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¿Quién ha votado al Banco Mundial?

Fuentes: Rebelión

Hoy no me quito de la cabeza la imagen del presidente de Ecuador, Rafael Correa, en su particular ejercicio de rebeldía frente al Banco Mundial. Algunos medios de comunicación califican de desplante que un Presidente decida no escuchar a un organismo internacional. Sin embargo, la decisión de Correa no es un desplante, es un acto […]

Hoy no me quito de la cabeza la imagen del presidente de Ecuador, Rafael Correa, en su particular ejercicio de rebeldía frente al Banco Mundial. Algunos medios de comunicación califican de desplante que un Presidente decida no escuchar a un organismo internacional. Sin embargo, la decisión de Correa no es un desplante, es un acto de dignidad frente a un organismo ilegítimo, ilegítimo porque con sus decisiones, en coordinación con el Fondo Monetario Internacional, ha desangrado a su país y condenado a la pobreza a sus ciudadanos. Correa sabía bien que al levantarse estaba manifestando el sentir de los millones de ecuatorianos que han sufrido las consecuencias de las políticas de ajuste que el BM les ha venido recetando, cual un Dr. Muerte, durante años.

No exagero con la comparación. Según los datos de la CEPAL de 2007, un 42.6 % de los habitantes de Ecuador vivían bajo el nivel de pobreza y un 16% en extrema pobreza, especialmente, claro, en zonas rurales. Ante esta situación, al entrar en el gobierno en enero de 2007, la lucha contra la desigualdad y por el bienestar inmediato de los ciudadanos fue el objetivo fundamental de la política de Rafael Correa, apoyado en un cuestionamiento continuo y directo del orden económico internacional creado y sostenido por los organismos multilaterales de crédito.

Al levantarse de la reunión Correa planteaba de nuevo esa resistencia o desobediencia frente a decisiones y entidades que él considera ilegitimas. La legitimidad de las políticas y de los que las implementan puede medirse por dos parámetros. El primero, es la participación de los destinatarios en la gestación y realización de las políticas públicas y en la elección del gestor; el segundo son los resultados respecto del bienestar del conjunto de ciudadanos. Apliquemos ambos parámetros al caso concreto, comenzando por el presidente Correa y su gestión.

La Constitución de la República del Ecuador es un ejemplo de democracia participativa, de empoderamiento ciudadano, integrándose la participación como eje vertebrador de la vida política de la República. El presidente Correa ha sido elegido dos veces, la primera en noviembre de 2006, momento en el que tuve la oportunidad de participar como Observadora Electoral en la plasmación del proceso de desbordamiento de la indignación de las clases subalternas ecuatorianas. Posteriormente, tras un proceso constituyente y la aprobación de una nueva Constitución, Correa fue elegido de nuevo, esta vez en primera vuelta con un 51,99 % de los votos, algo inédito en la historia política ecuatoriana.

Es bien cierto que la gestión gestión de Correa ha tenido momentos de tensiones, podríamos decir que consustanciales a todo proceso de transormación social y política, pero los datos demuestran claramente que las políticas desarrolladas por Correa en sus casi cinco años de mandato han sido beneficiosas para aumentar el bienestar de la mayoría de los ciudadanos ecuatorianos. Los logros en política social, infraestructuras, reducción de la pobreza, universalización del acceso a la salud y la educación son incuestionables. La fuerte apuesta por la inversión pública, en sentido contrario a las directrices de los organismos económicos internacionales, se ha plasmado en resultados positivos respecto de generación de empleo (el desempleo ha caído en un 6%) y disminución de la desigualdad (que ha bajado en un 4.8%), tal y como certifica la reducción del coeficiente de Gini durante el último año.

Aplicar estos dos parámetros al Banco Mundial es difícil. El Banco Mundial funciona como una cooperativa en la que sus 187 países miembros son accionistas. Esos accionistas están representados por una Junta de Gobernadores, los ministros de hacienda o de desarrollo de los países miembros, que sólo se reúne una vez al año. Las decisiones específicas las toman 24 Directores Ejecutivos, cinco de ellos permanentemente nombrados por Alemania, Estados Unidos, Francia, Japón y el Reino Unido y el resto por los demás países miembros. Como puede observarse, aun cuando una vez al año un ministro de un gobierno votado por los ciudadanos esté presente en una reunión del BM, existe un abismo entre la ciudadanía y las decisiones que toma el Banco Mundial y que tienen una repercusión directa sobre el bienestar de cada una de las personas del país implicado.

Por otro lado, las consecuencias de la política de préstamos del Banco Mundial en Ecuador son bien conocidas, provocando un deterioro fundamental en derecho humanos fundamentales, tales como el derecho a un nivel de vida suficiente, a la salud, a la educación, al trabajo.

No le falta pues razón a Correa para alzar la voz y rebelarse contra el pago de la deuda y contra el Banco Mundial, puesto que ante la ilegitimidad de la institución la rebeldía y la desobediencia son sin duda procedentes. El Presidente Correa se levantó imitando lo que los pueblos del continente llevan décadas haciendo, construyendo un futuro a su medida y no al dictado de los poderosos del norte.

En la próxima Cumbre es posible que sean muchos más quienes se levanten. En realidad, está en nuestra mano que los presidentes europeos sigan el ejemplo y obedezcan al pueblo, sí se puede.

Dale Correa!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.