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En clave de sana ingenuidad

La guerra justa

Fuentes: Rebelión

En toda guerra los muertos los pone el pueblo, sólo que ahora el pueblo dice «Basta ya» La vocación del viejo general Don Juan Cárdenas nació al leer sobre las castas en la antigua India. Es claro que la casta de los brahmanes era atractiva, estaba compuesta por seres de espíritu evolucionado que tenían a […]

En toda guerra los muertos los pone el pueblo, sólo que ahora el pueblo dice «Basta ya»

La vocación del viejo general Don Juan Cárdenas nació al leer sobre las castas en la antigua India. Es claro que la casta de los brahmanes era atractiva, estaba compuesta por seres de espíritu evolucionado que tenían a cargo dirigir a la sociedad en esa fundamental dimensión. Pero la que tocó su alma fue la descripción de la casta de los chatrías, sobre todo en su aspecto de defensores de la sociedad. Vibró ante la frase: son seres que se preparan y se desarrollan física, emotiva y espiritualmente para defender a sus hermanos ante una injusta agresión externa y estar dispuestos a ofrendar su vida para lograrlo. Allí decidió: «seré soldado».

El ideal de Cárdenas fue puesto a prueba en enfrentamientos en los que había participado y que no comprendía bien la causa. Evidentemente no era la de defender a sus conciudadanos ante una agresión externa, más bien las veía como rencillas entre jefes de Estado o de grandes poderes económicos de los países. Dolorosamente vio la sangre de sus soldados vertida en los campos de batalla, comprendió que sus hijos morían como peones entregados en un partido de ajedrez, en partidas entre poderosos. En repúblicas presidencialistas cleptocráticas, como las de este relato, la cabeza visible y cómplice de los poderosos siempre es el presidente y su gabinete.

Ese día dijo: no más complicidad en estas acciones delictivas y egoístas disfrazadas de gesta histórica.

El general arengó a sus tropas prestas a entrar en batalla: Antes de disparar piensen que el soldado que tienen en frente puede tener esposa e hijos como ustedes tienen, y esa familia puede ser aún más grande con abuelos tíos y primos. Antes de tirar piensen el dolor que causarán a toda esa gente si matan al soldado. ¡Piénsenlo bien! Por otro lado piensen por qué están aquí. ¿Creen de verdad que es para defender a la Patria? No señores hubo un enfrentamiento entre poderosos que veían menguar sus ganancias y decidieron que lo mejor para todos era armar una guerra.

En las filas enemigas había un gran nerviosismo. Nadie hablaba, nadie preguntaba nada, habían escuchado: maten pues si no matan los matan a ustedes. De ese silencio expectante surgió la voz ronca del capitán Planes. No soldados, ustedes están acá porque el presidente Vásquez recibió una presión tremenda del complejo industrial militar que es el responsable del 60% de Producto Interno Bruto. Si no hay guerra nos fundimos y antes de fundirnos te mataremos, le dijeron. No soldados, los que tienen al frente no son vuestros enemigos, son jovencitos con el mismo pánico que el que ustedes sienten ahora. Ellos también vinieron engañados. El general Ayerza se adelantó con su pistola y disparó contra Planes, la bala le rozó el brazo, pero un certero disparo llegado de no sabemos dónde marcó un punto rojo en la frente del general. Planes tomó un megáfono para acallar el griterío que se originó. Soldados, dijo, los hombres que tienen delante no quieren morir tienen familia y amigos ellos no desean la lucha están como ustedes, obligados por intereses egoístas.

Las tropas se acercaban, hubo un gran alboroto en ambos bandos. Sorpresivamente apareció el general Cárdenas con la espada envainada acompañado por dos soldados con el fusil al hombro. El general portaba una bandera blanca. Atrás de ellos venía todo el ejército en formación de desfile.

Sin dudarlo el capitán Planes se adelantó y envainando su espada se acercó al general enemigo. Después de un corto intercambio, se saludaron y volvieron con sus tropas.

El capitán Planes ordenó: ¡al hombro ar! ¡Formar! Todos los soldados pusieron el fusil al hombro y formaron en compañías de desfile.

El ejército del general Cárdenas se corrió hacia el oeste para no topetarse con el ejército de Planes que había tomado el mando. El capitán Planes desplazó el suyo hacia el este. Las bandas de ambos bandos comenzaron a sonar.

El desfile fue fastuoso. Al cruzarse los dos ejércitos se rindieron honores y siguieron de largo, hacia el campo enemigo.

El ejército del general Cárdenas entró a la capital enemiga y acribilló al presidente del país de Planes y a todo su gabinete. El del capitán Planes hizo lo propio con el presidente y el gabinete del país del general. Ambos comandantes habían emitido órdenes a las guardias para no resistir, retirándose.

Los pueblos de ambos bandos aclamaban a los ejércitos enemigos que los habían librado de la lacra que a veces se apodera de la sociedad. Ambos ejércitos, cumplida la misión dieron media vuelta y se encaminaron a sus países, pero esta vez al encontrarse no solo se abrazaron sino que lloraron de emoción por la guerra ganada por ambos bandos.

Guillermo F. Parodi es escritor, profesor universitario, miembro del Observatorio Internacional de la Deuda y de los colectivos Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala ( www.tlaxcala.es ), la red de traductores por la diversidad lingüística.