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La rebelión de Quito (II Parte)

Ira popular derroca a Lucio

Fuentes: Adital

Cayó Lucio Gutiérrez, derrotado por la volcánica insurrección popular pacífica de Quito. El cese a la Corte Suprema, fue incapaz de detener la movilización masiva, que venció a su brutal represión. Tras la posesión del Vicepresidente Palacio en su lugar, el pueblo continúa exigiendo que se vayan todos. La derrota se extiende a los partidos […]

Cayó Lucio Gutiérrez, derrotado por la volcánica insurrección popular pacífica de Quito. El cese a la Corte Suprema, fue incapaz de detener la movilización masiva, que venció a su brutal represión. Tras la posesión del Vicepresidente Palacio en su lugar, el pueblo continúa exigiendo que se vayan todos. La derrota se extiende a los partidos al régimen político en su conjunto que se hunde en su propia implosión, al neoliberalismo y a la tutela de Estados Unidos.

La presión social externa fue mucho más poderosa que el régimen político. Al colapso del «estado de emergencia» que impuso Lucio Gutiérrez el viernes 15 de abril, solo 19 horas después, le sucedió el derrumbe de la Corte Suprema, el domingo 17 y el 20 de abril, su derrocamiento por la insurrección pacífica del Quito rebelde.

Desesperados frente al crecimiento de la marea humana de repudio e indignación, la pretensión de usar toda la fuerza represiva concentrada en Quito, se deshizo como una pompa de jabón. El Congreso rodeado por una multitud de miles de «forajidos», que incluían niños, ancianos y mujeres, aprobó por unanimidad de los diputados asistentes el cese de la Corte Suprema, incluso con los votos del Partido Roldosista (PRE) de Bucaram, pretendido beneficiario de su efímera existencia, del Partido Socialista y del Movimiento Popular Democrático, con quienes Lucio, en diciembre, armó su mayoría para instituirla. Así dos de sus principales metas, el sostenimiento del gobierno de Lucio y su impunidad y el retorno de los ex- presidentes Bucaram y Noboa y del ex-Vicepresidente Dahik, que el pueblo los consideró lesivos a su dignidad, no han tardado en ser simplemente aplastados.

La Luna y la desalienación

La radio La Luna, continuó su heroica labor abriendo sus micrófonos al pueblo, en medio de una campaña intensa de intimidación, sabotajes y ataques a su ejercicio de la libertad de expresión. El invisible pueblo, en sus ondas hertzianas, se hizo cada minuto más visible a sí mismo y empezó a reconocer su propio rostro, su dignidad sagrada y su fuerza volcánica. Los medios de comunicación trataban sistemáticamente de disminuir el significado y alcance de lo que en Quito estaba sucediendo, pero sus esfuerzos concertados, si bien pudieron distorsionar su sentido y bloquear su réplica en todo el país, no pudieron cumplir su objetivo de aislar y asfixiar al Quito rebelde.

El pueblo descubrió que puede decir la verdad y lo que piensa, que sus reflexiones corresponden a la realidad, que con ellas se identifica la más absoluta mayoría. La Luna, había iniciado una revolución. Ocurrió que el pueblo empezó a recuperar su propia imagen, la de sí mismo, a valorar su imaginación y a descubrir que su dolor individual, personal, es colectivo. Se desencadenó como un proceso de reacción en cadena la desalienación. No es que la vida no nos pertenece, no, la vida es nuestra. No es que la Patria no nos pertenece, no, la Patria es nuestra.

La condecorada arrogancia del poder

La arrogancia del poder, del gobierno de Lucio y sus aliados el PRE, el PRIAN, el MPD y el Partido Socialista y de la oposición liderada por el Partido Socialcristiano, la Izquierda Democrática y Pachakutik, les llevó a actuar por la vía de la inercia, aquella que excluye el movimiento, el cambio y la revolución. Creyeron que las fuerzas mecánicas de la capacidad de represión del Estado y la amenaza del terror podía intimidar al pueblo de Quito. Y si no, que las fuerzas mecánicas de la institucionalidad, los acuerdos tras bastidores en el Congreso, el dominio de los medios de comunicación, podrían lograrlo. Fracasaron.

El gobierno al que ese extraño escenario político había protegido, en el fondo por cumplir la orden del Departamento de Estado, de Condoleza Rice y del Pentágono y su Comando Sur, que incluso llegó a enviar a una autoridad top level, el General Myers, para condecorar a Lucio el 11 de abril pasado, en clara señal de apoyo, colapsaba inexorablemente, ante los ojos del indolente régimen político sumido en la impotencia de su propia implosión.

Se desata la ira popular

Un «forajido mas» habló en La Luna, y pidió que se concentre la gente el 19 de abril frente a la cruz del Papa, el escenario donde Juan Pablo II en 1985 se dirigió a Quito. El propósito era realizar una marcha pacífica multitudinaria para ir al Palacio de Carondelet y echar a Gutiérrez, pacíficamente, como lo hicieron los patriotas en 1809 al deponer el gobierno de la Corona Española. Y como lo hizo el pueblo en febrero de 1997 al deponer a Bucaram y en Enero del 2000 a Mahuad.

Lucio, amenazó con movilizar sus hordas. En Guayaquil, empezaron a reclutar sicarios y malandrines, formando bandas paramiltares de claro corte fascista. La FEINE, Federación de Indígenas Evangélicos, se prestó para llevar a la ciudad a 2 o 3 mil indígenas. Ordenó la concentración de miles de policías y soldados y los equipó con pertrechos especiales que incluían el temido gas mostaza, las bombas lacrimógenas con pimienta, perros rotwiler de asalto, caballos, etc. etc.

La Luna, continuaba su tarea. Las voces roncas ya por la interminable jornada, de Paco Velasco, Luis Ramiro Pozo y Atahulfo Tobar, continuaban dialogando con su auditorio extendido como un oceáno. A la guerra electrónica que en numerosas ocasiones bloqueó su señal, se sumó el lunes 18, el corte de cables, que la mantuvo fuera del aire varias horas.

El martes 19 fue un día pleno de promesas. La gente desde las primeras horas se organizaba para la concentración, preparaban sus banderas tricolores, las de Bolívar y Sucre, y rosas blancas. A las 5 de la tarde una marea humana, con la alegría de la dignidad estaba ya reunida. Luego empezó la marcha por Quito. Kilómetros y kilómetros de personas avanzaban pacíficamente hasta que llegaron a la esquina de la Virgen, frente al parque de La Alameda, donde les esperaba atrincherada la represión gutierrista. La gente llegó e inesperadamente, como en una guerra, los policías dispararon masivamente sus bombas, Mónica Fernández, viendo como su madre era agredida, se avalanzó a los policías demandándoles que no toquen al pueblo, luego de sacudir las escarapelas de un policía, cayo desmayada, asfixiada. En un lugar próximo Julio García, fotógrafo chileno, que ha laborado en el país durante décadas, luego de señalar a la policía que no use la brutalidad como arma, también cayó desplomado. Mónica pudo ser reanimada. Julio muy afectado, fue llevado al hospital y murió. Su vida ha quedado sembrada como la de un héroe en la historia de ésta Patria, como lo que en realidad fue cada día de su vida.

La gente buscó todas las vías alternas y fue rompiendo el cerco policial. Los manifestantes llegaron a las inmediaciones mismas del Palacio de Carondelet, a dos cuadras. Los indígenas de la FEINE, movilizados como esclavos, al sentir pavor por la inminencia de la llegada de la gente, abandonaron corriendo la Plaza de San Francisco, donde les habían ubicado para eventualmente usarlos contra el pueblo.

Radio Tarqui, la legendaria estación popular, transmitía en vivo los sucesos que ocurrían incluso en sus propias puertas. Fue una noche de inspirada batalla para los forajidos y de terror para Lucio, que nervioso sentía inminente el ingreso de la gente al Palacio y ordenaba reprimir y reprimir, olvidándose que alguna vez dijo que se unió a la insurrección popular del 21 de enero del 2000, porque no podía reprimir ni disparar contra su pueblo. Su máscara se había deshecho, la verdadera imagen estaba ahora frente a él. La desesperación por huir le corroía. La única cosa que se le ocurrió, más allá de las vacías palabras de rigor llamando a la paz, fue intensificar la represión. Llamó a su primo Renán Borbúa y él anunció que desde Guayaquil avanzaba a Quito con 5.000 personas para defender al gobierno de Lucio y hacer una manifestación pacífica frente a La Luna.

En la misma radio Tarqui, el coronel Jorge Brito, llamó a cerrar las vías de acceso a Quito para impedir la llegada de los sicarios. El Alcalde Moncayo y el Prefercto González empezaron a emitir sus disposiciones para que maquinaria pesada y material pétreo cierre las vías. Sin embargo operativos de la fuerza pública desalojaron éstas defensas. Amaneció y los buses de mercenarios avanzaban con la protección de la policía. El pueblo se enardeció. En la Escuela Politécnica Nacional, los estudiantes salieron a impedir el paso de los buses de las bandas gutierristas, una mujer cayó de un bus y fue arrollada por una tanqueta del ejército que la dejó botada en el piso, los chicos buscaron auxiliarle, pero ya estaba muerta.

Reaparecen los parlamentos y asambleas

En las vías de acceso a Quito la gente salió masivamente a cerrar el paso exponiendo su vida. En el Valle de Los Chillos los «forajidos» se concentraron en la avenida Rumiñahui y cortaron el paso. Choferes de trailers, buses, busetas y autos colaboraron, las camionetas del municipio también. Los buses con sicarios llegaron, pero no pudieron enfrentar al pueblo, buscaron salir por donde les sea posible. La gente empezó a hablar en los altoparlantes improvisadamente instalados para seguir los acontecimientos, alternando con los reportes de La Luna, iban exponiendo sus ideas, una expresión de la revolución en curso.

Plantearon la necesidad de constituirse en un parlamento o asamblea del pueblo o los ciudadanos, para en ese organismo ejercer colectiva y libremente la soberanía y luchar porque su lucha no les sea arrebatada, como ocurrió con el derrocamiento de Bucaram en 1997 y Mahuad en el 2000. Insistieron en que se vaya Lucio y todos, los actores de una partidocracia que usurpó los derechos políticos al pueblo, con un régimen de partidos y elecciones impuesto por la dictadura militar de la década de los 70, bajo las imposiciones de la CIA. En defender la soberanía de la nación, impidiendo que el Ecuador se involucre en el Plan Colombia, expulsando al Comando Sur de EEUU de la base de Manta y rechazando el Tratado de Libre Comercio con el cual se pretende destruir completamente la soberanía económica de la nación. De pronto cuando accidentalmente un bus quedó atrapado entre la multitud, un «forajido», un hombre del pueblo, fue atropellado fatalmente, víctima de la desesperación del chofer, para luego ser llevado agonizante o muerto por una ambulancia,cuando escribo estas letras, todavía no conocemos la identidad de éste otro héroe de la dignidad.

Lucio empieza su huída

La gente se organizaba para marchar hacia la Academia de Guerra, situada muy cerca, con el propósito de plantear a los militares el cumplimiento de su deber de proteger la vida de los ciudadanos y la soberanía popular, cuando las noticias informaron que el congreso cesó a Lucio. La gente recibió con emoción ésta nueva victoria, pero inmediatamente empezó a gritar: que se vayan todos!

Luego de cantar el himno nacional, la gente tomó el micrófono y explicó lo que pensaba. No podemos permitir que los partidos vuelvan a destruir nuestro país, queremos que se vayan todos. La Asamblea Ciudadana se instaló en un debate, donde propuso la necesidad de una consulta popular para pronunciarse sobre la derogatoria de la ley de partidos, un nuevo estatuto electoral que garantice plenamente los derechos políticos de los ciudadanos y una Asamblea Constituyente, que debería basarse en los parlamentos populares o ciudadanos, para que el pueblo participe desde el barrio, la parroquia, el cantón, la provincia en las decisiones sobre la vida de la nación.

Luego de que el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, después de haber sostenido el Estado de Emergencia y agotado sus esfuerzos para proteger al Presidente, anunció que le retiraban su respaldo. El pueblo que había permanecido desde la noche anterior en las inmediaciones de la casa de gobierno, irrumpió en la Plaza de la Independencia, con sus banderas amarillo, azul y rojo, bajo el grito: Fuera Todos! Fuera Todos!

Lucio salió del Palacio en un helicóptero, como reponiendo la escena de la fuga del Presidente De La Rúa en Buenos Aires. Fue al aeropuerto, donde la gente ocupó la pista para impedirle decolar, finalmente salió en el helicóptero y terminó la noche asilado en la legación de Brasil, cercada también por el pueblo.

El congreso reunido en el edificio de CIESPAL al norte de Quito, fue rodeado por el pueblo, que igualmente demandaba: Fuera Todos! El nuevo Presidente, Alfredo Palacio, tuvo serias dificultades para salir de allí. Antes se presentó ante la muchedumbre y anunció que su cargo está a la disposición del pueblo.

El pueblo busca su camino

Al Fuera Lucio! Que gritaban en todo Quito, la voz: Fuera todos! Está indisolublemente ligada. Las maniobras del Alcalde de Guayaquil, el socialcristiano Jaime Nebot, para hacerse presente con una manifestación en su ciudad quedaron en el vacío. Lo mismo ocurre a todo el espectro de los partidos de derecha e izquierda, que comparten la responsabilidad de haberle conducido al país al infierno del neoliberalismo. Y ocurre también con la Embajadora de Estados Unidos, que hasta última hora fue a visitar a Lucio en el palacio. El pueblo en oposición a todos ellos avanza en construir sus parlamentos y asambleas para recuperar sus derechos politicos y el ejercicio pleno de su soberanía, para socializar el poder, superar las condiciones de opresión en la que se debate y asumir la reconstrucción de su Patria, liberándola de la tutela colonial extranjera.