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Sorry We Missed You, una familia víctima de la uberización laboral

Fuentes: Rebelión

“El hombre va al encuentro de la desdicha con los ojos abiertos”. CORAZÓN DE CRISTAL, filme de Werner Herzog

El filme Lo sentimos, te extrañamos (2019), del inglés Ken Loach, aun sin tener la trascendencia de Yo, Daniel Blake (2016), sí puede considerarse un paradigma de cine social, comprometido con el pueblo, útil a la sociedad. Ante todo, por ser capaz de prefigurar los eventos que hoy enturbian el panorama socio/político en cualquier lugar de la Tierra: 1. La uberización de la vida laboral. 2. La sociedad del precariato y de la aporofobia. 3. El falso mito de la meritocracia. 4. El darwinismo social y su aplicación sin límites. 5. La pérdida de derechos (no solo) laborales tanto ‘en’ el capitalismo como ‘por’ su causa. El oriundo de Nuneaton, 1936, describe la triste historia de una familia víctima de la uberización laboral, mucho antes de que en Fosa Común empezara a darse tal fenómeno: aumento desmedido del desempleo; pago por horas; fin de horas extras; supresión de la mesada 14 a pensionados (en 2005, Carrasquilla da 16 mesadas para él y sus amigos: el huyente que ahora es codirector del Banco de la República); la uberización en sí: el trabajador arriesga todo, el patrón nada.

El filme arranca con pantalla en negro, como en Yo, Daniel Blake. Un hombre le confiesa a otro todo lo que ha hecho en el campo de la construcción. Casi nada se le escapa. Aunque en la vida casi todo se le escape. Como se verá, cuando Ricky Turner inicie su batalla laboral con el ‘mandamás’ Maloney, del almacén PDF por Parcels Delivered Fast! o ¡Paquetes Entregados Rápidamente! Lo que, aunque parezca simple, es muy complejo. En efecto, Ricky ha hecho de todo lo posible. Incluso ha cavado tumbas. En este caso, su propia tumba. Prefiere trabajar solo. Ser su propio jefe. Cuando Maloney le pregunta si ha cobrado ‘el paro’, Ricky le dice que no, porque tiene dignidad. Sin importar que, al filo del tiempo, ella vaya en picada, ante todo por causas exógenas, propias de la nueva muerte, porque no es vida, laboral. Henry, por su parte, el encargado de carros para la empresa y colega, ve en él a ‘uno de los nuestros’: One of Us, como en Goodfellas, aunque ya antes en Lord Jim, de Conrad.

Maloney: Ricky no es contratado, sino se incorpora. No trabaja para ellos, sino con ellos. Una falsa idea de cooperación: explotación máxima e irresponsabilidad del patrón, como del Estado frente al trabajador. No reparte para ellos, realiza un servicio. No tiene un contrato per se, ni objetivos. Debe respetar estándares de entrega. No cobra salario: honorarios, eso sí, que no honran a nadie, sino lo humillan, cuando llegan las ‘sanciones’ por un ‘sustituto’; por no ‘entregar a tiempo’; por ‘perder’ paquetes así sea por atraco; por botar documentos; en fin, por estropear el ‘escáner’, cuya sola idea de pagarlo implica la esclavitud laboral. Le advierte que no ‘ficha’: está disponible. Será un conductor con vehículo propio y dueño de su destino. Una farsa. Antes de firmar, Ricky le pide lo deje hablar con Henry: “Ya me dirás, aquí, todo lo decides tú”. La furgoneta cuesta £14.000. Ricky: A Abby, le dará algo. No solo eso, sino que también perderá su carro. Ah, ambos están pagando un préstamo por el mismo.  

Aunque le ‘garantizan’ £165 al día, Ricky aspira a ser tan rápido (y furioso) como Henry, quien se saca £200. Pero, no olvidar que son 14 horas de trabajo, seis días a la semana, lo que significa descansar solo el domingo. “No te vería, nunca nos veríamos”, le dice Abby. Ricky cree que, pese a todo, si no ‘dan el salto’ vivirán de alquiler en alquiler, como siempre. En teoría, las entradas vía furgoneta son de £1.000. Pero, ya los ahogan las deudas, señala Abby. Solo su carro tiene, pero sabe que no puede venderlo pues lo necesita para trabajar. Y el bus no le sirve pues tiene pacientes lejanos. Así Ricky piense que en dos años tendrá dinero para comprar una casa, el ingreso para una hipoteca, la verdad ellos serán los hipotecados. Maloney le presenta el ‘escáner’ que Ricky usará, el ‘corazón del almacén’. Muy valioso, muy caro, como lo comprobará al filo del tiempo en carne propia. Si lo pierde, lo paga. En tanto escanee un envío será suyo. Al entrar al sistema puede rastrearse hasta la entrega.

Henry le da a Ricky la botella para mear. Una mujer policía amenaza con multarlo. Abby sube la cuesta a pie, ya no tiene carro. Llega a la casa de Rosie y antes de entrar se echa algo en la nariz contra el mal olor. Sufre de Alzheimer y la asusta el ‘extraño’ que deambula. Ricky hace otra entrega a un paciente sobre el que cree que come elefante. Abby atiende a Robert, quien le cuenta el chiste del que ‘se pasó la noche despierto buscando Roma’. Abby le dice por celular a Liza que caliente en el microondas la pasta que está en la nevera. Luego, habla con su otro hijo, Seb, sobre si ha oído un recado que tiene que ver con el Instituto. Liza llega del colegio, habla con Seb sobre los grafitis, su amigo Arpón y su ‘mejor amiga’, Roz, ambos frente al pc. Recoge los restos de la comida de sus padres dormidos frente a la TV. Despiertan más allá de las 23:30. Todo ello para registrar los avatares diarios de cada uno y la necesidad de que se acuesten pues al día siguiente por la neoesclavitud hay que madrugar.

Maloney le da a Ricky la ruta de Freddie, quien se lanza al cuello del primero. Abby brinda desayuno a Ben, (im)paciente que está hasta las narices de no hacer nada. Lo que ya quisieran otros a los que se les paga mal y tienen que aceptar lo que les dan. Abby debe visitar a seis personas más. Liza lidia con la pereza/desidia de Seb. Éste, Roz, Dodge y el negro Harpoon, hacen un grafiti y se topan con una suerte de policías. Por fortuna, no hay muertos, como sí en Fosa Común por ello. Abby y Mollie ven fotos: Club Colliery. Huelga de mineros, 1984, pleno thatcherismo. O inicios del ‘neoliberalismo’ junto a Reagan. Abby muestra la foto de la que debió ser ‘nuestra casa’ pero la perdieron al hundirse el banco Northern Rock y Ricky ser despedido de una obra. Así fue en EEUU, con las hipotecas ‘subprime’, crédito gringo signado por el riesgo de impago superior al resto de créditos financieros porque se concede a quienes en condiciones normales no optarían, sea por desempleo y/o ingresos no estables.

Abby trabaja 14 horas, recuerda Mollie. La ‘charla’, áspera, entre Ricky y Seb, deja ver que la publicidad intenta vender cosas que la gente no puede comprar. Para Seb es esa mierda que está en todas partes. Cuando Abby le recuerda que podría ir a la U., le tira una verdad de a puño: acabar como el hermano de Arpón, hipotecado al banco. Para acabar de tele vendedor y emborracharse a fin de disolver los problemas en alcohol. El ser peón/esclavo no se lo imponen a nadie hoy, sino que cada uno lo escoge al aceptar un ‘trabajo’. Por el hecho de llevar a su hija como compañía laboral, PDF le cobrará la ‘osadía’. Porque ‘el cliente manda’ le dice Maloney para justificar el atropello. Luego de que el perro muerde a Ricky, Liza deja una nota en la que insta a los dueños a comprarle calzoncillos a su padre. ‘Lamentamos que no estuviera’ dicen los subtítulos, pero es Sorry We Missed You o Lo sentimos, te extrañamos, pero nada que ver con ‘Lazos de familia’. Porque el filme va en contravía de tan noble idea.

Al calor de la esporádica cena, Abby debe atender a Mollie, a quien metieron a un taxi creyendo que alguien iría a cuidarla. No sabe qué hacer para evitar que echen a Seb del colegio, mientras rememora la fiebre de sábado en la noche junto a su familia, como en otras épocas. Ricky le pregunta por lo que se echa en la nariz antes de entrar a una casa. Abby sueña con arenas movedizas, de las que sus hijos la rescatan. Entre más horas trabajan, más se hunden: un diagnóstico de su día a día. Maloney le informa que está prohibido laborar con su hija. Ricky le cita su furgoneta/su seguro/su hija. Aunque sea ‘su negocio’ la franquicia ‘es nuestra’. Es decir, para cosas superfluas todo es del obrero: para lo esencial, nada es suyo. Eso es ‘neoliberalismo’. Un cliente se quejó, ‘el cliente siempre tiene la razón’, recuerda Maloney. A Seb lo expulsan 14 días, no puede salir de casa y debe estudiar desde allí. Abby no llega a tiempo a ningún lado a causa del carro que Ricky vendió para hacerse neoesclavo.

Al disentir de su padre, Seb lo interpela por creer que la culpa siempre es suya. Ricky calla. Mollie peina a Abby y le canta mientras ésta llora por su relación de pareja y de familia. Ricky le cuenta a Maloney, como si le importara, los problemas con su hijo. Capa clase, es conflictivo, lo que afecta a todos. Liza duerme muy mal, mientras Abby se sube por la pared. Entonces, cuando pide siete días de vacaciones, luego cinco y al final tres, Maloney lo mira rayado como a un humanoide. Desde una hipotética altura uribista, como si estuviera en Llanogrande frente al ‘padrecito’ De Roux, le pide que no se lo diga a él; que es probable se ponga sentimental… y lo mande a la mierda; que consiga un reemplazo, no le cobrará nada. Esto último, un gesto inesperado al saberse de quien viene. Quizás, también, un efecto de la franqueza de Ricky por plantarse de cara al tiranuelo: “Es tu negocio, ya lo sabes”, le dice mientras aprieta las manos en signo proxémico de seguridad/inseguridad al mismo tiempo.

Nadie puede suplir a Ricky hasta después de Navidad. Por último, se ‘apañaría’ con tres días. Pero, una cosa piensa el burro y otra el que lo enjalma. Sabio de sí mismo, Maloney le espeta que todos saben que él es el cabrón N° 1. Saca a colación otros cuatro neoesclavos y le dice lo obvio: toda familia tiene problemas. Así no lo entiendan, quejas/rabias/disgustos/odios le sirven de combustible. Con esa energía crea una pantalla protectora del mejor almacén en todo el país. Así es porque el escáner está ‘satisfecho’. Maloney le recuerda a Ricky que nadie de los que visita le pregunta cómo está, a todos les importa una mierda que dormido se estampe contra un bus. Solo les importa el precio, la entrega y recibirla en la mano. De todo ello se entera la cajita, el escáner. Ella decide quién vive y quién muere. “Puede que parezca un almacén de mierda, pero es una puta mina de oro”, dice Maloney. Y se jacta de que los accionistas deberían hacerle ahí una estatua a él, ‘santo patrón de los cabrones de primera’.

Maloney le dispara: si quiere librar un día, tiene que pagar £100. Ricky huye sin que nadie lo persiga. Fundido a negro. Aunque el ‘fundido’, aquí, sea el blanco Ricky, hombre super explotado por un sistema laboral uberizado, en el que al acabar el día debe haber reunido un dinero X que jamás logrará a plenitud. Razones hay miles, contingencias/eventualidades, también. De nada sirve quejarse, nada soluciona. Solo contestar el cel. ya es un lío para Ricky, porque Maloney está atento a cantarle el breve tiempo que le queda para cumplir con su trabajo y así evitar multas. Mientras, Seb ha robado: si no aparece un adulto, lo reseñan. Maloney les advierte a Ricky y a Henry sobre su retraso. Al hecho de irse por algo personal, Maloney le riposta que si acaso tiene ‘pinta de terapeuta’. El policía le dice a Seb que a su favor juega haber reconocido el delito. Ahora irá adonde un compañero a firmar una advertencia. Al final, no será reseñado, pero si reincide lo sabrán y se usará como prueba.

Para el policía, si Seb sigue por donde va solo hallará dolor y sufrimiento; también, Liza y sus padres. Por fortuna, tiene una familia que lo quiere. Lo que no dice: es la misma que destruyó el capitalismo, al dividirla y poner a sus miembros a ‘ganarse la vida’. Como si eso fuera cierto en una sociedad que los asfixia, los aprieta con más impuestos, casi nulo empleo, y refuerza el mito de la meritocracia. Pero, nombra a sujetos a dedo sucio, prescinde del talento y la ética y ya no exige CV, sino el ‘mejor prontuario’. O reencaucha a un ex ministro traidor a la patria, tras regresar luego de gastarse los ‘bonos del agua’ que tiempo atrás les quitó a 117 municipios. O a otro ex ministro que fracasó como MinSalud y ahora, tras su paso por Los Andes, el CD y la prensa lo lanzan a la presidencia, como si fuera una opción mayoritaria: no, para reemplazar al que dijo el único innombrable con nombre propio, porque (P)ajardo se quemó solo o lo inmolaron a propósito por tanta denuncia y tanto proceso.

Nadie se preocupe. Las élites que han regido a Fosa Común desde 1819, ya tienen al candidato preciso porque, curioso, tiene el apellido de un ex presidente que treparon al Poder, tras alianzas con el narco, para intentar darle solución de continuidad a lo imposible: ocultar el magnicidio de Galán, valiente para echarle en cara al bipartidismo sus delitos, lacras, atropellos. Por ser clase media decente, pero no ‘gente de bien’ como la que ayuda a la policía a dispararles a los del Paro, a Primeras Líneas, a gente común, lo eliminaron en el intento. Y lavaron la imagen del que siendo íntimo de Pablo ‘recogió sus banderas’ y llegó a Palacio. A poner al ex país en manos del ‘neoliberalismo’, a atrasar el reloj para ser más esclavo, sin que nadie note. O lo oculte tras dudosos ingresos, dentro del que entonces reemplazó a la meritocracia: ‘El poder gay’. Frase ‘cuir’, por ‘Queer’, ‘rara’, bajo la cual nadie se ofende: lleva en sí una máscara mayor que el tapabocas del virus/negocio apartheidista y su vacuna.

Ricky le pregunta si sabe qué es ‘estar reseñado’. Claro, objeta Seb. Muchos jóvenes roban motos, cargan navajas, venden drogas. Para Abby, nada lo justifica. A Ricky le molesta que siempre que solicite un curso o un empleo aparecerá si lo está. Seb reta al padre a que lo obligue a ir al colegio: ¿con una camisa de fuerza? “¿Vas a envolverme como un paquete, meterme en tu furgoneta y hacer una entrega?”, lo que le recuerda a Turner su condición de ‘paquete neoesclavo’. Entonces, ataca a Seb por el lado más vulnerable/sensible hoy para un joven: su celular. Pero, este se convierte en la bola de nieve del combate filial. El detonante que hará crecer el problema. Lo que pone de frente la IV Era Industrial: la de la IA. El cel.  como sucedáneo del mundo. Todo está en la biblioteca ‘más completa’, a su vez la más desorganizada del planeta: Internet. Creada al calor del capricho y el dudoso nexo entre statu quo, complejo militar/industrial y U., sostiene R. Gubern en su libro El eros electrónico. (1)

Seb avisa al padre que pagará por el peor error de su vida. Abby consuela a Liza. Si tras la tempestad viene la calma, aquí no amaina. “Hay que relajar la tensión, no aumentarla”, dice Abby. Ricky se inculpa sin querer, sabiéndose responsable, por su irascibilidad, descontrol, machismo: sus tatuajes dicen algo, aunque llevarlos no signifique eso per se. Para Ricky la actitud de Seb deriva en perder £500; para Abby va más allá de lo maniqueo. Valora necesario dialogar, no meterse en una guarida cual pulpo que evita al tiburón de la incomunicación. Urge estar unidos, no desea perderlo. Él, en cambio, encarna el egoísmo que ya enrostrara a su hijo: “Tú y yo debemos comunicarnos, tienes que respaldarme”. Y viene el mutuo dicterio por el trato paterno a Abby y el rechazo de Ricky a ser como ‘ese viejo cabrón’. Al quedar sin argumentos y creerse culpado, le advierte que puede alistar la maleta y largarse. Abby no es escuchada. Liza se orina en cama por estrés; además, tiembla. Abby decide acompañarla.

El cel. es su vida, le recuerda Abby a Ricky, por si no lo calculó al quitárselo. Hay que superar el trance filial por el que todos pasan. Ricky pregunta: “¿Qué nos pasa?”. El espectador quisiera ayudarlo y decirle que está siendo víctima de la alienación por el trabajo, como lo previó Marx, de la división por el estrés que genera la uberización laboral, en el que el trabajador arriesga todo y el patrón… Que están siendo víctimas de un Estado divorciado de toda responsabilidad con su pueblo, al que ha dejado al garete, para que se salve el que pueda, en la darwiniana supervivencia del más fuerte. Que ya degeneró en darwinismo social. El que pretende justificar racismo, dominio territorial, sometimiento popular, Imperialismo, xenofobia institucional: esta, a través del inmigrante, el chivo expiatorio siempre actual. Todo, creyendo que puede aplicarse a los grupos étnicos (no razas: hay una, la Humanidad), esa teoría según la cual en la Naturaleza los bichos más fuertes se imponen a los más débiles.

Liza Jane despierta como quien acaba de tener un sueño premonitorio o una epifanía. Sus temores se confirman. La venganza de Seb contra su padre está plasmada en las paredes: sobre ciertas fotos ha puesto en negro una X, como quien decreta una muerte simbólica por silenciamiento. Como si fuera una excursión hogareña del Ku Klux Klan. Ricky llama a Abby para que verifique el ataque a sus retratos. Las únicas intactas son las de Abba y Liza. El resto, proscritas, mandadas al zarzo de la invisibilización y la desmemoria. Ricky se asoma y ve un aviso en la furgoneta: ‘PINCHAZO’. Sus llaves no aparecen. Sin ellas, no puede ir a trabajar. Llama a Maloney, quien lo reprime porque le ha dañado, por segunda vez, las estadísticas; ha pasado de ser el mejor a ser un ‘güevón’. O gilipollas, para los gilipollas. Tras el regaño, Ricky, por efecto del desprecio, cae en el alcohol. Un silencio sepulcral, mientras surge Seb. Ricky le reclama sus llaves y aquél solo responde que si las perdió, qué pena.

El pálpito de Abby, respecto a que si Ricky cruza cierto límite, violentar a su hijo, no hay vuelta atrás, se cumple. Al ser tratado de ‘puto borracho’ y de ‘bastardo’ por su vástago, lo cruza de un bofetón lastrado por la soberbia, por la ira, por el macho/patriarca. Lo que, por fortuna, no llega al extremo de hacerle tragar el vómito a su heredero. Mientras, Liza está yerta del espanto tras la puerta. Su delicadeza, igual a la de su madre, no soporta ningún tipo de agresión. Ni la agresión de ningún tipo. Lo que no es aquí un simple retruécano. No. Ante todo, entraña la resistencia natural del género femenino a toda violencia, venga de donde venga, dada su condición intrínseca de dadoras de vida y no de gestoras de muerte. Un plano que conmueve tanto por su sencillez como por la potencia de su impacto visual. Lo que recuerda a Baudrillard: “El verdadero ascenso espiritual del hombre está en el retorno al abrazo de las cosas humildes”. Y, desde luego, en dejar tranquilos a mujeres, niños y viejos.

Ricky en el parque, no parece disfrutar de su soledad. Apenas, la soporta, como si el trato con su hijo se va a pique. Algo insoportable. Por eso, necesita estar solo. Al confesar que todo se descontroló, la liebre del arte en libertad salta a través de Liza y su revelación capital: cuando Seb dañó las fotos, lo oyó y se despertó, pero ya había salido cuando ella bajó; quería que su hermano volviera, todo fuera como antes. Pensó que la normalidad retornaría si le cogía las llaves al padre: las entrega, echándose encima toda la culpa, en un vano intento por recomponer la escena hogareña.  Ahora, Ricky le debe una disculpa a Seb. Ricky experimenta el ataque imprevisto del microsueño, mientras avanza por las vías. Hasta que se detiene cuando observa que su respiración arrastra un posible infarto. Ya en el cuarto de Seb, revisa sus dibujos/grafitis. Aparece Abby y los dos ojean el material: bocas, dientes y culebras por doquier: “OBK”. En el trabajo gráfico de su hijo, descubren más preguntas que respuestas.

Ricky es atracado, golpeado, meado con su propia orina. Va a Salud. Él y su familia caen ante la uberización laboral. Mientras, se lleva en los cachos el carro de Abby, la confianza de sus hijos, la paz de su prole. En fin, otro alienado por trabajo precarizado, empleo indigno, pérdida de derechos. Maloney le reclama por las entregas y le advierte que cubre móviles y demás, excepto pasaportes: £500. Ricky no puede creerlo; Abby, menos: le canta la tabla al ‘cabrón N° 1’, que le pregunta a Ricky por el sustituto, sin importarle la paliza sufrida. Teme lo multe. Lo peor, ‘la pistola’ rota. Son £1.000, pero puede pagar a plazos. Para Ricky, broma. Abby le grita a Maloney: tiene la cara rota y una laceración pulmonar. No han visto su cabeza y ya le habla de multas o la esclavitud perpetua por su franquicia. Así, trabaja para el verdugo y no por cuenta propia. Cómo se sale con la suya: “¿Cómo puede tratarnos así? Tenemos vidas. […] le advierto, ¡no putee a mi familia! […] ¡Métase el cel. por el culo!” Abby pasa una vergüenza. Aun así, se disculpa: “Lo siento, soy cuidadora, cuido a la gente”.

Produce mucha emoción cuando Seb se reconcilia, de momento, con el padre y le ofrece agua o té y, por último, le recuerda que está hecho un asco. Lo que ya no emociona. No hay que olvidar que poner a rodar la amistad es la práctica contracultural más fuerte para combatir al ‘neoliberalismo’. Ricky escribe sobre la tarjeta Sorry We Missed You para Abby: “No te enfades. No me pasará nada, Te amo. Besos, Ricky”. Sube a la furgoneta. Su hijo le advierte del peligro: seguro, se mata por el camino. Pero, dada su condición de esclavo ‘moderno’, no tiene más opción que ir a trabajar. Seb solo quiere al padre de antes, no al de ahora. Ricky le pide un plazo para que todo acabe. Como si eso fuera posible o probable. Del reino del ruido y de la luz relativa pasa, poco a poco, gracias al manejo de cámara, al país (herzogiano) del silencio y la oscuridad. Sin que se sepa muy bien el fin de su vida en familia, de su humanidad en el trabajo, de su existencia en el mundo. Luego, parte hacia un incierto/concreto destino.

Conclusiones: Uno de los paradigmas del cine social

En la uberización laboral el patrón nada arriesga, el trabajador, todo. Este paga todo daño; el capataz, ninguno. El trabajador responde con su vida, el Estado lo exprime y luego bota como en el peor fascismo. Desde 1971 no hay Estado de Bienestar. Un paréntesis en la columna La Fábrica de Sueños: hoy, en Fosa Común, hay un Estado irresponsable, así la estadística oficial diga lo contrario: 7.856 centros digitales para la niñez rural deben entregarse en mayo 2022, mientras los COP$70.000 millones invertidos fueron al ‘paraíso fiscal’ de Delaware (cuna fiscal de ‘Apocalypse’ Biden) donde los dueños de B/quilla, los Char, tienen el 90% de acciones en el Golden Gate Int.; además, se quedan con COP$210.000 millones y obligan a liquidar a Transmetro. Hidroituango, el mayor desastre de la ingeniería tras Chernóbil, aún recibe millones de dólares para que ‘funcione’, siendo inútil. El subpte. contrata la repavimentación entre B/quilla y Cartagena por 153 km, pero la vía tiene 134. Se compran lanzagranadas Venom para reprimir (2), camionetas para la policía, visores nocturnos para la guerra que solo sirven para alpinismo, pero no hay dinero para la educación pública. Esa plata se perdió. Sucede a diario, sin dar tregua al ‘pendejo’ que paga impuestos, no al ‘vivo’ que los evade. Al cabo, el paganini siempre es el pueblo. Como muestra el filme con el choque Maloney (Estado) vs. Ricky (Pueblo). En tal sentido, cómo no endilgarle a aquél la frase de Gilbert K. Chesterton: “Para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar ‘derechos’ a sus anhelos personales y ‘abusos’ a los derechos de los demás”.    

A los que por cualquier motivo se les reprime/castiga/perfila, como si fuera vándalos, antisistema, evasores, cuando los verdaderos evasores, antisistema, vándalos son los que cual vampiro/sanguijuela desangran el erario público. El que indica a quién se debe en realidad, no a las 15 familias que históricamente han expoliado todo aquello en lo que se fijan o cae en sus manos o va a sus bolsillos. Por decisión de los (sucios) empresarios detrás del Poder: muchos, vinculados al narcotráfico, lavado de activos, industria farmacéutica, complejo militar/industrial y carcelario. El poder real, el económico. De ahí, indica Perogrullo, no puede hablarse de democracia, pero a los políticos se les llena la boca (para tranquilizar a la tribuna) hablando de lo que no conocen ni, por ello, le permiten al pueblo. ¿Cómo, si a todas luces es un narcoestado? No el más poderoso del orbe, ese es EEUU, sino el más podrido, casi irrecuperable. Salvo si jóvenes, adultos y Primeras Líneas, siguen hasta destronar a la bandola que no da respiro, ocupada como está en que prensa/jueces ayuden a que no se note.  

Así, lo que previó la llave Laverty / Loach en Sorry We Missed You para UK ocurre en Fosa Común hoy. No se trata de extrapolaciones indebidas sino de verdades ocultadas para perjuicio de los pueblos, vía mediática/statu quo/Sistema mundo. El cine social tiene la potencia en sí misma de permitir extrapolar a otras latitudes un hecho pues el contexto inglés no es nada distinto del resto del mundo. Por eso, contra dicha situación hay que recuperar la poesía como factor de lucha, resistencia, reflexión. Poner a andar de nuevo a la amistad para contrariar al disociador ‘neoliberalismo’. Resistir luchando contra la idea del empobrecido, no ‘pobre, por el hecho de ser un ‘no ser’ porque no tributa, contra la precarización laboral, contra la reducción del número de trabajadores. La única propuesta tomada en serio por los (i)responsables de la sociedad de mercado: negar a los empobrecidos el simple derecho de ser, de existir, de vivir la vida. De tener un trabajo digno que garantice una vida digna. Y no de carecer de él para que terminen por convertirse en blanco del gatillo fácil de la represión.

O en destinatarios de una distorsionada teoría de la evolución de las especies, la que explico basado en El principio de cooperación de mi amigo brasileño, el filósofo de la ciencia Maurício Abdalla: no fue el traslado del darwinismo a las relaciones sociales lo que creó una nueva racionalidad económica basada en la competencia (el éxito y el egoísmo), sino, al revés: la racionalidad basada en la competencia (el éxito y la vanidad, base del capitalismo) la que originó la tesis darwinista de la evolución. Aquí, también, la racionalidad dominante ayudó a aceptar, sin reparo, ciertas teorías científicas. Según Darwin mismo, la ‘idea de lucha por la supervivencia’ fue sacada de la teoría social de Th. Malthus y la ‘idea de supervivencia del más apto’ de H. Spencer. Además, no son casuales los hondos nexos entre su teoría de la evolución y el pensamiento hegemónico en la Inglaterra de entonces. Muchos biólogos hoy no aceptan la explicación de dicha teoría, ya que no cuadra con la cantidad de nuevos datos aportados por bioquímica y genética. Así, puede captarse el fenómeno de la evolución a partir de otros principios, incluyendo la cooperación como factor que la explicaría mejor. Así: “El darwinismo no es una verdad científica irrefutable”, concluye Abdalla. (3) Lo que va sin decir que la teoría de la evolución ya años atrás la había desarrollado Lamarck, pero como éste no contaba con el favor de la Iglesia ni del Estado, ‘gracias’ a la genuflexión de Thomas Huxley, abuelo de Aldous, ante el Poder, el francés fue sacado de circulación, olvidado y enterrado. La Historia está llena de esos brotes de la hipocresía dominante. Como, es seguro, le pasará a Seb y a sus amigos si persisten en ‘dibujar’ la realidad del UK vía grafitis que las élites no están dispuestas a aceptar ni a tragar, sin antes recurrir a la sanción, a la violencia, a la muerte.

En la que Ricky estuvo a punto de caer de no mediar la voz de la ecuanimidad que encarnan Abby y Liza Jane; la lucidez y el humor negro de un hijo que lucha para que su padre no sea neoesclavo ni una víctima más de la ‘pistola’/escáner; en fin, los sucesos descritos con tanto tino por Laverty en el guion, por Loach en la dirección y, claro, por la eficacia visual de cada secuencia, mostradas con maestría por la cámara discreta/sutil y a veces no tanto de R. Ryan y el montaje preciso de J. Morris que ahorra en duración lo que hubiera podido perderse en excesos. Lo dicho aquí tanto por el filme como por el suscrito, trae de vuelta a Orwell: “Cuanto más se aleja una sociedad de la verdad más odiará a quienes la dicen”. Ricky expresa a Maloney que ese era el chance que esperó siempre. Ahora puede decirse que el hombre va hacia la desdicha con los ojos abiertos, así los cierre por raticos: y que, pese a notarlo, prefiere arriesgar todo, aunque haya descubierto los secretos de una buena vida, sin tener por qué haber corrido peligro alguno. La experiencia no se adquiere con los años, sino con los daños. Y de eso dan fe Ricky, Abby, Liza Jane y Seb, una familia víctima de la uberización laboral.

A Valentina, Santiago, Marthica y Rosario, por su luz, la que me ha evitado caer en la oscuridad.

Notas:

(1) GUBERN, Román. El eros electrónico. Taurus, Madrid, 2000, 225 pp.: 121 a 126.  

(2) https://www.amnesty.org/es/latest/news/2021/05/estados-unidos-armas-usadas-para-reprimir-protestas-colombia/

(3) ABDALLA, Maurício. El principio de cooperación – En busca de una nueva racionalidad. Ediciones Crimentales, Madrid, 2007, 154 pp.: 140. 

FICHA TÉCNICA: Título original: Sorry We Missed You. Español: Lo sentimos, te extrañamos. País: UK/ Francia/Bélgica. Año: 2019. Formato: 35 mm; color; 102 min. Dir.: Ken Loach. Guion: Paul Laverty. Género: Drama familiar / Psicológico. Fot.: Robbie Ryan. Mon.: Jonathan Morris. Mús.: George Fenton. Int.: Kris Hitchen (Ricky Turner); Debbie Honeywood (Abbie/Abby); Rhys Stone (Seb); Katie Proctor (Liza Jane); Ross Brewster (Maloney); Ch. Richmond (Henry); Julian Ions (Freddie); Sheila Dunkerley (Rosie); Maxie Peters (Robert); Christopher J. Slater (Ben); Heather Wood (Mollie); Alberto Dumba (Harpoon); Natalia Stonebanks (Roz). Prod.: Sixteen Films / Why Not Productions / Wild Bunch. Dist.: Vertigo Média. Premios: Ganadora del Premio del Público del Festival de San Sebastián (2019).            

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, 2012, y columnista, 23/mar/2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, en coautoría con Luís E. Soares, fue publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución fue lanzado por UFES, el 20/feb/2021. Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en el portal Rebelión.