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Lecciones de las elecciones europeas

La UE: un contra-modelo para la UNASUR

Fuentes: Rebelión

Europa se sitúa cada vez más a la derecha. Entre el 4 y el 7 de junio pasados, 375 millones de personas de los 27 países de la Unión Europea podían votar por sexta vez para constituir el Parlamento Europeo. Esta victoria de la derecha es el reflejo del mapa político de los países que […]

Europa se sitúa cada vez más a la derecha. Entre el 4 y el 7 de junio pasados, 375 millones de personas de los 27 países de la Unión Europea podían votar por sexta vez para constituir el Parlamento Europeo. Esta victoria de la derecha es el reflejo del mapa político de los países que componen la UE. De este modo, la derecha seguirá siendo la fuerza política dominante del futuro Parlamento y de Europa en general.

El Partido Popular Europeo (PPE) aumenta su presencia en el Parlamento. Este grupo reúne a los conservadores y los demócrata-cristianos. Conseguirán 296 escaños. En 2004, habían obtenido 288 escaños, pero el Parlamento contaba entonces 783 diputados mientras que ahora cuenta con 736.

Los social-demócratas son los grandes perdedores de esta elección. Contarán con 182 diputados (contra 217 en 2004). El grupo liberal obtiene 80 escaños (contra 100 en 2004). En cuanto al grupo de los Verdes, progresa llegando a ser el cuarto grupo en el Parlamento con probablemente con 48 eurodiputados (cuando tenía 43 en el antiguo parlamento)

En realidad la ganadora del escrutinio fue la abstención. Esta representa el 60% de los 375 millones de personas que podían votar. O sea, de cada diez personas que pueden votar, sólo cuatro lo han hecho Esto muestra un desinterés o un rechazo por parte de los mismos europeos. Los ciudadanos encuentran las instituciones europeas demasiado lejanas de sus preocupaciones. En 1979, el 63% de los electores se dirigieron a las urnas. En 2004, la participación había bajado al 46%. En esta elección, llegó sólo al 40%.

Esta abstención habría sido todavía mayor si varios países no hubieran tenido, el mismo día, un referendo como Dinamarca, elecciones locales como Bélgica, Inglaterra e Italia, o elecciones legislativas como Luxemburgo; ya que la gente tenía que votar para las elecciones de su país, lo hacía al mismo tiempo para las elecciones europeas. Lo que empeora aún más esta poca participación, es que, en algunos países como Bélgica o Grecia, el voto es obligatorio y las personas que no cumplen con su «deber» electoral tienen una multa. Es la razón por la cual, en estos países, la participación electoral puede superar el 90%.

A pesar de todo eso, el promedio de abstención fue fuerte. Los electores -en particular los jóvenes y la gente de las clases populares- enviaron un mensaje claro absteniéndose: esta Europa no es la que quieren. No quieren una Europa que no da respuesta a su situación precaria en medio de la profunda crisis del capitalismo.

Muchos otros fenómenos llaman la atención después de esta elección, pero ninguno de ellos representa una sorpresa. Uno de estos fenómenos es que la campaña, en todos los países, no se centró sobre Europa, sino sobre los asuntos nacionales.

Si los conservadores ganaron esta elección, la gran vencida de ésta fue la social democracia. Como lo veremos, ciertos pequeños partidos de izquierda tuvieron resultados que pueden considerarse como honorables. Algunos proponen mensajes quizás atrayentes, pero si esta izquierda verdadera no es capaz de unirse, estos resultados no servirán para nada.

Los resultados en algunos países

No podemos comentar los resultados de cada uno de los 27 países, pero nos parece interesante dar una vuelta para observar algunos de estos resultados.

Alemania. Los conservadores de Angela Merkel obtuvieron el 37,9% de los votos emitidos, mientras que los social-demócratas sólo consiguieron el 20,8% y los Verdes el 12%. Es el país que envía el mayor contingente de eurodiputados al Parlamento -99- (con respecto a 72 diputados para Francia, Gran Bretaña e Italia, o 50 para España y para Polonia). El número de representantes se determina en función a la población de cada país.

Austria. El partido conservador está en la cabecera con el 29,7% antes de los social-demócratas que tienen el 23,9%.

España. El PP de derecha derrotó por poco al PSOE, que gobierna el país, con 42,26% de los votos contra el 38,49%. De este modo, el PP tendrá 23 eurodiputados y el PSOE 21.

Francia. El partido derechista UMP del presidente Sarkozy ganó con el 27,87% (había tenido un 26% en 2004). Sin embargo, tomando en cuenta la abstención, sólo tiene el apoyo del 11% de la población electoral.; esto es verdad para todos los resultados que habría que recalcular para tener una visión más veraz de la situación. En Francia, la gran sorpresa fue el partido Europa Ecología que obtuvo el 16,28% casi empatando con el Partido Socialista (Social Demócrata) que apenas logró el 16,48%, lo que para él representa una inmensa derrota (había obtenido el 28,9% en 2004). Volveremos a hablar más abajo del resultado algo sorprendente de los ecologistas (que habían conseguido el 11% en 2004).

Gran Bretaña. El gran perdedor fue el primer ministro Gordon Brown cuyo partido laborista viene en tercer lugar con el 15% detrás de los conservadores (29%) y un partido racista (17%) que podrá mandar a dos elegidos al Parlamento europeo.

Grecia. Es uno de los pocos países donde fueron derrotados los conservadores que están en el poder. Una explicación puede ser los grandes conflictos que explotaron allí hace pocos meses. Se pensaba que los ecologistas iban a conseguir un 10%, pero sólo recogieron el 3,4%. Grecia, como la República Checa, progresa hacia la izquierda. Pero, en este último país, quien ganó realmente la contienda electoral fue la corriente que no desea la integración de Europa tal como se presenta.

Holanda. La gran victoria la tiene, en este país, el partido de extrema derecha islamófobo y… antieuropeo, el Partido de la Libertad, con el 16,4% con sólo tres puntos detrás del partido demócrata cristiano en el cual pertenece el primer ministro que sólo consigue el 20%.

Italia. En Italia ganó también la derecha, pero el resultado no contentó nada a Silvio Berlusconi que consideraba esta elección como un plebiscito y pensaba lograr más del 40%. Berlusconi era el único jefe de gobierno de un gran país en presentarse personalmente. Consiguió el 36% (contra el 26,5% para el principal partido de izquierda).

El comportamiento electoral de los italianos como el de la mayoría de los países desconcierta mucho. En efecto, Europa como el resto del mundo se encuentra hundida en una gravísima crisis económica y sistémica debida al modelo capitalista financiero y económico promovido por la derecha. Uno no se explica cómo los europeos pueden votar a favor de quienes les llevaron a la quiebra y no son capaces de sacarles de ésta. La única explicación posible (porque no puede tratarse de masoquismo) es la aún mayor incapacidad de los mal llamados «socialistas» que siguen el mismo modelo (con un discurso a veces más edulcorante).

Extraña democracia

Muchos fenómenos relacionados con las diversas consultas (o ausencia de consultas) intrigan en el juego político europeo. Desde luego, llama la atención que el Consejo de jefes de Estado designe al presidente de la Comisión, la cual está compuesta por funcionarios muy bien pagados, no elegidos, encerrados en sus oficinas de Bruselas, muy alejados de la cotidianidad de la gente. Así, una especie de «super-ministro» de Relaciones Exteriores europeo se ve en todas las cumbres internacionales, desde hace numerosos años, sin que haya sido nunca designado directa o indirectamente por una consulta popular (y sin que haya sido capaz de llevar a bien los numerosos conflictos internacionales en los cuales quiso ser mediador).

Después de estas elecciones para el Parlamento Europeo, el Consejo va a tener que designar al Presidente de la Comisión. El portugués José Manuel Barroso, presidente saliente, que se mostró incapaz de enfrentar la crisis financiera y económica, va probablemente a ser designado por un segundo mandato. Ya antes de la elección, tenía el apoyo de los jefes de Estado derechistas (sus copartidarios), pero también el de los gobiernos «izquierdistas» como los de Portugal, Gran Bretaña y España. En este último país, la propaganda electoral del PSOE decía «Trabajadores vs Especuladores. Este partido se juega en Europa». Sin embargo, el jefe de gobierno José Luís Rodríguez Zapatero prometió antes del 7 de junio apoyar a Barroso para su reconducción en la cabeza de la Comisión. Ahora tendría el PSOE que colocar afiches en los muros de España diciendo: «Este partido se perdió en Europa».

Pero quedemos en el fenómeno de las elecciones propiamente dicho, ya que es éste el que nos ocupa aquí. Los británicos votaron el 4 de junio. Como lo dijimos más arriba, la elección era doble (nacional y europea). El 5, se publicaron los resultados locales: el primer ministro tuvo que aceptar la derrota de su partido y aceptar la renuncia de siete de sus ministros. Se suponía pues un resultado igual de desastroso para Gordon Brown en la elección europea (se iban a dar los resultados el 7 en la noche). El resultado -de hecho anticipado- puede, desde luego, influenciar a los electores de los otros países. En Holanda fue aún más evidente: las elecciones europeas tuvieron lugar el jueves 4 y se publicaron los resultados al día siguiente, lo que era ilegal.

Otro fenómeno, también relacionado con la consulta popular, son los referendos. Cuando se propuso la adopción del muy discutible o muy discutido Tratado de Lisboa, la consulta se hizo de modos diferentes en los diversos países. Así, hubo un referendo el 29 de mayo de 2005, en Francia y, uno algunos días después, en Holanda. Los ciudadanos votaron en contra de este Tratado. Seguidamente, éste fue aceptado, como en otros países, por los parlamentos nacionales. Es decir, los ciudadanos dicen NO y, después, el país dice SI mediante una institución controlada por el statu quo. Pasó algo similar en Irlanda donde, en 2008, hubo también un referendo al respecto. Los irlandeses votaron NO. Entonces, el gobierno decidió rehacer la consulta en otoño de 2009. ¿Hasta que los electores digan que sí?

Como lo dijimos, en ciertos países, el voto es obligatorio y en otros no lo es. Esto falsea el juego en cuanto a la participación de los ciudadanos. La edad para poder votar no es tampoco la misma en todos los países; en la mayoría de éstos, se vota a partir de los 18 años mientras que, en un país como Austria, se puede hacerlo a partir de los 16 años.

¡Extraña democracia, pero también extraños ciudadanos! ¿Por qué afirmamos eso? La situación económica es desastrosa a nivel mundial, Europa no hace excepción y, en los últimos meses, la gente mostró su descontento con manifestaciones callejeras, toma de fábricas que quieren licenciar a los trabajadores, huelgas en las universidades. Sin embargo, esa misma gente vota a favor de las agrupaciones políticas que llevaron los países a la quiebra (que sean de derecha o social-demócratas). O se abstienen, lo que permite a la derecha hacer creer que tiene un apoyo popular. Si vamos hacia el aspecto ético, podemos extrañarnos también. Justo antes de las elecciones, se denunciaron casos graves de corrupción en países como Bélgica, Inglaterra e Italia. Sin embargo, ganaron los partidos en los cuales tuvieron lugar estos asuntos bastante sucios. Votaron quienes no están sufriendo la crisis.

El fenómeno electoral de los ecologistas

Si bien sufrieron decepciones en Grecia y otros países, los ecologistas mejoraron sus resultados en el conjunto de Europa, especialmente en Francia donde crearon una verdadera sorpresa. En los sondeos correspondiendo a este país, iban subiendo poco a poco durante las últimas semanas antes del escrutinio. Sin embargo, ellos mismos no se imaginaban que iban casi a empatar con el Partido Socialista (16,48% para el PS y 16,28% para Europa Ecología).

Mientras estábamos escuchando y ya analizando los resultados de la elección en la noche del 7 al 8 de junio, frente a lo que se puede considerar una gran victoria de los ecologistas, nos preguntamos si no había tenido una cierta influencia sobre este resultado la proyección, dos días antes del 7, de la hermosa película Home de Luc Bresson y Yann Arthus-Bertrand. Esta película grandiosa sobre los problemas de la tierra fue vista simultáneamente por 8 millones de tele-espectadores del canal France2, varios miles de personas instaladas frente a una pantalla gigantesca en los Champs-de-Mars (torre Eiffel) y 1,5 millones de personas que la miraron por Internet, sin contar las que la fueron a ver al cine (a veces gratuitamente). Al día siguiente, los representantes de varios partidos emitieron la misma reflexión. Los mismos Verdes aceptaron que la proyección extraordinaria de esta película «reforzó» tal vez la decisión de algunos electores.

Desde luego, hay que celebrar la presentación a gran escala de esta película y, si la proyección de ésta haya influenciado de algún modo al electorado francés o europeo, intencionalmente o no, parece más positivo que negativo (por lo menos, fue creando cierta conciencia ecologista). Lo que preocupa es lo que puede venir tanto después de la proyección de la película como después del escrutinio. ¿Qué se propone la gente después de ver la película? ¿Movilizarse para transformar el proyecto de sociedad? ¿Que van a hacer los líderes, los militantes y los votantes ecologistas? ¿Van a proponer otro proyecto de sociedad y van a ser capaces de reunir a más ciudadanos para concretar este proyecto? Es una incógnita. Se habla de los Verde como de un partido de izquierda; en realidad, es una mezcla de diferentes tendencias. De este modo, cuando se trate de asumir una orientación política verdaderamente nueva e innovadora con respecto a la sociedad de consumo, el capitalismo siempre más salvaje y un crecimiento que quiere ser ilimitado en un planeta limitada, veremos de qué será capaz este partido.

De todos modos, el fenómeno es interesante cuando se observa que la ecología política tiene ahora veinticinco años de edad y que los diagnósticos sobre los peligros que amenazan el planeta y la humanidad ya están claros para quienes aceptan mirar la realidad sin mentirse a sí mismos.

Integración europea e integración de Nuestras Américas

Europa, ex-potencia colonial y actual potencia neo-colonial, pretendió siempre y sigue pretendiendo proponerse o imponerse como modelo para América «Latina» y el Caribe. Esta región, que preferimos llamar Nuestras Américas parafraseando a José Martí y poniendo el término en plural, no puede adoptar el modelo europeo por diversas razones que nos parecen evidentes.

La geografía de ambos sub-continentes es muy diferente. América del Sur, por ejemplo, tiene que proteger un espacio gigantesco que es la Amazonía (casi todos los países poseen una parte de esta inmensa selva). Los países ricos, que saquearon el planeta para llegar a ser ricos, quieren que se considere la Amazonía como patrimonio de la Humanidad y que se la proteja como una zona internacional (como si los países suramericanos no fueron capaces de administrar su propio patrimonio. Curiosamente, esta región está repleta de riquezas en cuanto a biodiversidad, agua y minerales. Allí está el interés de conjuntos como la Unión Europea y los Estados Unidos. Además, en su lógica capitalista, necesitan abrir mercados y conquistar los suramericanos.

La Historia de ambos sub-continentes es también muy diferente. Los países europeos han vivido, hasta hace poco, una Historia de fragmentaciones y guerras (desde este punto de vista, la Unión Europea podrá ser considerada como un logro si llega a ser una Europa social, lo que aún no es el caso). La América llamada Latina (que, en realidad es Indoamérica, Afroamérica, Euroamérica, hasta Asiáticoamérica, una América mestiza) esta América plural tiene una Historia de invasión (europea), colonización (europea), genocidio de indígenas, esclavitud de africanos y saqueo sistemático por los mismos europeos de sus materias primas (con el impedimento, durante varios siglos, de un desarrollo endógeno y equitativo). En el momento de la independencia política en el siglo XIX, todos los países de Suramérica heredaron las consecuencias de la colonización y los efectos del neo-colonialismo europeo y el imperialismo norte-americano. Sus economías siguieron siendo dependientes. En cuanto a los conflictos fronterizos, de los cuales padecieron todos los países, fueron también una herencia de la época colonial (pensemos, por ejemplo, en el Esequibo) o el resultado de las ingerencias de las empresas europeas y norteamericanas (pensemos, por ejemplo, en la Guerra del Chaco).

En cuanto a la integración, la europea se hizo primero (y durante varias décadas) con criterios meramente económicos: Benelux (1944), Comunidad Europea del Carbón y el Acero -CECA- (1951), Mercado Común Europeo (1955), Comunidad Económica Europea (1957), para llegar finalmente, después de la Guerra Fría, en 1982, a convertirse en la Unión Europa, que llegó a ser la Europa de los veintisiete (como se dice a menudo: un vasto «mercado» con una población de 497.198.740 habitantes).

En Nuestras Américas, se intentaron varias experiencias diseñadas bajo el modelo europeo, es decir con criterio de mercado o más bien de mercantilismo: la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio -ALALC- (1960), Mercado Común Centro Americano (1960), Pacto Andino (1969), Caribbean Common Market (1973), Sistema Económico Latinoamericano (1975) y Mercado del Sur -MERCOSUR- (1985) fundado por cuatro presidente que adoptaron las políticas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional que hundieron económica y socialmente a sus respectivos países. Allí está el modelo y sus resultados.

La construcción europea se hizo con criterios meramente económicos y desde arriba hacia abajo. Los ciudadanos pensaron un momento poder participar en esta construcción y el desarrollo de una Europa humana y humanista. En 1979, tuvo lugar la primera elección al Parlamento Europeo por sufragio universal directo. Pero la baja tasa de electores en las últimas elecciones de junio de 2009 (40%) muestra que ya no creen en su posibilidad de una verdadera participación.

La construcción de la Unión de Naciones Suramericanas se está haciendo de manera muy diferente. Es una iniciativa nueva, igual que otros programas de integración que apoya éste. Todos ellos nacieron al principio del siglo XXI o se están incrementando en las dinámicas políticos que caracterizan ciertos países de la sub-región: la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe -ALBA- TELESUR, la Televisión del Sur, el Banco del Sur, Petroamérica y otras. Todas estas iniciativas se basan en valores de solidaridad, complementariedad entre las economías, intercambios y participación ciudadana.

Uno de los pocos denominadores comunes que tienen actualmente Europa y Nuestras Américas es la derrota de la social-democracia. Los partidos políticos, que en ambos lados del Atlántico se calificaban de socialistas, fueron derrotados después de mostrar su incapacidad de llevar las sociedades hacia más equidad, más equilibrio y más solidaridad. Como lo dijimos antes, los políticos que se reclamaban de esta ideología no fueron capaces de transformar la sociedad del Tener en sociedad del Ser. Se dejaron atrapar en el juego del capitalismo, la sociedad de consumo y las «leyes del mercado». Cuando estuvieron en el poder, hicieron pactos sombríos para conservar éste perdiendo toda capacidad de autocrítica y de ética.

La gran diferencia entre Europa y Nuestras Américas, en este caso, es que, en Europa, va ganando cada vez más la derecha y, con ella, la ideología consumista, la fe en un crecimiento sin límite, los anti-valores del egoísmo, de la competencia y de la xenofobia, mientras que, en Nuestras Américas, después de la derrota de los viejos partidos tele-guiados por Internacionales europeas (cristiana o social-demócrata) y los intereses financieros trasnacionales, la tendencia va hacia una izquierda endógena y la búsqueda de otro modelo de sociedad

En cuanto a la integración, tal como lo dijimos en algunos de nuestros libros (*), podemos esperar que se haga desde las bases de la sociedad, desde ciudadanos deseosos de mejorar la calidad de su vida y la calidad de la Vida. Si los núcleos sociales de base logran integrarse, adoptar valores de solidaridad y mejorar la comunicación entre sí, entonces, por círculos concéntricos cada vez más grandes, se llegará a una integración de nuestros países y de Nuestras Américas.

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(*) Los círculos de la integración Caracas: ULAC ediciones, 2008.

El Caribe: Una sola posibilidad de integración: La diplomacia de los pueblos
Caracas: Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual, 2008.

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