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La perversión liberal

Fuentes: Noticias de Navarra

F ue un liberal como John Dewey quien advirtió la perversión en la que había incurrido el liberalismo. Al principio, esta ideología se había presentado como una forma de desarrollo de la creatividad y la libertad de los individuos, pero a lo largo de las décadas se había convertido en un método de control y […]

F ue un liberal como John Dewey quien advirtió la perversión en la que había incurrido el liberalismo. Al principio, esta ideología se había presentado como una forma de desarrollo de la creatividad y la libertad de los individuos, pero a lo largo de las décadas se había convertido en un método de control y dominio. Dewey lo había advertido en el propio término «liberal», que en sus inicios llegó a ser sinónimo de alguien generoso o dadivoso. Sin embargo, pronto «el espíritu magnánimo y benevolente característico de las primeras épocas del liberalismo» fue confinado en la filantropía y lo que había empezado como un movimiento en favor de una mayor libertad «se convirtió en una fuente de represión social para la mayoría de las personas», al identificar la capacidad y la libertad del individuo con la habilidad para el éxito económico y hacer dinero. Esto lo advertía ya Dewey desde Estados Unidos en 1935, después de la Gran Depresión.

En plena depresión de las sociedades europeas, el consejero de una empresa, adscrito al liberalismo político español, aprovechaba una conferencia reciente en Teruel para pensar la crisis como una oportunidad de negocio:

«Las crisis son elementos de oportunidad. Alguien cuando tiene que hacer un ajuste en época buena no lo puede hacer porque no puede convencer a la gente de que les toca a ellos».

Pedía allí «optimizar gastos y optimizar las costumbres» y lanzaba la siguiente idea:

«Lo gratis no puede funcionar en ningún sitio. Cuando el precio es cero, la elasticidad al consumo es infinita. Lo que no se valora, pues, al final, la gente hace mal uso absolutamente de ello».

El liberalismo siempre invierte el sentido de lo gratuito. Lo gratuito es que se bequen a estudiantes para completar una carrera universitaria, pero no es gratuito, según esta perspectiva, que un ejecutivo cobre pluses, gastos de representación o sueldos desorbitados. Tampoco explica este liberalismo que muchos recursos energéticos sean gratuitos en origen (la energía solar y la eólica, por ejemplo) pero siempre acabe su explotación en oligopolios concentrados que alteran su precio de manera artificial.

Este discurso liberal de gente adinerada puede enamorar a algunas personas, porque así es la erótica del poder. Puede gustar a las personas que no usan el transporte público a diario o que no necesitan de los servicios públicos para sus estudios o para su salud. Incluso puede fascinar a muchas personas necesitadas, pero algún día nos daremos cuenta de que la bandera de la democracia no es la corbata de una empresa.

Fuente: http://www.noticiasdenavarra.com/2014/10/12/sociedad/la-perversion-liberal