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Sólo la lucha hace la ley

Fuentes: Rebelión

  Paulo Freire, el gran educador brasileño que es prácticamente desconocido en Brasil, siempre fue enfático en relación con la alfabetización. «No basta saber leer, es necesario saber leer el mundo». Quería decir con eso que aprender era una cosa que iba mucho más allá de la comprensión sobre cómo se juntaban las letras. Era […]

 

Paulo Freire, el gran educador brasileño que es prácticamente desconocido en Brasil, siempre fue enfático en relación con la alfabetización. «No basta saber leer, es necesario saber leer el mundo». Quería decir con eso que aprender era una cosa que iba mucho más allá de la comprensión sobre cómo se juntaban las letras. Era necesario estar capacitado también para una lectura crítica del mundo.. ¿Y cómo se logra eso? No basta únicamente estudiar, leer, tener acceso a múltiples fuentes de información, múltiples puntos de vista. Es necesario fundamentalmente saber de dónde se es. ¿Qué quiere decir eso? Que la persona precisa tener bien claro el lugar que ocupa en el mundo, lo que, en el mundo capitalista nos lleva a una comprensión de nuestra posición de clase.

La votación sobre la no exigencia del diploma para ejercer la profesión de periodista, que ocurrió en el Supremo Tribunal Federal brasileño, habla claro sobre esta cuestión. Allí estaban los señores de túnica, representantes de la clase dominante. Son hombres nombrados por los presidentes de turno para defender los intereses de los que mandan. Nada más que eso. De vez en cuando ocurre una decisión basada en la ley, pero siempre es algo pequeño, que no mueve las estructuras, porque como bien dice el profesor Nildo Ouriques, de la UFSC, la democracia libera es un régimen sin ley. En este modo de gobierno, las leyes son cambiadas al bel placer de la minoría que tiene el comando.

Veamos los argumentos del ministro Gilmar Mendes para que la profesión prescinda de una formación universitaria: «Un excelente jefe de cocina podrá estar recibido en una facultad de culinaria, lo que no legitima que estemos exigiendo que toda y cualquier comida sea hecha por el profesional registrado mediante diploma de curso superior en esta área. El Poder Público no puede restringir, de esta forma, la libertad profesional en el ámbito de la culinaria. De eso nadie tiene duda, lo que no aleja la posibilidad del ejercicio abusivo y anti ético de esta profesión, con riesgos eventualmente hasta para la salud y la vida de los consumidores. Entonces, un periodista no precisa formación para hacer un buen periodismo.» ¿Alguien entendió?

Pues claro. Vamos a suponer que lo que estuviese en cuestión fuese la necesidad de una facultad de Derecho para que el juez pudiese juzgar la vida de otras personas. Podríamos, cualquiera, argumentar lo siguiente; «Un excelente jefe de cocina podrá ser formado en una facultad de culinaria, lo que legitima que estemos exigiendo que toda y cualquier comida sea hecha por el profesional registrado mediante diploma de curso superior en esta área.. El Poder Público no puede restringir, de esta forma, la libertad profesional en el ámbito de la culinaria. De eso nadie tiene duda, lo que no aleja la posibilidad del ejercicio abusivo y anti ético de esta profesión, con riesgos eventualmente hasta para la salud y la vida de los consumidores. Entonces, un juez no precisa de formación para ser un buen juez. Basta que él tenga sentido común de justicia y estudie mucho.» ¿Simple, no?

En un país donde la mayoría de la población, desprovista de acceso a la cultura y la educación, que se informa a través de la Globo, este simplista argumenta representa una vergüenza. Y nos causa profundo pesar escuchar eso de alguien que está arriba prácticamente de todos los habitantes de la nación, el presidente del STF. Es un argumento anti-intelectual, anti-cultural, anti-vida.

Mi madre era una gran cocinera, pero su comida nos era servida en casa, a la familia. Ella no estaba inserida en el sistema de súper explotación capitalista, actuando en una empresa transnacional, en la cual imperan los conceptos de competición, bajos salarios y disputas intestinas. Ella no estaba sometida a patrones, organigramas metas de productividad. Tampoco estaba integrada en un régimen de división del trabajo en los moldes de garantizar mayores lucros a los patrones. Entonces, la decisión tomada este miércoles pasado (17/6/09) fue una decisión de clase. La defensa intransigente de los dueños de diarios y empresarios de la comunicación que quieren apenas gente mínimamente capacitada para leer, no para leer el mundo. Porque el ser crítico, deseado por Paulo Freire, es un individuo peligroso demás. Él reclama, él reivindica, él lucha y él enseña. La elite brasileña no quiere eso para su pueblo. Hay que mantenerlo siempre atado al cabestro de la ignorancia, al entretenimiento, la más valía ideológica promovida por los medios de comunicación de masa. Meta Big Brother, la Hacienda y otros tal cuales.

Volviendo a los tiempos del inicio del capitalismo

Cuando la Edad Media terminó, fue llegando una forma de organizar la vida que más tarde vendría a ser llamada de capitalismo. Es el supra-sumun de la libertad, dicen sus defensores. En él, los trabajadores tienen elecciones. Como era en aquellos días en que las fábricas pasaron a dominar la vida. El pueblo empobrecido de los burgos tenía cómo elegir: o se sometía a trabajar veinte horas en condiciones insalubres y de casi esclavitud, o estaba muerto. Gran elección.

Ahora, en el mundo capitalista de la media salvaje y cortesana estamos en el mismo nivel. Los profesionales no precisan de formación específica, sólo de vocación. Después, una vez dentro de la empresa tendrán elecciones. O se someten a sueldos más bajos, condiciones precarias, opresión, asedio moral y todo lo que viene de ganancia en el proceso de súper-explotación, o no entran en esta profesión tan simple como freír un bife.

Bueno, y no es por acaso que el futuro esté prácticamente en la mano de las empresas de la media, visto que hoy en día la producción de información es el juguete preferido del planeta. De esta forma, aquello que es la cosa más importante para un pueblo, el conocimiento de las cosas de la vida, será entregado a la saña del capital. A los trabajadores restará la opción democrática: aceptar o dejarse de embromar. No es necesario ser vidente para prever el futuro: profesionales capacitados serán substituidos por quien acepte a someterse a sueldos más bajos. Será el «lindo» mundo habermasiano del consenso La libre negociación entre empresarios y trabajadores. El tiburón dialogando con la sardina.

Alternativas

Quien acompaña la vida cotidiana de los periodistas en los lugares de trabajo sabe que las cosas van a empeorar mucho. Por ahora todavía hay un mínimo de regulación, una pequeña parcela de derechos con la cual el sindicato podía moverse. Era posible hacer la lucha a través de la Justicia o de la fiscalía de trabajo. Había un amparo mínimo. Ahora no hay más. Los trabajadores están echados a su suerte, porque hasta que se cree una nueva ley con algún tipo de reglamentación la vida seguirá su curso inexorable.

Pero, como dicen los cubanos – acostumbrados a bloqueos y vicisitudes – a veces el horror puede servir para dar un paso adelante. En los últimos tiempos estábamos volcados a un trabajo sindical burocratizado, limitado a las acciones en la Justicia. Había una apatía de los trabajadores frente a las luchas, una especie de «dejá que el sindicato resuelve». Y los sindicatos, vaciados de vida, se iban arrastrando, ganando una cosita aquí y otra allí, amansando al monstruo.

Ahora estamos en el piso. Los empresarios ganaron esta batalla. Sin ningún tipo de reglamentos, jugados a los deseos de los patrones. Sin medidas compensatorias vía Justicia sólo cabe una acción: la propia lucha, reñida y dura. Que volvamos a los tiempo en que los trabajadores se reunían en los sindicatos para conspirar y organizar batallas contra el capital. Entonces, llegó la hora. ¡De nuevo a las calles, de vuelta a la organización, de vuelta a la vida! Sólo fue una batalla… Otras vendrán.

Por eso, ahora, estamos en un momento de cambio. O inventamos o morimos, como decía Simón Rodríguez. Para nuevas liras, nuevas canciones. Nada de soluciones atrasadas como la del Consejo Federal de Periodismo que sólo enyesa e institucionaliza la lucha. Nada tenemos que perder, apenas nuestros cuerpos desnudos, como decía Marcos Faermann. Por eso, vamos a la lucha. Rehacer los mapas, reorientas los rumbos, pero organizados en el sindicato.

Los patrones tal vez no se hayan dado cuenta, pero al sacarnos todo pueden estar criando «cuervos». ¡Nada más peligroso que un hombre sin esperanza!

 

Traducción: Raúl Fitipaldi, de América Latina Palavra Viva.

Existe vida no Jornalismo
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