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En la reciente Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE), realizada en Chile, se exhibieron sistemas desarrollados en un contexto de guerra, entre ellos, el dron ucraniano “Vampire”. Su presencia no solo da cuenta del interés por posicionar este tipo de tecnologías en el mercado chileno, sino también de la intención de abrir espacio a eventuales adquisiciones por parte del Estado.
Las movilizaciones y declaraciones de rechazo a algunas de estas visitas buscan instalar una señal política clara: Chile no debe convertirse en una plataforma de legitimación para promotores de la guerra, la militarización o la injerencia internacional.
La política de defensa no pertenece exclusivamente a un ministerio o a un gobierno. Pertenece a la ciudadanía. Si el convenio no compromete la neutralidad estratégica del país, debe transparentarse. Y si la compromete, con mayor razón debe debatirse.
Desde esta perspectiva, su llegada a Santiago no es vista como un simple acto diplomático, sino como la representación de una política exterior que muchos consideran agresiva y desestabilizadora para la región.
Lo que está ocurriendo hoy no puede analizarse sin recordar nuestra historia.
El nuevo acuerdo fue firmado por la ministra de Defensa Adriana Delpiano y la embajadora de Alemania en Chile, Susanne Fries-Gaier. Según información encontrada en la página web del Ministerio de Defensa, el objetivo es facilitar el intercambio de material militar. Pero, ¿qué tipo de armamento puede ofrecer Chile a la OTAN? ¿de qué manera nos beneficia integrarnos a una red militar liderada por potencias que hoy están directamente involucradas en conflictos armados?
Su visita recordó que el imperio nunca se retira del todo: cambia de rostro, de tono y de escenario, pero su sombra sigue proyectándose sobre los pueblos de América.
Chile tiene miles de héroes y heroínas que, después de todo el horror que vivieron, siguieron luchando por derrocar a la dictadura. Muchos regresaron del exilio, muchos emprendieron campañas de solidaridad, muchos otros quizás no pudieron con tanto dolor y se volvieron invisibles por decisión propia.
«Me parece que esta es una situación que amerita una solución urgente que posibilite su libertad. Mauricio lleva 25 años seguidos privado de libertad, en condiciones sumamente adversas. La medida más justa y urgente es su libertad, en atención al tiempo transcurrido y las inhumanas condiciones penitenciarias aplicadas.»


