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Sin Chávez pero con candanga

Fuentes: cubAhora

Hugo Chávez transformó todo lo que tocó. Como sucede también con Bolívar y Fidel, América Latina era una a su llegada y otra bien distinta a los pocos años de su accionar político. En 1999 -año de su primera toma de posesión presidencial- campeaba el consenso de Washington, la fantasía de progreso anexionándose a Estados […]

Hugo Chávez transformó todo lo que tocó. Como sucede también con Bolívar y Fidel, América Latina era una a su llegada y otra bien distinta a los pocos años de su accionar político.

En 1999 -año de su primera toma de posesión presidencial- campeaba el consenso de Washington, la fantasía de progreso anexionándose a Estados Unidos a través del ALCA se había hecho moda y pronunciar la palabra socialismo era sinónimo de derrota segura para cualquiera que aspirara a hacer política en este continente.

Chávez hizo que pocos años después la realidad fuera otra. Siglas, organizaciones y sobre todo realizaciones concretas que han cambiado la vida de millones de latinoamericanos, nacían de un febril accionar que en quince años puso de pie mucho de lo que andaba de cabeza por estas tierras. ALBA, CELAC, UNASUR brotaban como espacios de concertación al margen de Estados Unidos; mientras PetroCaribe, y los programas con maestros y médicos cubanos ampliaban sustancialmente el acceso a la electricidad, la salud y la educación de las mayorías en la región.

Y Washington, que había convertido el apego a la democracia liberal en ingrediente de su retórica para la región se vio de nuevo empujando golpes de estado, comenzando en abril de 2002 en la propia Venezuela, y luego en Ecuador y en Bolivia, todos fracasados, pero tuvo éxito en Honduras y Paraguay. Chávez, no obstante avanzó y avanzó. En su último año de vida -ya minado por el cáncer- obtuvo por enésima vez una victoria electoral aplastante sobre los aliados de Estados Unidos en su país; constituyó la Comunidad de Estados de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), cuya segunda cumbre -acabada de celebrar en Cuba- ha sido un golpe demoledor a las políticas de EE.UU.- y legó una unidad en la dirección político-militar de la Revolución Bolivariana que no ha tenido una sola deserción desde su partida.

Lo que vemos por estos días en Venezuela es la puesta escena del mismo guión golpista de 2002 pero ante una realidad radicalmente distinta. Si entonces un sector del ejército se prestó para la conspiración antidemocrática, hoy la unidad de los militares con la Revolución lo impide; si la renta de la empresa petrolera PDVSA fue en aquellos días centro de disputa, ahora esa empresa responde firmemente para financiar los programas sociales del gobierno bolivariano; si CNN y los canales privados tenían el monopolio para imponer al mundo su imagen de Venezuela, ahora TeleSUR es una realidad que no pueden silenciar.

Pero los ricos venezolanos -aunque no han tenido que renunciar a sus vuelos a Disneyworld y a sus Hummers con televisión incorporada para que los pobres tengan viviendas dignas, escuelas, médicos, y viajes en metro y telesférico- lo quieren todo, incluyendo el derecho a tener en sus cuentas bancarias en EE.UU. el dinero de la renta petrolera. A los más adinerados antichavistas no les molesta el desabastecimiento ni la inflación, pueden pagar por ella, y las provocan -conscientes de que son minoría- para buscar aliados mediante la confusión y la irritación entre quienes antes no podían consumir y ahora -gracias a la Revolución- pueden ir de compras.

Derrotados en las urnas elección tras elección, quieren incendiar las calles para que vengan los yanquis a hacer el trabajo que ellos no han podido cumplir. Y como allí se mostró quiénes son los violentos, se inventan en las redes sociales de internet las imágenes que toman de Siria, Chile, Cataluña, Grecia y España para que detrás vengan las declaraciones del State Department y de las celebrities que viven en Hollywood o Miami a inflarles la mentira con el favor de los medios. Sin embargo, para enfrentar eso está también el legado de Hugo Chávez: sus seguidores dan la batalla en internet, animados por el ejemplo de quien llegó a ser -con la cuenta @chavezcandanga– el jefe de estado de habla hispana más seguido en Twitter. Y no todas las celebridades se venden, a un año de la muerte del líder venezolano, el cineasta Oliver Stone estrena en TeleSUR su documental Los amigos de Chávez.

Son muchos -dentro y fuera de internet- los amigos del Comandante bolivariano, y mientras su candanga continúe haciendo justicia en la vida real, ninguna mentira virtual podrá derrotarla.

Fuente: CubAhora