El Presidente de Colombia, Gustavo Petro, dejó mejoradas las tensas relaciones con Washington después de su reciente visita a la capital estadounidense.
Basta escuchar a Gustavo Petro para comprender que es un orador desenvuelto con experiencia como profesor universitario. Hay alguna similitud entre sus exposiciones claras coherentes y concretas y las de Claudia Sheinbaum, similitud que se explica tal vez porque la Presidenta Sheinbaum también tiene una sólida experiencia académica, pues es Doctora en Ciencias Políticas, y una preparación adecuada para comprender los aspectos en que entrelazan las políticas internacionales con las políticas económicas.
Un problema grave de la izquierda visceral latinoamericana es que confunde marxismo con Ciencia Económica. El marxismo está basado en ideología política teórica más que en hechos económicos concretos que construyen la realidad de las relaciones económicas internacionales, donde conviene tener presentes realidades como las cadenas de producción nacidas de la globalización. La realidad de la interdependencia entre la economía de México y la de Estados Unidos es lo que obligó a Trump, un hombre tan ignorante en comercio internacional que sigue creyendo que los aranceles de ingreso a un mercado los paga el país exportador.
Lo que influyó en apaciguar la furia despótica de Trump contra todo lo latinoamericano puede haber sido el hecho de que Colombia ya había recibido seguridades de China y Brasil de que ambos países estaban dispuestos a comprar todo lo que Estados Unidos compra a Colombia y cuyo comercio iba a a ser obstaculizado por los aranceles del 25 % con que Trump, actuando visceralmente como es usual en él, había pensado castigar a los productos colombianos que importa Estados Unidos (petróleo, café, flores textiles y bananas). Trump no acaba de entender que cuando un importador compra algo en el exterior es porque dentro de Estados Unidos existe una demanda o el país necesita ese producto.
Otra cosa que Trump descubrió asombrado con respecto a México es que éste es el mayor cliente mundial de bienes y servicios estadounidenses. Tal vez porque la pesadilla recurrente de Trump es la creciente presencia económica y tecnológica de China en Latinoamérica. Tal vez el hecho de que China tenga la capacidad y está dispuesta a comprar aquellos productos cuyo ingreso al mercado de EEUU Trump quiere castigar con aranceles altos. Con sus aranceles altos Trump no solo desvía el flujo del comercio, sino que crea nuevos clientes para China en Latinoamérica, clientes no solo para sus bienes y servicios de exportación sino también para los grandes proyectos de infraestructura.
Para quien no esté informado de cómo funcionaba la Ruta de la seda clásica recordaré que a lo largo de la ruta, en los centros donde reposaban las caravanas, se trabajaba en la transformación de la materia prima proveniente de China. Esos productos se añadían a las mercancías que transportaban las caravanas. De igual modo en el los trenes interoceánicos que China proyecta con México y Colombia para conectar el tráfico comercial entre el Caribe y el Pacífico, el proyecto mexicano conectará Acapulco con Veracruz con escalas intermedias donde se procesaran insumos provenientes de China, sobre todo en el tema relacionado con microelectrónica, un campo en el que México tiene ya mucho know-how.
En Colombia el proyecto ferroviario se plantea conectar el puerto de Buenaventura en el Pacífico con los puertos de Cartagena y Barranquilla. Ambos proyectos serán financiados por el Banco de Desarrollo de los BRICS, que preside Dilma Roussef (expresidenta brasileña) desde Shangái.
Como Estados Unidos ha invertido en el mayor ejército del mundo cree que todos los problemas internacionales se arreglan con bombas y violencia porque el ejercicio de ese armado de superioridad es lo único que le queda como ventaja. Así, mientras EEUU impone su reconquista del Canal de Panamá por las armas, China convierte el Canal en algo anacrónico que necesita grandes inversiones para poder mantener su funcionamiento. Con las largas colas de barcos que se forman en ambas entradas del canal el tiempo de transporte de las mercancías desde el Pacífico al Atlántico será menor con un tren de Acapulco a Veracruz que viaja a 400 km/h.
Hasta el notorio anglosionista Javier Milei ha tenido que abandonar su reluctancia a hacer negocios con la China «comunista» y comenzar a hacer negocios con ella bajo presión de la poderosa Sociedad Rural Argentina. Mientras Milei conspira con Washington para instalar una base naval estadounidense en Ushuaia (habrá que revisar la Constitución argentina), China se entendió con el Presidente Boric (izquierda) para modernizar y ampliar el puerto de Punta Arenas en la boca oriental del Estrecho de Magallanes.
Por el desarrollo de los hechos, más le conviene a Trump llevarse bien con los gobiernos de izquierda latinoamericanos, porque China y los BRICS están siempre presentes como alternativa. Existe una gran diferencia entre el modo de hacer política internacional en Washington y China. Mientras las políticas que Trump traza ahora se diseñan con la vista en las midterm elections de noviembre (si es que Trump para entonces aún vive en la Casa Blanca), la política internacional de China se hace mirando a horizontes mucho más lejanos y mientras tanto aprovecha las debilidades y torpezas de Washington.
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