Las revueltas de la Generación Z desafiaron la autoridad, pero Marx explica por qué sustituyeron a las élites sin cambiar la explotación sistémica.
La desigualdad extrema, el trabajo precario y el poder corporativo han aumentado en la época del capitalismo tardío en vez de disminuir.
La importancia de Karl Marx radica en su método de analizar la sociedad por medio de las relaciones materiales, el poder de clase y la explotación. El capitalismo tardío no ha trascendido la crítica de Marx, sino que ha confirmado muchas de sus ideas fundamentales.
Marx insistía en que no se puede entender la historia centrándonos únicamente en las ideas. La realidad social está determinada por las estructuras económicas y los conflictos entre clases. Lo expresó de forma muy clara en el Manifiesto comunista al escribir «toda la historia de la sociedad humana hasta la actualidad es una historia de lucha de clases» (1). Esa afirmación sigue vigente porque desplaza la atención de los líderes individuales y la dirige a las relaciones de poder subyacentes que persisten en todos los sistemas políticos.
Trabajo, explotación y plusvalía
La explotación del trabajo es fundamental en la crítica de Marx. Según su análisis, el capitalismo no se basa fundamentalmente en la fuerza bruta, sino en un sistema de intercambio que parece justo, aunque provoca una profunda desigualdad. Las personas trabajadoras reciben salarios, pero el valor que generan es superior a lo que se les paga. Este excedente se lo apropian quienes poseen los medios de producción.
Marx formuló de forma memorable esta relación en El capital, donde describía el capital como «trabajo muerto que solo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo» (2). La imagen es deliberadamente inquietante, pero sirve para poner en evidencia una realidad estructural. El capital no crea valor por sí mismo, lo acumula extrayendo valor del trabajo humano. Este pasaje sigue siendo relevante en una época de trabajo precario, economías de plataforma y vigilancia digital, una época en la que el trabajo está fragmentado, pero persiste la explotación.
Marx también puso de relieve cómo este proceso transforma a la persona trabajadora. Argumentó en su obra Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 que bajo el capitalismo la persona trabajadora está cada vez más alienada tanto de su trabajo como de sí misma. Aunque hay diferentes traducciones, la idea fundamental es consecuente con su observación de que el trabajo bajo el capitalismo reduce la actividad humana a un medio de supervivencia en vez de a la propia realización. El capitalismo tardío intensifica esta alienación al extender la mercantilización a prácticamente todos los aspectos de la vida.
Desigualdad y la ilusión de igualdad legal
Una de las características que definen el mundo contemporáneo es la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. La igualdad legal formal existe, aunque la desigualdad material es cada vez mayor. Marx afirmó claramente que los derechos por sí solos no pueden vencer la dominación económica. Señaló en El capital que entre derechos iguales, «decide la fuerza». Con ello no pretendía ensalzar la violencia, sino mostrar los límites de los marcos legales en aquellas sociedades en las que la riqueza se traduce directamente en poder.
Esta idea ayuda a explicar por qué las intervenciones benéficas y las organizaciones no gubernamentales, aun siendo importantes, no pueden resolver la injusticia sistémica. Abordan los síntomas en vez de las causas. La crítica de Marx vuelve a centrar la atención en la propiedad, el control y la distribución de la plusvalía. Si no se hace frente a esos elementos fundamentales, se reproduce la desigualdad con independencia de las reformas políticas.
Las revueltas juveniles y la persistencia de las élites
Por todo el mundo han surgido movimientos impulsados de forma mayoritaria por jóvenes en respuesta a la corrupción, el autoritarismo y la exclusión económica. Estos levantamientos expresan un profundo sentimiento de frustración y de desposesión. Con todo, el resultado de muchos de ellos ha sido poco más que una reorganización de las élites. Cambian los líderes políticos, pero las estructuras económicas permanecen intactas.
Marx anticipó este problema. En el Manifiesto comunista argumentó que el Estado moderno funciona como «el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. para gestionar los negocios comunes de la burguesía». Cuando las revoluciones se centran unicamente en la dirigencia política sin transformar el poder económico, corren el peligro de reproducir las mismas jerarquías con nuevos rostros. Esto ayuda a explicar por qué tantas revueltas contemporáneas fracasan a la hora de lograr el acuerdo social más profundo que busca implícitamente la juventud.
Cultura,conformidad y la Escuela de Frankfurt
Mientras que Marx analizó las estructuras económicas, la Escuela de Frankfurt analizó cómo la cultura y la ideología estabilizan las sociedades capitalistas. Pensadores del siglo XX como Max Horkheimer y Theodor Adorno trataron de entender por qué las sociedades capitalistas avanzadas generan conformidad en vez de revuelta.
Max Horkheimer y Theodor Adorno desarrollaron el concepto de industria cultural en su obra Dialéctica de la Ilustración y afirmaron que la cultura de masas pacifica a los individuos en vez de liberarlos. Como escribieron ambos autores, «la industria cultural engaña perpetuamente a sus consumidores acerca de lo que promete perpetuamente». El entretenimiento ofrece placer, distracción y un sentido de individualidad, al tiempo que disuade de reflexionar críticamente sobre las condiciones sociales.
Esta idea es fundamental para entender el capitalismo tardío. Los ciclos mediáticos, la actividad online y la identidad del consumidor a menudo absorben la ira y la disidencia. Las protestas se convierten en un espectáculo, que la mercantilización neutraliza fácilmente.
Consumo y sociedad unidimensional
Herbert Marcuse amplió esta crítica en su obra El hombre unidimensional, que se centra en cómo la sociedad de consumo remodela la propia conciencia. Afirmó que las sociedades industriales avanzadas asimilan a la oposición al satisfacer necesidades de una manera que refuerza la dominación. Una de sus observaciones más citadas expresa esta dinámica: «Las personas se reconocen en sus productos de consumo; encuentran su alma en su automóvil, en su equipo de alta fidelidad, en su casa, en sus electrodomésticos».
Aunque estos ejemplos han quedado desfasados, la lógica sigue siendo la misma. Cada vez se construye más la identidad por medio del consumo. El descontento político se redirige hacia la elección de un estilo de vida, de marcas y de expresión personal. Esto contribuye a explicar por qué la crítica estructural lucha por ganar terreno incluso en medio del descontento generalizado.
La ilusión de libertad
Erich Fromm abordó cuestiones similares desde una perspectiva psicológica. Argumentó en El miedo a la libertad que los individuos modernos a menudo huyen de la genuina libertad para caer en la conformidad y la sumisión. Como él mismo dijo, «el hombre moderno vive bajo la ilusión de la independencia». Las personas experimentan la posibilidad de elegir, aunque sus vidas están determinadas por la necesidad económica, la competencia y la inseguridad.
Esta ilusión desempeña un papel fundamental para mantener el capitalismo tardío. Se anima a los individuos a considerar el éxito o el fracaso como logros o fallos personales, y se ocultan las condiciones estructurales que determinan las consecuencias. La crítica que hace Marx de la ideología y el análisis de Fromm de la estructura del carácter coinciden en este punto.
Progreso, razón y violencia oculta
Walter Benjamin hizo un rigurosa crítica de las ideas lineales del progreso. En su obra Tesis sobre el concepto de historia advirtió que «nunca hay un documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie». El desarrollo económico y las innovaciones tecnológicas a menudo dependen de la explotación y la exclusión. El capitalismo tardío es un ejemplo de esta contradicción, ya que combina una riqueza sin precedentes con una precariedad generalizada.
Horkheimer reafirma esta crítica en su obra Critica de la razón instrumental al afirmar que «la razón se ha convertido en un instrumento». La racionalidad se reduce al cálculo y la eficiencia, al servicio del beneficio y no de la emancipación. Esta razón instrumental legitimiza sistemas que parecen neutrales aunque reproducen la dominación.
Por qué Marx sigue siendo indispensable
Marx continúa siendo relevante no solo porque predijo de forma precisa el futuro, sino porque sacó a la luz las dinámicas que subyacen en la sociedad capitalista. Su análisis explica por qué persiste la desigualdad, por qué el cambio político a menudo resulta ser superficial y por qué la explotación se adapta en vez de desaparecer.
La Escuela de Frankfurt ahonda en este análisis y demuestra que la cultura, la psicología y la ideología refuerzan el poder económico. Proporcionan juntas un marco para analizar por qué el capitalismo tardío genera tanto una fuerte insatisfacción como una enorme inestabilidad.
Marx no ofrece simples respuestas o recetas fáciles, ofrece claridad. Mientras la explotación esté incrustada en las estructuras económicas y oculta por la cultura y el consumo, su crítica seguirá siendo esencial. Cambiar las caras sin transformar los cimientos seguirá dejando a las personas marginadas esperando un futuro que nunca llega.
Notas de la traductora:
(1) Tomamos esta cita y las demás del Manifiesto comunista de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
(2) Tomamos la cita de https://www.nodo50.org/garibaldi/contenido/Marx/c12.html
Texto original: https://thedeltagram.com/ideas/what-marx-tells-us-about-why-gen-z-revolutions-failed
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


