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Más allá de la sombra: necropolítica del espectáculo

Fuentes: Rebelión

Lo vi desde mi casa como si fuera un programa de televisión. (Donald Trump)

Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. (Carl Jung)

La sombra

Ahora podemos mirar la sombra del mundo en que vivimos. La sombra es el lado obscuro, la violencia, el miedo, la thanatopolítica, la angustia, las guerras que nos envuelven; y también la fuente de energía transformadora y creatividad para nuestra liberación personal y social. La pregunta no está en negarla, porque invade también a los elegidos, sino en cómo integrar la energía purificada a nuestro camino de liberación.

La necropolítica del espectáculo

La paradoja es que la sombra circula ante nuestros ojos, como espectáculo. El ocultamiento está en la transparencia, como en el relato de “La carta robada” de Edgar Alan Poe: “para ocultar aquella carta el ministro había recurrido al más amplio y sagaz expediente de no tratar de ocultarla absolutamente”. La sombra ahora está obnubilada por la transparencia, el espectáculo y la inmediatez.

El operativo del secuestro de Nicolás Maduro ocurrió ante nuestros ojos, y luego fue amplificado por el relato de Trump como la operación más perfecta de todos los tiempos. El simulacro y la hiperrealidad, en la línea de la “guerra que nunca sucedió” de Jean Braudrillard sobre la Guerra del Golfo en 1991, una guerra que no fue real, sino un simulacro mediático, la experiencia real fue reemplazada por una copia virtual, un espectáculo tecnológico transmitido por televisión, desprovisto de la confrontación directa y la tragedia humana, un «agujero negro» donde la realidad se esfumó en la información instantánea. (Baudrillard, 1991) Tal vez ahora se trata de una reescritura de la “Comedia de las equivocaciones” con personajes geopolíticos. La tarea es traspasar las capas del espectáculo, para volver a la realidad.

El escenario de oropeles había sido preparado con antelación, bajo el discurso de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo: la movilización de portaviones, tropas para cercar el Mar Caribe, la destrucción de lanchas “narcotraficantes”, el asalto de buques petroleros. Pero los juegos estaban en otro lado. El juego de “La cueva de Platón”. No podíamos ver en el fondo los chantajes, las negociaciones, los viajes secretos. La figura de Richard Grenell, el enviado de Trump a Veneuela desde enero de 2025, se diluía en el relato de negociaciones sobre la migración. Y a menudo el sistema funciona sin sujeto, los desplazamientos de los flujos económicos, las distribuciones geopolíticas, las dominaciones.

El operativo se dio en una noche clara del 3 de enero, los helicópteros eran visibles. Intervinieron, según Trump, dos centenares de aviones y helicópteros. La operación incluyó el bombardeo a bases militares dentro de Caracas y otras ciudades, y el asalto al sitio de refugio de Maduro. Fue extraído en pocos minutos. No hubo un solo disparo de misiles para detener la invasión. Únicamente los soldados cubanos que custodiaban el sitio en que se encontraba Maduro, enfrentaron el operativo, con el resultado de 32 muertos.

¿Y si la carta de posesión de Delcy Rodríguez como Presidenta encargada ya fue escrita la víspera del operativo? Fue extraído Maduro, pero quedó incólume todo el aparato del Estado, encabezado por los militares, por los hermanos Ramírez colocados en la línea de sucesión, por Vladimir Padrino López, Ministro del Poder Popular para la Defensa, por Diosdado Cabello, Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela. Una especie de teatro kabuki, como ya sucedió en la escenificación del ataque de Estados Unidos contra las plantas nucleares de Irán.

Los llamados públicos a la tranquilidad de Padrino López confirman una especie de acuerdo concertado o de sometimiento resignado. El interés era mantener la cohesión del régimen. Tampoco la oposición ha podido reaccionar, tanto por la división interna por la ausencia de un liderazgo unificado, como por la desilusión del abandono de Trump; esperaban que invada Venezuela y les entregue el poder. La ilusión de los sometidos. Todavía hay un silencio desde las filas populares.

El libreto pasa por diversos niveles de negociación. Tal vez más que traición hay negociación también respecto a Maduro; queda abierta la puerta de la oferta de Lucashenko para que pueda refugiarse en Bielorrusia, la fórmula Bashar al-Ásad. Todavía es muy temprano para ver el desenlace. La primera demanda de Rusia, China y numerosos países que rechazan la agresión contra Venezuela, es la liberación de Nicolás Maduro.

La resolución de la Tribunal Supremo de Justicia para encargar la presidencia a Delcy Rodríguez, deja en claro que Nicolás Maduro sigue siendo el Presidente. Éste es también el argumento central de Maduro ante el juicio montado en los tribunales de Estados Unidos, declara que es Presidente de Venezuela, un prisionero de guerra.

El discurso de Delcy juega en el límite: señala la voluntad de trabajar acuerdos con el Gobierno norteamericano, mientras exige la liberación de Maduro, y anuncia que defenderá la soberanía nacional. El camino es complejo para Trump, por ello continúa la amenaza de una nueva intervención si el Gobierno de Delcy no acepta los términos del imperio.

¿Y si el reparto fue tratado en las conversaciones entre Trump y Putin? El nuevo orden mundial multipolar-tripolar se está construyendo ante nuestros ojos, el reparto de zonas de influencia, en medio de conflictos, guerras, chantajes, negociaciones, intercambios de las tres potencias, que actúan como Estado-imperio-civilización.

Aunque aquí opera el límite y el contrapeso del apoyo económico, político y militar a la “Revolución Bolivariana” por parte de Rusia, China, Irán y Turquía. Esa presencia disuadió a Trump para repetir las historias de invasión tipo Panamá en el caso Noriega. Y esta presencia continúa después del secuestro de Maduro. Tal vez pueda bloquear la amenaza de un nuevo ataque más fuerte.

Empieza a operar el nuevo sistema multi-tripolar; y hay momentos en que no requiere sujetos, acuerdos explícitos, un funcionamiento autopoiético que rebasa voluntades, sobre todo cuando opera la violencia directa por encima de los acuerdos. Este es el tema de fondo. Los actores sólo pueden acelerar o contener los tiempos. Quizás tampoco se requiere acuerdos previos entre las grandes potencias, sino cálculos pragmáticos. El tiempo no se detiene, en este momento la iniciativa está en manos de Trump. Pero el mundo es amplio y el tiempo es largo.

No se repite el patrón de invasiones anteriores, como en el caso de Noriega en Panamá. No le interesa a Trump un desgaste en una ocupación territorial. Tampoco reproduce la estrategia demócrata de un Guaidó 2.0, con el reconocimiento de Corina Machado. Los negocios son directos, “América Primero”.

Las reglas y normas de las relaciones internacionales ya no funcionan. Tal vez la ONU se reúna a posteriori para condenar el ataque a la soberanía de Venezuela y recomendar una solución política al conflicto.  Tampoco sirven las reglas internas: Trump no pide permiso al Congreso y al Senado para actuar. Estamos en el momento de la disolución del viejo marco normativo, sin que surjan todavía reglas del nuevo ordenamiento geopolítico.

El pragmatismo de Trump parte del reconocimiento de que ya no es el tiempo de la hegemonía unilateral del poder americano, y que debe compartir un poder multi-trilateral. Pero el punto de partida es cuidar su propia zona de influencia, la Doctrina Monroe 2.0, el corolario Trump, proclamado el 4 de diciembre de 2025 en la nueva Ley de Seguridad Nacional. El corolario extiende al territorio más allá del hemisferio y anuncia la inclusión de Groenlandia.

Trump busca una transición negociada y ordenada a un régimen de Protectorado en Venezuela. Después de la extracción de Maduro, empezará una fase de negociación-presión-chantaje-cogobierno Delcy-Rubio, para asegurar el control de los recursos hidrocarburíferos, el oro y las tierras raras, pero sobre todo para ordenar las relaciones de Venezuela con Rusia y, en primer término, contener la entrada de China en el hemisferio. Los intereses chinos son los más afectados en este operativo.

La campaña no se detendrá en Venezuela. Siguen las amenazas contra México, Colombia y Panamá. Mientras sigue la estrategia expansionista sobre Groenlandia, la desestabilización del régimen de Irán, la ocupación y el genocidio de Gaza, el monitoreo de la guerra de Ucrania.  

Economía política del asedio de Trump a Venezuela

La geopolítica se subordina a la geoeconomía. El interés central de Trump es tomar el control del petróleo, el oro, los minerales y las tierras raras que posee Venezuela. Venezuela tiene las más grandes reservas probadas de petróleo y gas en el mundo, pero también tiene oro, plata, coltán, tierras raras. La parte norte del Orinoco tiene la faja de los hidrocarburos; la parte sur es el arco minero.

El primer interés es el petróleo. Kiril Dimitriev, el principal negociador económico de Putin con los delegados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, después del Encuentro de Anchorage en Alaska, señala que Estados Unidos al tomar el petróleo de Venezuela podría llegar a controlar el 20% de la producción mundial, por encima del 10% actual de Arabia Saudita.

El negocio no es a corto plazo. Se requiere ingentes inversiones para reactivar la infraestructura petrolera, que hoy está destruida y obsoleta, pues la producción está apenas en 700 mil barriles diarios, cuando podría llegar a 3 millones. Y se requiere tiempo, teniendo en cuenta además que el crudo es pesado. El control le daría a Trump y a las empresas petroleras norteamericanas un poder para regir el mercado de hidrocarburos, empezando por parar la tendencia a comerciar al margen de los petrodólares.

Aquí está el problema, pues, como señalan algunos financistas, como José Luis Cava, se requeriría entre 35 y 40 mil millones de dólares para producir 2 millones de barriles diarios. Y las compañías norteamericanas no cuentan con ese recurso, por lo cual requieren alianzas con otras compañías, que demandarán garantías, empezando por la seguridad y la estabilidad jurídicas. Quizás por esta fisura pueda aparecer la necesidad de la presencia de China, que además es el principal acreedor de la deuda externa de Venezuela, con 60 mil millones de dólares.

El interés a corto plazo es el oro. Venezuela tiene las reservas más importantes de oro en Latinoamérica, alrededor de 30 mil millones de dólares. Tiene también reservas de coltán, que han sido valoradas en 100 mil millones de dólares, pero se requerirá ingentes inversiones y tiempo para su explotación.

El primer efecto ha sido la subida en bolsa del 3% del oro y del 7% de la plata. Las acciones de Chevron han subido sustancialmente. El entusiasmo económico de Trump puede chocar con los tiempos y los costos de las inversiones para explotar los hidrocarburos, el oro, los minerales, las tierras raras.

Este despojo de Venezuela se suma al control que tiene el Gobierno de Trump del triángulo de litio en Bolivia-Argentina-Chile. Y buscará ampliar el dominio extractivista.

Tiempo geopolítico

La transición geopolítica sigue la ruta de los enfrentamientos bélicos. El riesgo es una guerra mundial nuclear; aunque todavía los conflictos son regionales. Dos focos principales: Ucrania-OTAN/Rusia y Medio Oriente: Palestina-Irán/Israel. Las grandes potencias juegan una doble estrategia: alejar el conflicto de sus fronteras en guerras delegadas, y tratar de conseguir un G2 para imponerse sobre el tercero en discordia.

Existen filtraciones en las fronteras de las zonas de influencia: en América Latina, Venezuela es el teatro de una disputa económico-militar entre Estados Unidos y la alianza China-Rusia-Irán, por el dominio no sólo de los recursos hidrocarburíferos y las tierras raras, sino por el control del hemisferio. Y en el otro extremo, Taiwán es la frontera que busca imponer Occidente a la expansión china. El asedio a estas fronteras definirá el alcance de las zonas de influencia de las potencias imperiales.

El secuestro de Maduro apunta a convertir a Venezuela en un Protectorado bajo tutela de Estados Unidos; combina formas arcaicas de colonialismo con nuevas formas de dominio imperial. Puede precipitar un orden tripolar feudalizado en donde cada potencia puede reclamar su zona de influencia privativa. No sólo se han roto las reglas de las relaciones internacionales post Segunda Guerra Mundial y Guerra Fría, que ha tenido su representación en la ONU, sino que también hay un ataque directo a reglas de comercio y finanzas internacionales. Este operativo afecta ante todo a los intereses de China en América Latina.  La respuesta puede ser reclamar el control inmediato de Taiwán.

Los pequeños países, como el Ecuador, tenemos que definir nuestras posiciones en medio de estas guerras entre las grandes potencias.

Tiempo nacional

El necro-liberalismo es la sombra que queremos derrotar, pero también es el terreno en que nos movemos. Podemos ver los cuerpos torturados de Los Niños de Las Malvinas, la angustia de los padres y madres, podemos mirar que también sus torturadores son triturados por la Matrix que funciona sin alma, podemos ver que los decisores escapan al castigo. Y también sentimos que el grito de las víctimas y la solidaridad rompen el silencio, muestran los secretos obscuros del poder y abren cauces de reparación.

Las relaciones geopolíticas sobredeterminan los procesos internos de los países. Nuestro país está en la frontera de la expansión de los regímenes de ultraderecha, alineados con la estrategia de Trump, y la subsistencia de regímenes que resisten. El alineamiento del gobierno de Noboa, ha sido contenido por el triunfo del NO el 16 de noviembre, que rechazó la instalación de bases extranjeras en territorio nacional. Todavía es posible desde abajo una política de paz, de no-alineamiento y de unidad latinoamericana.

Tiempo civilizatorio

El triunfo de Occidente en el siglo XVI y XVII silenció civilizaciones inconclusas, la Tercera Roma, El Reino del Gengis Khan, El Imperio del Dragón. Ahora vuelven bajo nuevas formas, como Estados-imperio-civilización en disputa, en medio de un proceso de transición desde un mundo unipolar a un mundo muti-tripolar.

La base material de esta transición está en las potencialidades de la cuarta revolución cinetífico-técnica: la revolución de los chips-informática-algoritmos-inteligencia artificial; y la neuro-psico-biología.  Todavía se presenta bajo la forma de tecno-feudalismos, con la construcción de muros, explotación de la renta tecnológica, disputa de zonas de influencia. Aún no es el tiempo de un orden pacífico.

La decadencia de Occidente parte de la contradicción entre las potencialidades que abre la cuarta revolución científico-técnica, el desate de nuevas fuerzas creativas para la humanidad, y la absorción de esas potencialidades para la acumulación especulativa y criminal de la riqueza, en torno a un patrón financiero-rentista de reproducción ampliada de capital; para el control, el dominio y la exclusión de la mayoría de la humanidad, en torno a un modelo autoritario y proto-fascista de gubernamentalidad. La contradicción entre el modo de vida impuesto por la modernidad capitalista tardía y los ritmos de la madre-naturaleza.

Un tiempo civilizatorio marcado por la paradoja entre la puerta cósmica abierta por el diálogo de saberes entre la ciencia y otras formas civilizatorias de sabiduría, y la licuefacción de la espiritualidad en fundamentalismos religiosos o en una racionalidad cínica.

América Latina tiene una raíz civilizatoria propia en los pueblos originarios tanto de México-El Caribe, como de los Pueblos Andinos, que podría ser la base de una reconstrucción de la unidad latinoamericana en los tiempos civilizatorios que vivimos.

Estamos ante la puerta de una transformación ontogénica de los seres humanos, el paso a ciborgs vivientes en medio de la comunidad compartida. Sólo podemos encontrar el camino de la liberación, si reconocemos el lado obscuro del paso posible, para destrabar la luz desde el interior del agujero negro de una civilización en decadencia, un acuerdo consciente con la madre-naturaleza y, en su seno, con la naturaleza-humana, superposición de luces y sombras.

La posibilidad está en mirarnos en el espejo de las civilizaciones silenciadas. En la Abya Yala, volver a recorrer el camino desde la civilización andina, abierta al diálogo con nuestra raíz judeo-cristiana. La posibilidad está en revitalizar la Doctrina Bolívar de la unidad latinoamericana.

Tarea urgente

La solidaridad con el pueblo venezolano: condenar la violación de la soberanía de Venezuela y de los Tratados Internacionales. Al pueblo venezolano le corresponde resolver los problemas del país, sin intervención de ninguna fuerza extranjera. Solicitar la mediación de los organismos multilaterales para la liberación de Nicolás Maduro, para neutralizar las amenazas contra Venezuela, Colombia, Panamá, México, y garantizar la paz en nuestro Continente.

Gioconda Belli, la poeta nicaragüense, decía, “la solidaridad es la ternura de los pueblos”, La iniciativa está en manos de los pueblos, para ir más allá de la sombra. Desde abajo podemos juntar las semillas de solidaridad, de cuidado, con nosotros y la madre naturaleza. Podemos empezar por tejer a nivel continental un Frente antifascista por la paz, la nueva forma de la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Referencias

Baudrillard, J. (1991). La Guerra del Golfo no ha tenido lugar. Barcelona: Anagrama.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.