A sus ochenta y cinco años y retirado desde 2017 de los escenarios, el influyente creador valenciano Raimon es reivindicado en una notable biografía. Gran agitador cultural y pilar del resurgimiento del catalán, en pleno franquismo aunó su labor de cantautor militante independiente con la reivindicación de la vieja y nueva poesía, musicalizando a Ausiàs March o Salvador Espriu.
Durante un encuentro público en 2024, Joan Manuel Serrat conversaba con el periodista Iñaki Gabilondo e insistió en que él no fue el inventor de musicalizar a grandes poetas porque Paco Ibáñez lo hizo antes. Así fue. En 1964 se editó un álbum del vasco-valenciano con poemas de Federico García Lorca y en 1967 un segundo LP con canciones basadas en poetas más contemporáneos. Serrat se estrenó en esa modalidad en 1969 con la poesía de Antonio Machado y repitió en 1972 con la de Miguel Hernández. En 1969 salió también el EP de Mikel Laboa con poemas del dramaturgo germano Bertolt Brecht.
Pero en esa protohistoria de la canción de autor, al sur del Pirineo, hay un hecho que raramente se menciona: el álbum de 1967 “Cançons de la roda del temps”, en el que el vocalista Raimon musicó la obra poética en catalán de Salvador Espriu (1913-1985). Años más tarde haría lo propio con el poeta medieval Ausiàs March y otros rapsodas antiguos, siempre en catalán.
Ramón Pelegero Sanchis (Xàtiva, 1940) fue una aportación fundamental a la lucha cultural antifranquista. Con importante eco internacional, su evolución artística acumuló un amplio quehacer creativo. El periodista Miquel Alberola (València, 1958) revisa su andadura en “Aquest jo que jo soc” (Ara Llibres). De momento, no hay traducción a otras lenguas. El libro desmenuza en clave de biografía-ensayo la vida y obra del autor de “Al vent”, que se despidió en 2017 de los escenarios, tras seis décadas de actividad musical.
EL SILENCIO COMO IDIOMA
El biógrafo presenta al niño Pelegero, apodado “el Pele”, en una ciudad marcada por el bombardeo franquista de 1939 y «el largo silencio impuesto por los vencedores». La militancia izquierdista de la familia de su madre Dolors y la anarquista de su padre Josep les valió persecución y detenciones. El silencio, «idioma oficial de los vencidos», como reza la biografía, iba a ser tema constante en la obra del cantautor.
“Pele” creció entre la escuela religiosa y el adoctrinamiento del régimen y tuvo a la música como compañera de viaje desde que tocaba la flauta y el flautín en la Societat Musical la Nova, que presidía su padre. A a los 14 años se asomó a su futuro mundo creativo colaborando en un espacio de entretenimiento de Radio Xàtiva. Ingresó en el Conservatorio de Música y Declamación de València, no le gustó y se apuntó en la Facultad de Filosofía y Letras, donde descubrió el empuje catalanista de escritores como Joan Fuster, uno de sus guías intelectuales, y la poesía valenciana medieval.

Se inició como letrista-vocalista y, su fuerza al cantar y una guitarra, fueron los altavoces para unas letras entre el retrato social e ideológico y la lírica poética, metaforizadas frente a la censura. Reivindicando siempre la vida, la gente en lucha, su lengua natural y orígenes; actitudes que le obstaculizaron el éxito comercial mayor, pero le labraron un incondicional apoyo público hasta en Centro Europa, Latinoamérica y Japón.
LA NOVA CANÇÓ́
Viajando por su tierra, de paquete en la Vespa de un amigo, ideó la que iba a ser su marca artística: la vibrante canción “Al vent”, estrenada en la taberna valenciana Casa Pedro, en 1961. En octubre del año siguiente se celebró en Castelló el III Aplec de la Joventut del País Valencià y allí conoció a los cantantes del colectivo Els Setze Jutges, fundado un año antes en Barcelona. Representaban la llamada Nova Cançó, influyente movimiento catalanista que tuvo eco en la creación del colectivo euskaldun Ez Dok Amairu.
El biógrafo subraya que «la desconexión entre catalanes y valencianos, a pesar de la consecuencia histórica y cultural de la que forman parte, era casi total». «‘Pele’ cantaba por instinto en valencià, como los valencianos denominan al catalán al menos desde el siglo XIV». El de Xàtiva cantó en el encuentro “Al vent”, “La pedra” y una versión de la francesa “Les feuilles mortes” e impresionó a los barceloneses. Alberola explica que no era «un cantante ‘normal’, no encaja en los patrones vigentes del oficio».
El joven de 22 años viajó en diciembre a Barcelona, contratado por la discográfica Edigsa. Improvisó el nombre artístico Raimon, se fogueó en el entusiasta ambiente progresista y participó en un encuentro navideño en el Palau d’Esports.

Alberola recuerda que Els Setze Jutges cantaban de traje y corbata, «en escrupulosa coreografía de aplomo docente», y Raimon era «una persistencia social de la naturaleza en mangas de camisa». «Electrizante canto gritado», frente al «melódico canto recitado» de los otros, como lo describió el filósofo comunista Manuel Sacristán.
DIGUEM NO
Entonces casi todas las canciones eran en castellano y cantar en catalán era folclórico. Pero Pelegero debutó en disco en 1963 con un EP que contenía “Al vent”, “La pedra”, “Som” y “A colps”. Y de inmediato pasó por el trago de intervenir en el Festival de la Canción del Mediterráneo, en la italiana San Remo, versionando el tema romántico “Se’n va anar”. La primera y última vez que cantó en traje y corbata, obligado por la organización. El contrapeso sería la edición del segundo EP, con “17 Anys”, “Cançó de capvespre” y “Diguem no”, camuflada como “Ahir”.
Su impacto público era ya notable y en 1964 apareció la temprana biografía “Raimon”, a cargo de Fuster. El tercer disco pequeño, con “Perduts”, “Tot sol”, “Cançó de les mans” y “D’un temps, d’un país” abonó el campo para el debut en LP con “Cantarem la vida”, grabado en directo. En ese “canto a la vida”, la censura y la discográfica le obligaron a desviar la intención del mensaje introduciéndole el coro “Israel, Israel”. Al creador levantino le irían llegando ofertas para actuar en castellano, francés, inglés o italiano. Pero siguió «cantando en mi lengua, y con mi fonética, la de Xàtiva, que es mucho más bonita que la de Barcelona».

GATO ENCERRADO
El amor llamó a la puerta del cantante y se casó en 1965 con la italiana Annalisa Corti, a quien dedicó cuatro temas del disco “Cançons d’amor”. Ella se convirtió en su mánager, organizando giras por Europa y Estados Unidos. La figura social del cantautor alcanzó más rango cuando en 1966 protagonizó el primer recital masivo de la cançó, ante más de 5.000 personas en el campo de deportes del jesuita Instituto Químico de Sarrià, en Barcelona.
Pero sufría la censura de forma constante y el escritor Manuel Vázquez Montalbán dijo que se había convertido en «uno de los mitos del prohibicionismo nacional», obligado «casi fatalmente» al papel que escogió representar, «dramáticamente exagerado por la demanda de su público y por el recelo del sistema». Los censores, que a menudo lo llamaban Raimond, llegaron a prohibirle la poesía de March “Veles e vents” aduciendo que, «como no se entiende, hay gato encerrado».
Para el franquismo, era un autor de «canciones anti-Régimen en idioma catalán, de matiz filo-comunista, pacifista y de protesta». Con un supuesto sesgo personal: «Aparte de sus actividades políticas, el epigrafiado es considerado como invertido, manteniendo relaciones con individuos de esta índole». Con la duda del autoexilio sobre la mesa, optó por salir más a actuar en el extranjero.
18 DE MAIG A LA «VILLA»
París fue su punto internacional de apoyo desde que en 1966 debutó en la Universidad de la Sorbona y fue el primer cantor en catalán en el emblemático Olympia. Consiguió después otro reto actuando en Japón y vendiendo más de diez mil ejemplares de una edición discográfica especial. La ya comentada edición de “Cançons de la roda del temps”, con poemas de Espriu y portada de Joan Miró, despegó al cantautor de los esquemas más estrechos de la “canción protesta”. En una segunda edición revisada, la filosofía musical fue más atrevida bajo la dirección del experimental saxofonista labortano Michel Portal, fallecido este febrero, que colaboró durante años con el cantante valenciano.

Raimon era ya un cantante de altura en Catalunya y convirtió el Palau de la Música en su escenario más visible. Para la posteridad quedó también el enfervorizado recital del 18 de mayo de 1968 desde las escaleras del vestíbulo de la madrileña Facultad de Ciencias Económicas, después llamada Complutense, fecha a la que Raimon dedicó una canción.
Su relación con Euskal Herria se reflejó en “El País Basc”, compuesta tras su debut en 1967 en la bilbaina Universitad de Deusto, en el donostiarra Victoria Eugenia y el Gayarre iruindarra. Tuvo que sustituir “gora Euskadi” por “gora, gora”. Posteriormente presentó “A un amic d’Euskadi”. No pudo ser programado durante años en suelo vasco, hizo después varias visitas y en 1997 participó en el centenario del Orfeón Donostiarra en el estadio de Anoeta.
VELAS Y VIENTOS
Ausiàs March no existía ni en la historia de la literatura estatal y en 1970 Raimon comenzó a cantar sus poemas, junto a otros poetas medievales como Bernat Metge, Jaume Roig, Joan Roís de Corella, Francí Guerau o Mossè Estanya. «Liberado de la guitarra», el cantante enfrentó «un salto musical cualitativo», según su biógrafo, abrazando estructuras musicales más complejas y armónicas.

Si la mirada artística de Pelegero amplió horizontes, también su censurada vida profesional rompió fronteras. En Estados Unidos conoció al héroe musical Peter Seeger, y se editó la recopilación “Catalonian Protest Songs”. Viajó por Argentina, Uruguay y Chile publicando varios discos en directo. Tradujo “Amanda”, para el disco “A Víctor Jara”, ejecutado por los militares chilenos, única canción de otro cantante en toda su trayectoria.
Agonizó el franquismo, pero la biografía denuncia que el anticatalanismo se consagró con «la piel de cordero del antivalencianismo», criminalizó a Raimon y en el primer periodo democrático fue más censurado en su ciudad que durante la dictadura. Mientras en la televisión pública francesa actuó unas tres veces por año, en TVE acumuló ocho minutos en doce años.
Simpatizante del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y militante a favor de Comisiones Obreras y el Sindicato Democrático de Estudiantes, en febrero de 1976, ya sin Franco, consiguió cuatro recitales en el Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.
En la nueva realidad el cantante no quería perder su compromiso ni desligarse de las luchas populares, pero tampoco ser comparsa, instrumento político o “predicador”. No le gustaba ser considerado “cantante protesta” y ni siquiera “cantautor” por la forma peyorativa con que se usaba el término. Los principales partidos catalanes no entendieron «el rechazo de Raimon a significarse con sus siglas cantando en mítines o asumiendo cargos públicos». «Estarás acabado», recuerda que le dijeron, a modo de amenaza, ante alguna de sus negativas.
LA VIDA SIGUE
La década de los ochenta arrancó con la colección “Raimon. Totes les cançons” y la elaboración de un dietario que años después se editaría como “Personal i transferible”. La explosión musical catalanista de la dictadura había sido apagada por los cambios y las nuevas modas y apenas él mismo o Lluis Llach conseguían vivir de su profesión cantando solo en catalán.

El artista levantino dio en 1984 un “salto cualitativo” con “Entre la nota i el so”, un acercamiento al pop considerado su disco más eléctrico. En «un momento óptimo de producción y pésimo de esperanzas en lo social», apareció en 1987 “Presències i oblit”, su primera obra editada en formato CD.
Pero arribaron tiempos sombríos en lo personal cuando Annalisa sufrió un cáncer de pecho, pasando por un duro proceso durante el que sobrevoló sobre la pareja la idea de un suicidio mutuo. La vida triunfó y hubo ocasión de celebrarla con un recital en las fiestas de la Mercè̀, con cientos de músicos de la Orquesta Sinfónica, ante unas ocho mil personas. En 1988 Raimon actuó en Moscú en apoyo a la causa palestina, y en la argelina Tindouf, defendiendo al pueblo saharaui.
En pleno proceso de reflexión, 1989 fue un año profesionalmente en blanco y el autor de “Diguem no” participó en una protesta con otros colegas contra el trato de la autonómica Corporació Catalana de Radiotelevisió a la música en lengua propia. Se encerraron en el Departamento de Cultura de la Generalitat, con pancartas como “Canta en anglè̀s si vols sortir a TV3” o “Catalunya Ràdio, la ràdio nacional de Califor-nia”. Hubo medidas correctoras en su programación y Raimon colaboraría con la radio autonómica y el circuito catalán de TVE.
La nueva década iba a arrancar con solo dos conciertos en todo 1990, pero en 1993 se celebraron los treinta años de “Al vent” con un recital ante 18.000 personas en el Palau Sant Jordi, retransmitido por TV3 y Catalunya Ràdio, más TVE-2 en diferido. Arroparon al de Xátiva el uruguayo Daniel Viglietti, el luso Luis Cília, Pete Seeger y su nieto, los nipones Warabi-Za interpretando “Al vent” en japonés, Michel Portal, Paco Ibáñez, Ovidi Montllor, Serrat, Pi de la Serra o Mikel Laboa. Contra viento y marea, la fortaleza social de Raimon parecía sólida.
En septiembre de 1997 recibía uno de los varapalos más importantes de su carrera por parte del público. Raimon participó en un concierto-homenaje a Miguel Ángel Blanco en la plaza de toros de Las Ventas, donde presentó “El País Basc” como una canción «prohibida muchas veces por la dictadura franquista». El cantautor recibió entonces una de las pitadas más sonadas por gran parte de los asistentes, sobre todo cuando cantó el “Gora Euskadi” de la última estrofa.

ENTRE MUNDOS
En el cruce entre siglos, el cantante acumuló colecciones: “Cançons de mai”, “Les cançons d’amor”, la caja de diez cedés “Nova Integral 2000” o “Clàssics i no”. Y también reconocimientos oficiales, incluidos el de la Generalitat valenciana y el del Ayuntamiento de Xàtiva, que le nombró hijo predilecto.
Mientras trabajaba obras de nueva elaboración musical como “Rellotge d’emocions”, empezaba a bullir el proceso soberanista. En 2014 fue preguntado en Catalunya Ràdio si era independentista. La biografía dice que «lo niega. Nunca se lo ha planteado, atenúa. Encuentra que para el conjunto de la cultura catalana la independencia puede ser contraproducente, porque desde València esto se mira de otra forma y puede hacer crecer el anticatalanismo, que gobierna las principales instituciones, como ya está ocurriendo. ‘No lo tengo claro’ subraya. Y por eso, justifica, no ha tenido ninguna participación en el movimiento independentista. ‘Para participar en cualquier cosa tengo que estar muy convencido’». Su biógrafo aclara que el cantante defendía «una solución confederal».
En la recepción de un premio, Raimon aclaró que «no me siento que soy de los míos, cuando los míos quieren que yo sea como ellos quisieran y no como ellos saben que soy». Y agradeció el «inmenso talento que contribuyó a que este fenómeno de canción popular nueva adquiriese una entidad y un prestigio incontestable. Yo me siento parte de ese mundo que hizo posible este nuevo fenómeno poético-musical. Yo soy de ese mundo».
Fue llegando el tiempo de ordenar cajones. El músico había donado su fondo audiovisual a la Filmoteca de Catalunya y reunió su archivo general en la Fundació Raimon i Annalisa de su localidad, con multiapoyo institucional. El libro “Tot el que he cantat” recopiló las letras de ciento cincuenta y una canciones, desde 1959 a 2017.
El 28 de mayo de 2017 Raimon Pelegero protagonizó su definitivo adiós en el Palau de la Música, retransmitido en directo por TV3, y el recital se editó en el disco doble “L’ùltim recital”. Como describe su biografía, «el camino que era un destino ha llegado al final. Raimon pone el punto final como empezó hace casi sesenta años, con ‘Al vent’. En su principio está su final. La canción de adolescencia ha crecido como un himno catártico en la voz de un público que le aclama de pie y siente que es una parte muy constitutiva de su existencia». Hasta aquí llegó la riada, que dicen en València.


