Francisco Louça

Artículos

Portugal

Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, la agencia de gestión de inversiones más grande del mundo, escribió hace unos días que “la invasión rusa de Ucrania puso fin a la globalización que hemos conocido durante las últimas tres décadas”. Es probable que los tiempos venideros confirmen su conclusión, sobre todo porque se precipitan fracturas irrecuperables, aunque la decisión europea de esta semana, de bloquear el carbón ruso, es una puesta en escena que poco afecta al invasor. En cualquier caso, el nuevo telón político reducirá las relaciones comerciales y diplomáticas, acentuará la brecha entre las economías rusa y occidental y aumentará la estrategia de la tensión. Todavía estamos en el preludio. Incluso si el desastre militar termina con la retirada de las tropas rusas, estos efectos se agravarán. Ninguno de los bandos de la guerra tiene posible una retirada, por lo que la paz se ha convertido en una quimera.

Guerra en Ucrania

Después de tantos anuncios del inminente inicio de la guerra, la escalada comenzó en un tono estrambótico: tuvimos un discurso farsa en el Kremlin, un movimiento de tropas en la región dominada por los separatistas prorrusos y las primeras sanciones, pronto criticadas por sus abogados como endebles.

La relación entre liberalismo y democracia. De vuelta al debate sobre la “traición de los liberales”.

La vuelta a la austeridad plantea dos problemas. La primera es que no se aprovechó la expansión de liquidez de los bancos centrales. La segunda es que la deuda pública se ha disparado.

Los resultados de Alphabet se han reducido en 13 puntos porcentuales en 10 años, los de Apple en 10 puntos porcentuales desde su pico en 2012. El riesgo es que el mercado se dé cuenta.

La violencia de las respuestas a la propuesta de perpetuar la deuda pública en el banco central sugiere que prefieren ignorar las consecuencias de su alternativa.

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