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¿Maduro un dictador?

Fuentes: Rebelión [Foto: Maduro vota en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2020]

Traducido del neerlandés por el autor

¿Es Nicolás Maduro un dictador despiadado o el guardián de una fortaleza sitiada? En un país desgarrado por las sanciones y una «guerra electoral», la realidad es más compleja de lo que sugieren los titulares de la prensa occidental.

Nicolás Maduro Moros (1962) proviene de una familia obrera y se formó en el movimiento sindical. Trabajó como conductor de autobús en el sistema de metro de la capital, Caracas, y llegó a ser un destacado activista gremial.

Dentro del proyecto chavista liderado por el presidente Hugo Chávez, hizo carrera como diputado, ministro de Relaciones Exteriores (2006-2012) y, a partir de octubre de 2012, vicepresidente. Cuando un Chávez convaleciente lo señaló en diciembre de 2012 como su sucesor, lo hizo con un mensaje claro: Maduro era el hombre capaz de salvaguardar la unidad del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y las conquistas sociales.

Una herencia pesadísima

Sin embargo, Maduro heredó una tarea titánica. Mientras que Chávez pudo contar con un carisma casi mítico y precios del petróleo en niveles récord, Maduro tuvo que dirigir el país en una época de escasez y de una agresión externa e interna sin precedentes.

La presidencia de Maduro está inseparablemente ligada a la «guerra híbrida» desatada por los Estados Unidos. Mientras los medios internacionales se centraban en su supuesta falta de carisma en comparación con su predecesor, Maduro construyó una estrategia de supervivencia nacional contra un asfixiante régimen de sanciones impuesto por Washington.

Las medidas coercitivas unilaterales, que bloquearon los ingresos petroleros vitales, tenían como objetivo explícito hacer implosionar la economía venezolana y empujar a la población a la rebelión. Según un informe del CEPRi en el que colaboró Jeffrey Sachs, las sanciones económicas causaron aproximadamente 40.000 muertes adicionales en Venezuela entre 2017 y 2018.

Como consecuencia del estado de emergencia económica y la polarización interna, más de 7 millones de venezolanos abandonaron el país. El resultado fue una enorme fuga de cerebros que socavó aún más la economía.

Maduro no solo tuvo que resistir la presión económica. Durante su mandato Venezuela enfrentó intentos de golpe de Estado patrocinados por EE. UU., como la fallida «Operación Gedeón»ii y el gobierno en la sombra de Juan Guaidó,iii impulsado por Washington.

Y luego está la polarización. Durante años la brecha entre ricos y pobres fue abismal. Chávez y Maduro intentaron reducirla, lo que les valió un amplio apoyo en los sectores populares. En las clases más pudientes ocurrió lo contrario: allí la resistencia fue, y sigue siendo, muy férrea.

Esto también se refleja en los medios de comunicación. Como en otros lugares de América Latina, los medios comerciales están en manos de grandes grupos económicos que mantienen una línea virulentamente antimadurista. En los medios públicos, por el contrario, se escucha el discurso opuesto.

Los medios comerciales tienen un impacto masivo en la sociedad venezolana. Aproximadamente el 70% de las emisoras de radio y televisión son de propiedad privada; solo una pequeña minoría pertenece directamente al Estado.

El rumbo de Maduro

A pesar de la polarización, los intentos de desestabilización y la manipulación del proceso político por parte de EE. UU., Maduro logró preservar la unidad dentro de las fuerzas armadas y del PSUV.

Durante su mandato,+ realizó grandes esfuerzos para fortalecer la sociedad civil. Las llamadas «comunas»iv recibieron poder de decisión y autonomía para la organización de los barrios locales. Pese a la hiperinflación, Maduro ha logrado mantener los programas sociales (Misiones)v en versiones adaptadas a la crisis.

También se crearon “milicianos”y “colectivos”. Se trata de milicias ciudadanas destinadas principalmente a poder resistir una eventual intervención extranjera o disturbios organizados internos. En total se trata de aproximadamente 4 millones de venezolanos.

Se puede decir mucho de estas milicias, pero en cualquier caso han hecho que Venezuela, tras el secuestro de Maduro, no haya caído en una guerra civil, como ocurrió tras la intervención militar en Libia en 2011.

En los últimos años la economía venezolana ha vuelto a repuntar y muchos venezolanos están regresando al país. Esto explica, en parte, por qué Maduro ganó las elecciones en 2024 (véase más adelante).

En el plano exterior Maduro siguió la senda antiimperialista de Hugo Chávez. Bajo su liderazgo Venezuela funcionó como motor de la integración latinoamericana con el objetivo de plantar cara a décadas de injerencia estadounidense.

Al forjar alianzas estratégicas con países como China, Rusia e Irán, Maduro ha desafiado la hegemonía de Washington. Este rumbo hacia un mundo multilateral – donde América Latina y Venezuela dejen de ser el «patio trasero» de EE. UU. – convirtió al país, sumado a sus reservas petroleras, en el principal objetivo de la agresión estadounidense.

Derechos humanos

Los críticos reprochan a Maduro derivas autoritarias y elecciones controvertidas. Sobre ambos temas hay mucho que decir, pero para obtener una imagen fiel es necesario analizar el contexto y tener en cuenta el sesgo informativo sobre el país.

Ante todo, hablamos de un país sitiado que ha tenido que procesar varios intentos de golpe y desestabilizaciones. Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, ya advertía en el siglo XVI que cualquier disidente en una fortaleza sitiada es visto rápidamente como un traidor.

Además, debido a la brecha social, América Latina es el continente con mayor índice de violencia política. En una Venezuela polarizada, esa violencia se agudiza. Durante los bloqueos de calles («guarimbas») en 2013, decenas de policías y civiles murieron por acciones de la oposición. Un escenario similar se repitió tras casi cada proceso electoral.

En un contexto tan violento los límites del mantenimiento del orden se sobrepasan con facilidad. Esto no es justificable, pero desde nuestra posición segura conviene un poco de modestia analítica.

Asimismo, debemos ser cautelosos con las informaciones sobre represión. Un informe de la ONU de 2017 fue especialmente crítico con el gobierno y habló de violaciones flagrantes e incluso de ejecuciones.

Sin embargo, el jurista internacional y experto independiente de la ONU, Alfred de Zayas, descalificó dicho informe y calificó al equipo redactor de «poco profesional, muy ideológico, neoconservador y contrario a priori a la Revolución Bolivariana».

Según De Zayas, el informe se basaba en fuentes poco fiables e ignoraba la información gubernamental sobre las víctimas de los disturbios callejeros. Un informe de la ONU a veces revela más sobre las relaciones de poder dentro del organismo que sobre la situación real en el terreno.

Los medios comerciales ignoraron estas críticas y difundieron ampliamente las acusaciones originales por conveniencia ideológica. Es de este tipo de información sesgada de la que depende el ciudadano medio; por tanto, la vigilancia crítica es necesaria.

Democracia

La segunda acusación principal se refiere a la falta de democracia. Aquí también el contexto es vital. Desde que Chávez ganó en 1998 EE. UU. ha hecho lo posible por inclinar los procesos electorales a su favor. No es exagerado hablar de una «guerra electoral».

Los candidatos de derecha han recibido asesoramiento y financiación. Encuestadoras dudosas organizaron sondeos a boca de urna que invariablemente daban resultados desfavorables a la izquierda. Se instó a la oposición a infiltrarse en el consejo electoral.

Para las presidenciales de 2024, se elaboró un escenario detallado para manipular la percepción de los comicios, incluidos sabotajes y un «recuento propio» para generar disturbios posteriores. Partes de este plan fueron publicadas de antemano por expertos en guerra psicológica.

Washington declaró anticipadamente que solo aceptaría la victoria del candidato de la derecha. Según los resultados oficiales, Maduro obtuvo el 52% frente al 43% de la oposición. No obstante, la oposición reclamó una victoria del 69% frente al 30% de Maduro.

La mayoría de los medios internacionales adoptaron la versión opositora y de EE.UU. Sin embargo, diversas encuestas recientes sugieren que la oposición no goza de un apoyo tan masivo.

En un sondeo de octubre el 91% de los venezolanos manifestó una opinión desfavorable sobre María Corina Machado, figura emblemática de la oposición; otro sondeo confirmó esta tendencia en diciembre. Además, el 80% considera una «farsa» el Premio Nobel de la Paz concedido a Machado. Incluso Donald Trump ha indicado que ella carece del respeto interno necesario para ser una líder creíble.

Desde que Maduro asumió en 2013 se han celebrado 12 elecciones y un referéndum. Es una cifra notable para un «dictador». Cabe preguntarse hasta qué punto es útil es convocar elecciones bajo una guerra electoral y cómo puede un sistema protegerse de hostilidades externas sin socavar su esencia democrática.

En cualquier caso, quien tacha a Maduro simplemente de «dictador» ignora la compleja realidad de la guerra híbrida y la polarización extrema. Esto no exime al gobierno de Caracas de sus responsabilidades, pero exige una mirada equilibrada sobre una democracia bajo asedio, en lugar de conformarse con caricaturas simplistas.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/01/07/maduro-een-dictator

Notas:

i CEPR: El Center for Economic and Policy Research es un centro de pensamiento independiente en Washington D.C. (fundado en 1999) que analiza políticas económicas y sociales.

ii Operación Gedeón: Incursión armada fallida (mayo de 2020) en la que disidentes venezolanos, asistidos por la empresa privada estadounidense Silvercorp USA, intentaron desembarcar para derrocar a Maduro. Fue neutralizada rápidamente por las fuerzas de seguridad.

iii Juan Guaidó: Político opositor que en 2019 se proclamó «presidente interino» alegando la ilegitimidad de la reelección de Maduro. Fue reconocido por países occidentales, pero su estrategia perdió fuerza y la propia oposición disolvió su «gobierno» a finales de 2022.

iv Comunas: Estructuras locales de autogobierno donde los habitantes deciden sobre proyectos, servicios y producción social en sus barrios.

v Misiones: Programas sociales que abarcan desde atención sanitaria de barrio y alfabetización hasta vivienda social y mercados de alimentos subvencionados.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.