Recomiendo:
0

Chile 2005 y el sexenio del Presidente Lagos

Optima macroeconomía… con pobreza redistributiva

Fuentes: Argenpress

El último año de gobierno del Presidente Ricardo Lagos ha sido, como pocos en la última década, de una inusual confluencia de factores favorables, permitiéndole cerrar su período con un balance positivo en términos generales. El fuerte crecimiento de la economía mundial, el elevado precio del cobre y las buenas condiciones financieras externas han impactado […]

El último año de gobierno del Presidente Ricardo Lagos ha sido, como pocos en la última década, de una inusual confluencia de factores favorables, permitiéndole cerrar su período con un balance positivo en términos generales. El fuerte crecimiento de la economía mundial, el elevado precio del cobre y las buenas condiciones financieras externas han impactado positivamente al país. En cambio, las alzas del petróleo no han tenido efectos adversos de importancia sobre la economía nacional porque el mayor valor del crudo fue más que compensado por los mejores precios de las exportaciones nacionales y por la presencia de productos chinos de bajo precio en los mercados internacionales.

El informe de la Hacienda Pública entregado a mediados de setiembre por el titular de la cartera proyectó un crecimiento de la economía chilena de 6,2% para 2005. Pero días más tarde -una vez conocido el informe del FMI que bajó su pronóstico de expansión económica para Chile desde 6,1% a 5,9%-, redujo la proyección podría en un par de décimas. En contraposición a ello, el Gobierno espera que la expansión del PIB de 2006 sea unas décimas superior al 5,5% estimado oficialmente.

El ajuste a la baja de las proyecciones económicas gubernamentales ha posibilitado su convergencia con las estimaciones privadas, las cuales -al partir de niveles más bajos que las primeras- comenzaron a lo largo de 2005 a ser ajustadas hacia arriba.

Estas correcciones fueron motivadas por el positivo escenario externo y -principalmente- la sólida demanda interna, a su turno impulsada por el dinamismo de la inversión y el consumo Así, las exportaciones cedieron paso a la demanda interna como el factor fundamental del crecimiento económico durante 2005 (alcanzando un 9,9% y un 6,1% esperado para 2006), mientras que el consumo se expandiría un 7,3% el 2005, con un particular dinamismo en el caso de las ventas de consumo durable.

Para utilizar un concepto utilizado por el Ministro de Hacienda, el sexenio del Presidente Ricardo Lagos ha ido «de menos a más» -pasando desde una caída del Producto Interno bruto (PIB) de 0,8% en 1999 a un crecimiento de 6% en 2005. La mantención de una positiva aunque moderada tasa de expansión (la economía creció en promedio anual un 4,3% entre 2000 y 2005, contra 5,4% bajo la administración anterior) permitió que el PIB por habitante medido en dólares corrientes aumentase en un 45%, ubicándose cerca de los U$S 7.000 en 2005. Además, el nivel de inversión (que alcanzará al 28% del PIB) ha recuperado el nivel existente antes de la crisis asiática y está siendo financiado principalmente con ahorro interno.

Sin embargo, los menores términos de intercambio y unas tasas de interés más restrictivas redundarían en una brusca desaceleración del crecimiento de la inversión. Así, la Formación Bruta de Capital Fijo caería desde 18% en 2005 a sólo 4,1% durante 2006.

Solidez fiscal y financiera

El alto precio del cobre -situado en sus mayores niveles históricos- y el notable dinamismo de la demanda interna elevaron los ingresos fiscales un 12% en 2005 (el previsto descenso del precio del cobre los expandiría en sólo uno por ciento durante 2006), con lo que el superávit fiscal efectivo en 2005 alcanzaría al 3,4% del PIB (2,3% durante 2006). Con ello, el Gobierno registraría un saldo positivo de 0,9% del PIB en sus seis años de gestión.

A pesar de este favorable escenario, el crecimiento del gasto fiscal se ajustó a la tasa de 6,5% proyectada inicialmente (durante 2006 aumentaría un 6% real). En parte, ello respondería a la conjunción de un menor precio estimado para el cobre (descendería unos 35 centavos) y de un precio del petróleo que persistiría en elevados niveles en 2006, todo lo cual induciría una fuerte contracción de los términos de intercambio (desde un aumento de 4,9% en 2005 a -7,9% el año próximo).

El superávit fiscal previsto permitirá continuar reduciendo la deuda del Gobierno, la cual alcanzaría en 2006 un mínimo histórico (algo menor al 8% del PIB). Una emisión de nueva deuda pública que ha ido disminuyendo gradualmente (U$S 1.500 en 2004, U$S 1.200 millones en 2005 y U$S 800 millones en 2006) y la recuperación del ahorro contenido en el Fondo de Estabilización del Cobre a los niveles de pre-crisis asiática representarían una suerte de colchón para eventuales shocks recesivos futuros.

El fuerte repunte de la inversión y del consumo motivó que también las estimaciones sobre la inflación anual esperada hacia fines de 2005 fuesen sucesivamente ajustadas al alza (desde 2,7% en enero, a 3% en julio y a 3,8% en setiembre). Otro tanto sucedió con las previsiones sobre la tasa de política monetaria fijada por el BC, que experimentaron a lo largo del año sucesivos ajustes al alza: a comienzos de 2005, las expectativas auguraban una tasa anual de 3,5% para fines de año, elevadas a 4% en abril, a 4,25% en agosto y a 4,5% en setiembre.

Favorable evolución del empleo

La tasa nacional de desempleo de 8,7% entre junio y agosto pasados (1,2 punto porcentual por debajo del mismo período de 2004) fue la más baja registrada para igual trimestre desde 1998. Según las estadísticas oficiales, en los últimos doce meses a agosto de 2005 los ocupados habían aumentado en 242 mil personas (4.4% por encima del mismo trimestre de 2004). El comportamiento del desempleo durante el año pareció responder antes a una expansión neta del empleo que a una menor demanda laboral asociada al retiro de personas de la fuerza de trabajo. Así, mientras el número de desocupados descendió un 9,2%, las personas que buscan trabajo por primera vez aumentaron un 5,6 por ciento. Esto sugiere que se está generando empleo en una proporción equivalente a poco menos del doble del ritmo de expansión de la masa laboral.

Otro factor de importancia es el fuerte dinamismo que observa el empleo femenino: un 55,4% de las nuevas plazas laborales durante el trimestre junio-agosto fue ocupado por mujeres, y por cuarto trimestre móvil consecutivo la tasa de desocupación femenina descendió por sobre un punto porcentual -lo que no ocurría desde hace una década. No obstante ello, la tasa de desocupación sigue siendo superior entre las mujeres (10%) que entre los hombres (8%).

Pero en contraposición a una auspiciosa tendencia manifestada en gran parte de 2004, durante 2005 se reinstauró lo que ha sido el comportamiento prevaleciente durante toda esta década: la creación de empleo por cuenta propia en niveles superiores a los del trabajo asalariado (7,6% contra 3,5% respectivamente en el trimestre junio agosto). Ello confirma la percepción de que la mayor parte del empleo generado el último tiempo sigue siendo de mala calidad. En términos generales, el nivel de empleo constituyó uno de los aspectos de más bajo desempeño en el sexenio, por su escaso dinamismo, (1) inestable evolución y la creación de trabajos de baja calidad.

Optimas evaluaciones internacionales…

Chile es hoy una economía más confiable y predecible -visión ratificada por los óptimos niveles de clasificación de riesgo asignados al país y la percepción de los inversionistas extranjeros sobre la economía local. Dos indicadores elaborados por organismos internacionales han revelado la mejoría o consolidación de los estándares locales en materia de calidad de vida y competitividad.

El reporte 2005 del Indice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elevó la participación chilena a 0.854 (seis lugares por encima del sitial ocupado en 2004), situando al país en el lugar 37 de la clasificación global. El país redujo en las tres últimas de manera constante pero además creciente la brecha que lo separa de la meta propuesta internacionalmente (un valor IDH igual a 1). Así, mientras entre 1975 y 1990 dicha brecha se redujo en 27,5%, entre 1990 y 2003 lo hizo en 32,5 por ciento. Ello le ha permitido situarse dentro del grupo de países con un alto nivel en esa categoría.

Por otro lado, el último informe de competitividad mundial elaborado por el Foro Económico Mundial (FEM) sitúa al país en el lugar 23 entre 117 naciones, con lo que Chile se ubica al tope de América Latina, seguido a bastante distancia por Uruguay (lugar 54), México (55), El Salvador (56) y Colombia (57). Este desempeño responde al alto superávit fiscal, la tasa de ahorro interno, el bajo nivel de inflación, los diferenciales de las tasas de interés, la relación deuda pública/PIB y el tipo de cambio real. El informe destaca la gestión macroeconómico e institucional, equiparable a los países europeos por su trasparencia y eficiencia. De hecho, sólo ocho países europeos lo superan en materia de eficiencia institucional.

….Pero escasos avances redistributivos

No obstante las percepciones internacionales, los resultados macroeconómicos continúan exhibiendo unos asimétricos balances sociales -especialmente en materia de empleo y salarios. Existe consenso en que han sido los sectores populares sobre quienes recayó el peso fundamental de la crisis iniciada en 1998, mediante fuertes reestructuraciones de personal y masivos despidos en 2000 y 2001; elevados niveles de desempleo; bajos salarios, (2) y severos obstáculos para la organización de los trabajadores en sindicatos. (3)

La relación entre la trayectoria seguida por los salarios reales, el crecimiento económico y la productividad no difirió sustantivamente durante el sexenio de Lagos respecto de la ocurrido en la década previa: en ambos períodos, los salarios reales crecieron a tasas equivalentes a la mitad de la expansión del PIB y representaron no mas del 40% de la ganancia de productividad. Aunque no hay cifras oficiales disponibles para 2005, los datos aislados permiten inferir que esa brecha incluso pudo haberse ensanchado.

Según un trabajo elaborado por la oficina chilena de la OIT, (4) también la brecha entre el salario mínimo real y la productividad, que había venido hasta fines de la década anterior, durante 2001 se ensanchó en 1,6 puntos porcentuales. Asimismo, la relación entre el ingreso por trabajo de las familias pobres y el número de canastas básicas que se puede comprar con aquél (lo que marca la línea de pobreza), después de subir desde 0.41 a 0.50 canastas en la década pasada, se mantuvo inalterable durante el sexenio de Lagos. Entre otras razones, por el ‘achatamiento’ en los reajustes del salario mínimo bajo este período.

Dadas la evidente pérdida de participación de los asalariados en el Ingreso Nacional (5) y el aumento de la productividad laboral de los últimos años -particularmente en las grandes empresas-, la aspiración de lograr mayores reajustes reales de remuneraciones continuó en 2005 enfrentada a la tendencia a ahorrar empleo, reforzada tras las últimas reformas laborales (seguro de desempleo, disminución de la jornada de trabajo), que según los empresarios impusieron un costo salarial más rígido.

Como consecuencia de todo lo anterior, las sustanciales brechas de desigualdad han seguido incrementándose en este período. La extremadamente regresiva distribución del ingreso -una de las peores del mundo y que según el propio Banco Central no ha evolucionado en los últimos 20 años- se expresa en que el veinte por ciento más rico de la población gana hoy 19 veces más que el quintil más pobre.

Notas: 1) Creció apenas un 0,8% anual en el trienio 2000-2002 (casi a la mitad del la expansión de la fuerza laboral: 1,7% anual), un 3,15 en 2003, y un magro 2 por ciento en 2004. 2) Salvo entre 2001 y 2002, durante el sexenio de Lagos las remuneraciones sistemáticamente se expandieron en niveles equivalentes a la mitad de la expansión del PIB. Y mientras el Ingreso creció a una tasa del 2,6% en los primeros años del sexenio, la masa salarial habría disminuido a razón de 0,2% por año. 3) La tasa de sindicalización apenas se empina hoy del cinco por ciento, menos de la mitad del nivel existente a fines del régimen militar. 4) Indicadores para Analizar el Reajuste del Salario Mínimo. 2002 (Orientaciones de Política), Oficina Internacional del Trabajo, Equipo Técnico Multidisciplinario de Santiago. 5) La masa salarial (total de ingreso percibido por los trabajadores asalariados) se mantuvo prácticamente constante a inicio de la presente década, situación completamente diferente a lo sucedido durante la primera mitad de los ’90, cuando crecieron rápidamente el empleo y los salarios reales.