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¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania?

Fuentes: Rebelión

¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Carlos Coronado, un filósofo autodidacta perteneciente al foro Filosofía y Pensamiento, me formuló la siguiente pregunta: ¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Aunque tenía algunas respuestas a […]

¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en

Inglaterra ni en Alemania?

Carlos Coronado, un filósofo autodidacta perteneciente al foro Filosofía y Pensamiento, me formuló la siguiente pregunta: ¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Aunque tenía algunas respuestas a mano que ofrecerle, quise aprovechar la ocasión para estudiar algunos textos de Vladimir Ilích y, como siempre, disfrutar de su enérgico e inteligente pensar. Empecé estudiando un pequeño texto, escrito el 20 de abril de 1917, titulado «Como razonan los socialistas que se han pasado a la burguesía», después un texto mayor titulado «Sobre el impuesto en especie», escrito el 21 de abril de 1921, que a mi juicio es un adelanto prodigioso de los pasos que actualmente y de forma novedosa está dando el socialismo chino. Y de aquí pasé a estudiar dos textos más: «Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeño burgués», escrito el 12 de mayo de 1918, y «La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo», escrito el 27 de abril de 1920. Por último, estudié una vez más la sección «Historia» del libro «La ideología alemana» de Marx y Engels. Proporciono esta información bibliográfica para que el lector sepa de dónde he alimentado mi mente y para dejar constancia de que siempre que elaboro un artículo estudio previamente algún texto clásico. En ocasiones de lo que estudias no utilizas nada, pero te deja la mente en forma.

Una cuestión metodológica

Siempre se tiene la tentación de responder a las preguntas de forma aislada. Y esta tendencia es normal porque las preguntas que te formulan son preguntas aisladas. Quién te formula la pregunta cree que puede haber una respuesta unívoca y precisa, y quien responde tiene la ilusión de poder satisfacer esa necesidad. Pero este procedimiento teórico es contrario a la esencia del pensamiento conceptual, cuyo valor estriba en proporcionar, entre otras cosas, una visión de conjunto del problema. Y así y todo, aunque puedas proporcionar una visión de conjunto del problema, siempre habrá lados que queden oscuros e incompletos. Lo que sucede es que hay muchas personas que tienen la tendencia, no de situar su pensamiento en las zonas claras e ir poco a poco ensanchándolas, sino en moverse de forma insistente en las zonas oscuras. De este modo son presas del desaliento y viven siempre asaltadas por la duda. El conocimiento de una cosa nunca es completo ni acabado. Y a este relativismo hay personas que no terminan de adaptarse y comprender que así no sólo es el conocimiento, sino también la vida.

De todos modos lo que quería concluir es que aquella pregunta que me formuló Carlos Coronado la he situado en un marco teórico más amplio de problemas. También considero que es importante tener en cuenta la perspectiva histórica, puesto que aunque aquella pregunta se refiere en concreto al periodo 1914 – 1918, la experiencia del socialismo ha experimentado muchos cambios desde aquel entonces al año 2008 en el que nos encontramos. Y muchas cosas que ocurrieron en aquel periodo se ven con más claridad y profundidad desde el conocimiento de la experiencia acumulada durante casi un siglo de socialismo, tanto de sus éxitos como de sus fracasos.

La determinación histórico-universal del comunismo

Escuchemos a Marx en la sección «Historia» del capítulo I de la «Ideología alemana»: «El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado». Esta idea escrita hace más de 150 años sigue teniendo en la actualidad la máxima validez. El comunismo sólo puede darse de forma firme y definitiva si se produce de forma simultánea en los países más avanzados del mundo, esto es, en los países de la Unión Europea, en EEUU, en Canadá y en Japón, o al menos en una buena parte de ellos. Pero el comunismo sólo se ha dado en los países más atrasados y de forma local: en Rusia primero y en China después. Esta realidad es lo que desalienta a todas las personas que creen en el comunismo. Pero la realidad es como es y nosotros no podemos transformarla de acuerdo con nuestros deseos.

Desafortunadamente los líderes de la izquierda radical y de la izquierda en general no saben evaluar esta realidad en su justa medida. ¿Por qué? Porque han esperado de Rusia primero y de China después la realización del comunismo como un sistema de sociedad cualitativa y notablemente superior al capitalismo. Pero esto no ha sido posible. Cuando China en la práctica no ha podido saciar el deseo que tiene la izquierda radical europea de un mundo nuevo, ésta se ha decepcionado y ha criticado al gigante asiático de forma desaforada. Pero al menos que consideremos falsa aquella premisa establecida por Marx, esta crítica es totalmente injusta. Pero si la tomamos por válida, el comunismo como sociedad superior al capitalismo sólo podrá darse cuando de forma simultánea la revolución socialista se lleve a cabo en una buena parte de los países más avanzados de la tierra. Y si esto es así, el principal culpable de que el mundo nuevo y el hombre nuevo no se hayan dado ha sido y es la izquierda radical de los países más avanzados del mundo.

El comunismo como la superación del estado de cosas actual

He usado la palabra ‘comunismo’ tal y como la emplearon Marx y Engels en la obra referida, donde puede leerse lo siguiente: «Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que hay de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual». Esta concepción es muy importante para desechar cualquier concepción idealista sobre el comunismo. Lo dejan muy claro Marx y Engels cuando dicen que el comunismo no es un ideal al que se tiene que sujetar la realidad, esto es, no es un concepto elaborado por una vanguardia inteligente y que después haya que implantar en la realidad. Nada de eso, el comunismo es el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Por ejemplo, en todas las economías capitalistas el sector público representa el 48 por ciento del total. Este 48 por ciento de economía pública representa ese movimiento que en parte ha anulado y superado a la propiedad privada, es una superación del capitalismo en el seno del propio capitalismo. Y forma parte, por lo tanto, del comunismo. Y repito: llamaremos comunismo al movimiento que anula y supera al capitalismo. Y forma parte de ese movimiento muchos hechos y acontecimientos ocurridos fundamentalmente durante el siglo XX. Si bien bajo el punto de vista material en los países más avanzados el comunismo ha dado pasos firmes, bajo el punto de vista político no los ha dado. Aunque habría que señalar que el hecho de que una parte de la burguesía, como la que representa el PSOE en España, se reclame de izquierda, es una manifestación en el terreno de la subjetividad del papel tan grande que tiene la economía pública en la economía total. Y el peso tan destacado de la economía pública en la economía total de los países capitalistas más avanzados, no sólo representa un hecho económico sino también un hecho cultural.

Las dos premisas materiales de la sublevación socialista

Marx, en la misma sección y obra referidos antes, habla del Poder social como la fuerza de producción multiplicada, que nace de la cooperación entre los distintos individuos y bajo la acción de la división social del trabajo. Pero nos indica que este poder social se les aparece a estos mismos individuos, no como una cooperación voluntaria, sino como un poder ajeno que los domina. Este hecho hace que los individuos vivan enajenados, dominados por las potencias que ellos mismos han creado.

Dicho esto, escuchemos ahora directamente a Marx: «Con esta enajenación sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder insoportable, es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente desposeída y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que supone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas constituye una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez…».

Esta idea de Marx permite explicar dos cosas: una, por qué la revolución ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra o en Alemania, y dos, el destino histórico que tuvo la revolución soviética. En el periodo 1905-1917 Rusia era todavía un país semifeudal y semicapitalista. Y en ella había una masa de la población absolutamente desposeída. Y en contradicción con ella había también un mundo de riqueza y cultura, en manos de las clases dominantes. Era un poder social insoportable el que representaba la Rusia zarista. Esta era la causa objetiva de la necesidad de la sublevación. La condición de un poder insoportable no se daba en Alemania e Inglaterra como se daba en la Rusia zarista.

No obstante, las fuerzas productivas en la Rusia zarista tenían un escaso desarrollo. De ahí que tras el comunismo de guerra en la Rusia soviética la escasez cobrara todo su predominio. Y fue entonces, en mayo de 1918, cuando Vladimir Ilích propuso la Nueva Política Económica, esto es, propuso las libertades mercantiles, el desarrollo del pequeño capital y el capitalismo de Estado. Y en lucha contra los comunistas de izquierda, esto es, contra los izquierdistas, Vladimir Ilích decía «El capitalismo de Estado es incomparablemente superior desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual». Después de indicar que la economía soviética estaba constituida por los siguientes elementos, economía patriarcal, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capitalismo de Estado y socialismo, se preguntaba: ¿entre qué elementos se mantiene la lucha principal, si hablamos en términos de categorías económicas? Y respondía: No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. Sólo trato con esta cita de remarcar dos cosas: una, que para el desarrollo de las fuerzas productivas de la Rusia soviética, sin el cual sólo se hubiera generado la escasez, era necesario la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado, y dos, que para ejercer un férreo control contra la anarquía que genera la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado el socialismo necesita del capitalismo de Estado.

Así que queda claro por qué la sublevación fue posible en la Rusia zarista: una, porque el Poder social era insoportable, y dos, porque fue necesaria la NEP, porque había que desarrollar las fuerzas productivas, que es la segunda premisa material para que una sublevación socialista tenga éxito. No obstante, el periodo estalinista supuso la liquidación de la NEP, la explotación del trabajo a favor de un desarrollo desproporcionado de la industria pesada y de colosales obras de infraestructuras, y bajo el punto de vista del consumo de masas el predominio de la escasez. Se suprimió la premisa material para que la sublevación socialista fuera un éxito: la satisfacción material de los trabajadores.

¿Es imposible entonces que en la Unión Europea se dé una revolución socialista?

En el seno de Europa no existe un Poder social que haya generado a una masa de la población como absolutamente desposeída. Hay pobres, pero no representan grandes mayorías sociales. En principio entonces parece que este Poder social es soportable y no existe la necesidad de sublevarse contra él. Pero si levantamos un poco la cabeza y miramos más lejos, vemos que fuera de Europa, ahí mismo debajo suya, en África, si se ha generado grandes masas de la población como absolutamente desposeídas. Y a esta inmensa pobreza se opone un gigantesco mundo de riqueza y cultura. Aquella se da en África, ésta en la Unión Europea. Vista así las cosas, el Poder social establecido, la fuerza de producción multiplicada, creada por la cooperación entre europeos y africanos, y bajo la acción de la división del trabajo entre esas dos poblaciones continentales, es insoportable. Y en consecuencia hay que sublevarse. Lo que sucede es que es insoportable para los africanos, no para los europeos. Aunque es cierto que cada vez para un mayor número de europeos el Poder social establecido también es insoportable, aunque sólo lo sea para su conciencia crítica.

Condiciones económicas y condiciones políticas del socialismo

Escuchemos a Vladimir Ilích en su texto «Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeñoburgués»: «El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y en la distribución de los productos. Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera clase, esperaba que se diera de modo liso, tranquilo, fácil y simple el socialismo íntegro) siguió un camino tan original que parió hacia 1918 dos mitades separadas del socialismo, una cerca de la otra, exactamente igual que los futuros polluelos bajo el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron del modo más patente la realización material de las condiciones económico-sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de su condiciones políticas, de otra».

Destaquemos algunas de las ideas expuestas en esta cita por Vladimir Ilích. Una: el socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, sin los grandes logros del capitalismo. De ahí que debamos considerar inevitable que China recurra al capitalismo para obtener lo que no posee y necesita. Pero después no debemos quejarnos ni asombrarnos de las consecuencias que llevan aparejadas la participación del capitalismo en la economía china. Dos: llamaremos menchevismo a aquella concepción de izquierda que piensa que se dará de forma tranquila y lineal el socialismo íntegro. Esta idea es muy importante: en principio todas las experiencias socialistas tendrán el carácter de ser parciales, no completas, no definitivas, no íntegras. Tres: el socialismo es inconcebible sin la dominación de la clase trabajadora en el Estado. Esto es lo que no comprenden los partidos socialistas burgueses. El socialismo no es posible sin que la clase trabajadora se convierta en la clase dominante. Cuatro: la Alemania de 1918 encarnó la realización material del socialismo. Esta es una idea muy importante: si ya en 1918 Alemania encarnaba la realización material del socialismo, es lógico pensar que los países de la Unión Europea representen en la actualidad mucho más que aquel entonces la realización material del socialismo. No obstante, la Alemania de 1918 y los países de la UE de 1998 no representan las condiciones políticas del socialismo. Cuatro: la Rusia de 1918 encarnó la realización de las condiciones políticas del socialismo. Esta idea es un golpe demoledor contra quienes presentan la concepción marxista de la historia como una concepción determinista, como si las condiciones económicas determinaran de modo absoluto la superestructura política, cuando lo que dice la historia es que la realización objetiva y la realización subjetiva del socialismo se dieron de forma separada. Y justamente como en la URSS de 1918 no se daban las condiciones objetivas para la realización material del socialismo, es lógico que Vladimir Ilích promoviera a través de la NEP la economía mercantil, el capitalismo privado y el capitalismo de Estado.

La fuerza de la burguesía

Escuchemos de nuevo a Vladimir Ilích, pero esta vez en el capítulo II de su obra «La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo»: «La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento y cuya potencia consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa».

Destaquemos algunas de estas ideas, que como se puede comprobar están repletas de la máxima actualidad. Una: La burguesía sigue siendo una clase mucho más poderosa que la clase trabajadora. Dos: La fuerza y solidez de los vínculos internacionales de la burguesía están mucho más desarrolladas y son más poderosas que la de principios del siglo XX. Tres: La pequeña producción sigue teniendo un papel destacadísimo en todas las economías del mundo y como en tiempos de Vladimir Ilích sigue generando capitalismo y burguesía cada hora de forma espontánea y en masa. Estas ideas son muy importantes para comprender a la China actual. Si para superar el socialismo pobre China ha tenido que abrirse al capital internacional y permitir cierto desarrollo del capital privado, ¿cómo podemos esperar que no se genere capitalismo y burguesía en masa y de forma espontánea? ¿Por qué hemos de estar decepcionados? Tenemos que aceptar la realidad. Les recuerdo lo que decía Marx: el comunismo no es un ideal al que hay que someter a la realidad, sino el movimiento que supera y anula el estado de cosas actual. Pero el socialismo necesita todavía del capitalismo. De ahí que todavía esté muy lejos el día de su total superación.

Una de las condiciones fundamentales del éxito de los bolcheviques

Sólo me resta exponer las condiciones subjetivas que hicieron posible el éxito de la revolución socialista en Rusia en 1917. He puesto el mismo título del capítulo II de la obra de Vladimir Ilích titulada «La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo», puesto que sólo me limitaré a exponer las ideas principales contenidas en ese capítulo añadiéndoles unos pequeños comentarios. Una: «el partido bolchevique no se hubiera mantenido en el poder sin una disciplina rigurosa y férrea». Hay personas que creen que la disciplina tiene un valor en sí misma y se sostiene por sí misma, que todo depende de que el partido en cuestión posea unos jefes muy disciplinados y que los militantes les obedezcan en sus directrices. Al principio la representación que se hacen esas personas es la de un partido muy semejante en su rigor disciplinario al del ejército. Pero se equivocan. Vladimir Ilích, con su clásica habilidad argumentativa, dice que ante esta premisa la primera pregunta que surge es la siguiente: «¿Cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza?» Y responde. Primero: «Por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución,…». No se piense que Vladimir Ilích habla aquí de la conciencia sensible, esa conciencia que se adquiere de forma espontánea en la lucha de clases, nada de eso, de la conciencia de la que habla aquí el líder de los bolcheviques es de la conciencia teórica. Así que anoten muy claro todos aquellos izquierdistas cuya conciencia tiene fundamentalmente una naturaleza sentimental, si se quiere tener un partido obrero muy disciplinado, la primera condición es la conciencia teórica. Y para tener esa conciencia teórica hay que estudiar muy duro.

Segundo: «Por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias (gran parte de la clase media)». Esta sí es una asignatura pendiente en la izquierda radical, que se caracteriza justamente por lo contrario, por su incapacidad para ligarse y acercarse a las grandes masas sociales. Y así, sin esa ligazón y acercamiento, es imposible tener un partido obrero con disciplina rigurosa. Y tercero: «Por lo acertado de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las mansas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia». Esta condición es muy importante para poder mantener la disciplina de un partido obrero. Creo que la dirección política de las actuales formaciones de la izquierda radical son en general erróneas, y su principal error está en que no son capaces de conectar con las necesidades e intereses de las grandes masas sociales. Vladimir Ilích culmina estas ideas diciendo que «sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamado a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad».

Es legítimo preguntar qué pasó con los partidos obreros socialdemócratas no rusos. Pues sencillamente que se volvieron partidos social chovinistas. Pusieron los intereses nacionales por encima de los intereses de clases. Y la base socioeconómica para que esto fuera posible fue la transformación del capitalismo de libre mercado en capitalismo monopolista de Estado y el surgimiento de la aristocracia obrera. Algunos se preguntarán: ¿existe hoy día aristocracia obrera? Pues claro que sí: todos los altos ejecutivos son aristocracia obrera. Realizan una función de trabajo, dirigir y gestionar las grandes empresas, pero ganan en concepto de salario más de lo que ganan los pequeños capitalistas en concepto de beneficio.

A modo de conclusión

Daré de forma enumerada las conclusiones. Una: en la actualidad sigue existiendo la misma contradicción que 1918: se dan de forma separada las condiciones materiales de la realización del socialismo de las condiciones políticas. Dos: la izquierda radical europea sigue aquejada de idealismo y de izquierdismo: sigue creyendo que es posible el socialismo íntegro y sigue sin ganarse la confianza de las grandes mayorías sociales. Tres: la izquierda radical sigue sin asimilar que el socialismo no es un ideal que hay que implantar sino el movimiento que supera y anula el capitalismo. Y cuatro: los líderes de la izquierda radical son tan sectarios, tan ciegos, que no ven y, por tanto, no celebran que la economía pública representa el modo práctico en que ha sido en parte superada y en parte anulada la propiedad privada en el seno del propio capitalismo.