¿Qué son los Grundisse, es decir, las Líneas fundamentales de la crítica de la economía política, según la traducción realizada por Francisco Javier Pérez Royo (AKAL, 2024)?
La respuesta sencilla es la siguiente: se trata de un conjunto de siete cuadernos de estudios económicos escritos por Marx entre la última semana de agosto de 1857 y noviembre de 1858 que Marx nunca dio a conocer. Entonces, ¿con qué intencionalidad fueron escritos?
Marx, como mínimo desde 1844, había comprometido toda su capacidad intelectual en estudiar el mundo real con el objeto de transformarlo, pero ese vasto programa intelectual tuvo que acometerlo con las armas que tenía a su alcance: enfrentándose a la literatura escrita en ese momento; dándole vueltas a ideas y conceptos analíticos, con los que poder observar, analizar e interpretar la realidad, por ejemplo los libros de contabilidad; ordenar su pensamiento en forma de texto escrito para la edición… Esas tres estrategias, que conviven en el trabajo científico de Marx con el objetivo de alcanzar una comprensión de la realidad concreta tan objetiva que haga posible su transformación, como bien nos enseñó Manuel Sacristán en una conferencia pronunciada en 1978 —editada por Salvador López Arnal en El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia (Montesinos, 2020)—, son las siguientes: la Kritik, la ciencia como crítica de la obra producida sobre el objeto de estudio; la Wissenschaft, la ciencia como explicación de la totalidad; y, la science, la ciencia normativa.
Esa es la razón por la que en Marx encontramos, en el decir de David Harvey, cuatro tipos de textos: los artículos periodísticos, las obras publicadas, los manuscritos experimentales y las notas escritas para autoaclaración. Así, de acuerdo con esa clasificación, la Miseria de la filosofía (1847), El Manifiesto comunista (1848, escrito con Engels), Trabajo asalariado y capital (escrito en 1847 y publicado en 1849), Una contribución a la crítica de la economía política (1859), Valor, precio y ganancia (una serie de conferencias transcritas y publicadas en 1865) y El capital (cuyo tomo primero publicó en vida en 1867 y cuya traducción francesa fue revisada por el propio Marx), son obviamente textos publicados por el autor de los que en principio no tendríamos de dudar de la intención del autor. Ahora bien, ¿qué pasa con esas miles de páginas que Marx dejó sin publicar? De entrada, entre ellas hay notables diferencias: de hecho, no hay duda de que los cuadernos escritos dentro del plan de El Capital eran textos pensados para ser publicados, que el autor no tuvo oportunidad de editar. Ahí están las notas manuscritas que Marx dejó escritas como volúmenes II y III de El Capital y que fueron publicados en forma de texto por Engels en 1885 y 1894 o los cuadernos escritos por Marx entre 1862 y 1863 y publicados, según el entender de Kautsky, entre 1905 y 1910 como IV volumen de El Capital con el título de Teorías de la plusvalía. Otra cuestión son los manuscritos de La ideología alemana —un manuscrito escrito con Engels en 1846 que no llegó a ser publicado por falta de editor— o los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 —un conjunto de notas en las que analiza categorías económicas (capital, dinero, trabajo, salario…) desde una perspectiva filosófica materialista-— y, por otra parte, los Grundisse (1857-1858), que constituyen lo que Harvey denomina notas escritas para autoaclaración, borradores o bocetos con los que el propio Marx pretende clarificar un concepto o una idea.

En este sentido, los Grundisse constituyen al mismo tiempo un borrador con el que Marx está perfilando ideas y conceptos —como por ejemplo el concepto de plusvalía— y un plan de trabajo para la comprensión del sistema capitalista, que es la razón por la que el retorno a los Grundisse se ha convertido en el bosquejo para una nueva interpretación del marxismo alejado de ortodoxias ya superadas, sobre todo desde que Roman Rosdolsky publicó su ensayo sobre la Génesis y estructura de El capital de Marx en 1968 (traducido para Siglo XXI en 1978), en abierta oposición a la lectura que proponía Althusser. Precisamente una de esas lecturas del “marxismo alternativo” que surgieron alrededor de la lectura de los Grundisse realizada por Rosdolsky, que por otra parte se opone a las que defienden autores como Heinrich o Negri, es la que propone el geógrafo David Harvey en su obra Guía de los ‘Grundisse’ de Marx (AKAL, 2025). Concretamente Harvey sostiene que se debe realizar una lectura inclusiva de la obra de Marx, una lectura integral de todos sus textos, incluidos los borradores y bocetos, ya que nos pueden dar pistas con las que analizar el capitalismo actual.
En conjunto Harvey, como buen “guía”, presenta sus reflexiones organizadas según están estructurados los Grundisse; no obstante, analiza una serie de temas clave.
A diferencia de otros autores, como por ejemplo Carlos Fernández Liria, que le dedica un libro completo a la cuestión del método en Marx a partir de la lectura de la introducción de los Grundisse, como deja constancia en el libro Marx 1857. El problema del método y la dialéctica (AKAL, 2019), Harvey le dedica apenas una reflexión en torno a la cuestión de lo concreto (“lo concreto es la concentración de muchas determinaciones, de ahí la unidad de lo diverso”) y el concepto de totalidad, a parte de prestar una especial atención a los “hilos invisibles e inmateriales” que actúan en esa totalidad.
Las cuestiones que, según Harvey, estructuran los Grundisse son las siguientes: en primer lugar, una indagación sobre los procesos de circulación que conforman la totalidad orgánica del capital: la circulación de mercancías, la circulación del dinero como dinero, la circulación de la capacidad de trabajar, la circulación del dinero como capital, la circulación del capital fijo y la circulación del capital que devenga interés, de lo que deduce que “la producción, el consumo, la distribución y la realización no son esferas separadas, sino que están conectadas dialécticamente en un flujo único y creador de valor”. Una segunda cuestión interesante en la lectura que Harvey realiza de los Grundisse es la crítica que Marx realiza del individualismo y la falsa libertad, animándonos a que nos preguntemos lo siguiente: “¿Si los hombres acuden libres e iguales al mercado para intercambiar sus mercancías, cómo puede resultar de ese intercambio de iguales que cada vez haya más desigualdad y seamos menos libres?” Otro punto interesante en la lectura de Harvey, que recuerda a los análisis de Rosa Luxemburg, es aquel en el que deduce que, a partir de la tesis que sostiene Marx (“el capital no es una relación simple, sino un proceso, en cuyos distintos momentos él es siempre capital”), “el capital se define como un proceso, no como una cosa (aunque se objetive como cosas diferentes en diferentes momentos de su proceso) y ni siquiera como una relación (aunque internalice una relación de clase social que es crucial”); así, en ese proceso la apropiación del trabajo ajeno es la fuente viva de valor que impulsa la expansión incesante del capital… mediante la búsqueda de nuevos mercados y la proletarización de todas aquellas actividades tradicionalmente improductivas. Otra temática fundamental que aborda Harvey a partir de los Grundisse es la cuestión de las formaciones sociales precapitalistas, que se aparta de la estructura rígida de sucesivos modos de producción: asiático, antiguo, feudal…, que inexorablemente conducirían al socialismo, al ofrecer un proceso contingente no determinista; además, observa Harvey, Marx deja abierta una puerta a la investigación de cómo se rompen las condiciones materiales e inmateriales de existencia de una formación social determinada para transitar hacía una forma radicalmente diferente, abriendo una pregunta ¿cómo se disolvieron las relaciones sociales y las condiciones materiales de existencia de las tradicionales sociedades campesinas para incorporarse al mundo de las fábricas? Por último, Harvey también se ocupa del “fragmento sobre las máquinas” para marcar distancias con los defensores del “capitalismo cognitivo” y señalar que es uno de los pasajes más experimentales de Marx, pero que bajo una lectura materialista no anuncia nuevos mundos.
El fruto final de este libro, en el que también aborda la cuestión de la relación entre los Grundisse y El capital, es una introducción a la comprensión del funcionamiento del capital(ismo).
Esta reseña se publicó en Mundo Obrero (febrero, 2026).
Fuente: https://mundoobrero.es/2026/05/08/harvey-nos-propone-una-nueva-lectura-de-marx/
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