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“Razón de Estado: Cuestión agraria y campesinado” de Esteban Daza

Soberanía alimentaria o hambre para el pueblo

Fuentes: Observatorio de Cambio Rural / Rebelión -Foto: Trueque entre campesinos de Costa y Sierra en Tungurahua, 13 de mayo de 2020, coordinado por el Movimiento Nacional Campesino (Fecaol).

El cuaderno de reflexión “Razón de Estado: Cuestión agraria y campesinado”, escrito por Esteban Daza, activista del Observatorio de Cambio Rural, es un valioso aporte para quien intente comprender la realidad del sector campesino en particular y la estructura socio-económica y política de Ecuador en general. Con claridad y rigurosidad analiza el rol del Estado frente a la economía campesina, familiar e indígena y la situación de los productores agrícolas en la última década.

Aunque el cuaderno fue elaborado tan solo un año después de que asumiera el presidente Moreno, ya plantea la crítica y el temor de diversos sectores sociales de que dicho gobierno implementara un plan neoliberal en beneficio de los grandes grupos económicos y financieros del país. El rumbo neoliberal del gobierno (advertido por Daza en los albores) se fue consolidando en los meses posteriores y fue la causa de las históricas jornadas masivas de resistencia indígena, popular y de movimientos sociales de octubre de 2019 contra el paquete de medidas económicas dictadas por los grandes grupos empresariales y los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En Razón de Estado: Cuestión agraria y campesinado, Daza propone un debate sobre el rol que desempeñó el Estado entre los años 2007-2017, en torno a estos dos interrogantes centrales:

1) ¿Cómo operó la racionalidad política que permitió la configuración de mecanismos de contrarreforma agraria en los últimos diez años en el Ecuador?

2) ¿Cuáles fueron las estrategias políticas que escogieron las organizaciones campe­sinas para resistir y generar la defensa de sus derechos?

Sobre el primer interrogante, propone debatir la primera fase del “retorno del Estado” (2007) y la modernización conservadora y la segunda fase enfocada en la reforma normativa que coloca al Estado como agente de control y disciplinamiento de los sectores agrarios.

Sobre el segundo interrogante, plantea estudiar la plataforma de movilización de las organizaciones indígenas y campesinas para resistir contra el régimen de modernización conservadora.

Recordemos que la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) en su plan de lucha implementado en las jornadas de octubre de 2019 -y reafirmadas en la actual coyuntura de la pandemia- en referencia a las pequeñas economías campesinas, demanda:

  • Protección e incentivos para las economías familiares campesinas.
  • Acceso a créditos a bajos intereses para la pequeña producción campesina, condonación de deudas a los pequeños productores.
  • Política pública fitosanitaria ecológica que permita romper con los grandes monopolios de agrotóxicos.
  • Garantizar la guardianía de semillas nativas a las comunidades campesinas e indígenas, y eliminación de acaparamiento de simientes en las empresas oligopólicas como Agroquímica y Pronaca.
  • Auditoría integral sobre el acaparamiento del agua y tierra fértil en manos de la agroindustria.
  • Redistribución del agua y tierras aptas para cultivo.

El alto nivel de movilización y liderazgo de la CONAIE demostrado al paralizar el país en octubre de 2019 – junto a diversas organizaciones sociales feministas, estudiantiles, territoriales- no ha desaparecido. Las organizaciones indígenas y sociales continúan en estado de vigilancia y movilización durante la pandemia. Se mantiene una situación de convulsión social en fermentación, que no explota porque está contenida momentáneamente por los efectos devastadores de la pandemia en los sectores populares restringiendo las posibilidades de movilización por el temor real a contagios en el país con más muertes per cápita de la región. Y el otro factor de contención -quizás tan o más importante que el coronavirus- es la proximidad de las elecciones presidenciales.

El rol del Estado y el Buen Vivir

El debate propuesto por Esteban Daza sobre el rol modernizador (adjetivo que refleja una visión tecnócrata y excluyente del campesinado) del Estado es central para un análisis con perspectiva histórica donde se enmarque la plataforma de acción de los pueblos y nacionalidades del Ecuador.

Señalaba François Houtart que los gobiernos progresistas -entre los que incluía al gobierno anterior del presidente Correa- “pusieron el énfasis en la absorción de los sectores jurídicos y legislativos por el poder ejecutivo y un liderazgo carismático. En esda situación, el tipo de comunicación que se establece entre el poder y el pueblo es generalmente vertical, con poca posibilidad de una comunicación desde abajo hacia arriba. Esto crea un contexto de debilidad para los derechos humanos.” Y en esta situación de decepción de grandes sectores del movimiento indígena y otros sectores populares, las fuerzas conservadoras aprovechan para avanzar y profundizar la derechización neoliberal, sugiere Houtart.

En concordancia con la visión de Houtart, Esteban Daza propone estudiar, analizar, comprender y transformar la hegemonía oligárquica en una democracia participativa, plurinacional, donde impere el respeto a los pueblos, a los movimientos sociales y a la naturaleza bajo el lema del Buen vivir.

El Estado, afirma Esteban Daza en el trabajo que aquí reseñamos, no es un ente abstracto, sino el resultado de relaciones de fuerza. Siguiendo esta línea de pensamiento, podríamos afirmar que en la coyuntura actual ha quedado demostrado que el Estado ecuatoriano representa exclusivamente los intereses de las grandes empresas, la banca y los organismos financieros multinacionales -identificación que quedó clara cuando priorizó el pago de la deuda externa a costa de recortar el gasto público dejando a decenas de miles de trabajadores desempleados en plena pandemia.

En las conclusiones, Daza delinea el problema central de las organizaciones indígenas y campesinas frente a un Estado aliado con la gran oligarquía terrateniente: La necesidad de disputar las instituciones del Estado para poder tomar control de las formas de vida y producción en el campo.

La importancia de esta disputa ha sido resaltada durante la pandemia por el papel lamentable desempeñado por el Estado ecuatoriano: ineficiencia, corrupción, abandono de sus responsabilidades básicas en una emergencia sanitaria dejando a los ciudadanos indefensos y permitiendo la especulación y el lucro de los grandes grupos económicos. Frente a ese papel lamentable de un Estado fallido y ausente, los pequeños productores agropecuarios siguieron trabajando para alimentar a la población. La iniciativa de las Brigadas Campesinas de la Fecaol para proveer de alimento a precio reducido a la población de Guayaquil desde abril pasado cuando la especulación y el sobreprecio reinaban sin ningún control estatal es un ejemplo del rol crucial del sector campesino en Ecuador.

Los ejes de debate planteados en Razón de Estado: Cuestión agraria y campesinado son hoy más vigentes que nunca: Soberanía alimentaria o hambre para el pueblo.

Enlace al libro reseñado: https://ocaru.org.ec/index.php/coyuntura/articulos/item/10161-cuadernos-de-reflexion-razon-de-estado-cuestion-agraria-y-campesinado-por-esteban-daza