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España

La necesidad de un nuevo tipo de debate económico (y político)

Fuentes: Público

Es evidente que hay diferencias entre las dos formaciones políticas que han comenzado a hacerse un sitio destacado en el mapa político español, Podemos y Ciudadanos. En materia económica es lógico que las haya también, y posiblemente de modo amplificado puesto que en ese terreno la ideología y los intereses sociales que se quieran defender […]

Es evidente que hay diferencias entre las dos formaciones políticas que han comenzado a hacerse un sitio destacado en el mapa político español, Podemos y Ciudadanos.

En materia económica es lógico que las haya también, y posiblemente de modo amplificado puesto que en ese terreno la ideología y los intereses sociales que se quieran defender son determinantes de lo que se dice. No hace falta ser un experto para saber que entre los economistas ha habido siempre, por esas y por otras razones de tipo metodológico, diferencias profundas a la hora de reconocer la realidad, de analizarla y de realizar respuestas para transformarla. No han dejado de darse desde que se comenzaron a elaborar los primeros análisis científicos en esta materia y no van a desaparecer ahora.

Tratar de ocultar esas diferencias o, lo peor, demonizar y anular a quien está al otro lado del pensamiento económico dominante es una reacción totalitaria, pero desgraciadamente muy habitual no solo en los medios o en la vida corriente sino en la propia Academia.

De hecho, creo que la principal responsabilidad de que ocurra eso recae sobre los economistas académicos de la corriente dominante. Ellos y ellas son los ciegos, desconocen y no hacen nada por conocer los enfoques críticos y no solo han acabado con la posibilidad de que las ideas y el análisis económico alternativo actual sean conocidos en las aulas, sino incluso la historia del pensamiento económico. Tanto ha sido así que en muchos países o en universidades tan señeras como Harvard, ha habido protestas de los estudiantes de Economía por el «autismo» de la disciplina a la hora de enfrentarse a la realidad y por la parcialidad del profesorado ortodoxo. A uno de sus popes, nada más y nada menos que N. Gregory Mankiw, se le sublevaron los estudiantes por esa razón, denunciando «el carácter sesgado» de sus clases (la noticia y la carta de sus estudiantes pueden leerse aquí).

Lo cierto es que es lamentable que ocurra eso, porque así se empobrece la ciencia y de esa forma perdemos todos, pues se cierra el paso a la innovación y se cercena la libertad, que es lo peor que le puede pasar al pensamiento para que con él se pueda conseguir un mundo mejor para todos. No deberíamos olvidar nunca que el respeto a los demás y la libertad efectiva son los prerrequisitos esenciales para que florezca el conocimiento y la ciencia, que son tan fundamentales para el progreso y la vida humana.

Eso es algo que se olvida muy a menudo porque las ideas económicas son de todo menos neutras. Siempre afectan de un modo desigual a las personas y a los grupos sociales, y es lógico por ello que cada uno tome posición en su contra o a favor según como crea que le benefician o perjudican. Es precisamente por ello por lo que decimos que los problemas económicos no tienen soluciones técnicas sino políticas y que éstas deben adoptarse democráticamente. De otro modo, cuando la democracia no llega a la economía, como en nuestro caso, lo que se consigue es que unos grupos sociales puedan imponer su interés distributivo a los demás.

Es con este último fin que con tanta frecuencia se niega el debate, se ocultan las diferencias, se trata de hacer creer que solo hay una alternativa posible, o se persigue y anula a quien hace propuestas diferentes a las que convienen a los grupos sociales que detentan el poder.

En esta última estrategia de ocultación los medios de comunicación resultan esenciales, como también la Academia, siempre sometida al poder dominante por muchos que sean los resquicios de libertad que pueda conceder.

Ahora que Ciudadanos está empezando a mostrar propuestas económicas frente a la situación de crisis en la que nos encontramos, puede comprobarse fácilmente hasta qué punto se dan esos males entre nosotros.

Cuando se presentó el documento que Vicenç Navarro y yo elaboramos para Podemos se produjo enseguida una reacción furibunda, no exenta de ataques personales contra nosotros dos. Se empezó diciendo que no éramos nadie (a pesar de que Navarro es el quinto científico social español más citado en la literatura científica mundial). Un colega de la Universidad Autónoma de Madrid al que prefiero no citar (es una anécdota pero significativa) no ha parado de decir de mí desde entonces que «solo digo tonterías» e incluso pone en duda que sea efectivamente catedrático de universidad. El intento de poner sobre la mesa propuestas diferentes de política económica llevó consigo insultos y descalificaciones que todavía no han desaparecido. Es verdad que al mismo tiempo ha habido también muchas personas expertas que, a pesar de estar en desacuerdo con todo o parte de lo que proponemos, han sido extraordinariamente respetuosas, que han hecho críticas constructivas y contribuido con elegancia y rigor al debate sobre cuestiones económicas que tanto necesita España. Pero las reacciones en los medios y de los creadores de opinión ante el documento que presentamos a Podemos fueron rotundas: el ataque visceral, manipular alguna que otra propuesta concreta para descalificarla a cualquier precio y, sobre todo, obviar sus ejes centrales, es decir, la necesidad de democratizar la toma de decisiones económicas y lograr un pacto amplio y efectivo que frene el crecimiento vertiginoso de la desigualdad en España.

Y el cainismo y la mala fe que vienen acompañando al debate económico en España (si es que se puede denominar así) se percibe claramente en lo que está ocurriendo con propuestas prácticamente idénticas realizadas en su día por Navarro y yo y más tarde por Ciudadanos.

Cuando nosotros proponíamos centrar el debate económico en el incremento de la desigualdad se nos calificaba (si es que alguien se hacía eco de ello) de trasnochados y peligrosos comunistas. Si lo hacen (y yo me alegro) Rivera y Garicano (aunque desarrollen el asunto de modo diferente) son sensatos y centrados.

En su día, nosotros propusimos la moratoria de grandes infraestructuras en AVE, puertos o autopistas, entre otras, porque habían generado mucha corrupción y escasísima utilidad social. Cuando eso se mencionaba, era simplemente para tacharnos de irrealistas y de querer hundir la inversión y la economía. Ahora Ciudadanos propone (y yo me alegro) disminuir la inversión en AVE y la propuesta se saluda como rigurosa y positiva.

Nosotros proponíamos que los autónomos coticen según su ingreso real y se proclamaba a los cuatro vientos que queríamos arruinarlos subiendo sus impuestos. Ahora lo propone Ciudadanos (y yo me alegro) y se saluda la medida como conveniente y favorable para la economía y los autónomos.

Hay diferencias. ¡Claro que las hay y las seguirá habiendo! Pero también hay coincidencias y, sobre todo, creo que nadie se puede arrogar para sí mismo la exclusiva capacidad de resolver los problemas de España. Hay que acabar para siempre con las prácticas totalitarias que solo buscan destruir a quien piensa de modo diferente y por eso es fundamental que desterremos el frentismo.

Es imprescindible aprender a debatir con respeto y con rigor. España necesita poner sobre la mesa análisis plurales de sus problemas económicos y no imposiciones. No vamos a salir de la situación en la que estamos con prepotencia, creyendo cada grupo que solo él tiene en su mano la salvación de los demás.

Hace falta un debate sincero y plural. No trifulcas ni circos mediáticos. Hay que aprender a pensar juntos y a escudriñar los entresijos de las distintas propuestas para encontrar los puntos de encuentro y no solo diferencias. Si queremos vivir y convivir en paz tenemos que aprender a limar, y no a exagerar, lo que nos separa y a poner en marcha lo que nos une, por poco que sea, aunque seguro que es más de lo que a primera vista parece. Y hay que aceptar que nadie puede imponer su interés a los demás, sino que hay que dar la voz a la gente, también y sobre todo, en materia de reparto del ingreso y la riqueza.

Tenemos que hablar mucho más de economía pero sabiendo que no solo hablamos de cuestiones técnicas de las cuales solo puede opinar la gente preparada para ello. Cuando lo hacemos hablamos en realidad, y al mismo tiempo, de política, de intereses legítimos en disputa y en conflicto, pero de un conflicto que no podemos resolver como venimos haciendo, permitiendo que unos amasen siempre la harina mientras que son siempre otros los que se comen el pan.

La conformación mucho más plural que con toda seguridad se va a imponer en el mapa político español es un buen momento para poner en marcha otro tipo de debates, otro tipo de tratamiento de las diferencias y de las propuestas plurales. En España no nos podemos permitir el lujo de prescindir los unos de los otros y mucho menos en materia económica.

Fuente original: http://juantorreslopez.com/impertinencias/7056/