmitir que lo único importante es ser rico lo antes posible, sin importar las formas o los medios empleados para lograrlo, entenderemos que el propio sistema permanentemente incite hacia la corrupción a los integrantes de los equipos gestores, agudizándose a medida que se acerque el momento de dejar, por edad o involuntariamente, la organización.

En el mundo actual el mayor grado de autonomía de los gestores se alcanza en las Agencias Estatales cuyos expedientes llevan el sello de «alto secreto». Es obvio que desde ellas, directamente vinculadas con las industrias armamentísticas, sean estatales o privadas, se dirige y organiza el mercado mundial de armas. También el de drogas con el que comparte circuitos y tramas, como pusieron de manifiesto el destape del caso «Irangates» a finales de la década de los ochenta y el caso del ex presidente de Panamá Noriega. Antes de ser asesinado Olor Palme estaba investigando la relación entre el tráfico de drogas y el de armas. Actualmente en Afganistán el tráfico de drogas financia y mantiene la guerra. La guerra de Irak no sólo era por el control de las reservas de petróleo, también para darle salida a una crisis anunciada del complejo industrial-militar. Se estima que el valor anual del comercio de droga es tres veces superior al del tráfico de armas, que a su vez es casi el doble que la industrial aeroespacial mundial, la mayor de las «trasparentes y legales» tras las petroleras. Es de lógica suponer que las dos «industrias» económicas de las mayores en volumen están integradas en el sistema hegemónico y dominante, y no al margen de él, pues sería un puro anacronismo.

En su extremo la autonomía de los gestores en el actual sistema de capitalismo agonizante empuja a la trasgresión de todos los límites de la legalidad, como ha dejado meridianamente claro la administración Bush con su lucha contra el terrorismo internacional.

La reproducción ampliada del capital, que exige el crecimiento continuo, ha convertido al ser humano en siervo de la máquina que creó para satisfacer sus necesidades. Es una pieza de la máquina y se sustituye al estropearse. El sistema manipula el comportamiento y las actitudes sociales, fomentando el culto al consumismo, lujo y endeudamiento que esclaviza, igualando consumismo con felicidad, rechazando los valores reales del ser humano.

Gran parte de la capacidad productiva, movida por sus propias reglas internas, se dirige a bienes superfluos y a costosas y sofisticadas armas que ojalá nunca lleguen a ser utilizadas, en lugar de erradicar las miserias, injusticias y desequilibrios de nuestro mundo. La responsabilidad limitada de los gestores a su propia empresa, sin una visión totalizadora del sistema, permite al gestor petrolero justificarse con el objetivo de maximizar los beneficios para sus accionistas; al Gobierno Bush, al complejo industrial-militar y al conjunto de la clase política de EE. UU. justificarse con la defensa de los intereses nacionales que son los de sus empresas; y a los accionistas individuales justificarse con la búsqueda de la máxima rentabilidad de su dinero sin que nadie se considere responsable del camino elegido y sus consecuencias globales. El capitalismo agonizante lleva al extremo la alienación de la humanidad y pone en peligro su supervivencia.

5.- Contradicción principal

La contradicción principal obliga a responder y actuar de forma urgente, inaplazable, y en torno a ella todas las clases sociales y sectores dentro de cada clase han de definirse. Aparece en primer plano precisamente porque significan opciones, cruces de caminos en el devenir histórico, en torno a las que hay que posicionarse, poniendo de manifiesto las diferencias y contradicciones secundarias entre los diferentes sectores de cada clase; estas diferencias permiten aglutinar alianzas sociales de progreso o de retroceso histórico. Son opciones con consecuencias irreversibles en el tiempo, ya que posteriormente la realidad, correlación de fuerzas y los problemas serán otros.

Las distintas opciones son objetivas, pero tendrán que visualizarse, exponerse y defenderse dentro de una determinada estrategia de acumulación de fuerza social y aislamiento de las otras opciones, ya que lo que no se conoce no existe y quién no tiene estrategia propia juega siempre con la estrategia del contrario. Sólo una será la elegida y la seguida por la sociedad.

El proceso de crecimiento continuo e incremento de productividad a través de la inversión en I+D+I en un mercado limitado y competitivo será siempre en base a robarle el mercado a los competidores, haciéndoles entrar en crisis e incluso haciéndolos desaparecer a través de fusiones y absorciones; siempre se hará en base a más robotización, menor empleo y más bajos salarios, por lo que el empleo neto y la productividad social se habrá reducido. El crecimiento mundial va inexorablemente unido al incremento de poblaciones cada vez mayores de excluidos socialmente, lo que está en la base de las millonarias migraciones mundiales. Sin embargo, a pesar del drama humano que hay tras ellas y la visualización que supone de la desigualdad en el reparto de la tarta no es el aspecto que obliga a responder y actuar. Se limita a una cuestión humanitaria, al terreno de la moral y de la ética, una «llamada a las conciencias». El sistema capitalista agonizante en el que vivimos sigue tal cuál sin prestarle atención o, incluso, puede mostrar un rostro humanitario donando fondos a través de sus fundaciones altruistas. Para lo que nos importa es indiferente. Centrar en este aspecto la estrategia de respuesta y consolidación de la alternativa a la actual organización social sería un grave error.

La contradicción principal está en la cuestión energética. El petróleo ha permitido a la humanidad un gran progreso, poniéndonos en condiciones de seguir el desarrollo humano basado en la ciencia y la tecnología. Pero debíamos haber renunciado al petróleo desde finales de los sesenta o principios de los setenta. Lejos de ello la ambición de unos pocos está provocando el daño más grande que jamás haya soportado el planeta Tierra desde su interior: agujero de la capa de ozono, cambio climático, enfermedades, muerte, guerra, pobreza y autodestrucción de la humanidad. La supervivencia de la estabilidad financiera internacional también.

De los seis elementos que caracterizan la quinta onda larga de Kondratieff, que comenzó a principios de la década de los noventa del siglo pasado, es la fuente energética la que está estancada. Esta paralización de la nueva fuente energética impide que se avance en un nuevo mundo, agudizando extraordinariamente las contradicciones.

Por una parte el incremento de las poblaciones a niveles superiores de vida choca con la falta de recursos energéticos suficientes, provocando que el control y aseguramiento de estos sea la prioridad de la política exterior de todas las grandes actoras de la economía internacional. Es la prioridad de China para poder mantener su continuo crecimiento económico, la de EE. UU. y de la Unión Europea, explicando mejor que ninguna otra cuestión el enfrentamiento entre Francia y Alemania con EE. UU. en las mentiras, invasión y ocupación de Irak. Sólo entre China e India se podría aumentar la población consumidora en dos mil millones de seres humanos. El planeta no soportaría ese incremento con una fuente energética contaminante como es el petróleo en la actualidad, o insegura como es la energía nuclear.

El desarrollo y el progreso de la humanidad pasa por que se renuncie al petróleo, pero las multinacionales más poderosas están vinculadas con la extracción, refino y distribución de este, que se convierten, en la medida en que quieren preservar sus privilegios y hegemonía económica, en verdaderos instrumentos de autodestrucción de la humanidad, afectando y perjudicando la estabilidad financiera internacional y el crecimiento de otros sectores económicos y grupos multinacionales.

Para la primera ¿victoria electoral? de Bush las multinacionales del petróleo americanas jugaron un papel determinante, y siguen haciéndolo en la segunda. Sin embargo, George Soros, claro representante de mundo financiero pedía claramente el voto para Kerry, y en el Estado de Nueva York, dónde residen fundamentalmente los grandes financieros internacionales, la victoria de Kerry alcanzó el 80% del total de los votos. En mi opinión la Administración de Bush está o ha estado monopolizada por las multinacionales petroleras y el complejo industrial-militar americano, perjudicando seriamente a otros sectores, como por ejemplo el financiero, aeronáutico, automoción y electrónica.

James Petra en el artículo ¿Quién manda en USA? dice: «Antes o después se producirá una ruptura entre Wall Street y los militaristas. Los costes adicionales de una escalada de las guerras, los continuos pagos de una deuda inflada, los inmensos desequilibrios de la balanza de pagos y las entradas decrecientes de capital en forma de beneficios repatriados de las multinacionales y las diversificaciones de las reservas de moneda de los bancos centrales en el extranjero forzarán este hecho. Las enormes y crecientes desigualdades, la masiva concentración de la riqueza y el capital al tiempo que disminuye la calidad de vida y se estancan los ingresos de la inmensa mayoría, da a la clase dominante financiera muy poco capital político o credibilidad si estalla, o cuando estalle, una crisis económica y financiera.», y, posteriormente, continua: «Algo tiene que romper la cohabitación entre los financieros de la clase dominante y los militaristas políticos. Corren en direcciones opuestas. Unos invierten en capitales en el exterior y los otros se gastan en casa los fondos prestados. Por el momento, no hay señales de conflicto serio alguno en las alturas, y en las clases medias y trabajadores no hay señales de ruptura política alguna con los dos partidos de Wall Street ni ningún desafío al baluarte sionista-militarista en el Congreso. Es probable que sea una catástrofe, como un ataque nuclear israelí contra Irán apoyado por la Casa Blanca, lo que pueda constituirse en detonante del tipo de crisis que pueda provocar una profunda, amplia y violenta respuesta popular contra todo tipo de estamentos militares, financieros y los made in Israel.» En mi opinión, el dinero especulativo no es estrictamente capital porque no se reproduce a través del trabajo asalariado en el proceso de producción. Además sería una incongruencia que el capital financiero fuera dominante y, sin embargo, no lograse poner de Presidente de USA a su candidato Al Gore en la primera elección de Bush, ni a Kerry en la segunda, ni impedir la invasión de Irak, ni ahora los preparativos para invadir Irán y Venezuela, a pesar del grave riesgo de crisis financiera internacional, cuya primera consecuencia sería la explosión de la burbuja financiera y la desaparición del dinero especulativo de Wall Street. El capital hegemónico y dominante es el que garantiza el principal de sus tres objetivos básicos: la supervivencia del propio sistema capitalista; y eso tan sólo lo puede hacer el capital productivo, el complejo industrial-militar USA, que también es capital a pesar de estar teóricamente dirigido desde instancias estatales, y la oligarquía petrolera USA, que se enfrenta también a las oligarquías petroleras europeas y rusa. Considero que el volumen retributivo, superior de los gestores en la especulación, no es el elemento determinante a la hora de clasificar a un sector como hegemónico y dominante.

En torno a la cuestión energética existen tres opciones:

1. La opción del complejo industrial-militar y petrolero USA.

Defiende el mantenimiento del poder a través del petróleo y combustibles fósiles, por lo que hay que controlar los países que disponen de yacimientos a través del aparato militar. Para ello el desarrollo de las energías renovables se permitirá siempre que sea una alternativa residual y no ponga en peligro la supremacía de la oligarquía petrolera. Esta opción les permite mantener el sistema productivo del complejo industrial-militar, controlar estratégicamente a la Unión Europea y a China, posibles competidores futuros que carecen de suficientes fuentes propias, tensionarlo y enfrentarlo con China garantizándose el futuro flujo de fondos financieros, y la supervivencia de la oligarquía petrolera USA.

2. La opción del dinero especulativo de Wall Street.

La opción del denominado capital financiero internacional la defienden los hombres de Goldman Sachs: Al Gore y Stern, a los que se le han unido representantes de la UE y China, con la campaña mediática sobre la amenaza del cambio climático provocado por las emisiones de CO2. Defienden una propuesta que relegue al petróleo y demás fuentes fósiles y se apoye en la recuperación de la energía nuclear. El objetivo esencial es garantizar la estabilidad financiera internacional, para lo que hay que impedir la extensión de los conflictos bélicos en zonas productoras de petróleo; para la UE supone la posibilidad de retomar las inversiones en centrales nucleares donde disponen de claras ventajas competitivas, además de avanzar en mayor independencia energética. La situación de China es similar a la europea posibilitándole el desbloqueo de inversiones en centrales nucleares. También hablan de potenciar las energías renovables pero con modelos centralizados que le permitan controlar la producción y, sobretodo, la comercialización.

3. La opción coherentemente ecológica de la humanidad.

La opción que garantiza el futuro de la humanidad es el desarrollo intensivo y coherente de las energías renovables, fundamentalmente fotovoltaica y eólica. Esta opción supone una multitud de iniciativas y de productores de energías con un programa de gestión descentralizada que permita la incorporación de forma controlada a la red eléctrica. Este modelo que requiere mucha menos inversión y que tecnológicamente ya es posible, permitiría la formación de «islas» energéticas independientes para el desarrollo de zonas aisladas que carecen actualmente de conexiones, solucionando el problema energético no sólo en países desarrollados sino también en zonas atrasadas. De hecho el laboratorio espacial internacional funciona así. Como dice Jeremy Rifkin «permitiría una tercera revolución industrial y debería tener un efecto económico multiplicador tan fuerte en el siglo XXI como la introducción de las tecnologías del carbón y el vapor en el siglo XIX, y el petróleo y el motor de combustión interna en el siglo XX».

Esta opción permite concentrar tras ella a la inmensa mayoría de la humanidad, dado que es la única solución real para las amenazas del cambio climático, permite el desarrollo de todo el potencial creativo y liberalizador de las NTIC, las nuevas fuerzas productivas, permite cerrar la brecha Norte-Sur con un desarrollo de los pueblos sin confrontación, y, al impedir la inestabilidad financiera internacional, permite atraer a sectores capitalistas no vinculados directamente al complejo industrial-militar y petrolero USA.

Jeremy Rifkin plantea cinco puntos:
• Maximizar el ahorro de energía en el consumo de combustibles fósiles.
• Reducir las emisiones de gases que provocan el calentamiento global.
• Optimizar la introducción comercial de energías renovables.
• Introducir pilas de combustibles de hidrógeno para almacenar energía renovable.
• Crear redes inteligentes interconectando los continentes para distribuir la energía.

J. Craig Venter , médico e investigador genético norteamericano que descodificó el genoma humano en el año 2000, ha dirigido un equipo interdisciplinario, dónde los biólogos marinos han sido un componente básico, con un presupuesto de 155 millones de dólares para dos años, financiado por el Ministerio de Energía de EE. UU., con el objeto de descodificar los genes de los microorganismos de los océanos y comprender la química de su estrategia de supervivencia. Es decir, encontrar productores de energías alternativas biológicas y ponerlas en funcionamiento. La palabra clave es biofotolisis. Los primeros resultados fueron asombrosos: solo en el viaje de prueba en 2002 en el mar de los Sargazos, en las seis primeras muestras se encontraron 1,2 millones de genes nuevos, de los que 782 son genes fotorreceptores que permiten a los microorganismos abastecerse de energía solar y 50.000 genes nuevos para el procesamiento del hidrógeno resultante de la biofotolisis producida en el interior del microorganismo.

En 2006 el grupo español Acciona firmó un contrato con el equipo de bioingeniería de la Universidad de Los Ángeles de California (UCLA), dirigido por Carlo Montemagno , por valor de 4 millones de euros, que compromete a la UCLA a desarrollar en dos años un prototipo de placa solar flexible sobre la base de proteínas que reproducen procesos naturales como la fotosíntesis (la biofotolisis) que transforma la luz solar en procesos químicos con mayor rendimiento que las actuales placas de silicio. Según Montemagno la tecnología para que las proteínas capturen la luz solar y la transformen en electrones (electricidad) está plenamente desarrollada.

Siemens tiene desarrollado un sistema de gestión descentralizada de energías renovables, que permitiría la incorporación de millones de pequeños productores de energías limpias a la red, pero que imposibilitaría a las grandes el control de la producción y, aún más importante el control de su distribución, con lo que perderían el PODER. Existen las soluciones tecnológicas pero no se ponen a disposición de la humanidad bajo el sacrosanto derecho de propiedad intelectual. ¿Puede existir mayor genocidio que mantener oculta la solución tecnológica para el cambio climático y el desarrollo sostenible de la humanidad? La humanidad entera debe clamar exigiendo la publicación abierta y libre de la investigación y resultados de J. Craig Venter.

6.- ¿Qué otro mundo es posible?

Las sociedades no dan saltos en el vacío según nos enseña la historia. No se plantean problemas para los que no se tengan esbozadas las soluciones, ya de hecho tenemos ante nosotros con mayor o menor grado de desarrollo los distintos elementos de la organización social del futuro.

Hemos dicho al principio que la superación de cada fase se realiza asumiendo todo lo positivo de la anterior, en un proceso dialéctico de desarrollo de lo nuevo en el seno de lo antiguo y de unión de los contrarios en la síntesis superadora. Deberemos fijarnos en el desarrollo y tendencias que las NTIC y las nuevas relaciones de producción, el trabajo en equipo y los nuevos modelos de gestión empresarial, promueven en el actual mercado competitivo y en las instituciones sociales y políticas, exigiéndolas y llevándolas coherentemente hasta el extremo en el que no podrán ser asumidas sin cuestionarse la formación social vigente del capitalismo agonizante.

No importa que las innovaciones hayan sido propuestas por intelectuales del sistema y para el propio sistema capitalista. Nunca se ha tratado de buenos y malos. Lo verdaderamente importante son las tendencias, los caminos que nos señalan y la fuerza renovada que nos aportan.

Necesitamos visualizar el destino final, tenemos que saber hacia donde nos dirigimos, por que, como dijo Séneca, nunca sopla buen viento para quién no sabe donde va. Esta visualización, además, es imprescindible para dar confianza a las clases y sectores sociales que tienen que apoyar el proceso, escépticos en tanto que no tienen experiencia real de la misma y la legalidad e instituciones sociales y políticas corresponden al viejo orden al que hay que superar; asimismo, nos fortalecerá al alimentar la esperanza en conseguirlo.

Vamos hacia una sociedad hecha por la humanidad y para la humanidad, donde los seres humanos, las personas, sean el elemento básico de la economía y de la sociedad, cuyo principio rector sea de cada cuál según su capacidad y a cada cuál según su necesidad.

El actual desarrollo de las fuerzas productivas, la mundialización de la economía y la necesidad y conciencia creciente de preservar los recursos naturales controlando el vertido y emisión de residuos contaminantes, en un modelo de desarrollo humano, sostenible y participativo hace que la utopía se encuentre en la línea del horizonte que alcanzamos a ver.

¿Cuál es el interés básico de la humanidad y de las personas?

En primer lugar, la supervivencia. Las personas necesitan comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer cualquier otra cosa. Por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos y materiales suficientes para satisfacer a toda la humanidad es la prioridad básica. En la actualidad existen los recursos suficientes y la tecnología necesaria para conseguirlo, incluida la energía con las energías renovables.

En segundo lugar, la seguridad y tranquilidad en el futuro, es decir, la perspectiva cierta de un desarrollo humano sostenible. Este desarrollo tiene como finalidad conseguir la felicidad de la ciudadanía, como proclamaba la Constitución de Cádiz de 1812, integrado y en sintonía con la naturaleza de la que somos fruto y parte. En consecuencia, tenemos que empezar por dotarnos de los indicadores y ratios que nos permitan gestionar y conducir los procesos. Necesitamos una visión holística, global del proceso productivo que partiendo de la humanidad productora termine en la humanidad consumidora, que colectivamente es la misma, maximizando la satisfacción de las necesidades humanas con el menor consumo y coste. Es decir, extender y aplicar la visión de cliente de las empresas privadas actuales a la totalidad de los procesos productivos, siendo el cliente la propia humanidad y sus necesidades básicas.

En tercer lugar, la participación e integración cooperativa y co-responsable en la sociedad y en la construcción de nuestro propio futuro. Las relaciones sociales y el sentimiento de poder incidir en tu devenir, de participar integrado en tu comunidad, es el mejor índice de la felicidad humana en todo el mundo. Esto significa, en primer lugar, sustituir el principio de competitividad por el de coordinación y cooperación esencial para cualquier trabajo en equipo y, en segundo lugar, profundizar y extender el actual sistema democrático representativo con sistemas de democracia participativa, dando progresivamente mayor peso a esta última en tanto que el desarrollo de las tecnologías de la información lo vayan permitiendo.

7.- Fuerzas y debilidades para otro mundo posible

La nueva organización social tendrá que tener coherencia interna entre los objetivos y las motivaciones globales de la humanidad, sus empresas, en la sociedad y en los valores individuales de las personas. Las fuerzas a favor del cambio ya pueden ser visualizadas.

• En la empresa

La complejidad técnica y la necesidad de programar y planificar de las grandes corporaciones, públicas y privadas, han generado los equipos directivos y gestores, que desplazaron del proceso de toma de decisiones a los propietarios y accionistas. A su vez estos necesitaron ampliar y abrirse a grupos de especialistas cada vez más amplios. Por fin, la revolución tecnológica actual necesita de la creatividad e iniciativa de los asalariados/as, dando lugar a la denominada tercera revolución industrial o revolución de la creatividad: trabajo en equipo, calidad total, toyotismo, excelencia en la gestión, etc.

La co-gestión, la participación y corresponsabilidad en la gestión de las empresas públicas y privadas del mundo salarial a través de sus sindicatos, es la organización del trabajo acorde con la complejidad técnica, la necesidad de programar y las exigencias de trabajo creativo y en equipo que marcan nuestro tiempo. La única capaz de liberar todo el potencial de productividad que encierran las nuevas fuerzas productivas.

Su implantación, sin embargo, está planteando cuestiones decisivas para el futuro. En primer lugar, pone en cuestión el principio de autoridad clásico en el seno de las empresas. En segundo lugar, lleva a sus últimos límites la contradicción entre la socialización de los medios de producción y la apropiación privada del resultado económico por unos propietarios-accionistas convertidos en rentistas. Y, en tercer lugar, pone en cuestión el concepto mismo de productividad, exigiendo que traspase sus estrechos límites economicistas y de la empresa, hablándose ya de la necesaria «responsabilidad social de las empresas». Ya no sólo basta con producir más, sino que hay que ver qué se produce. El concepto de productividad significativo será productividad social. Será el bienestar y el empleo global y neto de la sociedad, incorporando los costes medioambientales y de estabilidad social los determinantes de la actividad económica: el desarrollo humano sostenible y participativo.

El salario, motivación en el modo de producción capitalista original, había sido el origen y la fuerza impulsora que creó a los sindicatos, pero las motivaciones fundamentales de la actual etapa del capitalismo que son la identificación y la adaptabilidad (la gestión de la calidad es un impulso definitivo a estas motivaciones) han de ser respondidas por los sindicatos.

La respuesta sindical tiene que tener como objetivo convertir en elemento dominante del sistema económico a la fuerza de trabajo (los sistemas de calidad consideran al hombre como el único generador de valor en la sociedad del conocimiento), se tiene que apoyar en el avance técnico y científico y profundizar en las técnicas de planificación (los planes estratégicos ya están incorporados en el seno de las empresas y organizaciones de todo tipo, el Cuadro de Mando Integral , herramienta de gestión del conocimiento en el seno de las organizaciones se está implantando, y las NTIC son las herramientas indiscutibles del nuevo modelo económico), la motivación principal es la identificación y la adaptabilidad potenciada por los sindicatos dándole su alternativa en la sociedad (creando una sociedad de personas para las personas, con valores como el desarrollo sostenible, solidarios y con la dignidad en el trabajo como bandera de la humanización), en las empresas con la co-gestión y la humanización del trabajo (ergonomía, prevención de riesgos laborales, salarios justos, participación en la organización del trabajo y en los procesos de mejora continua, así como en marcar los objetivos de las empresas u organizaciones, etc.) y potenciando los valores individuales de solidaridad y justicia social, consustánciales al sindicalismo hasta conseguir que los valores dominantes en la sociedad actual: imitación, envidia y vanidad sean sustituidos por los de creatividad (innovación) respeto, solidaridad y dignidad.

La inteligencia emocional se aplica a los equipos de trabajo . Con ella se hace un desarrollo implícito de las motivaciones de identificación y adaptabilidad de las personas con los objetivos de las organizaciones para sacar el máximo rendimiento a los equipos de trabajo, nueva organización del trabajo en la sociedad del conocimiento. Hablar de emociones pone de relieve el papel central que tienen las personas en estas nuevas formas de organización del trabajo.

De no darse una implicación sindical en este proceso y en este sentido, los «equipos gestores», los artífices de esta etapa del capitalismo que desplazaron a los capitalistas convertidos en rentistas de los procesos de toma de decisiones, llevando la alienación del sistema a sus actuales límites, empujaran el sistema político hacia modelos más autoritarios y menos democráticos en su búsqueda de más autonomía y seguridad de supervivencia. De darse la implicación sindical en los procesos de gestión de calidad y su extensión consecuente a toda la sociedad lo que obtendremos será la profundización de los sistemas democráticos en la esfera política, pero también en el seno de las empresas dónde se enraizarán.

Cuando los sindicatos se implican y colaboran en la implantación de los sistemas de calidad en las empresas estos son más eficientes. Cuando la dirección de la empresa intenta marginar en la implementación a los sindicatos se convierten en un elemento de confrontación, que en muchos casos impide su correcto funcionamiento, al impedir que se desarrolle en su plenitud la motivación de identificación y adaptabilidad.

Ahora bien, los sindicatos deben asumir su verdadero papel protagonista en el final del capitalismo, pasando de ser una organización de defensa en una sociedad capitalista a una organización protagonista, estructuradora de la nueva sociedad. Es decir, un cambio similar al que transformó a los gremios de artesanos de las sociedades feudales en confederaciones de empresarios y cámaras de comercio en el siglo XVIII y XIX.

El crecimiento y desarrollo exponencial de la economía social, que coloca al ser humano en el centro de su actividad y posee un modelo participativo en la gestión junto a la propiedad compartida, señala el tipo de empresa del futuro. Empresas que poseen ya en sus estatutos avanzadas normas de responsabilidad corporativa y control democráticos de sus gestores.

• En la sociedad

La noción de desarrollo local, incluyendo el territorio y la población que en él vive, ha sido una de las grandes transformaciones de la última década.

En 1980 Michael Porter publica su teoría sobre la ventaja competitiva de las empresas. En 1990 adapta esta al desarrollo territorial con la «Ventaja competitiva de las naciones», dónde por primera vez se considera a los entes territoriales como sujetos y actores propios del desarrollo local. Se comienzan los Planes Estratégicos, los análisis de debilidades y fortalezas, aparecen los departamentos de Fomento económico en los entes locales y las políticas activas de empleo.

En 1996 Kaplan y Norton, dos profesores de Harvar, publican «El cuadro de mando integral», herramienta para medir y gestionar el conocimiento en el seno de las empresas en procesos de transformación continua provocadas por las NTIC y la competitividad de los mercados en la globalización; en 2004 «Los Mapas Estratégicos» , los Planes y Mapas Estratégicos incluyen las amenazas y oportunidades, generándose estrategias defensivas y ofensivas, y el quiénes somos (misión) se amplía a quienes queremos llegar a ser (visión).

La traslación de esta teoría, que desplaza a la ventaja competitiva de los territorios de Porter, abre dos frentes de la innovación en el desarrollo local: la medición y gestión del conocimiento de los actores del territorio y la generación de la necesaria dirección que lidere y promueva los procesos.

Para el primero se desarrollan los conceptos de «capital social», «fortalecimiento institucional» y las técnicas de evaluación de políticas públicas: conocer la realidad sobre la que se quiere actuar, identificar los actores sociales e institucionales presentes en el territorio a los que se les hace coordinarse y cooperar en pos de objetivos generales comunes, definir y cuantificar los objetivos que se marcan, verificar la aplicación y coherencia de las actuaciones y de los medios aplicados y cuantificar el impacto conseguido sobre la realidad inicial con las mismas.

Para el segundo se desarrolla la dirección compartida: No existe en los territorios un actor con competencias en todos los ámbitos que inciden en el desarrollo del territorio, por lo que es necesario unirse, complementarse, coordinarse y cooperar entre todos. Se comienza por incorporar a los agentes económicos y sociales en procesos de concertación para llegar al modelo de desarrollo participativo. Se desarrollan los cluster (distritos industriales) y los sistemas de administración-universidad-empresa y otros instrumentos de transferibilidad de la investigación y el conocimiento al sector productivo, comenzándose a hablar de «regiones del conocimiento».

La base de la productividad en cualquier empresa, con o sin ánimo de lucro, depende del capital humano, tecnológico y organizativo. De la formación de las personas que la integran, de la tecnología utilizada y del trabajo en equipo con liderazgo y alineado coherentemente tras el objetivo estratégico y común marcado.

La productividad de un territorio depende de la formación media de su ciudadanía, de la incorporación y difusión de las últimas herramientas tecnológicas y del establecimiento de un correcto sistema de investigación – innovación – desarrollo que coordine y haga cooperar a las universidades y centros de investigación con las Administraciones públicas y sector privado, en pos de los objetivos estratégicos que se hayan marcado conjuntamente, y en un contexto de cohesión y estabilidad institucional. Es decir, de su capital humano, su capital tecnológico y su capital social e institucional.

La justificación es que los territorios que no disponen de estructuras que promuevan y lideren los procesos de desarrollo no podrán ser «constructores» de su propio futuro, situándose en clara desventaja con respecto a los que si dispongan de ellos.

Como dice José Mª Zufiaur analizando las experiencias europeas de los Pactos Territoriales de Empleo «El partenariado de los PTE coloca a todos sus integrantes ante problemas nuevos. Las Administraciones Públicas tienen que responder a demandas y propuestas no habituales, dando participación en la gobernabilidad a representantes de la sociedad civil. Los empresarios se ven abocados a responder a los intereses del desarrollo de toda una zona territorial, superando el simple interés de maximizar los beneficios, y surgiendo el concepto de responsabilidad social de la empresa. Los sindicatos, por su parte, tienen que enfrentarse con la responsabilidad de la toma de decisiones, adentrándose en la lógica del coste – beneficio, convirtiéndose en verdaderos protagonistas del desarrollo. Este intercambio de roles tiene efectos beneficiosos sobre la concertación, tanto en el ámbito territorial como sobre el diálogo en el seno de las empresas, en las que se desarrolla la identificación y la participación de sus trabajadores.»

Los modelos de desarrollo participativo han ido apareciendo de forma coetánea en Europa (España, Francia, Italia y Portugal) , Latinoamérica (Brasil y Venezuela ), India (Estado de Kerala ) y desde un país comunista (Cuba). De China, todo un continente, no tengo noticias. Estos modelos objetivamente anclan el empleo en el territorio ante las amenazas de deslocalizaciones, y establecen objetivos comunes claramente vinculados con las necesidades sociales de los habitantes del territorio.

En las ciudades, donde convive la ciudadanía, se ha producido la otra gran transformación de la última década. La experiencia de Porto Alegre en Brasil, que comenzó implicando a la ciudadanía en la elaboración de las prioridades y distribución de los recursos municipales en lo que se ha denominado Presupuestos participativos, se ha extendido por todo el planeta denominándose con el término más amplio de democracia participativa y estableciéndose la red de Autoridades Locales con ciudades de distintos continentes que se relacionan entre si independientemente de sus gobiernos nacionales. La demanda de participación directa y continua en el tiempo de la sociedad civil en la determinación de su devenir que posibilitan las NTIC, obliga a los partidos políticos a incluirla en sus programas y asumirla.

Las ciudades, como dice Manuel Castells , deben jugar un doble papel: promover los procesos de generación de riqueza basados en el desarrollo de redes entre individuos y empresas competitivas, y desarrollar la capacidad social de corregir los efectos desintegradores de una economía de redes sin ninguna referencia a valores sociales no medibles en el mercado, como son los medioambientales, seguridad laboral, empleo territorial o identidad cultural.

Las ciudades y áreas metropolitanas se transforman en medio de innovación tecnológica y empresarial que atraen a personas con conocimiento e ideas que son la esencia de la nueva economía, que a su vez traen con ellas capital riesgo que es el que permite la innovación.

¿Cómo atraen o producen estas personas creativas y dinámicas?

En primer lugar con educación. Una educación capaz de promover personas, hombres y mujeres, con capacidad crítica, autonomía de pensamiento y de autoprogramación para la formación continua durante el resto de sus vidas, porque se desenvuelven en el seno de una «ciudad educadora». Construyendo un conjunto de interrelaciones entre las Administraciones Públicas, empresas, Universidad, Centros tecnológicos, asociaciones de todo tipo, agentes sociales, medios de comunicación y actividades culturales que incluyan foros de debates participativos que se constituya en «ciudad educadora» en la cultura de la innovación creativa, solidaria, respetuosa con el medioambiente, con la igualdad de género y tolerante. Es decir, construyendo una especie de campus universitario que relacione las distintas áreas de conocimiento entre si y con la sociedad en su conjunto, que facilite una dialéctica continua entre necesidades productivas y sociales con las respuestas adecuadas a las mismas a través de la investigación y el desarrollo.

Como en tantas otras cosas Finlandia nos ofrece un ejemplo a seguir. Pero no tenemos porqué irnos tan lejos. La ciudad de Albacete o Jun (Granada) nos ofrecen ejemplos de ciudades educadoras en la democracia participativa utilizando las nuevas tecnologías de la información.

En segundo lugar con servicios públicos de calidad, que funcionen y sean baratos. Si la movilidad ciudadana es imprevisible por los atascos continuos y la carencia de un sistema de transportes públicos eficientes, asiduos y baratos; si las empresas y organismos se ven sujetos a continuos apagones, a cortes en el suministro de agua potable o a una insoportable contaminación acústica o atmosférica la inversión y el talento no vendrán. Internet y el dinero no pueden resolver estos problemas.

En tercer lugar, con calidad de vida en sentido amplio. La calidad de vida atrae a las personas a los medios de innovación que son las áreas metropolitanas y los retienen en ellas permitiéndoles su acción creativa. Existe un efecto retroactivo de calidad de vida sobre productividad y de productividad sobre calidad de vida.

El gran reto que afrontan las ciudades y áreas metropolitanas es generar una región del conocimiento, promover el necesario capital cultural, social e institucional capaz de integrar la tecnología, la sociedad y la calidad de vida en un sistema interactivo de implicación y cooperación de lo público con lo privado, de las Administraciones Públicas con la sociedad civil a la que potencia y fortalece para que desarrolle y canalice todo su potencial creativo en un sistema que produzca un circulo virtuoso de mejora, riqueza y empleo, pero no sólo de la economía y de la tecnología, sino de la sociedad y de la cultura, de la calidad de vida en sentido amplio y del desarrollo y realización plena de su ciudadanía. Dando respuestas a estos retos las ciudades y áreas metropolitanas fortalecen las fuerzas para el cambio hacia la nueva organización social.

Tanto las técnicas de desarrollo local como la competencia entre ciudades y territorios avanzan en la alternativa de un nuevo mundo creando una sociedad de personas para las personas, fortaleciendo los servicios públicos y la calidad de vida en sentido amplio, con valores como el desarrollo sostenible, solidarios y con la dignidad como bandera de la humanización. Esta tendencia es atacada en nuestra sociedad actual por los mismos gestores de lo público mediante intentos continuos de privatización de servicios públicos, especulación urbanística, actitudes insolidarias, corrupción, etc. que provienen de los objetivos y motivaciones del sistema en el capitalismo agonizante; actos cada vez más denunciados por una ciudadanía más informada y exigente.

En determinados países latinoamericanos como Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde estos procesos han tenido un especial desarrollo ocasionado por la lucha de los pueblos indígenas por su reconocimiento y dignidad y contra una explotación depredadora de sus recursos naturales, se ha planteado un paso cualitativo más: la reforma constitucional para recoger y consolidar la democracia participativa.

• En las personas

El voluntariado y la colaboración con organizaciones de solidaridad, humanitarias y ecológicas (ONG) se multiplican día a día, sobre todo entre la juventud, la generación que está llamada a ser la gran protagonista de este cambio, al ser también la más castigada por las contradicciones en este capitalismo agonizante.

La redefinición del concepto de crecimiento económico y productividad en desarrollo humano sostenible y participativo, y en rentabilidad y productividad social, a medida que se vayan consolidando las fuerzas del cambio y transformación de la organización social, enraizarán socialmente los nuevos valores basados en la creatividad, solidaridad, respeto y dignidad.

Las debilidades y carencias.

Las debilidades y carencias para avanzar en el proceso de transformación social también están presentes y han de ser objeto de especial observación, ya que su superación es clave para el devenir de la humanidad: o avanzamos o nos autodestruimos.

Por lo visto hasta ahora podemos decir que las condiciones objetivas para la transformación social están dadas y que, sin lugar a dudas, el sistema capitalista agonizante es un estorbo para el progreso y el desarrollo de la humanidad. ¿Y las condiciones subjetivas?

Si la crisis del capital está irremediablemente unida a la crisis del trabajo asalariado debemos preguntarnos ¿Quién es el sujeto social de la transformación? ¿Existe o debe existir un sujeto político mundial para el proceso de transformación social? ¿Cuáles son los órganos de contrapoder mundial que hay que fortalecer ante el poder mundial del capital agonizante de las transnacionales?

• ¿Quién es el sujeto social de la transformación?

Estamos ante un nuevo tiempo, un nuevo renacimiento en el que se empiezan a abrir nuevas puertas. La humanidad se asoma al universo, aunque aún sin apenas llegar a nuestro satélite, a la vez que hemos triplicado nuestra esperanza de vida; nos asomamos a las simas de nuestros océanos y comenzamos el pastoreo de la fauna marina; la resonancia magnética otorga la primera herramienta para mirar el interior de nuestro propio cerebro en funcionamiento y el genoma nos ofrece las claves para conocernos a nosotros mismos; la inteligencia emocional nos completa como individuos y nos señala el camino hacia la felicidad; las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento han trastocado los cimientos de nuestra sociedad provocando un tremendo movimiento sísmico en el trabajo, ocio y hogar que no ha hecho sino comenzar; el trabajo en equipo, donde hay que combinar la competencia con la coordinación y la cooperación, se convierte en la nueva organización del trabajo exigiendo habilidades diferentes para su correcta gestión; la mujer se incorpora a la esfera pública y a la dirección de las organizaciones; la globalización económica, el capitalismo agonizante, obliga a construir áreas políticas regionales a la vez que a descentralizar funciones que, acercando la gestión política a la ciudadanía, ponga en valor la identidad propia. La juventud y la mujer reclaman protagonismo y participación exigiendo calidad al sistema democrático que les permita sentirse coparticipes en la construcción de su propio futuro.

Estos cambios se producen en el comienzo de la quinta onda larga del capitalismo. Los cambios de ciclos de las ondas largas van acompañado por una ampliación de los mercados habiendo pasado de mercados locales a regionales, Estado-nación y, actualmente, a Estados-continentes. Esta transformación del ámbito territorial de los mercados lleva a que haya «ganadores» y «perdedores», sin instancias políticas y sociales que controlen y regulen los procesos. Es decir, las empresas han ido por delante aplicando la ley de la selva hasta que se logra constituir contrapoderes sociales que terminan por construir el Poder político. Actualmente los «ganadores» relativos son China y la India, y los «perdedores» asalariados/as de Europa y EE. UU. Los salarios reales de Europa y USA se han congelado o disminuido en los últimos diez años, mientras que las retribuciones de los «gestores» se han multiplicado por 600, e incluso más de mil en algunos casos como los directivos de empresas petroleras, en las diferentes modalidades de retribución que han ido inventándose. También hay que recordar que el crecimiento chino e indio se basa en las 45.000 multinacionales de los países desarrollados que se han instalado allí para abaratar costes.

La globalización económica del capitalismo agonizante exige construir los contrapoderes sociales como se ha empezado del 1 al 3 de Noviembre de 2006 constituyendo la Confederación Sindical Internacional (CSI) , que debería ser la voz cualificada en la gestión de los Fondos de Pensiones internacionales del mundo del trabajo, porque no son sino salario diferido. No se puede parar la mundialización de la economía pero si reglamentarla y cambiarle el rumbo mundializando la dignidad y los derechos humanos.

La CSI se dirige a «trabajadores y trabajadoras del mundo entero, para que se incorporen a sus filas, a fin de convertirla en el instrumento necesario para construir un mejor futuro, tanto para ellos como para la humanidad en general» Nace con 166 millones de afiliación distribuidos entre 156 países de los 192 existentes. Entre estos países no se encuentra China, la factoría del mundo, por no tener sindicatos democráticos independientes.

Los objetivos que se plantean son esencialmente dos: reglamentar los mercados laborales mundiales y aprender a hacer sindicalismo en las condiciones actuales.

En términos Gramscianos, la tarea es construir el sujeto social en si, dotándole de conciencia de si mismo para negociar el valor de venta, poner precio a la fuerza de trabajo a nivel internacional frente al poder de negociación del capital transnacional, que al quedarse sin contraparte negociadora en los últimos 15 años ha profundizado alarmantemente las desigualdades retributivas en nuestro mundo. Un objetivo limitado y poco ambicioso en si mismo, pero de muy difícil realización.

De entrada la CSI se encuentra con unos sindicatos a la defensiva en los países desarrollados, donde mantiene la mayor parte de su afiliación, por la crisis del trabajo asalariado; la extensión de la economía informal, sumergida y no regulada, mayoritaria en los países emergentes; la ausencia de China entre sus integrantes; y ejércitos de desempleo con guerras en los países excluidos del sistema. Además las 309 organizaciones laborales y sindicales que la conforman se mueven en marcos de los estados-nación para las que la intervención internacional es hasta cierto punto irrelevante en el día a día.

La conciencia de esta realidad lleva a terminar el llamamiento con «… para la humanidad en general». Si la oligarquía de este capitalismo agonizante la cuantificábamos en el 0,74 % de la población mundial total, la llamada de la CSI se dirige al 99,26 % de la población mundial. Y, efectivamente, el sujeto social para la transformación social es la humanidad en si.

El Congreso de la CSIOL celebrado en Durban (Sudáfrica) en Abril de 2000 bajo el lema «Globalizar la justicia social en el S. XXI» convocó El Debate del Milenio, cerrado por la ONU al final de 2001, en busca de la fuerza de nuestra identidad, de la alternativa de la clase obrera internacional y de la humanidad al capitalismo globalizado, al capitalismo agonizante, la globalización de la dignidad y los derechos humanos.

Para que esta fuerza de nuestra identidad, esta conciencia se vaya desarrollando se deberán ir conformando bloques sociales, que serán diferentes en cada zona geográfica del mundo adaptándose a su realidad social específica. En Europa este bloque social estará integrado por asalariados/as, públicos y privados, profesionales y trabajadores autónomos, pequeños y medianos empresarios/as locales y, claramente, la economía social (Sociedades Laborales, Cooperativas, Instituciones sin fin de lucro, Fundaciones, etc.). En Asia, África y Latinoamérica el campesinado tiene que ser un componente clave.

• ¿Sujeto político para la transformación?

La principal amenaza para la humanidad en las condiciones actuales de carencia de contrapoderes sociales y políticos mundiales es la deslocalización de las empresas, la movilidad del capital, a la que los actores sociales y políticos responden con estrategias nacionales impotentes que terminan provocando la mundialización totalmente desequilibrada que padecemos.

El capital transnacional siempre va donde las condiciones laborales son peores y los controles políticos son menores; para ello se reúnen anualmente en Davos y en el G 8, los responsables políticos últimos del capital público, así como los organismos reguladores especializados del comercio (OCM) y finanzas (BM y FMI) y en otros foros no tan públicos, y marcan sus estrategias a seguir. Todo un ejército de asesores técnicos y especialistas trabajan para sus intereses.

Ante esta acción planificada y con objetivos estratégicos marcados en el tiempo tan sólo se le opone una incipiente CSI, la asamblea anual de la ONU, que a efectos prácticos sólo sirve para que los Jefes de Estado den discursos que se venderán para consumo interno de sus propios países, y una sociedad civil que se moviliza a través de Internet y que ha logrado crear el movimiento altermundista y los Foros Sociales Mundiales, el único que logró parar el Acuerdo Mundial de Inversiones (AMI) y, por ahora, los acuerdos de la OCM, que de darse recogerán las demandas de los sectores agrícolas de los países emergentes y pobres del mundo.

También ha surgido ATTAC: Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras Especulativas y la Acción ciudadana, movimiento internacional de ciudadanos para el control democrático de los mercados y sus instituciones. Pretende devolver el poder a la ciudadanía mediante los objetivos de establecer mecanismos democráticos de regulación y control de los mercados y del sistema financiero internacional, e impulsar y fortalecer el desarrollo de una opinión pública mundial independiente, activa y bien formada.

A la estrategia del capital globalizado y agonizante hay que contraponer otra estrategia de la humanidad por su vida, futuro y dignidad. Es imprescindible la construcción del sujeto político para si de la humanidad, de un intelectual orgánico, una instancia planificadora de esta estrategia, capaz de analizar las nuevas condiciones, debilidades y fuerzas, las amenazas y las oportunidades que el devenir de los acontecimientos vaya presentando, con la fuerza suficiente para hacer visible las propuestas alternativas que la humanidad plantea para cada ocasión. Propuesta que permitan ir conformando los bloques sociales de progreso en cada zona del mundo. Esta instancia tendrá que funcionar internamente con los valores, objetivos y motivaciones del futuro, convirtiéndose en formadora y escuela de los valores de la humanidad. Esta instancia ha de ser apoyada desde los partidos de izquierda existentes en los estados-nación y construida de forma similar a la utilizada por los sindicatos para constituir la CSI.

Los partidos de izquierda tienen que responder a las necesidades y demandas de la población, de sus últimos destinatarios, ya que sólo son herramientas para atender estas demandas y, en la medida en que no sirvan, desaparecerán, sus bases sociales les darán paulatinamente la espalda. Para ello tendrán que compaginar estrategias a nivel nacional y transnacional.

A nivel nacional y local deberán ir conformando el correspondiente bloque social, poniendo de manifiesto el interés general defendido por sus propuestas, ya que los sectores empresariales cuyo poder de decisión se encuentran en el territorio son empresas pequeñas o medianas locales no integradas en las élites oligárquicas del capitalismo agonizante. Las políticas de desarrollo del capital social e institucional del territorio son las herramientas adecuadas.

A nivel internacional los partidos de izquierda deberán retomar el debate de la II Internacional sobre la construcción del socialismo a la luz de las nuevas circunstancias. Ya no es tiempo de debatir si construir el socialismo en un solo país o a nivel internacional, la economía ya es internacional. Es hora de debatir la implantación del socialismo en el mundo.

Existen dos motivos que mueven a la movilización: el miedo y la esperanza.

El miedo lo utilizaron los nazis y lo utiliza exactamente igual la actual administración norteamericana para poder hacer su política manifiestamente contraria al interés de la humanidad. Más que movilizar lo que hace es desmovilizar y permitir hacer sin oposición. Es el motivo que más utilizan los neoliberales.

El proyecto de futuro y progresista, tiene que basarse en la esperanza. Para ello este sujeto político de la humanidad debe generar una visión de futuro posible y realizable dentro de los desafíos de nuestro tiempo, creíble e ilusionante, movilizadora. La visión de otro mundo posible que comienza a plasmarse. Hay que conseguir que la humanidad abandone la desesperanza y cruce el umbral de la esperanza que abre el camino a la confianza en si misma

¿Cómo hacerlo? Buscando nuevos mecanismos de participación y adaptando las herramientas que tienen los partidos a los nuevos comportamientos juveniles, presentando al propio sujeto político de la humanidad como una herramienta útil para ello. La juventud está esperando gestos para involucrarse, para ser protagonistas del presente y del futuro. Con estos nuevos métodos responderemos al control y manipulación de los medios de comunicación de masas por el capitalismo agonizante y, además, combatiremos internamente los valores, objetivos y motivaciones del actual sistema internamente en el nuevo sujeto político de la humanidad.

La sociedad de la información en la que dicen vivimos es paradójicamente la más desinformada. Por no conocer no conocemos ni siquiera los verdaderos datos económicos imprescindibles para disponer de un cuadro de mando de gestión que nos permita conducir los procesos o, por lo menos, plantear alternativas. Los datos económicos globales están basados en las cuentas de los Estados-nación, no fiables en la inmensa mayoría de los 192 países del mundo, incluidos los de los países desarrollados dadas las técnicas de ingeniería financiera a la que tan dados están. En cuanto a las verdaderas cuentas de las empresas transnacionales no las conocen ni los propios accionistas dada la pléyade de empresas instrumentales creadas en Paraísos Fiscales que entre otras cosas les permite a los gestores «planificar» el beneficio a presentar en las cuentas anuales. En consecuencia, este nuevo sujeto político de la humanidad deberá hacer suyo los objetivos planteados por ATTAC.

Obviamente, será tarea imprescindible hacer frente a campañas de mentiras y manipulación pública, como estamos sufriendo continuamente y que llegó al paroxismo con la ilegal invasión y ocupación de Irak, con campañas propias continuas de información veraz que arme y fortalezca a los pueblos.

• Órganos de contrapoder de la humanidad

La oligarquización del capitalismo globalizado y agonizante lleva a la degradación de la democracia. Sus decisiones se adoptan mejor en cenáculos ocultos, dándoles sólo la publicidad adecuada a sus intereses. Medios y recursos no les faltan. La democracia tan sólo les sirve si funciona como sistema de dominación . Cuando los resultados democráticos no les son favorables no tienen escrúpulos para exigir «estados fuertes» y olvidar las solemnes declaraciones, discursos y libros dichos y escritos anteriormente .

La alternativa consecuente y necesaria tan sólo puede ser la profundización de la democracia. Todo nuevo sujeto histórico ha tenido que construir su propio Poder Institucional coherente con su propia naturaleza. El sujeto por si. La humanidad en esta nueva era también. Hace doscientos años hubo que construir un mundo distinto y desde Cádiz se iluminó un camino de libertad con la Constitución de 1812, con la Pepa. Cuando Fernando VII la derogó en España, sus artículos estaban en vigor en Latinoamérica, Rumania y Rusia. Cerca del bicentenario la humanidad debe volver a iluminar la libertad y el progreso con la construcción de este nuevo sujeto por si, sus propios órganos de Poder Constituyente para regular esta realidad que hemos dado en llamar Sociedad globalizada del Conocimiento, que antes o después será la Constitución de un Gobierno mundial, si la humanidad continua existiendo y no ha vuelto a la barbarie.

Cuando comencé a escribir se celebraba el VII Foro Social Mundial (FSM) en Nairobi. Sin duda este es el germen del nuevo contrapoder, el Parlamento de la Humanidad, donde la sociedad civil mundial, diversa y plural, debate los temas que le conciernen. Parlamento cuyos integrantes son tan legítimos como los constituyentes de las Cortes de Cádiz, elegidos, por no decir «cazados», entre los refugiados que huían de las tropas napoleónicas.

La experiencia del Forum de Barcelona, tan criticada por la instrumentalización que desde el Ayuntamiento se hizo para una operación urbanística, sirvió, sin embargo, para visualizar una experiencia organizada, preparada, invitando y haciendo participar a los actores adecuados para los más de sesenta temas diversos tratados. Se debatió sobre todos los posibles temas que pueden estar presentes en la Agenda de un Parlamento nacional, obteniéndose sus frutos, como por ejemplo la semilla de la constitución de la Central Sindical Internacional (CSI). Y teniendo la difusión mediática correspondiente a la trascendencia del acontecimiento.

El Foro Social Mundial nace en Porto Alegre no por casualidad. La experiencia planteada de democracia participativa alumbró el bloque social que conquista, en un primer momento, el Poder Local y, en segundo lugar, en un proceso de retroalimentación, el empoderamiento de la propia sociedad civil dando a luz el germen del futuro Parlamento Mundial de la nueva era.

Tampoco es casual que sea en Latinoamérica donde se enraíza y tiene lugar el resurgir de la ilusión y la esperanza en el cambio a otro mundo posible. Esta esperanza y la confianza desatada entre sus pueblos en su propio poder para cambiar la realidad están en la base del cambio electoral a la izquierda de prácticamente todo Latinoamérica.

La carencia de un sujeto político consolidado de la humanidad ha provocado que el VII Foro se haya celebrado en Nairobi (África) centrándose en las consecuencias de exclusión y desigualdad provocadas por el capitalismo agonizante. Problemas organizativos, falta de participación, presencia importante de organizaciones religiosas misioneras y humanitarias y escasa repercusión mediática han sido sus consecuencias directas. La primera de las consecuencias ha sido un sentimiento de cierta frustración entre sus participantes, perdida de perspectivas de futuro y cierta desesperanza en las próximas convocatorias.

Mientras tanto la Cumbre de Davos (Suiza) centraba sus debates en la contradicción principal de nuestro tiempo: el cambio climático, visualizando al mundo entero la respuesta dada por el capitalismo financiero internacional, trazando su propia estrategia de alianzas para enfrentarse a la salida que prepara el complejo industrial-militar y petrolero USA.

El desenfoque de la convocatoria del VII Foro Social Mundial ha dejado sin defensores la alternativa coherente de la humanidad al tema trascendental del cambio climático. No hay que desesperar, sólo es una enfermedad infantil.

El futuro del FSM depende del vigor y fortaleza con se vaya construyendo la alternativa de la humanidad. Pero debemos tener cuidado, porque los errores retornan a las fuerzas locales como desilusión y desesperanza.

Los organizadores para las próximas convocatorias deben cuidar sus efectos. Procurar ante todo que se consolide, cuidando y analizando adecuadamente su agenda, y convocándolo en aquellos lugares donde esté garantizado su éxito, por que se esté avanzando en la alternativa de la humanidad y tenga el correspondiente apoyo popular, que se verá reforzado por la celebración del propio Foro a la vez que ilusionará a los participantes llegados de fuera que presenciarán las conquistas y avances del lugar. Bien porque tengan los apoyos institucionales suficientes las alternativas que defiende la humanidad, con recursos de medios para tener la necesaria trascendencia mediática. La experiencia del Forum de Barcelona debe revisarse críticamente para no permitir su manipulación, pero no descartar experiencias similares como convocatorias propias del Foro Social Mundial.

Debería estudiarse, asimismo, la posibilidad de celebrar una de las próximas convocatorias en la ciudad de Cádiz y su Bahía, por el carácter simbólico de retomar la antorcha de la renovación constituyente de la nueva era de la humanidad allí donde el capitalismo naciente alumbró las constituciones liberales y progresista para su época que dieron lugar a los actuales Estados Latinoamericanos. El lugar donde se vuelven a unir los dos continentes que más consolidado tienen su apoyo al FSM.

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