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La fuerza democrática de Lula

Fuentes: Brasil 24/7

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

El fascismo ha arraigado en la sociedad brasileña. Apoyado en el rencor que ciertos sectores de las clases medias sienten ante el ascenso social de amplios sectores pobres de la población, se fue transformando en odio al Partido de los Trabajadores, a Lula y a la izquierda, lo que dio lugar, por primera vez en el país, al surgimiento con una gran fuerza de una candidatura de extrema derecha.

Al mismo tiempo, a medida que el gobierno instalado por el golpe empezó a estar aislado socialmente, sin apoyo popular, se fueron acercando las elecciones y los ataques jurídicos a Lula empezaron a disminuir su efectividad, el riesgo de que se propongan soluciones aventureras por parte de la derecha y de la extrema derecha va en aumento. El llamamiento puro y simple al riesgo del fascismo en Brasil se apoya en una visión equivocada, que considera que existe en el país un sentimiento democrático muy fuerte y enraizado y que la comprensión del significado del fascismo está muy difundida entre la población. Trasladan mecánicamente a la realidad brasileña los esquemas europeos, un error cometido muy a menudo por la vieja izquierda latinoamericana. Consideran que la solución es un frente antifascista, al estilo de los que se formaron en la Europa de los años 1930. La unión de los partidos de izquierda -que de alguna forma ya existe-, no supone una gran cosa, aunque sólo sea porque la influencia de esos partidos sobre la población no es muy grande. Es una unión necesaria, pero no suficiente.

La fuerza más importante de todas las que tenemos en la lucha contra la ultraderecha, contra sus arrebatos fascistas y contra el riesgo de que apele a soluciones que supongan un mayor endurecimiento del régimen, que ponga en peligro incluso las propias elecciones, está en el liderazgo de Lula. La derecha no se equivoca, sabe quién representa el peligro real para ella, tanto de que él vuelva a ser candidato y gane, como de  que retome el modelo -adaptado a las nuevas condiciones-, que tuvo un éxito incuestionable y ponga en marcha un nuevo y largo ciclo de gobiernos de izquierda. Por eso todos los ataques, tanto los que proceden del poder judicial como  de la policía federal, los medios de comunicación o los grupos fascistas, se concentran en Lula.

La fuerza de Lula es la fuerza de las masas de izquierdas debido a lo que representa para el pueblo, a la esperanza que ha conseguido reavivar con las caravanas y al proyecto que funcionó en el país y que promete reanudar, mejorado y profundizado. La lucha contra el fascismo depende de la fuerza de las masas de la izquierda, algo que sólo el liderazgo de Lula puede proporcionar; depende de movilizar al pueblo en función de sus intereses, profundamente afectados por las políticas del gobierno, y de presentar un proyecto de reunificación del país y de convivencia pacífica entre todos.

El liderazgo de Lula es el único que logra unir a todas las fuerzas democráticas frente a las ofensivas de la derecha y que es capaz de derrotar los ataques de la derecha en todas sus manifestaciones, de vencer las elecciones y de dirigir la reconstrucción de Brasil. En este momento la unidad de la izquierda, de todo el campo popular y de todas las fuerzas democráticas es esencial. Las distintas experiencias históricas deberían servir para que la izquierda extraiga las lecciones necesarias sobre hasta qué punto sus divisiones favorecieron el ascenso de la ultraderecha en distintas circunstancias históricas. Lula es su líder y dirigente fundamental, el único que tiene la capacidad necesaria para unir a todas las fuerzas democráticas.

Fuente: https://www.brasil247.com/pt/blog/emirsader/349399/A-for%C3%A7a-democr%C3%A1tica-do-Lula.htm  

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar la autoría, al traductor y Rebelión como fuente de la traducción.