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Centenario de la revolución rusa y del repudio de las deudas (XII parte)

La reafirmación del repudio de las deudas acaba con éxito

Fuentes: CADTM

El Lissitsky, «Beat the Whites with the Red Wedge», 1919 Antes de la celebración de la Conferencia de Génova, la Rusia soviética había logrado firmar tratados bilaterales con Polonia, las repúblicas bálticas, Turquía, Persia… Pero, sobre todo, había conseguido firmar un acuerdo comercial con Gran Bretaña. Ese acuerdo, firmado en 1921, había convalidado las leyes […]

El Lissitsky, «Beat the Whites with the Red Wedge», 1919

Antes de la celebración de la Conferencia de Génova, la Rusia soviética había logrado firmar tratados bilaterales con Polonia, las repúblicas bálticas, Turquía, Persia… Pero, sobre todo, había conseguido firmar un acuerdo comercial con Gran Bretaña. Ese acuerdo, firmado en 1921, había convalidado las leyes soviéticas de nacionalización ante los tribunales británicos y las empresas que comerciaban con Rusia ya no corrían el riesgo de ser molestadas. 1 Durante la Conferencia de Génova, Rusia también había obtenido un éxito en la firma de un tratado con Alemania por el que cada parte renunciaba a pedir reparaciones.

Se podría pensar que el fracaso de las Conferencias de Génova y de La Haya podía llevar a las potencias capitalistas a endurecer su posición con respecto a Moscú. Pero pasó lo contrario. El Gobierno soviético había hecho, manifiestamente, un buen cálculo. Los diferentes países capitalistas consideraron por separado que era necesario hacer acuerdos con Moscú, ya que el mercado ruso ofrecía un importante potencial, así como los recursos naturales del país. Cada capital, bajo la presión de las empresas privadas locales, quiso celebrar un acuerdo con Moscú con el fin de no dejar que las otras potencias se aprovechasen del mercado ruso.

En 1923-1924, a pesar del fracaso de la Conferencia de Génova, el Gobierno de los Sóviets fue reconocido de iure por Inglaterra, Italia, los países escandinavos, Francia, Grecia, China y algunos otros países. En 1925, fue el turno de Japón.

París redujo fuertemente sus exigencias. En Francia un decreto del 29 de junio de 1920 había creado una comisión especial para la liquidación de los asuntos rusos, que tenía por misión «liquidar y recuperar todos los fondos del antiguo Estado ruso, cualquiera sea su origen». Seis días antes del reconocimiento del Gobierno de los Sóviets, el 24 de octubre de 1924, el Gobierno francés suprimía esa comisión. Una verdadera victoria para Moscú.

Algunos meses antes, el Gobierno británico había realizado un acuerdo con la URSS por el cual los británicos aceptaban las reclamaciones soviéticas por los daños causados por la intervención británica en la guerra civil entre 1918 y 1920. 2 Sin embargo, Lloyd George había declarado en Génova que sobre ese asunto no había nada que hablar. El Gobierno prometía otorgar, bajo ciertas condiciones, su garantía para la emisión de un empréstito soviético en el mercado financiero de Londres.

Dos años apenas después del fracaso de Génova, mientras la URSS mantenía el repudio de la deuda , el Gobierno británico se aprestaba a dar su garantía para ¡un empréstito soviético! El dirigente soviético Kámenev podía escribir en el Pravda el 24 de septiembre de 1924: «El tratado con Inglaterra es una base efectiva para el reconocimiento explícito de nuestra nacionalización de la tierra y de las empresas, del repudio de las deudas y de todas las otras consecuencias de nuestra revolución.» 3

Finalmente cuando los conservadores volvieron al poder algunos meses más tarde, rechazaron ratificar ese tratado pero, no obstante, una empresa británica importante se comprometió a invertir en las minas de oro, renunciando a cualquier demanda de indemnización por la nacionalización que había sufrido en 1918.


A partir de 1926, a pesar del repudio de las deudas, algunos banqueros privados europeos y algunos gobiernos comenzaron a conceder créditos a la URSS

El 26 de junio de 1926, la URSS firmaba un acuerdo de crédito con bancos alemanes. En marzo de 1927, la municipalidad de Viena le concedía un crédito de 100 millones de chelines austriacos. En 1929, Noruega autorizaba un préstamo de 20 millones de coronas.

Los dirigentes republicanos de los Estados Unidos despotricaban. El secretario de Estado Kellog denunció la actitud conciliadora de los europeos, en su discurso del 14 de abril de 1928, ante el Comité Nacional Republicano: «Ningún Estado ha sido capaz de obtener el pago de las deudas contraídas por Rusia bajo sus gobiernos precedentes, o la compensación de sus ciudadanos por la propiedad confiscada. Por lo tanto, debemos creer que el reconocimiento de los Sóviets y la apertura de negociaciones no tienen otro efecto que el de alentar a los amos actuales de Rusia en su política de repudio y de confiscación…» 4

Finalmente los Estados Unidos, en noviembre de 1933, bajo la presidencia de Franklin Roosevelt reconoció de iure a la URSS. El 13 de febrero de 1934, el Gobierno de los Estados Unidos creó el Export and Import Bank con el objetivo de financiar el comercio con la Unión Soviética. Algunos meses más tarde, Francia, con el fin de no quedar excluida del mercado soviético, proponía también créditos a la URSS para que le comprase productos franceses.

Alexander Sack, que se había opuesto al repudio de las deudas y que era extremadamente antisoviético, concluía su estudio sobre las reclamaciones diplomáticas contra los Sóviets por estas frases que indicaban claramente que es totalmente posible repudiar deudas sin por eso caer en el aislamiento y en la quiebra, por el contrario:
«En el momento del vigésimo aniversario del régimen soviético, las reclamaciones extranjeras en su contra presentan el cuadro melancólico de una petrificación, o de un abandono. La Unión Soviética se vanagloria de ser actualmente uno de los países más industrializados; tiene una balanza comercial favorable; ocupa el segundo lugar en la producción de oro en el mundo. Su Gobierno es, en este momento, universalmente reconocido y le son concedidos créditos comerciales, prácticamente todos los que quiera. A pesar de eso, la Unión no ha reconocido, ni pagado ninguna de las deudas como consecuencia de sus decretos de repudio, de confiscación y de nacionalización.» 5

Conclusión

Este estudio se centró en el repudio de las deudas por parte del Gobierno soviético. Mostró que esa decisión remontaba a un compromiso tomado durante la revolución de 1905. El contexto internacional ha sido analizado: los tratados de paz, la guerra civil, el bloqueo, la Conferencia de Génova y los numerosos acuerdos de préstamos que continuaron a pesar de que el repudio de la deuda continuaba vigente.

Por falta de espacio, no he abordado la evolución del régimen soviético: la asfixia progresiva de la crítica, la degeneración burocrática y autoritaria del régimen, 6 las políticas catastróficas en materia agrícola (especialmente la colectivización forzosa ordenada por Stalin) y también en materia industrial. Ni tampoco, la imposición por Stalin de un régimen de terror en los años 1930. 7

Esa evolución trágica muestra una vez más que no es suficiente repudiar las deudas odiosas para aportar soluciones a los múltiples problemas de la sociedad. No cabe ninguna duda. Para que el repudio de las deudas sea realmente útil, es necesario que forme parte de un conjunto coherente de medidas políticas, económicas, culturales y sociales que permitan la transición hacia una sociedad liberada de las diferentes formas de opresión de las que sufre desde hace milenios.

Recíprocamente, para numerosos países, es muy difícil prospectar y comenzar una transición de este tipo, pretendiendo al mismo tiempo continuar pagando deudas odiosas legadas del pasado. No faltan ejemplos en la historia. El último hasta ahora: la sumisión de Grecia a los dictados de los acreedores desde 2010 y los terribles efectos de la capitulación de 2015, de un Gobierno que pretendía proseguir con el pago de la deuda con el fin de obtener una reducción de la misma.


Epílogo

En 1997, seis años después de la disolución de la URSS, Boris Yeltsin firmaba un acuerdo con París para terminar definitivamente con el contencioso de los títulos rusos. Francia obtuvo de la Federación de Rusia, en 1997-2000, 400 millones de dólares que sólo representaban cerca del 1 % de las sumas reclamadas a la Rusia soviética por los portavoces de los acreedores franceses representados por el Estado. 8 También hay que subrayar que el acuerdo entre Rusia y el Reino Unido, del 15 de julio de 1986, permitió la indemnización de los tenedores británicos del 1,6 % del valor actualizado de los títulos. Esa tasa de indemnización es insignificante e indica una vez más que un país puede repudiar su deuda.

En agosto de 1998, afectada por la crisis asiática y los efectos de la restauración del capitalismo, Rusia suspendió unilateralmente el pago de su deuda durante seis meses. La deuda pública externa se elevaba a 95.000 millones de euros, de los que 72.000 millones eran debidos a bancos privados extranjeros (30.000 millones a bancos alemanes y 7.000 millones a bancos franceses, entre ellos el Crédit Lyonnais) y el resto principalmente al Club de París así como al FMI . La suspensión total de pago seguida de una suspensión parcial durante los años siguientes llevó a diferentes acreedores a aceptar una reducción que osciló entre el 30 y el 70 % según los casos. Rusia, que estaba en recesión antes de decretar la suspensión de pagos, tuvo luego una tasa de crecimiento anual del orden del 6 % (periodo 1999-2005). Joseph Stiglitz, que fue entre 1997 y 2000 el economista jefe del Banco Mundial , señala:
«Empíricamente, hay muy pocas pruebas que acrediten la idea de que una cesación de pagos conlleve un largo periodo de exclusión de acceso a los mercados financieros. Rusia pudo pedir de nuevo préstamos en los mercados financieros dos años después de su cesación de pagos -la de 1998- que había sido decretada unilateralmente, sin una consulta previa a los acreedores. […] Por consiguiente, en la práctica, la amenaza de ver el grifo del crédito cerrado no es real.» 9

Resumido en dos frases: Es posible repudiar o suspender unilateralmente el pago de la deuda y relanzar la economía. No es una condición suficiente para solucionar todos los problemas pero es, a la vez, indispensable y útil en determinadas circunstancias.

Agradecimientos: El autor agradece por su ayuda, su lectura y sus sugerencias a: Pierre Gottiniaux, Nathan Legrand, Fátima Martín, Brigit Ponet y Claude Quémar. El autor es el único responsable de los eventuales errores contenidos en este trabajo.


Traducido por Griselda Piñero

Notas:

1 El artículo 9 del acuerdo anglo ruso decía: «El Gobierno británico declara que no intentará ninguna acción con fines de embargar o tomar posesión de cualquier oro, fondos, títulos o mercaderías y de cualquier otro artículo que no pueda ser identificado como propiedad del Gobierno británico, que podrían ser exportados de Rusia en pago de las importaciones o como garantías para tales pagos, o no importa qué otra propiedad mobiliaria o inmobiliaria que podría ser adquirida por el Gobierno soviético ruso en el territorio del Reino Unido.» Citado por Sack, p. 301. Véase también a este propósito Carr, T. 3.

2 Sack, pp. 306-307

3 Sack, nota 209, p. 307.

4 Sack, p. 315.

5 Sack, p. 321-322

6 Analicé eso en el estudio: Éric Toussaint, «Lenin y Trotsky frente a la burocracia y a Stalin» «Revolución rusa y sociedad de transición», publicado el 25/01/2017, http://vientosur.info/spip.php?arti…

7 El destino de los miembros de la delegación que representó al Gobierno soviético en Génova ilustra la evolución dramática del régimen y los efectos de la política representada por Stalin. La delegación estaba formada por: Gueorgi Chicherin, Adolf Iofe, Maksim Litvínov, Cristian Rakovski, Leonid Krasin. Aparte de este último que murió en Londres en 1926 a causa de una enfermedad, el destino de los otros es significativo. Chicherin cayó en desgracia en 1927-1928. Adolf Iofe se suicidó el 16 de noviembre de 1927, dejando una carta de adiós a Trotsky, verdadero testamento político. Su entierro fue una de las últimas grandes manifestaciones públicas «autorizadas» de la oposición estalinista. Maksim Litvínov, el 3 de mayo de 1939 fue separado de sus funciones en circunstancias violentas: la GPU rodeó su ministerio, sus asistentes fueron apaleados e interrogados. Litvínov, siendo judío y ardiente partidario de la seguridad colectiva fue reemplazado por Molotov, lo que incrementó el margen de maniobra de Stalin y facilitó la negociación con los nazis. Estas terminaron en el pacto germano-soviético en agosto de 1939 que tuvo funestas consecuencias. Después del ataque nazi de 1941 contra la URSS, Litvínov será repuesto. Cristian Rakovsky, camarada de Trotsky desde antes de la primera guerra mundial, que se opuso a la burocracia desde el comienzo de los años 1920, fue ejecutado en 1941 por la GPU, por orden de Stalin.

8 Véase en la web del Senado francés los: ACCORDS RELATIFS AU RÈGLEMENT DÉFINITIF DES CRÉANCES ENTRE LA FRANCE ET LA RUSSIE ANTÉRIEURES AU 9 MAI 1945 http://www.senat.fr/seances/s199712…

9 Joseph Stiglitz en Barry Herman, José Antonio Ocampo, Shari Spiegel, Overcoming Developing Country Debt Crises, OUP Oxford, 2010, p. 49.

Parte 1: Rusia: el repudio de las deudas en el núcleo de las revoluciones de 1905 y de 1917
Parte 2: De la Rusia zarista a la revolución de 1917 y al repudio de las deudas
Parte 3: La revolución rusa, el repudio de las deudas, la guerra y la paz
Parte 4: La revolución rusa, el derecho de los pueblos a la autodeterminación y el repudio de la deuda
Parte 5: La prensa francesa a sueldo del Zar
Parte 6: Los empréstitos rusos no mueren nunca
Parte 7: El gran juego diplomático alrededor del repudio de las deudas rusas
Parte 8: En 1922, nuevo intento de las potencias acreedoras de someter a los Sóviets
Parte 9: El contraataque soviético: el Tratado de Rapallo de 1922
Parte 10: En Génova (1922), las contrapropuestas soviéticas frente a las imposiciones de las potencias acreedoras
Parte 11: Deuda: Lloyd George versus los sóviets

Eric Toussaint es maître de conférence en la Universidad de Lieja, es el portavoz de CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Procès d’un homme exemplaire , Ediciones Al Dante, Marsella, 2013; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad , Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global , El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos , Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique , Le Seuil, París, 2012. Este último libro ha recibido el premio Prix du livre politique, otorgado por la Feria del libro político de Lieja. Ultimo libro: Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015. Es coordinador de las publicaciones Comisión de la Verdad Sobre la Deuda.

Fuente: http://www.cadtm.org/La-reafirmacion-del-repudio-de-las