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La irresponsabilidad de las clases dirigentes, la prudencia de los y las trabajadoras… y una propuesta quimérico-realista

Mundial de Fútbol y corrupción

Fuentes: Rebelión

Las protestas actuales parecen recoger el espíritu de lucha y las finalidades básicas de las recordadas movilizaciones de junio de 2013. En las manifestaciones se juntan trabajadores y activistas del colectivo Movimento dos Trabalhadores sem Teto (los mismos que han levantado en Nova Palestina un inmenso campamento de tiendas de lona en las afueras de […]

Las protestas actuales parecen recoger el espíritu de lucha y las finalidades básicas de las recordadas movilizaciones de junio de 2013. En las manifestaciones se juntan trabajadores y activistas del colectivo Movimento dos Trabalhadores sem Teto (los mismos que han levantado en Nova Palestina un inmenso campamento de tiendas de lona en las afueras de Sao Paulo. Su reclamación: una vivienda digna, como nuestras PAH).

Negocios turbulentos, publicidad, alienación, ejemplos de mal gusto, reuniones de las elites, ladrillo mucho ladrillo, construcciones innecesarios, lujos inadmisibles… Mucho de lo que suele rodear a los mundiales de fútbol. A ello hay que sumar en ocasiones, como en el caso de Brasil y también, desde luego, en el caso de Qatar, muertes obreras en el asfalto que hubieran podido evitarse. Casi nadie se lamenta: urgencias, mano de obra barata, explotación. «Lo que hay», dicen algunos.

Un ejemplo de los disparates económicos mundialistas: se ha triplicado el gasto en la construcción de estadios. Se alcanzarán o superarán los 2.500 millones de euros (los de Sudáfrica costaron 1.000 millones) [1]. En Manaos, una ciudad brasileña, se han inyectado unos 200 millones de euros. El aforo medio de los partidos locales roza los 500 espectadores, a 400 mil euros por futuro espectador de ese estadio de «ensueño».

¿Apuntan los trabajadores críticos hacia escenarios imposibles? ¿Señalan quejas que no pueden cogerse ni con los dedos del pie? Nada de eso, no lo parece. Isabel es una trabajadora del comercio, una dependiente de una perfumería, 30 años de edad. Su comentario: «Yo no estoy en contra de la Copa. Pero sí en contra del dinero que se ha empleado en la Copa y que se podrá haber gastado en otras cosas, como salud, educación y transportes públicos.» ¿Lo ya visto? ¿Irresponsabilidad? ¿De quién?

La FIFA tiene como principales sostenes financieros a Adidas y Sony. Desconozco la capacidad de control de estas dos grandes multinacionales, pero deben cantar una gran parte de la agenda de la federación. De ellos, y de la FIFA como institución encargada, han salido las primas que cobrarían los jugadores de fútbol. En el caso de España, si gana el mundial, recibirán 720.000 euros (la máxima prima si no ando equivocado). Lo que un trabajador medio español en las condiciones laborales y salariales anteriores, no las del precariado actual, obtendría tras unos 35 años de trabajo, lo que los trabajadores jóvenes actuales probablemente no alcancen a lo largo de su no-vida laboral.

¿Qué hacer entonces? Difundir críticamente los nudos infames de la barbarie y una propuesta más que reformista, un simple toque de atención. Apoyemos todas las manifestaciones que se convoquen en nuestras localidades si fuera el caso, y no veamos -o no veamos completo- el partido inaugural. En el caso de España, no sigamos a la Roja durante el partido que jugará contra Holanda el próximo viernes (o veamos sólo el final de la segunda parte). Sus primas, como cantaba y canta el cantante preferido de doña Carmen Polo del dictador golpista, el sponsor directo-más-que-directo del Rey abdicado, son un escándalo. ¿Vamos a reírles, otra vez, sus malas gracias y sus profundas barbaridades?

Dilma Rousseff, la presidente brasileña del Partido de los Trabajadores (insisto: ¡de los trabajadores!) ha hablado de que no es tiempo de quejas y protestas sino de celebración y de fiesta. ¿Para quién y para celebrar qué?

 

Notas

[1] He tomado los datos de los artículos de José Sámano y Antonio Jiménez Barca publicado en el País, 10 de junio de 2014, pp. 48-49 y pp. 2-3.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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