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Pagaremos el enfrentamiento innecesario con Rusia por la decadencia de Estados Unidos

Fuentes: Rebelión

Sí, que lo paguen en primer lugar los ucranianos es natural, pues ellos son los causantes (sin ánimo de inculpación moral, quede claro, salvo que la tontería de los pueblos pueda calificarse de causa moral).

La insistencia con la adhesión a la UE y a la OTAN es su desgracia, pues fronteriza con Rusia, lo mejor es no incomodar al poderoso vecino con exigencias si no nos anda molestando y, a mayor abundamiento, si uno de sus gaseoductos pasa a través de nuestro territorio y nos produce ingresos por ello. Y por el lado del romanticismo histórico recuérdese lo que dijo el que fuera ministro de Asuntos Exteriores francés, Hubert Védrine «Ucrania ha sido rusa más tiempo que la Bretaña lo ha sido francesa».

Lo pagaremos los europeos todos, pues son varios los países que se han implicado contra Rusia y la UE como conjunto también. Es posible que Francia haya intentado salvar sus muebles con la visita de Macron. La falta de inteligencia, no sabiendo evaluar adecuadamente las pérdidas y ganancias; el seguidismo de un Estados Unidos que anda dando coletazos nerviosos al verse en posición perdedora de hegemonía en el tablero mundial, cuya presión se traslada directamente y a través de una OTAN que no hace demasiado estaba moribunda. Todo ello lo pagaremos mientras EEUU y el Reino Unido (en mucha menor medida) se han cobrado algo ya por adelantado con la venta de armamento a países europeos que no han comprendido que sus aviones y tanques no pueden alcanzar el número necesario para ser tenidos en cuenta.

De las consecuencias económicas de las sanciones también seremos paganos, incluso podemos ser tributos de los EEUU, que se resarcirá de gastos vendiéndonos gas licuado a un precio de más del doble que nos cuesta el ruso que transita por los gaseoductos. Pretender aislar económicamente a Rusia, teniendo a China de socio enfrentado a EEUU, es dividir la economía planetaria, estando esta toda ella interrelacionada, interconectada en una malla de tal espesura y complejidad que es difícil que la acción punitiva contra Rusia no se concrete en la desgracia de los europeos y no sólo por el gas. Si Rusia pierde la inversión de Nord Stream II, también la pierden las empresas alemana, austriaca y holandesa involucradas.

En realidad Estados Unidos nos hace pagar el coste del que se quiere escabullir. Todo un camino en retirada como potencia imperialista que traslada sus costes a los que han sido sus protectorados, empezando por Arabia Saudita. Nos ha llegado el turno con Ucrania, donde los laboratorios biológicos experimentales son mayor preocupación para Estados Unidos, no fueran a caer en manos rusas, que sería socio arruinado y ruinoso de una Unión europea con una Comisión Europea beligerante, una burocracia que pretende hacer méritos para ganar grados de libertad a los Estados en las decisiones, le llegó el turno a Japón y su remilitarización, de coste justificado por la cercanía de China, pero que hasta ahora se podía privar de pagar; también le llega a Alemania, que promete aumentar hasta el 2% el gasto en defensa, cuando hasta ahora la preferíamos desarmada, en recuerdo de la II Guerra Mundial.

Y hoy sabemos que Australia, además del viraje que hubo de realizar en la adquisición de submarinos ya comprometidos con Francia, para adquirir en su lugar los de origen estadounidense o inglés (alianza de defensa Aukus), y que acaba de decidir aumentar su ejército en un 30% de aquí al año 2040, añadiendo 18.500 soldados con un coste aproximado de unos 25.000 millones de euros (38.000 millones de dólares australianos), el mayor aumento en Australia en tiempo de paz, según recoge el diario Le Monde-AFP (jueves, 10 de marzo de 2022). ¿De qué le sirve alcanzar los 80.000 militares en 2040 frente al poderío militar chino? Es una asunción de costes para descargar a EE.UU.

De España mejor decir poco, pues el ridículo es proporcionado al que hacen el presidente Sánchez y su ministra de Defensa. En lugar de preocuparse directamente por los intereses españoles, como hace cada quisque al frente de su país, andan regalando pistolitas y chalequitos mientras aumenta la amenaza en Ceuta y Melilla y, lo que es peor, Canarias, la abandonada como ya lo fuera en siglos pasados (léase a título de ejemplo la Historia de las fortificaciones de la isla de La Palma, premio de investigación histórica Juan B. Lorenzo, 1990. Editado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma). Metidos en la OTAN cuando España gritaba “¡OTAN, NO!”, poniendo el PSOE Y Felipe González en persona toda la carne en el asador de la campaña en favor de la entrada de España, nos vemos ahora en la necesidad de recordarle a la OTAN que El sur también existe (véase el artículo de Francisco José Dacoba Cerviño, General Director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Nuevo concepto estratégico OTAN: El sur también existe, en Tribuna Norteamericana/ nº 36, noviembre 2021).

En el repliegue de los EE.UU. la asunción de costes no va de la mano con la libertad de decidir lo que más nos conviene, sino que hemos de servir a sus intereses en el enfrentamiento entre potencias. A fin de cuentas, a la UE le resultaba muy fácil preservar sus intereses energéticos en feliz convivencia con Rusia y bogar en favor de una Ucrania neutral, sin armamento que fuera una amenaza para Rusia y comprometida en no adherirse nunca a la OTAN. Ni habría guerra, ni los ucranianos sufrirían, ni los rusos padecerían el cerco de la guerra económica de tinte imperial que impone los EE.UU. y obliga a sus “aliados”, y ahora amenaza a China si no cumple sus órdenes y cumple las sanciones impuestas. ¿Sacrificar ahora, por los intereses estadounidenses, nuestro ya moroso nivel de vida tras la crisis financiera (la de las hipotecas “subprimes” provocada por los EE. UU. en 2008, luego, Gran Recesión mundial) y  tras el confinamiento por pandemia gestionada con mentiras?

Fernando G. Jaén Coll. Profesor titular del Departamento de Economía y Empresa de la UVIC-UCC.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.