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Portugal, la magia de lo improbable

La recuperación después de la austeridad (y los fantasmas en el armario)

Fuentes: El diario

– Entre 2009, cuando se inicia la recesión tras la crisis financiera internacional, y 2014, un tercio de la población entra en algún momento en situación de pobreza (32,6%) – En el caso de los jóvenes, los ingresos medios cayeron un tercio; para quienes contaban con un título de enseñanza superior, la pérdida de renta […]

– Entre 2009, cuando se inicia la recesión tras la crisis financiera internacional, y 2014, un tercio de la población entra en algún momento en situación de pobreza (32,6%)

– En el caso de los jóvenes, los ingresos medios cayeron un tercio; para quienes contaban con un título de enseñanza superior, la pérdida de renta fue del 20%

– Este artículo pertenece a la revista Portugal: la magia de lo improbable, de eldiario.es. Lee aquí la versión en portugués. Hazte socia ya y recibe nuestras revistas trimestrales en casa

Los «eurofanes» toman Lisboa a un día del arranque oficial de Eurovisión EFE

Las elecciones europeas son ignoradas por la mayor parte de la población portuguesa (un 69% de abstención). Pero, incluso con esa limitación, el tercio de la población que ha votado ha confirmado el hundimiento electoral de las distintas derechas que, desde 2015, han perdido representatividad: el principal partido de la derecha, el PSD, ha logrado cerca del 22%, el peor resultado de su historia, a un 11% de distancia del PS, el partido del Gobierno, que ocupa el centro del espectro político. Las izquierdas mantienen cerca del 16%, debido a que el Bloco de Esquerda ha duplicado sus resultados. Así, estos resultados confirman el apoyo popular mayoritario a los acuerdos establecidos hace cuatro años entre el PS y los partidos a su izquierda, el llamado Gobierno de la jerigonza, así como el rechazo al regreso a las políticas de austeridad.

Una sorpresa política

En octubre de 2015, las elecciones al parlamento crearon una situación política inédita. La coalición de las derechas, que había gobernado en los cuatro años anteriores y había aplicado una dura política de austeridad, consiguió un 38% de los votos, mientras que el PS obtuvo un 32%. El presidente de entonces, Cavaco Silva, él mismo ex primer ministro y una figura histórica de la derecha, encargó a Passos Coelho, que había gobernado desde 2011, formar un nuevo gobierno. Pero un acuerdo parlamentario entre el PS y las izquierdas impidió la formación de ese gobierno y otorgó el cargo a António Costa, secretario general del PS, que formó un gobierno minoritario sustentado por un acuerdo pactado con las izquierdas. Fue así como se formó lo que ha venido a conocerse como la jerigonza.

Esto nunca había sucedido en los 40 años de la democracia constituida después de la revolución de abril de 1974. Ni el PS había aceptado jamás un acuerdo con las izquierdas, ni estas lo habían concebido como posible. Así, esta solución política fue una sorpresa, y quizás por ello ha sido seguida con curiosidad en otros países, como ha sido el caso de España. La razón fundamental de este cambio en el modo de hacer política fue la presión popular sobre los partidos, después de la catástrofe social provocada por el programa de austeridad entre 2011 y 2015: la mayoría del pueblo no aceptaba continuar con una regla de sacrificios, de subida de impuestos y de reducción de salarios y pensiones, lo que el primer ministro del momento llegó a llamar la estrategia de «empobrecimiento de Portugal».

Más aún, el efecto de ese empobrecimiento fue dramático. Entre 2009, cuando se inicia la recesión tras la crisis financiera internacional, y 2014, un tercio de la población entra en algún momento en situación de pobreza (32,6%), y una parte importante lo hace durante un año entero (12,6%), sin contar el cerca del 20% que vive en la pobreza. Así, en 2012, el 24,5% de los pobres lo eran por primera vez en su vida. La escalera social solo funcionó hacia abajo. Durante la vigencia del programa de la troika (FMI, Comisión Europea y BCE), la pobreza se instaló incluso entre las familias con uno o dos sueldos.

En el caso de los jóvenes, los ingresos medios cayeron un tercio; para quienes contaban con un título de enseñanza superior, la pérdida de renta fue del 20%; para el 10% más pobre, la pérdida fue del 25%. La crisis económica se agravó por la política de austeridad y también por las medidas discrecionales contra algunos sectores de trabajadores o de población pobre (el gobierno de las derechas eliminó de la lista de ayudas a 400.000 personas que recibían la Renta Social de Inserción, una prestación para desempleados y mayores en situación de pobreza). El desempleo real superó el 20%. La miseria creció.

Con esa experiencia, cuando las izquierdas y el PS firmaron acuerdos para comprometer al nuevo gobierno a rechazar privatizaciones, a aumentar el salario mínimo en un 20%, a recuperar los salarios y las pensiones, a reducir el impuesto sobre la renta, a garantizar la gratuidad de todos los libros de texto y a bajar el coste de la enseñanza superior, a garantizar contratos estables para los trabajadores precarios o las 35 horas en la Administración, esas medidas fueron vistas como un alivio. Durante los últimos cuatro años, este programa ha supuesto una respuesta a la austeridad con amplio apoyo popular.

Sin embargo, el acuerdo de la jerigonza no incluía ni políticas europeas ni la gestión del sistema financiero y de la banca. Se dieron incluso momentos de fuertes discrepancias entre los socios, cuando el Gobierno decidió la venta de BANIF, un pequeño banco regional, al Santander; o cuando vendió un gran banco, el Novo Banco, al fondo estadounidense Apollo, en ambos casos con pérdidas millonarias para las cuentas públicas. Las discrepancias son importantes, porque manifiestan visiones enfrentadas sobre el lugar que debe tener el sector financiero en la vida económica portuguesa, una cuestión que ha sido ilustrada por sucesivos casos de fraudes y escándalos. Un repaso a la historia de este modelo de poder financiero permite conocer por qué este tema es tan esencial.