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Crack bursátil, bancarrota intelectual

Los descalificados

Fuentes: Le Monde Diplomatique

En la lista de las víctimas colaterales del naufragio financiero figuran los economistas, pensadores y periodistas que difunden la buena palabra a través de la prensa. El autor de este artículo expone a los impostores intelectuales franceses, pero no hace falta más que cambiar unos nombres para ver reflejada la realidad vernácula.

Si fuera la atracción de un parque de diversiones, para hacer venir a los intelectuales, se la podría llamar «el trombinoscopio (1) giratorio» -y para los más pequeños «la calesita de los burros». En la televisión, en la radio, en la prensa escrita, ¿a quién se recurre para comentar el derrumbe del capitalismo financiero? ¡A los mismos de siempre, sin duda! Todos, los expertos, los editorialistas y los políticos que nos han dado la lata durante dos décadas cantando loas al sistema en vías de desplomarse: allí están, fieles en su puesto, y su alegre danza no muestra ningún signo de agotamiento. A lo sumo se dividen entre aquellos que, sin el menor escrúpulo, cambiaron de camiseta, y aquellos que, aunque algo golpeados por el shock tratan, sin embargo, de proseguir como pueden su camino en la defensa de lo indefendible en medio de las ruinas.

Entre estos últimos, Nicolas Baverez (abogado, economista e historiador liberal) está visiblemente atontado y busca su camino entre los escombros. El efecto del shock debió ser violento, porque sus dichos están hechos puré: «La globalización sigue teniendo aspectos positivos» (2), sostiene contra viento y marea, no sin hacer pensar en el fallecido Georges Marchais (ex secretario del Partido Comunista). Sin embargo -suelta con un suspiro- está claro que es «el capitalismo globalizado el que ha entrado en crisis» (3), y que «la autorregulación de los mercados es un mito» (4). Lo que no le impide afirmar: «El liberalismo es el remedio para la crisis» (5). Ahora bien, ¿qué es el liberalismo sino la forma de organización económica deducida del postulado de la autorregulación de los mercados? Quizá, pero Bavarez ha decidido que no retrocederá ni un paso más en ese tema y que habrá que conformarse con las complejidades de su pensamiento: «El liberalismo por lo tanto no es la causa de la crisis», aunque por la autorregulación interpuesta sea el problema… del cual es, sin embargo, «la solución» (6). Que lo entienda quien pueda…

Otros están menos desconcertados y hacen saber con más facilidad que, si bien los tiempos han cambiado, ellos también están dispuestos a hacer otro tanto. «Esta burbuja ideológica, la religión del mercado todopoderoso, tiene grandes parecidos con lo que fue la ideología del comunismo (…). La apisonadora ideológica liberal ha barrido todo a su paso. Una gran cantidad de jefes de empresa, universitarios, editorialistas y dirigentes políticos sólo juraban por el soberano mercado» (7).

Aquel que, como la bella durmiente del bosque, se haya dormido antes del verano (boreal) para despertarse hoy y leer estas líneas, sin duda creería tener que vérselas una vez más con esos habituales pesados de Attac o de L’Humanité (diario del Partido Comunista, fundado por el socialista Jean Jaurès). Sin embargo es Favilla, el editorialista oculto de Les Echos (diario económico liberal), quien libera finalmente toda esa cólera contenida desde hace tantos años. Porque aunque no se sepa mucho, Les Echos está en lucha: hay demasiadas injusticias, demasiadas censuras, demasiadas imposturas intelectuales. Tal vez se haya acallado a la propia «verdad»: «Toda voz disonante, aunque tímidamente socialdemócrata, al recordar las virtudes de un mínimo de regulación pública, pasaba por alguien rescatado de Jurassic Park. Y he aquí que de pronto la verdad aparece. La autorregulación del mercado es un mito ideológico». Proyectando las tendencias actuales, se podría anticipar desde ahora que un sonoro «¡esto tiene que reventar!» pronto dará su título a un próximo editorial de un Favilla desatado.

Profetas diplomados

Decididamente, a Blancanieves le costaría reconocer a sus enanos. Laurent Joffrin (un destacado periodista), que hasta hace algunos meses ayudaba al alcalde de París Bertrand Delanoë a gritar su amor por el liberalismo, y fustigaba a «la izquierda torpe» (8), esa que no comprendió las ventajas del mercado, que visiblemente comió la manzana envenenada -de hecho la misma que Favilla-: «Desde hace más de una década, los talibanes del divino mercado financiero han rechazado todas las advertencias, despreciado a todos los contradictores y repudiado todo intento de regulación» (9). Nos habíamos quedado en el momento en que los talibanes hacían causa común con los críticos de la globalización. ¿Puede ser que los enturbantados hayan cambiado tan brutalmente de bando, en realidad desde hace tanto tiempo, y sin que ni siquiera nos diéramos cuenta?

En su descargo, digamos que esos pobres editorialistas no hacían más que balbucear lo que les habían machacado durante tantos años sus expertos profesores. Ahora bien, por este lado, la hecatombe también es impresionante. Elie Cohen (director de investigación en el CNRS), que ha puesto mucho de sí para advertir sobre la espantosa aberración de la intervención pública, y que ha apoyado la privatización de todo lo que había para privatizar, ahora opina que se debe nacionalizar; ¡imaginen su cara si se le hubiera presentado esa idea hace dos meses! Qué lejana parece la época en que todavía instaba a los socialistas a romper con el «discurso de ultra izquierda basado en la negación de la realidad» (10) y lamentaba mucho que se hubieran «convertido en altermundistas por miedo a una globalización que no comprendían, y en la cual no veían más que las manifestaciones de multinacionales sedientas de ganancias, las desviaciones de unas finanzas desenfrenadas y las inequidades de una regulación al servicio de los poderosos».

Ninguna de estas palabras impresiona por su lucidez porque, como todos saben, no solamente el Partido Socialista es una guarida de altermundistas, sino que, efectivamente, es necesario no entender nada de la globalización para dar de ella un retrato que la realidad invalida cada día más. Es cierto que en materia de «realidad», Cohen es un experto: «En algunas semanas, el mercado se reconstruirá y los negocios volverán a ser como antes», escribió el 17 de agosto de 2007 (11), antes de brindarnos su filosofía (casi) definitiva sobre las crisis financieras: «Hay que acostumbrarse a la idea de que estas crisis no constituyen cataclismos sino métodos de regulación de una economía mundial que verdaderamente no llegamos a encuadrar mediante leyes o políticas» (12).

Algunas personas malintencionadas podrían tal vez sugerir que Cohen no es precisamente el arquetipo del economista académico y que, dado el tiempo que pasa en los estudios de televisión, cabe preguntarse si alguna vez habrá podido hacer algún aporte a alguna ciencia que no sea la de su propia notoriedad. Sin siquiera zanjar sobre el fondo de esta espinosa cuestión, digamos enseguida que hay algo muy injusto en esa insinuación, porque los economistas mejor certificados hacen el mismo papel que él en el tema que nos ocupa. David Thesmar y Augustin Landier lo expresaron formalmente en el verano (boreal) de 2007: con el título profético «Le mégakrach n’aura pas lieu» («El mega crash no tendrá lugar») (13), el mejor joven economista de Francia (premio 2007 del Círculo de los Economistas, que sabe reconocer a los suyos) y su acólito, no dejan lugar a dudas: «Digámoslo claramente: (la corrección) será limitada y sobre todo sin efectos sobre la economía real». La verdad es que fue dicho bastante claramente y, además, termina de la misma manera: «El peligro de una explosión financiera y, por lo tanto, la necesidad de regulaciones, tal vez no sea tan grande como se piensa».

Sin embargo, hay algo mejor que los clarividentes: existen los profetas. «En el informe que le solicitó el Elíseo, el economista prevenía ya los peligros de la especulación financiera». Con este homenaje a las capacidades extralúcidas de Jacques Attali y su famoso informe, se abre la doble página que firma Renaud Dély, ofrecida por Marianne (¿por descuido?) a uno de los productos mediáticos más célebre de Francia. Pero, ¿habrá leído Dély aunque sea una sola línea del informe que alaba? La pregunta tiene razón de ser porque, hay que decirlo, el informe Attali no sólo no incluye la menor observación seria en cuanto a los peligros de la desregulación financiera, sino que es principalmente una larga oda a los prodigios de los mercados de capitales, y una exhortación a unirse a ellos de manera aun más completa.

Desde la página 7 se indica el modelo exitoso, para que Francia lo imite: es el Reino Unido, que «ha emprendido de manera duradera la valorización de su industria financiera». ¿No es acaso una idea cuya excelencia la ubica en la categoría de profética? Así, hay «revoluciones que no pueden dejar de hacerse», la de los «sectores estratégicos» (p. 54), entre ellos «las finanzas» (id.). Por eso «convertir a París en una plaza financiera importante» es el «objetivo» que preside al cachetazo de las propuestas 96 a 104.

Decisión 97: «Armonizar las regulaciones financieras y bursátiles con las que se aplican en el Reino Unido para no penalizar a los actores europeos con relación a sus competidores internacionales». Decisión 101: «Multiplicar las iniciativas comunes entre la educación superior y las instituciones financieras para el financiamiento de cátedras dedicadas a investigaciones sobre la modelización financiera», porque si la universidad va a quedar librada al deterioro del presupuesto público, nada será demasiado bueno para la formación de las futuras elites de la clase parasitaria. Y para el final, la decisión 103, la mejor: «Modificar la composición de las comisiones y de los cuerpos de reguladores, para que los campeones de las finanzas puedan expresarse e influenciar la posición del Haut Comité de Place (HCP, Alto Comité de la plaza financiera)».

A esta altura, uno sueña con entrevistar al entrevistador: «Al 10 de octubre de 2008, ¿qué efecto le produce la expresión ‘campeones de las finanzas’ y, más aun, la idea de confiarles la regulación de los mercados? ¿Piensa usted que el autor de este tipo de propuestas, que fueron formuladas después de seis meses de crisis financiera abierta (14), entra más bien en la categoría de los profetas o en la de los pedantes? ¿Piensa usted persistir en el periodismo o considera una reconversión hacia el micro-crédito?»

Sin duda habrá que darle algún tiempo a Dély para madurar su respuesta y también para degustar el final del informe, que es tan sabroso como el comienzo, ya que la decisión 305 pone las cosas en claro al sugerir «reorientar masivamente el régimen fiscal de los seguros de vida y del Plan de Ahorro en Acciones hacia un ahorro de largo plazo con inversiones en acciones (para conectarlo con los fondos de pensión)». Y aquí estamos. No se sabe demasiado bien si Jacques Attali previó todo lo relativo a la crisis con algún método distinto al de la alucinación retrospectiva, pero, en cualquier caso, en enero de 2008 era de la opinión de impulsar todo el ahorro de los franceses hacia los mercados financieros; ¿puede ser que se trate de los mismos mercados a los que se refiere en la televisión como un «tsunami»?

El informe Attali aboga abiertamente por el traspaso a la capitalización -«el crecimiento de la importancia del ahorro para la jubilación individual o colectiva es, entonces, necesario» (p. 213)- en el preciso momento en que los hogares estadounidenses, a causa de la crisis, ven cómo sus pensiones se esfuman y cuando el extremo desamparo en que se encuentran los ha obligado ya a extraer dinero de las cuentas de su jubilación. Qué original sentido de la historia, empujar hacia la capitalización en un momento en que no habrá que esperar mucho para ver aparecer en las veredas de las ciudades estadounidenses a los primeros viejos miserables.

Y como el mensaje de ese informe consiste en someter a toda la sociedad francesa a la lógica de las finanzas, que demuestran tan espectacularmente sus virtudes, no olvidemos mencionar la decisión 22, dirigida a hacer crecer la importancia del papel de las fundaciones privadas en el financiamiento de las universidades junto con, puede sospecharse, una retracción equivalente del financiamiento público. ¿Pero cómo funcionan exactamente estas fundaciones? Colocan sus capitales en los mercados y viven durante el año con «los pequeños» (los intereses). En las condiciones de derrumbe de todos los sectores de las finanzas, que el profeta anticipó hace mucho, podría ocurrir que las universidades estadounidenses deban prepararse para algunos años de agua con pan seco. ¿Ése es el modelo que debemos imitar absolutamente?

Finalmente, ¿quién se preocupa de todo esto? Las veletas giran como locas pero nada lo impide. Con escasísimas excepciones, toda esas personas que enumera Favilla en su editorial, a los cuales, con rara lucidez, denomina «jefes de empresa, universitarios, editorialistas, dirigentes políticos», han organizado sus debates entre ellos y sin que se inmiscuya la más mínima contradicción seria. En estas condiciones, haría falta mucha ingenuidad para sorprenderse de que en ninguna parte del sistema haya la menor fuerza de advertencia, ni siquiera un comienzo de regulación de la decencia, tampoco la más pequeña posibilidad de sanción para tan formidables contradicciones, ni de ridículo para tan gigantescas bufonadas, desde el momento en que todos están convencidos y, con toda lógica, eligen absolverse colectivamente.

Y sin embargo, de manera contradictoria, habiendo dicho eso de que la lucidez se impone de todas maneras, se requiere mucha temperancia para no asombrarse por el estado de esa cosa tan degradada que ellos persisten, sin duda por una ironía involuntaria, en denominar «la democracia», y para resistir al violento impulso de preguntarles lo que la dignidad les indicaría, si tuvieran dos centavos: tomarse vacaciones. Y tal vez incluso desaparecer.

NOTAS:

1 Directorio que agrupa a los empleados de una empresa, o a los alumnos de una escuela, con su nombre, su foto y la descripción de su función (N. de la T.).

2 Marianne, París, 4/10-10-08.

3 Ibid.

4 Le Monde, París, 14-10-08.

5 Ibid.

6 Ibid.

7 Les Echos, París, 7-10-08.

8 Laurent Joffrin, La gauche bécassine, Éditions Robert Laffont, París, 2007.

9 Libération, París, 24-9-08.

10 «Lettre ouverte aux socialistes», L’Hebdo des socialistes, París, 12-9-07: http://hebdo.part-socialiste.fr/2007/09/12/890

11 Le Monde, 17-8-07.

12 Nouvelobs.com, 13-8-07.

13 Les Echos, 27-7-07.

14 La crisis es evidente desde el mes de abril de 2007, y el informe Attali se publicó en enero de 2008.

Frédéric Lordon. Economista, autor de Jusqu’à quand ? Pour en finir avec les crises financières, Raisons d’agir, París, 2008.

Traducción: Lucía Vera

 

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