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La puerta dorada de Kiev

Fuentes: Rebelión

Después de más de 1560 días de conflicto entre Ucrania y Rusia, se ha entrado en una fase nueva. Los rusos plantearon desde el comienzo lo que denominaron como una “Operación Militar Especial”, una conflagración limitada en el uso de recursos materiales y humanos, una relación dialéctica entre táctica y estrategia suficiente para doblegar a sus hermanos eslavos.

Se intentó no causar daño y dolor excesivo a un pueblo que era visto como parte de la historia de la Gran Rusia que compartían una cultura, religión e idioma común. Sin embargo, existe una realidad insoslayable: la guerra de drones ha redefinido los conflictos llevándolos hacia la creación de una capacidad industrial en su construcción como fin en sí mismo.

Ya sea en Ucrania o en El Líbano, los drones se convierten en verdaderas murallas donde chocan las fuerzas humanas, aumentando el sacrificio de los soldados por avanzar unos pocos metros en el campo de batalla.

Cada vez existen más voces en Rusia que muestran que el país está gastando sus mejores hombres sin resultados tácticos que se acerquen al final estratégico del conflicto. De esta forma, existe una oposición mayor contra el presidente Vladimir Putin, pero un antagonismo que lo acusa de “mano blanda”, de no usar las armas más capaces para desequilibrar la conflagración.

Los halcones rusos piden acciones decisivas, pasar de una “Operación Especial” a una guerra total. Eso incluye el uso de los artefactos más destructivos del arsenal bélico ruso. Aniquilar los centros de mando sin trepidar en las consecuencias humanas, aunque afecten a la población civil, misma que Putin se ha negado a dañar como sí se hace en los conflictos en Medio Oriente, donde las acciones de Israel o los EE. UU van directamente en causar el mayor impacto posible a los ciudadanos en una guerra de exterminio.

La concepción de la guerra total que se busca imponer a Putin desde dentro de la Federación, tiene su correspondencia en el exterior. Ucrania, sola, ya habría sido aplastada por Rusia, pero, la figura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está presente en cada acción que el ejército ucraniano lleva a cabo.

La OTAN, en una política de sumo agresiva, está constantemente mencionando – desde sus liderazgos políticos y militares-, que se preparan para la guerra directa contra Rusia, además de dotar con cantidades exorbitantes de drones a Ucrania para desgastar a Rusia, los que se fabrican en todos los países de Europa, convirtiéndolos en blancos posible de retaliación.

En ese escenario, los halcones rusos piden actuar directamente y de inmediato contra naciones que se encuentran en condiciones estratégicas inferiores a la Federación, adelantándose a una preparación de guerra abierta y total por parte de Europa. Cada acción dirigida contra la población rusa o contra su infraestructura energética da la razón a los que piden acciones más decididas de parte del liderazgo político.

El ataque con varios drones contra un dormitorio de estudiantes en Lugansk que se saldó con 21 adolescentes asesinados, la mayoría mujeres, fue invisibilizado por la prensa occidental causando escozor entre la opinión pública rusa. Las tácticas del campo de batalla oriental en Irán, El Líbano o Gaza, se buscan trasladar a Rusia. Hay un evidente error de cálculo, los ataques de terror contra civiles rusos no ayudan a la causa ucraniana, sino que, preparan a los ciudadanos de la Federación para usar mayores capacidades militares contra la población ucraniana y sus líderes o incluso la europea.

La prensa rusa mostró la verdadera conmoción que causó el ataque contra los estudiantes, dolor que tuvo que ser contrarrestado por la utilización de ataques masivos de retaliación hacia la capital ucraniana. El uso de misiles balísticos hipersónicos crea temor entre la población civil, sin embargo, a pesar de lo espectacular del uso de esa tecnología misilística, las bajas entre los ucranianos son mínimas, mostrando que Putin mantiene la moderación a pesar de las vesánicas acciones de terror.

Incluso el uso del misil Oréshnik, temido por sus capacidades, es realizado sobre instalaciones apartadas y usando solo fuerza cinética, disminuyendo su condición de amenaza para la infraestructura de mando tanto como la condicionante de crear terror y disuasión.

En el contexto de la guerra en Medio Oriente, bajo las constantes y extremas amenazas de Trump que con rapidez terminaron en solamente bravatas, se acuñó el término TACO «Trump Always Chickens Out» (Trump siempre se acobarda). Es posible que, en la oposición radical a Putin, probablemente aún en las sombras, se esté elaborando un concepto similar para el presidente ruso.

Las enseñanzas de la guerra asimétrica que desarrolló Irán contra la coalición de EE. UU. e Israel se aplican al frente europeo. Esta busca – no necesariamente prevalecer en el campo de batalla militar-, sino que, en el plano político y económico. La presión de la opinión pública contra el liderazgo político por el daño económico que perciba la población civil.

Se repiten los ataques contra la infraestructura energética, especialmente, las refinerías de petróleo, pero también contra ciudades como Moscú o San Petersburgo. En ésta última, usando el espacio aéreo de los países bálticos que pertenecen a la OTAN, que les permite un corredor de drones seguro, para acometer solamente en los últimos kilómetros la posibilidad de neutralización, en un evidente desafío para Rusia que solo se ha quedado en las amenazas en contra de estas pequeñas naciones.

Otra vez el error de cálculo es evidente, Putin ha sido un moderado, quien ha evitado pasar a una guerra total que desencadene un conflicto armado con Europa. Buscar cambiar al actual presidente es apostar a perdedor de que su reemplazante esté mucho menos radicalizado.

En una entrevista hecha al destacado analista Serguéi Karagánov, éste incluyó en su análisis el debate que existe en Rusia sobre la disuasión nuclear contra Ucrania, pero principalmente contra Europa. Manifestó que antaño él era parte de una minoría, pero que ahora lidera a una mayoría que busca extremar la guerra. Habló, sin eufemismos, de embestir a bases de la OTAN en Europa con armas convencionales, si es que eso no diera resultado, pasar al ataque con una o varias armas nucleares tácticas contra objetivos de la OTAN.

Comprendiendo la mentalidad rusa, es posible que estas diatribas estuvieran fríamente calculadas para causar pavor en occidente. Sin embargo, son un llamado de atención que pone el foco en que en Rusia se discute de forma cada vez más abierta sobre el uso de armas atómicas tanto como cambios en su doctrina.

Cabe recordar que a diferencia de la Segunda Guerra Mundial donde la aviación estratégica estadounidense con los bombarderos B-17 o B-24 eran capaces de destruir una ciudad completa en un solo raid, en los arsenales actuales rusos ese tipo de nivel destructivo solamente queda en manos de los artilugios atómicos.

Mientras, las discusiones sobre acuerdos pacíficos quedan en el olvido. Los europeos, en una aparente entrada en razón, entienden que se debe mantener canales de diálogo con la parte rusa, pero, aún no consiguen ponerse de acuerdo de quién será el interlocutor para hablar con Putin. Después de toda la propaganda y los acalorados ataques contra el presidente ruso, entrar en conversaciones con quien satanizaste parece contraintuitivo.

La lógica de la escalada se mantiene fuera de control en el frente europeo, con declaraciones y acciones cada vez más extremas que propician un enfrentamiento. La Puerta Dorada de Kiev, destruida por la Horda de Oro de los mongoles, fue el símbolo de la catástrofe de la parte europea de Rusia. Los invasores llegaron hasta las inmediaciones de Viena y a Croacia. El liderazgo europeo empuja a Rusia a adentrarse en el continente, pero esta vez no lo harán los ejércitos, sino que sus drones y misiles.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.