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Saciar la sed de agua y de ciudadanía

Fuentes: Adital

¿Cómo impedir que la población de la región semiárida brasileña siga siendo víctima de la sequía? La mejor iniciativa es el Programa 1 Millón de Cisternas, conocido también como Programa de Movilización y Formación para la Convivencia con el Semiárido. Este mes se festeja el millón de personas favorecidas por la construcción de cisternas. Lo […]

¿Cómo impedir que la población de la región semiárida brasileña siga siendo víctima de la sequía? La mejor iniciativa es el Programa 1 Millón de Cisternas, conocido también como Programa de Movilización y Formación para la Convivencia con el Semiárido. Este mes se festeja el millón de personas favorecidas por la construcción de cisternas.

Lo dirige desde hace cuatro años el ASA (Articulación en el Semiárido Brasileño), ONG que cuenta con el apoyo del gobierno federal, de la Febraban, de la sociedad civil y de varios socios nacionales e internacionales.

El programa parte de la idea de que el pueblo del semiárido es capaz de dirigir su propio destino y encontrar medios para resolver sus problemas, siempre que le sean garantizados medios y políticas de convivencia con la sequía, y no de combate a dicho fenómeno natural. Así como en otros países no se combate a la nieve, sino que se aprende a convivir con ella, lo mismo se debiera aplicar a la sequía.

Hasta ahora el programa ha movilizado a unas 228.538 familias y ha construido 221.362 cisternas de losas para captación de agua de lluvia -por medio de canalones desde el tejado de la casa- para el consumo humano. Nada más potable que el agua de lluvia, que en las ciudades, sin embargo, es desperdiciada irresponsablemente, atasca las cañerías, causa erosión de las laderas, inundaciones y riadas.

Hoy más de un millón de personas tienen garantizado el acceso al agua de calidad para beber y cocinar, lo que significa, en términos de seguridad alimentaria y nutricional, una efectiva revolución en sus vidas. Cuando se sobrevuela el semiárido se notan puntitos blancos esparcidos por la zona rural. Son las cisternas adosadas a las casas de los campesinos, muchas de ellas en lugares de difícil acceso.

Uno de los efectos más tangibles es el de favorecer a mujeres y niños que, cada día, dejan de caminar kilómetros para buscar agua, muchas veces contaminada. Ahora pueden dedicar su tiempo a la educación, a la familia, a la producción o al ocio. Como afirman muchas mujeres, se sienten más madres, más esposas, más compañeras, más gentes.

Los niños ahora están más sanos porque ya no son víctimas de enfermedades transmitidas por el agua, entre ellas la diarrea; los ancianos y deficientes pueden ser atendidos; familias enteras, que anteriormente nunca tuvieron acceso a nociones y cursos de tratamiento del agua ni de convivencia con el semiárido, ahora usan esas informaciones para mejorar su calidad de vida.

Las cisternas son construidas con, y no para las personas; éstas se involucran profundamente en la obra, lo cual garantiza su cuidado. Como todo el proceso es hecho en comunidades, ahí se aprecia la erradicación de la exclusión social y la afirmación de la ciudadanía. Son más de mil municipios del semiárido los que, movilizados, componen un nuevo escenario.

Las cisternas, excavadas al lado de las casas y revestidas de planchas de cemento, son equipamientos sencillos, de tecnología barata y fácil manejo. Tienen una larga vida útil cuando se les da un buen mantenimiento, de acuerdo con lo que se enseña en los cursos. Al visitar la región vi que en algunas había larvas de anfibios vivos, señal de que el agua es apropiada para el consumo humano. Se inaugura así una política pública no clientelista, volcada de verdad hacia los más pobres.

Queda ahora que el gobierno federal dé más apoyo al ASA, para que pueda alcanzar la meta de construir 1 millón de cisternas y favorecer a cinco millones de personas con acceso al agua potable.

Pero me queda una pregunta que no deseo callar: ¿por qué en las construcciones urbanas raramente se encuentran lugares para captar agua de lluvia, que es potable y gratuita? ¿No debiera comenzar el ejemplo por las obras del poder público?

[Autor de «Sobre la esperanza», junto con Mario Sergio Cortilla]

Traducción de J.L.Burguet

* Fray dominico. Escritor.