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La desigualdad es el virus visible

Fuentes: Sin permiso

Tres investigadores del FMI, Furceri, Loungani y Ostry, publicaron hace unos días un estudio que cubre los impactos de las cinco pandemias anteriores del siglo XXI (SARS en 2003, H1N1 en 2009, MERS en 2012, Ebola en 2014 y Zika en 2016). Lo que muestra el estudio es que estas pandemias han exacerbado las desigualdades y que el proceso continuó en los años posteriores, incluso después de que la enfermedad estuviese bajo control. Pero las pandemias mencionadas en el estudio alcanzaron una extensión continental pero no mundial, y no condujeron a un cierre generalizado. Por esta razón, los autores preven efectos más graves en el contexto del covid-19, que las impuestas por aquellas pandemias. Además, al analizar las políticas ahora adoptadas, concluyen que tienen efectos regresivos, es decir, acentúan la desigualdad. La desigualdad es el virus que continúa creciendo y extendiéndose en 2020.

El pasado que nos amenaza

Otros economistas añaden motivos de preocupación. Sérgio Correia, de la Junta de la Reserva Federal de EEUU, y sus coautores, Luck y Verner, estudiaron los costes sociales de la gripe de 1918, que puede haber sido más mortal que la pandemia actual, especialmente para la población en edad laboral, y han medido la evidencia disponible sobre la estrategia de recuperación económica que se siguió en 30 estados de EEUU. Su conclusión es que cuanto más intensa es la respuesta no farmacéutica (las medidas de contención y protección social), más rápida es la recuperación económica y que, por lo tanto, el esfuerzo por defender la salud pública fue virtuoso para la economía. El tema no es menor, sobre todo porque algunos gobernantes utilizan el argumento de la alternativa salud-economía para reducir las medidas sanitarias, como en el caso de Trump y Bolsonaro. Si Correia y sus colegas tienen razón, esta alternativa es falsa y es protegiendo la salud como se salva la economía.

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