Guadi Calvo

Artículos

En el contexto del maremágnum libio, que se inició en 2011 con la operación que derrocó y asesinó al coronel Muhammad Gadafi, sus hijos también han sido víctimas del odio desenfrenado que Occidente tuvo hacia su padre.

Solo una línea de mil cuatrocientos kilómetros separa a Chad del infierno de la guerra civil sudanesa, que el próximo abril cumplirá tres años.

Quizás hayan sido necesarios los sacrificios de la señora Renee Good y del señor Alex Pretti para que esos trece disparos con los que los ejecutaron resonaran con fuerza en el Salón Oval de la Casa Blanca para que Donald Trump escuchara el mensaje “No es el momento”.

Donald Trump ya ha dejado de ser presidente de los Estados Unidos o un empresario megamillonario o un mediocre jugador de golf o un apasionado consumidor de sexo pago, para convertirse en la fábrica de rumores ciertos o mentirosos más fenomenal que cualquiera hubiera podido soñar.

Aunque en el noveno ítem de su Decálogo el escritor uruguayo Horacio Quiroga, para los argentinos rioplatense, diga. “No escribas bajo el imperio de la pasión”, no puedo evitarlo.

No hay que ser una lumbrera, para barruntar alguna de las razones que han llevado al Gobierno sionista de Israel a tomar la decisión de convertirse en el primer país del mundo en reconocer a Somalilandia como nación independiente. Algo que el enclave rebelde del norte de Somalia viene pretendiendo desde hacer ya treinta y cinco años.

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