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Con fondo de la tragedia de Haití

Pregunto a un creyente

Fuentes: Rebelión

Estimado XXX: tengo un amigo, excelente conocedor de nuestra literatura y, durante veinticinco años, profesor en la Sorbona, que suele decir que únicamente quienes no piensan pueden ser creyentes. ¿Tú piensas, o simplemente aceptas lo que te han dicho desde niño? ¿Qué has pensado, por ejemplo, ante el horror que se ha precipitado sobre el […]

Estimado XXX: tengo un amigo, excelente conocedor de nuestra literatura y, durante veinticinco años, profesor en la Sorbona, que suele decir que únicamente quienes no piensan pueden ser creyentes.

¿Tú piensas, o simplemente aceptas lo que te han dicho desde niño?

¿Qué has pensado, por ejemplo, ante el horror que se ha precipitado sobre el pequeño y paupérrimo país caribeño? Cuando te escribo, van más de cincuenta mil muertos y más de tres millones de damnificados. No creo que queden muchos al margen de la devastación en tan pequeña territorio, a no ser esos privilegiados que habitan casas más sólidas.

¿Qué te ha hecho pensar todo esto, si te ha hecho pensar algo?

A mí me ha hecho pensar lo siguiente, partiendo de la hipótesis Dios…

¿Tú sabes por qué ocurren estas catástrofes, así como las erupciones volcánicas, asimismo arrasadoras?

Pues, dicho sencillamente: porque nuestro planeta no está terminado. No es sólido todavía. Aún alberga en su interior buena parte del caos primigenio. Placas tectónicas que se mueven y chocan entre sí, produciendo terribles sacudidas; fuego incandescente; cúmulos de energía que necesitan expandirse…

Vosotros sostenéis, con vuestros maestros, que Dios es un Ser que posee todas las cualidades que puedan imaginarse, en grado supremo e infinito. Entre otros muchos maravillosos atributos, es infinitamente sabio, infinitamente bueno, infinitamente poderoso, infinitamente justo, y, con ese bagaje, ejerce una providencia continua sobre el mundo por él creado y sus habitantes.

Lo primero que cabe preguntarse ante lo ocurrido es: ¿cómo es posible que un ser infinitamente sabio, que tenía a su disposición un número infinito de planetas, eligiera para sembrar la vida en él uno todavía inacabado? Lo segundo: puesto que en sus manos está impulsarlo todo y evitarlo todo, ¿por qué ha dejado que le ocurra esto a los pobres haitianos? Cuesta pensar que sea tan bueno. Ni el ser más perverso habría urdido una infamia semejante. Y en fin ¿creerá hoy algún haitiano -otro día le tocará a otros- que el Dios infinitamente bueno y justo estaba en aquellos espantosos momentos ejerciendo una cuidadosa y amorosa providencia sobre ellos y su mísero patrimonio?

Por favor, si te decides a pensar y a contestarme, dime todo lo que quieras, menos que los designios de Dios son inescrutables y que a lo mejor esto ha ocurrido para bien de los infinitamente maltratados.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.