Guadi Calvo

Artículos

Las tensiones entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda llevan décadas acumulándose a lo largo de los 765 kilómetros de la frontera común y todo parece estar dispuesto para que un nuevo conflicto armado estalle en el continente africano.

India

El activismo antimusulmán del Primer Ministro indio Narendra Modi y el de su partido el Bharatiya Janata Party o BJP (Partido Popular Indio), parece haber dispuesto que los trescientos millones de dioses que, se dice, tiene el hinduismo se han puesto en marcha contra Alá.

Desde que en 2012 el fenómeno del terrorismo integrista islámico estalló en el norte de Mali, ha ido en constante crecimiento desbordando las fronteras del Sahel, principalmente hacia Níger y Burkina Faso, país al que llegó en 2015 y desde entonces no ha detenido sus acciones cada vez más arriesgadas y sangrientas, alentadas por la inoperancia de los ejércitos nacionales, la misiones de las Naciones Unidas y particularmente por la Operación Barkhane, una fuerza de 5.000 hombres del ejército francés que nada hizo desde su llegada a la región en 2012.

Pasada una semana de los ataques a la iglesia católica San Francisco Xavier en la ciudad de Owo, en el estado de Ondo al sudeste de Nigeria, poco se sabe de los responsables y las razones para el asalto del pasado domingo día 5 en el que murieron entre 22 y 50 personas y cerca de un centenar quedaron heridas tras ser sorprendidas en plena celebración de la misa, que fue interrumpida con disparos y explosiones.

Con la sobreactuación de los que no se conduelan por nada, en Occidente ciudadanos, figuras estelares, prominentes, referentes morales y políticos intachables -como Boris Johnson- que nunca habrían podido señalar Ucrania en un planisferio, desde hace poco más de tres meses lloran, todas las veces que pueden, a cada uno de los muertos que está dejando la contraofensiva que Rusia desarrolla frente a las agresiones de la OTAN en territorio ucraniano.

Como si nada hubiera pasado, desde el 15 de agosto último la situación en Afganistán sigue siendo absolutamente crítica, es decir absolutamente normal, desde hace por lo menos cuarenta años, Si observamos fríamente el país solo podríamos decir que se produjo un cambio de autoridades y nada más, que a casi nueve meses de producido ese cambio nadie se ha dado por enterado.

Por remoto que nos parezca Gorno-Badakhshan (GBAO), en el este de Tayikistán y a más de 2.000 metros de altura, en el contexto de la crítica situación internacional dada por la guerra que los Estados Unidos, vía la OTAN, han declarado a Rusia en Ucrania, hoy aquella región autónoma se encuentra a tiro de piedra de todo y con condiciones para convertirse en un nuevo foco de tensión en Asia Central, una región en la que tanto Rusia como China tienen una fuerte influencia política e importantes intereses económicos. Beijing, por ejemplo, ha hecho sustanciales inversiones en el área de la minería, al tiempo que ha dado créditos al Gobierno tayiko por más de 3.000 millones de dólares para el desarrollo del país.

Potente pero pobre, bella pero cruel, África, a paso constante, va convirtiéndose en un continente fallido, por lo que habría que ampliar el concepto de Estado fallido a los que se definen como aquellos incapaces de cumplir sus roles básicos, fundamentalmente por tener el monopolio de la fuerza, que no pueden evitar el caos interno ni controlar su expansión más allá de sus fronteras. No garantizan la protección a sus ciudadanos y la de sus bienes y ni siquiera alcanzan a dar servicios básicos a su población. África se abisma al desastre absoluto y los responsables de ello solo parecen dispuestos a apurar esa zambullida en el infierno.

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