La privatización de la conciencia y la depredación y privatización del Estado son una constante en las pretensiones de las oligarquías y de las élites plutocráticas, cuando menos desde el siglo XX.
Para dichas élites no es suficiente la generación y concentración de la riqueza, sino el asumirse como líderes “naturales” incluso de la moralidad y de la política que circundan al capitalismo. No solo pretenden reivindicar un proyecto de capitalismo, sino un proyecto de civilización y ganar la partida en la construcción de sentido y en la lucha por el control del sentido y las significaciones. Es el caso de llamado “Manifiesto Palantir” publicado el pasado 18 de abril por la empresa estadounidense, líder en tecnología de defensa y seguridad.
Estas tentaciones de las élites logran expresarse en manifiestos futuristas y distópicos. Ya el 5 de febrero de 1909, el poeta e ideólogo fascista Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944) publicó el Manifiesto futurista –antecedente del llamado Manifiesto surrealista– como fundamento del llamado movimiento futurista. En ese manifiesto literario y artístico se exalta la violencia extrema y se arguye que la belleza solo se encuentra en la lucha agresiva y en la v violencia incendiaria, al tiempo que se glorifican el patriotismo, el militarismo y la guerra como mecanismo de higienización social. A su vez, Marinetti hace un halago a la velocidad, representada en aquel entonces por tecnologías como el vehículo automotor, el aeroplano, el barco de vapor y la locomotora. La violencia y el espíritu guerrero son referidos por los futuristas para revertir la decadencia de la civilización italiana. Sobre esas bases estéticas e intelectuales se alzó y legitimó el fascismo de Benito Mussolini.
El Technocracy Movement –gestado al calor de la Gran Depresión en los Estados Unidos y Canadá durante los años treinta del siglo pasado– también apeló a un hiperactivismo de ingenieros y científicos para hacerse con el gobierno y prescindir de los políticos y partidos políticos regidos por la ideología y procedimiento de la democracia representativa. Por encima de la emoción y de la deliberación proponían los líderes de este movimiento una compleja sociedad sujeta a la racionalidad y al productivismo.
En los albores del capitalismo industrial, empresarios como Henry Ford esbozaron la noción de “moral social” en el marco de la fusión de la administración científica de la producción y de la cadena de montaje para la producción en serie. Con el llamado “Departamento de Sociología” de la automotriz Ford, el empresario pretendió gobernar la vida y hábitos privados de sus empleados a través de mecanismos de control social que vigilasen el cumplimiento de normas morales en materia de higiene personal, ahorro, consumo de alcohol y apuestas, con miras a que fuesen evaluados para aspirar a un mejor salario.
Por su parte, Palantir Technologies Inc. retoma el libro titulado The technological republic: hard Power, soft belief, an the future of the west (https://shre.ink/77rf) escrito en el 2025 por su Director Ejecutivo Alexander C. Karp, y su asesor legal Nicholas W. Zamiska, en aras de difundir el llamado Manifiesto Palantir en la red sociodigital de X -anteriormente Twitter (https://shre.ink/77rQ).
Para poner en contexto es necesario plantear que Palantir no es una empresa cualquiera. Emergió como idea en el año 2003 como parte de las inversiones de un fondo de capital de riesgo asociado a agencias de inteligencia como la CIA llamado In-Q-Tel –cuyo fin oficial consiste en aprovechar las fortalezas del motor de innovación tecnológica de la iniciativa privada (https://shre.ink/73Vq). Los cofundadores de la corporación –Peter Thiel y Alexander Karp– se acercaron a este fondo de financiamiento público aprovechando el éxito de la startup PayPal en la identificación de fraudes a través de su software “Igor” –nombrado así por el principal defraudador de PayPal. Aunque In-Q-Tel no brindó el total del financiamiento inicial –a lo sumo dos millones de dólares– contribuyó a traer a otros inversores interesados en Palantir, al tiempo que agencias como el FBI miraron con buenos ojos esta tecnología de espionaje (https://shre.ink/73P1), abriendo con ello el poder de mercado de la corporación privada en cuestión. Palantir también extiende su negocio del Big Data y la inteligencia artificial a actividades privadas como la manufactura, la banca comercial, las finanzas, la logística, la energía y el sector salud.
De este modo, Palantir nació vinculada al militarismo del Pentágono –su mismo lema en la red X versa así: “Your software is the weapons system”–, a las agencias de inteligencia estadounidenses, y a la idea de que no es posible conjugar la libertad y la democracia –como quiera que sea entendida ésta última. Se trata de una corporación tecnológica que, dedicada a la defensa y a la seguridad mediante plataformas de integración y análisis de datos, alcanzo un amplio poder de mercado y una vasta influencia política ontológica al amparo de varios Estados, principalmente del norteamericano. Vinculada recientemente al ala republicana de Donald J. Trump, Palantir provee software como Army Vantage al ejército de los Estados Unidos. Se trata de un sistema operativo que unifica fuentes de datos dispares para hacer eficaces los procesos de toma de decisiones, la preparación para el combate y la eficiencia operativa del ejército (https://shre.ink/771j). En tanto que el software Maven, que recurre a la inteligencia artificial para captar objetivos de ataque, es empleado en la Operación Furia Épica –dirigida a invadir Irán desde el 28 de febrero de 2026– para proporcionar datos en los bombardeos emprendidos por los aviones militares.
Palantir es uno de los puntales de la denominada era del capitalismo de vigilancia (https://shre.ink/778i). Recurriendo a la inteligencia artificial y a las tecnologías de reconocimiento facial, afianza mecanismos de espionaje adoptados por los gobiernos. Especialmente, empleado por agencias públicas estadounidenses como la famosa ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) para facilitar la deportación de migrantes indocumentados; no menos importante es la recopilación y análisis de datos personales de ciudadanos por parte de la CIA y del Departamento de Seguridad Nacional (https://shre.ink/77kC y https://shre.ink/77k5). El software Gotham es recurrente en esas labores. Por su parte, durante la pandemia del Covid-19, gobiernos como los de Grecia y Países Bajos contrataron a Palantir la plataforma Foundry para el análisis de datos relacionados con el rastreo de la propagación del virus. Agencias policiacas de estados alemanes federados también recurren a los servicios de Palantir. Incluso está previsto que el gobierno federal de Alemania adopte legislaciones para crear perfiles biométricos con base en sistemas operativos que integran y analizan voces y rostros expuestos en las redes sociodigitales. En esas medidas probablemente participe en las licitaciones una corporación como Palantir.
Hasta aquí los alcances de una corporación digital como Palantir, ampliamente imbricada con las estructuras de poder del Estado norteamericano y, particularmente, con las estructuras de seguridad de esa nación, en lo que es un ejercicio de depredación y vaciamiento del Estado desde la iniciativa privada con el consentimiento de las élites civiles y militares del Gobierno. Por un lado, una corporación como Palantir se inaugura, sobrevive y se expande a partir del financiamiento público directo vía inversiones de fomento de la iniciativa privada; y, por otro, al controlar el diseño, el servicio y lo provisión del sistema operativo contratado por los Estados, está controlando información sensible de los ciudadanos, así como segmentos de los procesos de las decisiones públicas y de las estrategias gubernamentales. En última instancia, estas tecnoaristocracias apuestan a capturar al Estado desde dentro y a partir del software, el Big Data y la inteligencia artificial desplegar su poder e ideología posliberal para contribuir a esa era del capitalismo de vigilancia.
Retornando al llamado “Manifiesto Palantir” (https://shre.ink/77rQ) difundido en la plataforma X el pasado 18 de abril: se trata de una especie de comunicado oficial de dicha corporación, que a su vez sintetiza el libro de Karp y Zaminska en torno a la “república tecnológica”. Se trata de 22 postulados que, entre varios temas abordados, enfatizan en la crisis de la civilización occidental encarnada en los Estados Unidos a partir de pautas como las siguientes: los técnicos e ingenieros del Silicon Valley tienen una deuda moral con el país, por tanto están obligados a intervenir en la “defensa de la nación norteamericana”; ampliar el servicio militar para que sea obligatorio en la Unión Americana; rearmar a Japón y a Alemania para guardar los equilibrios geopolíticos mundiales; transitar de la disuasión atómica a la disuasión a partir de la inteligencia artificial –lo cual remite a quién la produce y para qué la produce como arma de guerra–; la intervención del mismo Silicon Valley en la lucha contra la violencia criminal a través de tecnologías que contribuyan a la represión, los arrestos y la vigilancia masiva; fortalecer las alianzas entre las corporaciones tecnológicas y las agencias militares; reconocer el carácter ineficaz de la burocracia del Estado, y la necesidad de su achicamiento; mas que abogar por la paz mundial y la desaparición del enemigo, abogar por el conflicto permanente; y el diálogo consensuado y sin conflicto ayudaría a neutralizar la vida social.
Palantir, inspirada en el patriotismo, ofrece una ideología tecnopolítica sobre lo que debe ser el gobierno bajo la premisa de que la seguridad nacional se encuentra por encima de todo. Esta ideología securitaria hace de la innovación tecnológica el eje cardinal del poder del Estado. Su estrategia corporativa consiste en estrechar contratos iniciales –no muy significativos en lo financiero– con los Estados para incursionar en sus organizaciones policiacas y/o militares (lo que los ejecutivos llaman como “land and expand”), para posteriormente generar una dependencia técnica y de personal cualificado cuando sus ingenieros se arraigan en esas agencias públicas e implantan no solo un know how y una arquitectura tecnológica, sino también una ontología en la integración y análisis de datos (el llamado “vendor lock-in”) (https://shre.ink/77pZ, https://shre.ink/77pq https://shre.ink/77pt). Aunque las élites de Palantir se cuidan de subvertir el orden institucional de los Estados Unidos, su “república tecnológica” aspira a reconfigurar las estructuras de poder norteamericanas de cara a las nuevas confrontaciones geopolíticas y a los desafíos de la digitalización de las sociedades contemporáneas. En esa lógica, la noción de monopolio tecnológico desregulado es fundamental.
La apuesta de la tecnoaristocracia de Silicon Valley radica en impulsar cambios profundos en el Estado y en las instituciones liberales para tornarlos en apéndices de la infraestructura y estructura digital, hasta socavar su soberanía y su cercanía con los procesos de democratización incluso en su aspecto formal y liberal restringido a la representación. La ideología tecno-política de Palantir evidencia una preocupación por el ocaso de occidente y los valores progresistas y meritocráticos encarnados en la sociedad estadounidense. De ahí que cuestione que el correo electrónico sea lo único gratuito del progreso tecnológico alcanzado; y arguye que dicha civilización solo será sostenida y legitimada con el crecimiento económico y la seguridad del ciudadano. Por lo que el sostenimiento de esa civilización no solo será un asunto moral, sino uno relacionado con la expansión del software controlado por una élite tecnológica autoasignada para esa labor y gozosa de condiciones monopólicas desreguladas. De ahí también la fascinación de Palantir por una lucha ínterimperialista con China, donde sería crucial producir con celeridad armamento y software para contar con superioridad estratégica de la acción militar estadounidense en otros territorios.
A su vez, Peter Thiel –cofundador de Palantir– recurrentemente acude a la metáfora del anticristo para remitir a las regulaciones estatales que recaen sobre las innovaciones tecnológicas, y la imperiosa necesidad de acelerar dicho progreso tecnológico aplicado a la industria militar. A su vez, el Manifiesto reconoce que la pax americana se fundamentó en la hegemonía de esa nación y se afianzó con las inversiones en la industria militar.
En todo momento, el “Manifiesto Palantir” reivindica a la élite tecnológica como legítima para gobernar al mundo contemporáneo, más allá de su función de crear riqueza. Esta tecnoaristocracia, lo mismo que las élites políticas, se arguye en el comunicado, precisan de discrecionalidad y opacidad, mientras que los ciudadanos de a píe se mostrarían transparentes y sujetos a la vigilancia y escrutinio. De ahí también la relevancia del excepcionalismo norteamericano caucásico que subyace en el texto y que señala que unas culturas gestan resultados maravillosos y otras resultados mediocres, y que opone la unidad cultural al pluralismo cultural considerado como vacío.
Cierto es que el liberalismo emanado de la modernidad europea desde el siglo XVIII, dejó de crear sentido en las sociedades en aras de una reconfiguración del poder global. Pero de allí a deshacernos en su totalidad de ese proyecto civilizatorio, existe un amplio trecho que la tecnoaristocracia está dispuesta a recorrer acelerando los procesos de decadencia de Occidente y del conjunto de sus instituciones –como por ejemplo el carácter obsoleto que la misma Palantir atribuye a las universidades (https://shre.ink/77Dr). Se pretende que la velocidad vertiginosa –la aceleración en el corto plazo– del cambio tecnológico se imponga a la construcción de sentido y de propósitos desde las instituciones. Si bien existe la proclividad de estas élites tecnológicas hacia el socavamiento y depredación del Estado, éste no será erosionado del todo, sino refuncionalizado en sus pilares fundamentales como parte de un proceso de amplia fusión del Estado con las corporaciones digitales donde privará un tecnopoder militarizado. Ello será parte de la disputa geopolítica, cosmogónica y civilizatoria lo largo del siglo XXI. Lo de menos es calificar a Palantir –tal como lo hacen varios críticos– de una muestra de “tecnofascismo”, sino que es relevante comprenderlo como un proyecto (des)civilizatorio que pretende concentrar el poder y la riqueza más allá de las instituciones liberales, en el marco de un profundo cambio de ciclo histórico iniciado lustros atrás y que supone la privatización del Estado.
Que la corporación Palantir exprese abiertamente su ideología tecnopolítica, nos retira del imaginario social dado por las narrativas de la conspiración y con ello se transparentan –en un afán de “fuera máscaras”– las pretensiones de las élites en los propósitos para construir poder, dominación y control. Desentrañar las significaciones de esa ideología tecnopolítica es una obligación de quienes ejerzan el pensamiento crítico, en aras de comprender la geopolítica y la geoeconomía del capitalismo contemporáneo, y que confronta proyectos de civilización diferenciados.
Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos” Twitter: @isaacepunam


