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¿Quién le va a decir a Lula?

Fuentes: La Jornada

¿Quién le va a decir a Lula que está haciendo un mal gobierno? ¿Quién le va a decir (si es que no lo sabe todavía) que en este año y medio todos los índices sociales em-peoraron en la misma proporción en que mejoraron los financieros? ¿Quién le va a decir a Lula esta verdad social: […]

¿Quién le va a decir a Lula que está haciendo un mal gobierno?

¿Quién le va a decir (si es que no lo sabe todavía) que en este año y medio todos los índices sociales em-peoraron en la misma proporción en que mejoraron los financieros?

¿Quién le va a decir a Lula esta verdad social: la situación de la abrumadora mayoría de los brasileños sigue deteriorándose mientras la de la elite brasileña, especialmente la de los banqueros y especuladores, sigue mejorando?

¿Quién le va a decir a Lula que en el balance de su año y medio de gobierno faltó mencionar que las ganancias de los bancos subieron todavía más y, sin embargo, pagan menos impuestos que nunca?

¿Quién le va a decir a Lula (si es que todavía no lo percibe) que los bancos, el sistema financiero y los detentadores de los capitales especulativos en general están muy satisfechos con su gobierno, mientras que con los trabajadores (empleados y de-sempleados) sucede lo contrario?

¿Quién le va a decir a Lula que el FMI y el Banco Mundial están muy contentos con su gobierno, mientras que los movimientos sociales y todos aquellos que se congregan en torno al Foro Social Mundial de Porto Alegre están muy contrariados?

¿Quién le va a decir a Lula que el PT, del que él proviene, fue constituido como partido de izquierda y, que si él ya no se considera de izquierda fue porque cambió y no porque ese pasado pueda ser borrado o cambiado de signo?

¿Quién le va a decir a Lula que afirmar que está «haciendo las reformas que el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC) no tuvo el valor de hacer» es cambiar radicalmente la posición del PT, que junto con los movimientos sociales las combatió cuando FHC trató de ponerlas en práctica?

¿Quién le va a decir a Lula que maltratar, de palabra y de facto, a los servidores públicos es maltratar a los que luchan por la universalización de los derechos sociales; que maltratar a las enfermeras de los servicios de salud pública y a las profesoras de la educación pública es maltratar a los usuarios de dichos servicios, a la población ma-yoritaria y más pobre de Brasil?

¿Quién le va a decir a Lula que la reforma de pensiones favoreció los planes privados de previsión social, que victiman a los servidores públicos en favor del sistema fi-nanciero que explota dichos planes?

¿Quién le va a decir a Lula que un crecimiento de 3 o 4 por ciento, partiendo de cero por ciento, nada significa y que significa aún menos para la población pobre, porque sin aumento de los salarios y elevación del nivel de empleo formal el crecimiento sólo puede basarse en la exportación (antes que nada de los agronegocios), sin mejorar en nada los índices sociales internos?

¿Quién le va a decir a Lula que su política económico-financiera está equivocada, que está en el centro del fracaso de su go-bierno, que ningún economista de izquierda -del PT u otros sectores- apoya esa política y que por eso está siendo puesta en práctica por economistas neoliberales?

¿Quién le va a recordar a Lula que esa política estaba justificada en un inicio por la «herencia maldita», que después pasó a ser adoptada como permanente y que el ministro Palocci confiesa que es la misma del gobierno de FHC, lo que significa que el Ejecutivo actual adopta la «herencia maldita» como su política de gobierno?

¿Quién le va a decir a Lula que el «superávit primario» es un embuste, porque no es superávit sino déficit tomando en cuenta el pago de los intereses de la deuda, hacia donde se canaliza el grueso de los recursos recaudados de la producción?

¿Quién le va a decir a Lula que el debate de la reforma tributaria no le explicó al pueblo brasileño lo esencial: que se paga mucho de impuestos y las prestaciones del Estado son malas, no porque ese dinero se utilice como gasto social y de pago a los servidores públicos, sino porque el grueso de lo que se recauda en impuestos es usado para pagar los intereses de la deuda?

¿Quién le va a decir a Lula que el Estado brasileño, en vez de minimizar las injusticias y las desigualdades promovidas por el mercado, las intensifica transfiriendo recursos billonarios de los ciudadanos que pagan impuestos hacia el capital especulativo?

¿Quién le va a decir a Lula que el pueblo brasileño ya tuvo demasiada paciencia du-rante estos 500 años y que quien tiene hambre tiene prisa?

¿Quién le va a decir a Lula que no tiene por qué mostrarse satisfecho con lo que viene haciendo y que tiene que ser solidario con los sufrimientos del pueblo brasileño, que no disminuyeron en nada desde su toma de posesión ocurrida el primero de enero del año anterior?

¿Quién le va a decir a Lula que los economistas del Banco Central, que tienen más poder que todo el Parlamento brasileño, son adeptos doctrinarios del neoliberalismo y no deberían opinar ni decidir sobre el nivel del salario mínimo, ni sobre los recursos pa-ra las políticas sociales; que no deberían estar en el Banco Central ni en el gobierno?

¿Quién le va a decir a Lula que lo que Haití necesita, más que militares o juegos de futbol con la selección brasileña, son medicinas, enfermeras, educadores, trabajadores del área social y no del área militar?

¿Quién le va a decir a Lula que sus discursos, en vez de movilizar al pueblo lo desmovilizan, y que en él reside su apoyo básico si quiere quebrar la dictadura del capital financiero e imponer la «prioridad de lo so-cial», como prometió hacer?

¿Quién le va a decir a Lula que existen políticas sociales alternativas -como las puestas en práctica por la prefectura del PT en Sao Paulo-, diferentes a esas que el go-bierno viene tratando de concretar sin lograr alterar de forma significativa la miseria en Brasil, porque son políticas focalizadas y de emergencia, en lugar de ser universalizadoras de los derechos?

¿Quién le va a decir a Lula que, después de haber perdido la posibilidad de conseguir los recursos que el Estado necesita mediante una reforma tributaria que hiciera pagar a quién más tiene, socialmente justa, no conseguirá nada significativo del programa de Asociación Público Privado1, ya que los capitales privados obtienen retornos mucho mayores y a plazos más cortos en la especulación financiera?

¿Quién le va a decir a Lula que los capitales especulativos no pagan impuestos en la Bolsa de Sao Paulo, mientras que muchos otros sectores básicos todavía los pagan?

¿Quién le va a decir a Lula (si es que ya se le olvidó) que una amplia y profunda reforma agraria es la condición indispensable para la construcción de un Brasil justo y soberano?

¿Quien le va a decir a Lula (si es que todavía no lo sabe) que su gobierno ha sido hasta ahora conservador, que favorece a los capitales especulativos y ataca los intereses del mundo del trabajo?

¿Quién le va a decir a Lula que, con todo eso, su gobierno está desechando toda la acumulación de fuerzas democrática y po-pular conseguidas en estas dos últimas dé-cadas y media, perdiendo una oportunidad histórica única para rescatar a Brasil de la miseria, la injusticia y la dependencia?

¿Quién le va a decir a Lula que existen alternativas para lo que hasta ahora ha sido su política económico-financiera y que sería su gobierno, de la manera en que fue electo, el que puede innovar en escala mundial, saliendo del modelo neoliberal y dando inicio al «otro mundo posible», justo y solidario?

¿Quién le va a decir a Lula que si le dijera al FMI y a los acreedores internacionales lo que Tancredo dijo -que no va a pagar la deuda con el hambre del pueblo brasileño, y que no seguirá transfiriendo recursos al capital financiero internacional mientras los brasileños no comieran tres veces al día, objetivo para lo cual fue electo y con lo cual se comprometió con el pueblo brasileño- y él tiene la fuerza dentro y fuera de Brasil para sostenerlo?

¿Quién le va a decir a Lula que hambre cero debería ser un programa que responda al hambre de empleo?

¿Quién le va a decir a Lula que si él no sale del modelo neoliberal, su gobierno fracasará y que, en palabras de Palocci, al no cambiar la política económico-financiera, es la política de FHC la que marca la tónica de su gobierno?

¿Quién le va a decir a Lula éstas y tantas otras cosas, sin las que aquella linda fiesta del primero de enero del año anterior quedará en la memoria de todos los brasileños como una posibilidad histórica más, que podría haber sido pero no fue? Como el pueblo esta vez hizo su parte, le resta a Lula y a su gobierno cumplir con la suya.

Traducción: Jerónimo Rajchenberg

1 Parcería privado-público, proyecto gobernamental para intentar atraer recursos privados para iniciativas públicas. N de T.