Recomiendo:
0

Entrevista con Jean Bricmont

Sobre intervencionismo humanitario, Irán, Israel y los países no alineados

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En su artículo, «The Case for a Non-Interventionist Foreign Policy» (El caso de una política exterior no intervencionista), usted menciona las justificaciones que inventan las potencias imperiales para justificar sus expediciones militares en todo el mundo. ¿No es una ventaja una política exterior belicista para los políticos del mundo occidental, especialmente en EE.UU., a fin de atraer el voto y el apoyo del público? ¿Elegirá el pueblo estadounidense a un presidente pacifista que prometa abiertamente terminar con todas las guerras de EE.UU. y que se abstendrá de librar nuevas guerras?

No estoy seguro de que el belicismo atraiga votos. En Europa ciertamente no. Los políticos más belicistas, Blair y Sarkozy, no fueron populares por mucho tiempo por su política exterior. En Alemania el público está sistemáticamente a favor de una política exterior pacífica. Como señaló el pacifista estadounidense A.J. Muste, el problema de todas las guerras es el vencedor porque cree que la violencia es rentable. Los derrotados, como Alemania, y en cierta medida el resto de Europa, saben que la guerra no es tan agradable.

Sin embargo pienso que excepto en tiempos de crisis, como en las guerras de Vietnam o Argelia cuando las cosas se pusieron malas para EE.UU. o Francia, la mayoría de la gente no está muy interesada en la política exterior, lo que es comprensible en vista de sus problemas materiales y dado el hecho de que parece estar fuera del alcance de la gente de a pie.

Por otra parte, todo candidato presidencial estadounidense tiene que hacer declaraciones patrióticas: «somos los mejores», «una luz en la cumbre del monte», un «defensor de la democracia y los derechos humanos», etc. Eso, por supuesto, vale para todos los sistemas de poder, lo único que cambia son los «valores» a los que se refieren (ser un buen cristiano o musulmán, defender el socialismo, etc.).

Y es verdad que para conseguir los votos, hay que tener el apoyo de la prensa y del gran dinero. Eso introduce una enorme predisposición a favor del militarismo y del apoyo a Israel.

Las potencias imperiales como usted ha indicado en sus escritos, libran guerras, matan a gente inocente y saquean los recursos naturales de países más débiles con el pretexto de llevarles la democracia. Por lo tanto, ¿quién debiera preocuparse de los principios del derecho internacional, la integridad territorial y la soberanía? Atacar otros países a voluntad, matar desenfrenadamente a gente indefensa es una demostración flagrante de ilegalidad. ¿Es posible hacer entrar en razón a esas potencias y hacerlas rendir cuentas por lo que hacen?

Pienso que la evolución del mundo va en esa dirección: respeto por los principios del derecho internacional, integridad territorial y soberanía. Como dije antes, las poblaciones europeas son bastante pacíficas, dentro de Europa y respecto al resto del mundo, por lo menos en comparación con el pasado. Algunos de sus dirigentes no son pacíficos y hay una fuerte presión de una alianza aparentemente extraña a favor de la guerra entre intervencionistas de derechos humanos y neoconservadores que son influyentes en los medios y en la intelectualidad, pero no son las únicas voces y son bastante impopulares en el público general.

En cuanto a EE.UU., se encuentra en una profunda crisis, no solo económica, sino también diplomática. Hace tiempo que ha perdido control de Asia, está perdiendo Latinoamérica y ahora Medio Oriente. África se vuelve cada vez más hacia China.

Por lo tanto, el mundo se está volviendo multipolar, le guste o no. Veo por lo menos dos peligros: que el colapso de EE.UU. produzca alguna reacción demencial, que conduzca a la guerra, o que el colapso del imperio estadounidense cree el caos, un poco como hizo el colapso del Imperio Romano. Es responsabilidad del Movimiento de No Alineados y de los BRICS que se asegure una transición ordenada hacia un orden mundial realmente nuevo.

Lo que parece hipócrita en la actitud de las potencias occidentales respeto al concepto de los derechos humanos es que condenan incesantemente la violación de los derechos humanos en los países con ideas contrarias, pero mantienen un silencio internacion sobre las mismas violaciones en los países con los que están aliados. Por ejemplo, usted seguramente sabe que se maltrata y se tortura a los prisioneros políticos en Arabia Saudí, el aliado número uno de Washington de los países árabes. Por lo tanto, ¿por qué no protestan y condenan esas violaciones?

¿Conoce alguna potencia que no sea hipócrita? Me parece que es la manera de funcionamiento del poder en todos los sitios y en todas las épocas.

Por ejemplo en 1815, después de la caída de Napoleón, el zar de Rusia, el emperador austríaco y el rey de Prusia se reunieron en lo que llamaron su Santa Alianza y pretendieron que basaban sus reglas de conducta «en las sublimes verdades contenidas en la eterna religión de Cristo nuestro Salvador», así como en los principios «de su santa religión, preceptos de justicia, caridad y paz», y juraron conducirse hacia sus súbditos «como un padre hacia sus hijos». Durante la Guerra de los Boers, el primer ministro británico, Lord Salisbury, declaró que se trataba de «una guerra por la democracia» y que «no buscamos ni minas de oro ni territorio». Bertrand Russell, citando esas declaraciones, comentó que los «extranjeros cínicos» no podían dejar de notar que «a pesar de ello obtuvimos tanto las minas como el territorio» [1].

En el clímax de la Guerra de Vietnam, el historiador estadounidense Arthur Schlesinger describió la política de EE.UU. en esa zona como parte de «nuestro programa general de buena voluntad internacional» [2]. Cuando terminó esa guerra, un comentarista liberal escribió en el New York Times que: «Durante un cuarto de siglo, EE.UU. ha tratado de hacer el bien, alentar la libertad política y promover la justicia social en el Tercer Mundo» [3].

En ese sentido, las cosas no han cambiado. A veces la gente piensa que porque nuestro sistema es más democrático tenemos que cambiar las cosas. Pero eso implicaría que el público estuviera bien informado, lo que no es cierto debido a los numerosos prejuicios de los medios, y que estuviera involucrado activamente en el desarrollo de la política exterior, lo que tampoco corresponde a la realidad excepto en tiempos de crisis. La formación de la política exterior es un asunto muy elitista y antidemocrático.

Los ataques e invasiones a otros países con el pretexto de la intervención humanitaria pueden ser legalizados y permitidos por unanimidad de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Si todos votan a favor de un ataque militar, este tendrá lugar. ¿Pero no piensa que el hecho mismo de que solo 5 países de todo el mundo puedan tomar decisiones por 193 miembros de las Naciones Unidas mientras esa considerable mayoría no tiene ninguna participación en los eventos internacionales es un insulto a todas esas naciones y su derecho a la autodeterminación?

Por supuesto. En realidad no se requiere unanimidad, con la excepción de los miembros permanentes. Pero ahora, cuando China y Rusia parecen haber adoptado una posición autónoma respecto a Occidente, no es evidente que las nuevas guerras serán legales. No estoy satisfecho con el actual sistema en el Consejo de Seguridad, pero sigo pensando que la ONU es, en general, algo bueno; su Carta provee una defensa, en principio, contra la intervención y un marco para el orden internacional y su existencia provee un foro en el cual los diferentes países se pueden reunir, lo que es mejor que nada.

Por cierto, la reforma de la ONU es un asunto complicado, ya que no se puede hacer sin el consentimiento de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y no es probable que muestren mucho entusiasmo ante la perspectiva de perder parte de su poder. Lo que importará a fin de cuentas será la evolución de la relación de fuerzas en el mundo, y eso no va en la dirección de los que piensan que ahora lo controlan.

Hablemos de algunos temas contemporáneos. En sus artículos, usted ha hablado de la guerra del Congo. Me espantó que la Segunda Guerra del Congo haya sido el conflicto más letal de la historia africana con la muerte de unos cinco millones de personas inocentes, pero los medios dominantes de EE.UU. ocultaron el asunto porque uno de los beligerantes, el ejército de Ruanda, era un cercano aliado de Washington. ¿Qué piensa al respecto?

Bueno, no soy experto en esa parte del mundo. Pero me doy cuenta de que la tragedia de Ruanda de 1994 se utiliza a menudo como un argumento de la intervención extranjera, de la cual se afirma que habría detenido la matanza, mientras que la tragedia del Congo se debe considerar un argumento contra la intervención extranjera y por el respeto al derecho internacional, ya que se debió en gran parte a la intervención de tropas de Ruanda y Uganda en el Congo.

Por cierto, el hecho de que nunca se presente este último argumento muestra, una vez más, que el discurso de la intervención humanitaria está sesgado a favor de los que mandan, que quieren atribuirse el derecho a intervenir cada vez que les convenga.

Hace solo unos días, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon condenó a los dirigentes iraníes por sus supuestas observaciones «inflamatorias y odiosas» sobre Israel. Sin embargo, nunca recuerdo haberlo oído condenar a los funcionarios israelíes por su frecuente repetición de peligrosas amenazas de guerra contra Irán. ¿Cuál es el motivo de esta hipocresía?

Como sabe, la hipocresía respecto a Israel en Occidente llega a proporciones astronómicas y Ban Ki-moon, aunque es secretario general de la ONU, defiende fuertemente posiciones «pro occidentales». Aunque yo tengo dudas respecto a la prudencia de la retórica iraní sobre Israel, pienso que las amenazas de Israel de acciones militares contra Irán son mucho peores y deberían considerarse ilegales según el derecho internacional. También pienso que las sanciones unilaterales contra Irán, tomadas por EE.UU. y sus aliados en gran parte para complacer a Israel, son vergonzosas. Y, aunque la gente que pretende ser antirracista en Occidente nunca denuncia esas políticas, creo que son profundamente racistas porque solo se aceptan porque los denominados «países civilizados», Israel y sus aliados, utilizan esa amenaza y esas sanciones contra un país «incivilizado», Irán. Es algo que se recordará en el futuro de la misma manera que ahora se recuerda la esclavitud.

Hay gente como usted que se opone al militarismo de EE.UU., sus embustes e hipocresía al tratar los derechos humanos y sus intentos de devorar Medio Oriente rico en petróleo, pero desgraciadamente, diría, usted está en la minoría. Los que dirigen EE.UU. son el Congreso administrado por Israel y think-tanks belicistas como el Consejo de Relaciones Exteriores y la Fundación Nacional por la Democracia (NED) que dirigen EE.UU., no los pensadores y escritores progresistas como usted, contrarios a la guerra, pro paz. ¿Cuánta influencia tienen los pensadores progresistas y los medios de izquierdas en las políticas que aplica EE.UU.?

Bueno, pienso que hay que hacer una diferencia entre el apoyo a Israel y el deseo de «devorar» petróleo. Las dos políticas no son lo mismo y son, en realidad, contradictorias. Como han mostrado, pienso, Mearsheimer y Walt, las políticas pro Israel de EE.UU. están impulsadas en gran medida por el lobby pro Israel y no corresponden o ayudan a sus intereses económicos o geoestratégicos. Por ejemplo, que yo sepa, no habría problemas para que nuestras compañías petroleras perforaran en Irán si no fuera por las sanciones impuestas a ese país; pero estas últimas están vinculadas a la hostilidad de Israel contra Irán, no a algún deseo de controlar el petróleo.

La segunda observación es que la gente opuesta a la guerra no se encuentra necesariamente en la izquierda. Es verdad, hay una buena parte de la derecha que se ha vuelto neoconservadora, pero también hay una gran parte de la izquierda que está influenciada por la ideología de la intervención humanitaria. Sin embargo también existe una derecha libertaria, Ron Paul por ejemplo, que se opone obstinadamente a la guerra, y hay algunos restos de una izquierda pacifista o antiimperialista. Obsérvese que siempre ha sido así: la posición pro y antiimperialista, incluso en los días del colonialismo, no coincide con la división entre izquierda-derecha si contemplamos dicha división en términos socioeconómicos o «morales» (sobre los matrimonios de mismo sexo, por ejemplo).

Asimismo, es verdad que tenemos muy poca influencia, pero se debe en parte a que estamos divididos entre una izquierda contra la guerra y una derecha contra la guerra. Creo que la mayoría de la población se opone a estas interminables y costosas guerras, sobre todo en Europa, por la lección que extrajo de la Segunda Guerra Mundial o por su derrota en las guerras coloniales, y en EE.UU., por la fatiga de la guerra después de Afganistán e Irak.

Lo que no tenemos es un movimiento coherente contra la guerra; para construirlo sería necesario concentrarse en la guerra en sí y unir ambos lados de la oposición (derecha e izquierda). Pero si es posible construir movimientos alrededor de otros «temas aislados» como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo, que dejan de lado todos los problemas socioeconómicos y temas de clase, ¿por qué no hacerlo por un tema tan importante?

Aunque un movimiento semejante no existe ahora, las perspectivas no son totalmente negativas: si la crisis económica se profundiza y aumenta la oposición mundial a las políticas de EE.UU., ciudadanos de todos los colores políticos podrían unirse para tratar de crear alternativas.

¿Cuál es su punto de vista respecto a la guerra de sanciones, embargos, asesinatos nucleares y operaciones psicológicas de EE.UU. y sus aliados contra Irán? Irán se encuentra prácticamente bajo un ataque multilateral de EE.UU., Israel y sus sumisos cómplices europeos. ¿Hay algún camino para que Irán salga del dilema y resista las presiones? ¿Cuán bien conoce usted Irán? ¿Conoce su cultura y civilización, de las que nunca hablan los medios dominantes?

No sé mucho sobre Irán, pero no pienso que tenga que conocer mucho sobre ese país, aunque ciertamente me gustaría saber más, para oponerme a las políticas que usted menciona. También me opuse a las intervenciones occidentales en la antigua Yugoslavia o en Libia.

Alguna gente piensa que hay buenas y malas intervenciones. Pero para mí el tema principal es: ¿Quién interviene? Nunca son realmente los «ciudadanos» o la «sociedad civil» de Occidente, o incluso los países europeos por su propia cuenta, o sea sin apoyo de EE.UU.; son siempre los militares de EE.UU., sobre todo su Fuerza Aérea.

Obviamente se podría defender la idea de que se debería hacer caso omiso del derecho internacional y que la defensa de los derechos humanos debería quedar en manos de la Fuerza Aérea de EE.UU. Pero mucha gente que apoya las «buenas» intervenciones no lo dice. Usualmente argumenta que «nosotros» debemos hacer algo para «salvar las víctimas» en una situación determinada. Lo que olvida ese punto de vista es que los «nosotros» que supuestamente debemos intervenir no es la gente que se pronuncia, sino las fuerzas armadas de EE.UU.

Por ello, el apoyo para cualquier intervención solo fortalece el poder arbitrario de EE.UU., que por supuesto lo utiliza a su gusto y no, en general, según los deseos de los que apoyan las intervenciones «buenas».

Y para terminar, ¿podría darnos su visión de cómo sirven los medios corporativos los intereses de los poderes imperiales? ¿Cómo trabajan? ¿Es moralmente justificable el uso de la propaganda mediática para lograr objetivos políticos y coloniales?

La conexión entre los «medios corporativos» y la propaganda de guerra es complicada, como lo es la relación entre capitalismo y guerra. La mayor parte de la gente de izquierda piensa que el capitalismo necesita la guerra o conduce a ella. Pero la verdad, a mi juicio, es más matizada. Los capitalistas estadounidenses ganan fortunas en China y Vietnam ahora cuando hay paz entre EE.UU. y el Este de Asia; por supuesto es algo diferente en el caso de los trabajadores estadounidenses.

No existe absolutamente ningún motivo para que las compañías occicentales, petroleras u otras, no hagan negocios con Irán, y si hubiera paz en la región los capitalistas descenderían como buitres a explotar una mano de obra barata y relativamente cualificada.

Esto no quiere decir que los capitalistas sean buenos ni que no puedan estar individualmente a favor de la guerra, sino solo que la guerra, en general, no beneficia sus intereses y que no son necesariamente la principal fuerza que presiona a favor de la guerra.

La gente es llevada a la guerra por los conflictos de ideologías, especialmente cuanto adoptan una forma fanática, por ejemplo, cuando alguien cree que un cierto trozo de tierra le es otorgado por Dios, o que su país tiene una misión especial, como la exportación de derechos humanos y democracia, preferiblemente mediante misiles crucero y drones.

Es triste e irónico que una idea sobre todo secular y liberal, como la de los derechos humanos, se haya convertido ahora en uno de los principales medios de generar histeria bélica en Occidente. Pero esa es nuestra situación actual y cambiarla es una tarea extremadamente urgente e importante.

Notas:

[1] Bertrand Russell, Freedom and Organization, 1814-1914, London, Routledge 2001.

[2] The New York Times, 6 de febrero de 1966.

[3] William V. Shannon, New York Times, 28 de septiembre de 1974. Citado por Noam Chomsky en «Human Rights» and American Foreign Policy, Nottingham, Spokesman Books, 1978, p.2-3. Disponible en: http://book-case.kroupnov.ru/pages/library/HumanRights/

Jean Bricmont es profesor de Física en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Es autor de Humanitarian Imperialism.

Kourosh Ziabari es un periodista iraní, corresponsal de los medios y activista por la paz. Es miembro de la Comunidad Estudiantil Mundial por el Desarrollo Sustentable. Contacto: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/2012/08/31/an-interview-with-jean-bricmont/

rCR