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La conciencia de clase

Fuentes: Rebelión

En una Sociedad cualquiera, las relaciones de producción (las formas económicas en que se relacionan los seres humanos para producir mercancías tangible o intangible) determinan la existencia de distintas forma de percibir la realidad social. Los esclavistas, los señores feudales y los capitalistas percibían o perciben la realidad social (las formas sociales en que se […]

En una Sociedad cualquiera, las relaciones de producción (las formas económicas en que se relacionan los seres humanos para producir mercancías tangible o intangible) determinan la existencia de distintas forma de percibir la realidad social. Los esclavistas, los señores feudales y los capitalistas percibían o perciben la realidad social (las formas sociales en que se relacionan los seres humanos) de manera distinta a como la perciben los esclavos, los siervos y los obreros. A su vez, estas diferentes percepciones de la realidad social reproducen (vuelven «lógicas, naturales e invisibles») las relaciones de producción dominantes para el momento. En una sociedad particular, la titularidad de la propiedad sobre los medios de producción (tierras, máquinas y locales, etc.) definen las relaciones de producción predominante en esa sociedad: definen la explotación del hombre por el hombre.

En el capitalismo el hecho de que la propiedad sobre los medios de producción esté en manos de los capitalistas (la burguesía y la pequeña burguesía) determina que el esfuerzo del obrero (el valor creado por él) se reparta entre el capitalista y el propio trabajador. La inmensa masa de obreros obtendrán de su explotación apenas lo suficiente para subsistir y reproducirse y el reducido número de capitalista obtendrá la mayor cantidad de valor creado por el obrero. Por eso, su vida estará llena de privilegios. En virtud de que todo lo que consume el capitalista es solo una pequeña porción de lo que recibe da la masa de obreros que explota utiliza el restante para hacerlo re-circular como capital (como capital que crea capital) en el engranaje de producción de valor. Por supuesto, estas relaciones de producción, esta forma injusta de distribución de la riqueza, esta forma de explotación, entre la clase obrera y la clase capitalista, determinan la forma social de lucha entre la clase explotada y la clase explotadora: entre el capitalista y el obrero.

La distribución capitalista del valor (de la riqueza) definen puntos de vista diferentes en cuanto a la producción social. La de los que sobreviven y la de los que viven con los privilegios de su explotación. Pero, también determina la relación de dominación que existe entre la clase capitalista y la clase obrera y campesina en esta sociedad.

En ese orden de ideas, los dueños del capital imponen a través de su ideología y la fuerza la «natural» explotación del obrero y la «lógica» obtención de la mayor cantidad de valor (de ganancias) a partir de la misma. Por su parte, a los trabajadores y trabajadoras se les enseña que el producto de su trabajo no les pertenece (le es ajena), por cuanto «el ordenamiento jurídico» señala que el que tiene la titularidad sobre los medios de producción también es dueño del valor que se crea con el. También es dueño del trabajo del obrero. Esto es así, aunque los medios de producción por sí solos no produzcan valor. De estas relaciones de producción se desprende que al obrero se le imponga la resignación (el conformarse), el ser buen cristiano y aceptar una paga, aunque la misma no le alcance para subsistir. Se desprende, también, la «obligación ética» del obrero de mantener a toda costa su propia explotación e inclusive a resistir y luchar contra cualquiera que proponga su liberación.

En toda sociedad las relaciones de producción son impuestas, reforzadas y mantenidas mediante las distintas superestructuras (la educación, las leyes, la política, la ética, la fe, la milicia, la cultura y el Estado, entre otras). En la sociedad capitalista, esas relaciones o modos de producción junto a la ideología que subyace en todas las superestructura de esta sociedad determinan los estados de conciencia de las diferentes clases sociales: determinan la lógica con que se procesan las persecciones de la realidad. La relaciones de producción determinan al ser social: la conciencia del ser social. La conciencia fija la manera en que se entiende (en que captan y asumen los propios intereses) los integrantes de cada una de las clase sociales (la explotadora o explotada). Define, cómo se ven a sí mismos y que rol tiene en las relaciones de producción.

La conciencia de clase fija en la mente del obrero y del capitalista sus respectivos intereses frente a las relaciones de producción y le da cuerpo a la lucha de clase. Ella determina en qué y cuando se gana o se pierde frente a las intereses de la otra clase social. Y, en tal sentido, permite que se asuman los roles que reproduzcan las relaciones de producción capitalista. El dueño del capital se asume como burgués (como propietario de los medios de producción, dueño y administrador del terror del Estado Capitalista) y el obrero como humilde vendedor «individual» de su fuerza de trabajo. En general, dentro de una realidad material el capitalista y el obrero son diferentes.

Sin embargo, en esa relación social de explotación, los límites de subsistencia del obrero y su familia determinan que su percepción de la realidad (de la lógica que la procesa) cambie y le permita identificar sus propios intereses frente al capitalista. Le permita identificar, por una parte, lo injusto de las relaciones de producción capitalista y, por la otra, su inmensa ventaja como clase obrera organizada. La crisis económica de la clase obrera (la crisis por la subsistencia) le permite romper con los espejismos diseñados por el capitalista; le permite, identificar los intereses comunes que tiene uno obrero u obrera con el resto de los obreros.

Frente a este cambio en la conciencia de la clase obrera el capitalista utiliza diferentes estrategias para confundir y/o adormecer la conciencia del obrero, para debilitar su capacidad organizativa. Esas estrategias van dirigidas a minar su auto estima y desvirtuar su propia percepción de la realidad; esto es, van dirigidos a confundir el lugar que ocupan en las relaciones de producción y enrredar a la clase obrera respecto a los términos en que se plantea la lucha de clases. Es así, que muchos obreros se convierten en defensores asérrimos de los intereses del capitalista y del imperialista. Con base en esta estrategia, el capitalista distingue, discrimina y establece diferencias entre los obreros y los empleados; entre obreros no calificados, obreros calificado o técnicos, supervisores, profesionales, gerentes y ejecutivos. Y luego de esa clasificación decreta que esos obreros son diferentes: que unos son obreros y otros no. Inclusive decreta que el que sea más sumiso a los intereses del capitalista, el que mejor organice la explotación de su propia clase, el que explota a los obreros más intensamente se convierte en el hombre o mujer más exitoso (el más reconocido). Y por esta razón, merece sentarse a la diestra suya como presidente de compañía, gerente o supervisor: para que se sienta cuasi- «propietario». Inclusive podrá concederseles algunas acciones para aumentar su confusión.

El capitalista llama a algunos de esos obreros clase media (o hasta les dice pequeño burgueses) aunque sabe perfectamente que económicamente cobran un salario. Pero, el engaño funciona. Los obreros («clase media») creen que pertenecen a otra clase: a la clase burguesa o «algo» muy parecido. El capitalista también, utiliza intensamente como estrategia contra el obrero a la religión, a la educación y a los medios de comunicación. Con estas tres herramientas somete la mente y el espíritu de los obreros y los mantiene en la ignorancia y en el conformismo sumiso y dócil. Esta ignorancia, esta perturbación mental le impide al obrero establecer con claridad sus intereses; y en cuanto tal, los imposibilita (los castra) para defenderse frente a los intereses del capitalista.

El capitalista, explota hasta la saciedad el individualismo, la droga, el terror Estatal, los juegos de video y la violencia y todo esto lo hace para impedir que el obrero identifique sus intereses de clase: para confundirlos, para que no se le ocurra preguntarse ¿qué gano yo es esta relación? Por ello, niega insistentemente (de palabra) la existencia misma de la lucha de clase. Desconoce la lucha de clase frente al obrero para confundirlo y le entierra con toda fiereza, descaro, premeditación, alevosía y traición el puñal de sus intereses.

El capitalista sabe que el ejercicio consciente de la lucha de clase por parte del obrero en sus relaciones de producción económica determina la profundización de su conciencia de clase: esto es, lleva al obrero a hacerse consciente de sus intereses. Lo lleva a identificar que gana y que pierde en su relación con los intereses del capitalista. Le permite entender sus intereses como contrapuestos a los intereses del capitalista. Es por esta razón, que el capitalistas trata desesperadamente de impedir la profundización de la conciencia de clase de los obreros; trata de eliminar todo signo de reflexión y de sentido crítico del obrero sobre su realidad, sobre sus intereses. Trata de impedir que el obrero se pregunte ¿qué gano yo como clase social? El capitalista y el imperialista entienden que la conciencia del obrero trae consigo en entendimiento de su rol en las relaciones de producción capitalista o neo coloniales: en lo injusto para ello que son las mismas.

El capitalista y el imperialista saben perfectamente que la conciencia de clase del obrero le permite entender que no está solo, que son muchos los sobrevivientes como él frente a los pocos parásitos capitalistas e imperialistas que viven de él. Y estos elementos, definen lo injusto para la clase obrera de estas relaciones de producción, definen con claridad qué gana y qué pierde la clase obrera en las misma. Y le permiten entender la importancia de la educación del resto de los obreros y la organización de sus clase para negar las relaciones de producción capitalistas existente (que le son dañinas) y sustituirlas por otras de naturaleza comunistas. Por otras, donde se hagan valer los intereses de los trabajadores en sus relaciones de producción. Donde las relaciones de producción comunistas, que eliminan la explotación del hombre por el hombre donde todos produzcan para vivir, se vuelvan lógicas, naturales e invisibles.

El inevitable proceso dialéctico de lucha y unidad de clases, en el plano económico, entre capitalista, imperialista y obreros determinan el reconocimiento de sus intereses y de los intereses del otro.

La lucha de clase y sólo la lucha de clase (que tanto quieren hacer desparecer el capitalista y el imperialista de la mente de los obreros) permite y determina que se definan los intereses de la clase obrera. Pero, la lucha de clase también permite que se reconozcan los iguales: por un lado los obreros entre sí y por el otro los capitalistas y los imperialista entre sí. Cada clase se hace consciente que sus intereses no son otros que los de conseguir para sí (para los obreros o los imperialistas) la mayor cantidad de valor producido por los trabajadores.

El reconocimiento de sus iguales les permite a cada ser humano entenderse como miembros de una clase social determinada. La necesidad común de los dueños del capital de apoderarse de la mayor cantidad de valor producido por el obrero, para tener una vida de privilegios sin trabajar, les permite entenderse como una clase en sí (la clase burguesa). Por su parte, la misma necesidad de los trabajadores y trabajadoras de impedir que los dueños del capital les quiten (les roben) lo que producen (les niegue su derecho a la vida) les permiten entenderse también como una clase en sí (la clase obrera). Sin embargo, los dueños del capital como ya adelantamos utilizan la ideología para fraccionar y dividir a la clase obrera. Pretenden que los obreros se nieguen a sí mismos (como no- obreros): se entiendan como diferentes, como «empleados, profesionales, gerentes, ejecutivos». La sociedad capitalista manipula sicológicamente a la clase obrera para bajar su autoestima, para que no sea capaz de identificar sus intereses de clase, para que no pueda determinar qué pierde y qué gana en las relaciones de producción capitalista, para que no reconozca a sus iguales, ni su capacidad organizativa.

La ideología capitalista mientras facilita que los dueños del capital reconozcan sus intereses y viabilicen su acción contra la clase obrera para que permanezca ignorante de sus intereses. De allí la importancia de profundizar la lucha de clase en cada puesto de trabajo. De preguntase, qué gano yo como clase obrera? De romper el manto de limitación y autolimitación que le ha impuesto la ideología capitalista al desarrollo de la conciencia de la clase obrera. De aquí que la lucha mediática (la que se hace por los medios de comunicación) se reconozca como lucha de clase entre la burguesía y el imperialismo contra la clase obrera y no, como un simple problema de unos medio de comunicación opositores y malvados. Quien impida a la clase obrera ver, sentir y participar conscientemente de la lucha de clase, en las confrontaciones con los medios de comunicación, capitalista le hace el juego a la burguesía y al imperialismo. Aunque quien lo haga pueda resultar favorecido políticamente con la confrontación. El que niega la existencia de la lucha de clase en la confrontación de la clase obrera con los medios de comunicación imperialista niega a la clase obrera el desarrollo de su propia capacidad para reflexionar y reconocer sus intereses de clase: niega a la clase obrera que pueda preguntarse ¿qué gana ella, en lo económico, venciendo los medios de comunicación imperialistas?

La conciencia del obrero liberado de su esclavitud psicológica y espiritual lo lleva a ser rebelde e irreverente frente a las relaciones de producción capitalista y/o neo coloniales. Una conciencia sumisa acepta las relaciones de producción, acepta la dominación capitalista o imperialista, acepta la extracción de sus recursos naturales. Una conciencia sumisa acepta su esclavitud, su subsistencia e inclusive defiende su esclavitud frente a los que proponen que se libere. Por ello, la educación del obrero en la práctica diaria de la lucha de clases en sus puestos de trabajo (en la definición de lo que gana como clase obrera) es el camino para su liberación: para cambiar las relaciones de producción del capitalismo al comunismo. Pero, la lucha de clase es sólo la expresión social del estado de las relaciones económicas o relaciones de producción. Y sólo y únicamente el cambio en el estado de las relaciones económicas (en la relaciones de producción capitalistas o neo coloniales) puede hacer que la lucha de clase tenga sentido para los obreros. Porque, en el cambio de las relaciones de producción capitalistas o neo coloniales por las comunistas se encuentra el predominio de la clase obrera por encima de la clase capitalista, se encuentra el desarrollo pleno de la conciencia de la clase obrera; se encuentra la supremacía de sus intereses en la sociedad frente al resto de las clases sociales. Por otra parte, utilizar la lucha de clase fuera del contexto de las relaciones de producción, como estrategia para realizar simples cambios políticos (manteniendo las relaciones de producción capitalista) se constituye en un engaño y una manipulación de la clase obrera.

La historia nos ha enseñado que la lucha de clase fue el motor de cambio en la revolución francesa, donde la burguesía terminó de imponer sus relaciones de producción capitalistas sobre las relaciones de producción feudal (que tenía más de cien años de dominación). Pero, no fue porque se halla tomado la bastilla en un acto político- militar heroico de los obreros que se logró esta transformación económica; sino, porque fue el momento en que se volvieron antagónicas las contradicciones entre las relaciones de producción capitalista existentes y las feudales. Fue el momento en que las relaciones de producción capitalistas se hicieron dominantes y la burguesía tomó conciencia de posición de poder en la sociedad (entendió sus intereses de clase). A partir de ese momento ejerció su poder de dominio e impuso su ideología al restos de las clases sociales.

La lucha de clase que se refleja como política tiene su verdadera esencia en lo económico. No pueden existir verdaderos cambios políticos sin un verdadero cambio económico en las relaciones de producción (del capitalismo a comunismo). El capitalismo sabe de eso, por ello manipula e inclusive aúpa esos estados alucinantes de socialismo políticos (o del siglo XXI), de puras palabras vacías, porque sabe que a fin de cuenta servirán para remozar y profundizar un capitalismo más salvaje: una expropiación más descarada, humillate y menos costosa de las riquezas de los pueblos.

El trabajo de la ideología capitalista consiste en seducir, tergiversar, alucinar. Su objetivo, hacer fracasar todo intento de reconocimiento por parte de la clase obrera de sus propios intereses. De aquí la insistencia del capitalista y de su sociedad en negar la capacidad reflexiva a los obreros: de evitar por todos medios que piense por sí mismo, que piense en qué gana como clase social. La sociedad capitalista dispone de toda una industria de la comunicación y la manipulación, que junto a la religión y la educación le niega toda capacidad pensante a la clase obrera e inclusive la sustituye por los pensamientos imperialista: le dice a la clase obrera que está pensando, le dice quién es ella y le dicen a quien sirven. Para evitar que piense, castran su capacidad para pensar: impiden que identifiquen qué ganan y qué pierden en términos de clase, eliminan su sentido de pertenencia a la clase obrera, estimulando el individualismo (los dividen), y borran su historia, eliminando su capacidad para recordar analíticamente. Para el capitalistas mientras más ignorante, acrítico, sumiso, individualista y manipulado sea la clase obrera menos intereses tendrá que combatir y más dócil sera este frente a la explotación capitalista y/o extracción de la riquezas naturales en los modelos neo coloniales.

En los modelos neo coloniales la conciencia de la clase obrera es el único instrumento de lucha contra el imperialismo. Su conciencia la hace comprender su papel transformador en el desarrollo de las relaciones de producción comunistas. Papel que implica la incorporación masiva de su fuerza de trabajo en la producción en sus países y en su auto mantenimiento. La lucha de clase en el modelo neo colonial es la expresión de la lucha de intereses entre el imperialismo (con sus acólitos de las burguesías nacionales, y los líderes de sus Estados) y la clase obrera. Y esto es así, porque las relaciones de producción neo coloniales combinan la extracción de riquezas naturales por las transnacionales con la importación de bienes y servicio de consumo por la burguesía y el Estado; con una baja producción nacional y una más baja explotación de la clase obrera por parte de la burguesía. En sustitución de esta explotación capitalista está la explotación de la clase obrera por el Estado (los funcionarios públicos), con generación de poca riqueza.

Semejantes relaciones de producción neo coloniales determinan que la naturaleza de la lucha de clases en esos países y la forma de producir el cambio en las relaciones de producción del neocolonialismo al comunista sean diferentes a las del resto del capitalismo. Si la clase obrera no se hace consciente (no reconoce lo que gana) que tiene producir para ella misma (en su propio país), de que produciendo para ella misma (uniéndose y haciéndose productiva) vence al imperialismo neocolonizador y lo obliga a parar la extracción de sus riquezas entonces seguirá imperando el modelo neocolonizador hasta que se agoten las riquezas naturales de sus países y la pobreza absoluta se haga incontenible para la clase obrera. Si la clase obrera no se hace consciente de que el campo de lucha (la lucha de clase) para derrotar al imperialismo neocolonizador no es el político- militar como nos quiere hacer ver el imperialismo sino el económico (el cambio de relaciones de producción neo colonizadoras por las comunista); si la clase obrera no entiende eso, los tiempos del cambio no estarán tan cerca y deberá repetirse la historia de expropiación de 1980 para que la clase obrera aprenda a reconocer sus intereses. Historia que no es muy diferente a la de los últimos 100 años.

La conciencia de clase de los obreros (en su permanente lucha) le permitirá reconocer sus intereses comunes y organizarse para su defensa. Sin embargo, tenemos que reconocer que la verdadera lucha de clase no se da en la política y en campo militar donde el imperialismo tiene mejores armas sino en el día a día de las relaciones humanas para producir. Por ello el capitalismo ha vencido hasta ahora en todas esas propuesta de «socialismo» políticos sin cambios en lo económico. Al final siempre se impusieron las relaciones de producción capitalista. Ahora las condiciones objetivas del imperialismo (su fase superior) que quiere arrasar con las riquezas naturales del mundo y las condiciones subjetiva del estado de conciencia de la clase obrera imponen que la estrategia para derrotar al imperialismo neocolonizador sea el trabajo día a día (la lucha de clase) para transformar las relaciones de producción neo colonizadoras en comunistas. Ya basta que lleven a la clase obrera al terreno militar para luego exterminarla. La verdadera lucha de clase es en el trabajo diario, en la empresa, en la oficina y allí nadie puede vencer a la clase obrera. A un país con relaciones de producción capitalistas o neo colonialistas se le puede dominar invadiéndolo y matando a sus líderes; para luego, imponer, mantener o profundizar las relaciones neo coloniales,que permitan seguir apoderarse de sus riquezas. Pero, jamás se puede dominar a un pueblo o una nación, por más tiempo que dure la invasión, si la clase obrera aprendió a producir bajo relaciones de producción comunistas y su conciencia de clase le permite reconocer sus intereses y permanecer unida.

Únicamente, una sólida conciencia de clase (autorreconocimiento de sus intereses y sentido de pertenencia) de los obreros y obreras permitirá abrir el camino para su propia liberación. No será un político, un partido o un Estado «progresista» o autodenominado «socialista» el que permita romper las cadenas económicas de las relaciones de producción capitalista. Estos son simples catalizadores para acelerar o retardar el cambio. Pero, siempre y únicamente será la propia clase obrera consciente de su destino, caminando sobre sus propios pies y construyendo con sus propias manos la que realice el comunismo: la que se libere a sí misma.