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No son cifras: somos nosotras y nosotros los que morimos

Fuentes: Rebelión

El ministro de Salud dice que no hay problema de pasar del semáforo rojo al amarillo, pero a la vez reconoce en ese mismo discurso, que solamente hay 4 camas disponibles en Quito en las UCI. Es surrealista.



“Jamás señor ministro de salud, fue la salud más mortal”
-César Vallejo

“Por estos muertos, nuestros muertos, pido castigo” -Pablo Neruda

Inicio con las citas de dos de los poetas más grandes de Nuestramérica. No lo hago por un prurito estético ni para conmover al lector. Las recojo porque describen como fotografía, la realidad actual. Tal vez, tal vez digo, la poesía sea capaz de mover la conciencia de la prensa nacional, que se desocupa de lo evidente e importante y nos llena los ojos de basura política mal tratada, y rellena los espacios con crónica roja, tratada mal.

Tomo la cifra más reciente y seria que se ha proporcionado en los medios digitales. Proviene de Paul Mena Mena quien cita al Registro Civil como fuente y con un corte comparativo histórico de 2018 y 2019 en marzo, abril y mayo. La diferencia es de 19,587 muertes, al 14 de mayo 2020. Ciertamente no todas atribuibles a la COVID-19. Es decir 20 mil muertes más que en los dos años anteriores y probablemente muchas más que no se registraron o que aún no se registran.

El número exacto de fallecidos por la COVID-19 no es el tema de este artículo. Lo que interesa, es el manejo irresponsable que hace la prensa oficial es decir TODA LA PRENSA en Ecuador (salvo excepciones independientes, comunitarias y digitales) que ahora culpa de los contagios a la irresponsabilidad de las ciudadanas y ciudadanos, haciendo eco de lo que claman las Cámaras de los Propietarios.

Resulta que los irresponsables somos los ciudadanos y ciudadanas. Personajes de primera plana, entre entrevistadoras rubiecitas, entrevistadores peinaditos, reporteros de territorio y periódicos culpan a la ciudadanía de haber roto los protocolos y buscan desesperadamente al que se le bajó la mascarilla o a aquel pobre hombre que no tiene ni para comprarse una y la recicla como puede, o simplemente no la lleva.

Es una vergüenza, y los periodistas dan pena en la mayoría de los casos. Todo esto las pocas veces que informan sobre el coronavirus en el país, a pesar de la grave crisis, porque (desde la orden de la embajada) las noticias giran únicamente en el ámbito policial, penal, judicial y la corrupción, en una especie de remolino que salpica a todo mundo sin control aparente. Digo aparente porque estamos seguros que bien los controlan.

Es de un cinismo sin límites culpar a la ciudadanía. Aquí hay un solo responsable y es el Gobierno y la prensa obsecuente. El Gobierno es quien debe determinar cuándo se sale a la calle, cuándo se suspende, cuándo se abren las puertas.

Primero el Gobierno trasladó la responsabilidad a los municipios, luego como no todos respondieron exactamente al deseo de las Cámaras como debían, entonces debilitó la respuesta de los municipios y comenzaron a aparecer los semáforos amarillos e incluso verdes. Ahora resulta que Guayaquil es un milagro y que Quito está grave, porque su alcalde (que no era el rubiecito que querían) es corrupto. Lamentablemente nada se puede creer. Demasiada mentira ha corrido bajo los puentes.

El ministro de Salud dice que no hay problema de pasar del semáforo rojo al amarillo, pero a la vez reconoce en ese mismo discurso, que solamente hay 4 camas disponibles en Quito en las UCI. Es surrealista.

Por favor, señor ministro de Economía, redistribuya los fondos a los que no tienen, para que no salgan de casa y no hable del déficit fiscal, cuando autoriza y promueve la salida de divisas, mal o bien ganadas, por los más ricos del país o cuando paga la deuda externa, pago que se podía diferir fácilmente.

LA PRENSA INTERNACIONAL, LA SIP Y LA IDEOLOGÍA NEOLIBERAL

Dando el ejemplo de cómo se deben tratar las noticias DW, CNN o la BBC transmiten las cifras del coronavirus con su poderoso sesgo ideológico neoliberal. Cuando se trata de cifras de Nicaragua o Venezuela y Cuba, vienen con el estribillo “el gobierno dice que; el gobierno de ese país sostiene que; o peor aún, son cifras de escasa credibilidad ya que la oposición sostiene que…” En el mismo espacio se les da absoluto reconocimiento a Guatemala, Honduras (país que carece de toda institucionalidad), el Salvador o Costa Rica (país que sí tiene históricamente, un sistema social de atención a la salud).

Cuando el mundo entero reconoce la necesidad de una medicina social, de un sistema público funcional y repudia el sistema privatizador del neoliberalismo, la mayoría de la prensa sigue defendiendo a los gobiernos del desastre (Salvo EEUU y Brasil, porque ya son el colmo de la barbarie) y manipulando la información sobre las cifras de los países que tienen un sistema de salud que funciona al servicio de la gente (repito Cuba, Nicaragua y Venezuela) y no al servicio de las corporaciones farmacéuticas o financieras.

Dice nuestra compañera de Simiatug: “Señor Gobierno, necesitamos que te ocupes de tu gente que te votó. Si no quieres déjanos a nosotras controlar que sí sabemos hacerlo.”

No son números señor Gobierno, somos nosotros que morimos y lo peor es que muchas votamos por Usted, claro que por el otro programa, por el bueno y no por esta masacre a mansalva de las políticas públicas conquistadas desde hace un siglo y ampliadas en la Constitución de Montecristi.

Señor Gobierno es hora de que piense bien, los muertos aumentan. La vida de un ciudadano o ciudadana del Ecuador vale más que quedar bien con los paraísos fiscales y sus propietarios, o con el FMI o el BM. Haga lo que tiene que hacer o deje que las compañeras y compañeros que sí aman a la Patria controlen la pandemia y luego la economía.

Así es la cosa. Los muertos somos nosotros. El papá, la mamá, la tía, la abuelita que me enseñó a leer, el abuelo que traía la fritada del domingo. La vendedora de maduro de la esquina, y el del choclo asado. Y también el del club de golf al que Usted asiste o aquella tan amable, en esa fiesta que los invitaron junto con su familia. Preocúpese del pueblo, de la gente, en resumen de la Patria. Es mucho pedir, ya lo sabemos.

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