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Sobre el cantante cubano Bola de Nieve

La vie en Bola

Fuentes: La Jiribilla

Sus guardianes espirituales y los médicos le advirtieron: «Be careful, it´s your heart», pero Ignacio Villa se fue a México en octubre de 1971 y regresó sin latidos a su natal Guanabacoa. Allí, en el cementerio, tres días después de su muerte y ante una tumba demasiado sencilla para su fama, el pueblo lo lloró […]

Sus guardianes espirituales y los médicos le advirtieron: «Be careful, it´s your heart», pero Ignacio Villa se fue a México en octubre de 1971 y regresó sin latidos a su natal Guanabacoa. Allí, en el cementerio, tres días después de su muerte y ante una tumba demasiado sencilla para su fama, el pueblo lo lloró como lloró al Beny. Y después, como suele ocurrir solo con pocos músicos en una isla de músicos, el nicho de Bola ha seguido recibiendo flores y cantos, visitas de sus hermanos de religión y de sus hermanos artistas.

Bola no tuvo que esperar a que se cumplieran este 2011 su centenario y los 40 años de su muerte para que fuera reconocido como un genio de la canción y el piano en Cuba. Lo dijo en estas mismas páginas el poeta Sigfredo Ariel: aquí todo el mundo lo adora. Todo el mundo sabe que parecía más una bola de cacao con un pedazo de luna menguada como sonrisa; que de niño se encaramaba en la reja de un vecino para escuchar el piano; que tocaba en los cines para las películas silentes; que viajó y peleó con la celosa Rita Montaner; que fue admirado y acogido por Lecuona; que tuvo a Ester Borja como colega y amiga; que dio vueltas por el mundo cantando con idiomas mezclados; que vestía de gentleman y tenía un piano y un amor en el restaurante Monseigneur de La Habana.

El gordo y bueno del Bola irrumpió, negro y ronco como era, en los espacios selectos de la televisión, la radio y el ambiente cultural de la Isla. Con sus «cancioncitas baratas que han gustado» y como «vendedor de ciruelas sentado al piano» 1 propinó varios puntapiés a las convenciones. Y la gente lo quiso por eso, por atrevido, por sincero, por libre y sobre todo por feliz, aunque le pidieron siempre que cantara los temas más tristes de su repertorio.

Es lógico que en un cumpleaños tan señalado como el de este septiembre, Cuba le rindiera honores a Bola y lo sacara del piano de 21 y O para seguir aplaudiéndolo como si no hubiese dejado de actuar después de aquella noche final de agosto en el Teatro Auditórium. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) concibió una jornada de un mes para evocarlo en exposiciones, conciertos, charlas y presentaciones fílmicas y teatrales, que comenzaron con la reposición de Monseñor Bola, el último espectáculo estrenado por el fallecido dramaturgo Héctor Quintero.

La música que interpretaba Ignacio Villa ha sido retomada en estos días por artistas como Omara Portuondo, Miriam Ramos, Luis Carbonell, Rolando Luna y Harold López-Nussa. Los recitales han tenido lugar en la sala Villena de la UNEAC, el Museo de la Música y el Teatro de Bellas Artes. En esta tercera sala, organizó un concierto también el pianista Nelson Camacho, quien desde hace años actúa en la media luz del restaurante bautizado una vez como Chez Bola.

El artista Santos Toledo quiso que el hijo de mamá Inés fuera el protagonista de su más reciente serie de carteles, trabajados a partir de tecnologías digitales. El Instituto Cubano del Libro volvió a editar el volumen biográfico de Ramón Fajardo, prologado por el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González. La compañía Retazos experimentó una nueva línea de proyección escénica con Tú no sospechas, una selección coreográfica que recrea las canciones más conocidas de Bola de Nieve.

Este 5 de octubre, como todos los años, la tumba de Bola se rodeó de amigos, artistas y admiradores. Ese día se supo que el pianista volverá a aparecer en Guanabacoa de manos del escultor Félix Madrigal -quien va a dedicarle una pieza en fibra de vidrio- y que su música entera podrá escucharse pronto en todas las bibliotecas públicas del país.

Ignacio Bola Villa de Nieve vive todavía en Cuba aunque no pueda encontrársele ya más en el apartamento del Vedado sobre el Club Barbaram o en las casas grandes de Guanabacoa. Entre todos los recodos donde ha dejado alguna pista, lo mejor, en estos días, es buscarlo Por el monte Carulé, en una sala oscura, entre títeres y retablos danzantes guiados por el sagaz e impresionantemente parecido Rubén Darío Salazar de Las Estaciones.

Nota:

1- Así se veía Bola de Nieve frente a su obra.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2011/n544_10/544_22.html