El secreto del volcán, proyecto autobiográfico de Mahoalli Nassourou, es una de las 19 propuestas favorecidas por la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes, organizada por el Instituto Mexicano del Cine.
Este cortometraje “híbrido”, es decir, “documental-ficción”, equivale a un “camino largo” en la medida que “desentierra no sólo secretos familiares, sino también las fracturas raciales e identitarias que habitan en cuerpos racializados”, asegura la actriz, performer e investigadora. Son “muchas cosas que reconstruir, rememorar y acomodar emocionalmente, por así decirlo”, precisa la hija de camerunés y mexicana de origen francés. “A pesar de trabajar este proyecto desde hace tiempo, he tardado en darle la forma que quiero”.
–¿Cuál es el secreto del volcán?
–Esto es lo que vamos a descubrir –contesta la realizadora–. Esta es la historia de una niña migrante, que al final es mexicana con raíces africanas. Es la búsqueda de su identidad a partir de una serie de secretos familiares, luego es una confrontación con las estructuras del cuerpo racializado, es decir, cómo se enfrenta a ser discriminada en ciertos contextos. Es la travesía de esta niña que está en el proceso de desenterrar muchos secretos que marcaron su vida y conforman su identidad como niña-mujer afro. Es un cruce entre historias de Camerún, México y Francia.
“También plantea los tabús familiares. Por ejemplo, cómo es vivir en la Ciudad de México en un contexto de los años 80 y 90 del siglo pasado, no en la actualidad, en que hay mucha más visibilidad, por un lado, y de manera más clara. No quiere decir que no haya habido migración, porque hubo una importante, sobre todo de senegaleses y también de haitianos en México. Venían muchos a estudiar, otros eran intelectuales”.
Nassourou viene de las artes escénicas: la danza, el teatro y el performance. Estudió teatro en la Escuela Nacional de Arte Teatral, del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, después cursó una maestría en artes performáticas en Argentina. También le gusta mucho la fotografía. Antes de empezar en el teatro, estudió fotografía análoga, una “disciplina o forma que me ayuda a voltearme a otras cosas. No la practico de manera profesional, ni me nombro fotógrafa”. Ha tenido oportunidad de colaborar como actriz en algunas producciones “mainstream” que le han dado la oportunidad de ver “cómo funciona todo el aparato de la industria”. Es conocida por su papel en las series Diablero (2018), Oscuro deseo (2020) y el filme El diario (2024). Siempre ha dicho que le gusta estar “más en el monitor en vez de en el cámper”.
En 2019 hizo un performance llamado Salón negro, en el que invitaba a mujeres afrodescendientes que viven en la Ciudad de México, entre colombianas y nigerianas. A Nassourou le interesaba escuchar sus experiencias como “mujeres negras atravesadas por diferentes culturas”. Son temas que le importan para tener una comunidad, pero también para tener referencias en la medida que “parte de lo que expongo en El secreto del volcán es que no había una referencia. Es una continuidad de investigación, aunque también la necesidad de contar nuestras historias desde nuestra versión. Que no sea como una idea de lo que podría ser. Siempre me he confrontado con eso de sentirme extranjera en mi propio país”.
El secreto del volcán tendrá una duración aproximada de 25 minutos. Nassourou trabajará con actores, aunque también cuenta con mucho material de archivo, filmado por ella misma y su familia en múltiples viajes. Hay una parte de recreación, que es lo ficcionado. La productora es Nina Wara, a quien la realizadora conoció de manera “más puntual” en DocsMX, quien le ha ayudado a “consolidar y generar otro tipo de proyectos mucho más chiquitos como para también ejercitarme en filmar”. Espera estrenar el documental en 2027.
Respecto al estímulo opina: “me parece indispensable que haya estos incentivos que tienen su particularidad, que están enfocados en historias y narraciones que vienen desde un lugar que durante muchos años no se tomó en cuenta. Es un paso para darle voz y resonancia a estas narrativas que muchas veces son relatos que confrontan, que visualizan episodios del colonialismo, del racismo, de culturas que no han tenido las mismas oportunidades”.


