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Entrevista a la filósofa, escritora y periodista argelina Louisa Yousfi

«Tenemos que poner un poco de nuestra parte en la historia»

Fuentes: Rebelión [Foto: Louisa Yousfi. / ANTHONY FRANCIN]

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Esta militante se pregunta en su nuevo libro «La Grande Méthode», publicado en febrero, acerca de la nostalgia que atormenta a las personas poscolonizadas. Propone pistas para reflexionar y para la reconciliación, sobre todo con el hecho religioso. Y todo ello sobre el fondo de una gran epopeya, la de la repatriación del cuerpo de su padre a Argelia.

El cometido que la novelista y filósofa Iris Murdoch asignaba a la literatura era «deshacer el desorden del mundo». Louisa Yousfi también parece haberse dedicado a ese trabajo único que, según ella, consiste en reorganizar «esta alarmante masa informe». La habíamos dejado después de un magnífico ensayo publicado en 2022, Seguir siendo bárbaro (1). Retomando a su manera «la barbarie» del escritor argelino Kateb Yacine, Louisa Yousfi proponía en ese ensayo un cambio radical del estigma, que convertía al denigrado bárbaro (2) en una figura persistente del cuestionamiento y del rechazo que las personas descendientes de la inmigración en Francia estaban invitadas a reivindicar.

Volvemos a encontrar a esta militante decolonial de 38 años, cuyo pensamiento político se forjó en la estela del movimiento Indigènes de la République (3) con ocasión de su obra La Grande Méthode (La Fabrique, 2026), un relato íntimo que se pregunta acerca de la muerte, la identidad y el exilio. A partir de ahí la autora bosqueja en una veintena de capítulos polifónicos un gran lienzo en el que se entremezclan la política, lo sagrado y la literatura: Argelia, la colonización, la inmigración, la lengua recibida (el francés) y la que se le escapa (el árabe).

El punto de partida es sencillo: una familia de origen argelino repatria el cuerpo del padre a su tierra natal. Siguen esos gestos y esas decisiones que se toman en la precipitación del duelo, pero cada uno se convierte entonces en una epopeya. El paso obligado por el consulado argelino, donde cada funcionario encarna a un guardián del templo que controla la pureza de aquellas personas que quieren entrar en el territorio. El vuelo de repatriación del cadáver del difunto da lugar a una sentenciosa advertencia por parte de la azafata, transformada a su vez en una sacerdotisa aérea. El choque se produce en suelo argelino. Los hijos del difunto, los «z’immigrés» (4) como se dice ahí, se encuentran con una parte desconocida de sí mismos. Su melancolía se recibe con incomprensión, si no con ironía, en ese «bled» mitificado por las personas descendientes de la inmigración.

Manifestación contra la extrema derecha en París, el 15 de junio de 2024 © PIR]

La mezcla de dos mundos (el argelino y el francés), de dos trayectorias (el exilio y el arraigo), de dos historias (la argelina y la francesa) impone un tempo dual a un libro que también es un homenaje a la oralidad. Quedan las preguntas cuyas respuestas planean como el vuelo de un pájaro, nunca definitivas, nunca definidas. ¿Cómo contar la historia de un padre que no la ha transmitido? ¿Cómo hablar una lengua que no se ha aprendido? ¿Cómo ser honesto frente a una epopeya, la de la guerra de liberación argelina, que libera tanto como abruma? «¿Por qué crees que yo he buscado en todas partes estar a la altura, excepto ante vosotros; que he buscado en los libros, en la política, en todos los demás espacios posibles llegar a la verdad que, sin embargo, tenía ante mis ojos?», escribe Louisa Yousfi a su madre.

Sorprende la respuesta última a estas preguntas. La autora, militante decolonial declarada, abandona la mera racionalidad política para sumirse en la trascendencia, incluso en el misterio reivindicado. En un gesto de cambio radical que puede desorientar, no ofrece ya ninguna respuesta definitiva, como en su muy político primer ensayo, sino que apela más bien a lo inefable, que opera cuando el lenguaje pierde su capacidad de nombrar la efusión de estos planteamientos.

«El deseo de trabajar a partir de grandes cuadros»

Hassina Mechaï: Me gustaría empezar por la forma de su libro.Aunque el relato impone una linealidad, la división en capítulos casi independientes, con formas y estilos diferentes, crean un libro en constantes bifurcaciones, ¿por qué ha elegido esta forma?

Louisa Yousfi: Más que hablar de elección, mencionaría una práctica. Esta forma surgió en el momento de la escritura, antes yo no tenía ninguna ambición formal. Pero en el momento de escribir se me impuso el deseo, incluso la necesidad, de trabajar a partir de grandes cuadros. No sabía todavía qué iba a unirlos unos con otros. Ha sido necesario hacer un trabajo de montaje. En el fondo este libro está más compuesto que escrito. Llegó a ser evidente poner tal capítulo al lado de tal otro.

Estos grandes cuadros comportan ellos mismos tres dimensiones o tres formas. En primer lugar, el relato, que es el hilo conductor más evidente. Cuento la repatriación del cuerpo de mi padre a Argelia. En un segundo momento me alejo de este relato-testimonio para tener una «visión» propicia al juego de la interpretación múltiple, sin duda también para protegerlo de las miradas intrusivas. No quería un efecto de exhibición. Necesitaba respetar el pudor de los mundos que me han hecho. En este mundo hay cosas que no se exhiben, lo que pertenece al orden de lo sagrado.

Por último, la tercera forma es la de un diálogo entre un maestro y su discípulo. Una forma de relación que me interesaba mucho escribir porque permite altura especulativa. También permite introducir la metafísica, la religión, la espiritualidad, una serie de dimensiones que yo había dejado de lado en mi trayectoria de militante decolonial, la cual se inscribe ante todo en el materialismo histórico.

Hassina Mechaï: En efecto, se observa una proliferación de arquetipos: maestro y alumno, pero también la epopeya, la adversidad, el paso angosto, el retorno repleto de dificultades a una tierra mítica, el secreto…

Louisa Yousfi: Quería hacer un libro mitológico, pero con una mitología íntima que creo comparten más personas de mi misma condición [de descendiente de la inmigración]. No es algo distintivo de nosotros. El ser humano necesita grandes relatos. Hemos surgido de la desposesión. Nos quedan pocas cosas. Tenemos una relación muy fragmentada con el país, la religión y la lengua de nuestros padres. Todo es un tanto frágil a este respecto y de ahí este deseo de volver a arraigarnos en una gran historia. También creo que la mitología protege porque elude constantemente captar sentidos. Siempre se vuelve a los mitos y estos nunca se agotan. Pero mi mitología no comporta dominio alguno por parte del saber ni efecto alguno de poder y de estancamiento. Por ejemplo, no prescindo de la narradora ni de su búsqueda de sentido de la vida y de su identidad. Ella se cuenta una mitología para llegar a ello (ya sea la lengua árabe, Argelia, Palestina, el islam), pero cada vez que cree haber logrado su objetivo, este se escabulle. Esta búsqueda debe quedar inacabada. Ahí radica su fuerza y su mérito, porque nos mantiene vivos y en marcha.

«Lo religioso ha sido aglutinador en algunas luchas decoloniales»

Hassina Mechaï: ¿Cómo inscribir esta línea que tiene constantes bifurcaciones en la política, cuando esta necesita prever y certidumbres?

Louisa Yousfi: Hay que crear. Es un derecho que me arrogo, porque la literatura lo permite todo. Sí, soy una militante decolonial, pero la línea decolonial también está en constante evolución. Esta línea no debe ahorrarse el esfuerzo de estar permanentemente al acecho. Nada puede constituir un refugio. Incluso hay que rechazar este deseo del refugio. Hay que pasar el tiempo caminando.

Además, el pensamiento decolonial al que pertenezco está iniciando un nuevo campo de investigación estratégica: intentamos pensar el hecho religioso de otra manera que como un hecho de alienación. Evidentemente, es complicado, porque en Francia está búsqueda nos hace caer inmediatamente en el muy criminalizado campo del islamismo político y del llamado separatismo (5). Hoy en día es muy arriesgado atreverse a pensar algo similar, sobre todo después de que se haya instrumentalizado el laicismo y se haya convertido en una policía de las almas, la cual se sumerge en la genealogía colonial. Nuestro planteamiento no tiene nada de contradictorio con el materialismo histórico, del que también provengo.

Creo que a los seres humanos los mueve algo más que los medios de producción. Tienen un espíritu e incluso probablemente un alma. No es poco. El hecho religioso es también el ámbito, posiblemente, de una emancipación y de una dignidad. Esa es la razón por la cual este referente es tan denigrado, sobre todo cuando se trata del islam. Lo religioso ha sido aglutinador en algunas luchas decoloniales. Hay que saber aceptarlo, darle su lugar, reflexionar sobre ello. También me apoyo en esta idea, aunque todavía esté en gestación.

Hassina Mechaï: Su obra anterior, Seguir siendo bárbaro, era un ensayo que invitaba a pensar planteando un balance. En este nuevo libro se insta al o la lectora a convertirse en un ser creyente. Parece que usted reivindica muy claramente el verbo «creer»…

Louisa Yousfi: Sí, totalmente de acuerdo. Soy una militante decolonial que se inscribe en una familia política. Comprometerme me ha permitido comprender qué es el racismo y la colonización. Esta formación me ha proporcionado unas armas, unas herramientas de pura comprensión. Atribuyo el mérito de todo ello a este compromiso. Pero (y creo que muchas personas militantes comparten este matiz) me parecía que todos los textos de análisis teórico que se producían no bastaban, todavía se me escapaban unas dimensiones porque no son accesibles solo con el conocimiento teórico puro.

Sí, la colonización es una catástrofe y provoca una sucesión de catástrofes que no se detienen. Pero, ¿qué es esta «cosa» que todavía nos acosa? ¿Qué es esta nostalgia sin objeto? Una nostalgia de algo que no se ha visto, que no se ha vivido. ¿Qué son estas cosas de las que hemos sido desposeídos aunque nunca las hayamos tenido? Vivimos como con un miembro fantasma, cargamos con el mal de un país al que echamos de menos y que, sin embargo, nos resulta desconocido. No digo que haya que recuperar una identidad perdida, no. Pero, con todo, hay que aceptar que este sentimiento está ahí.

Hassina Mechaï: ¿Cómo traducir eso en el plano político sin caer inmediatamente en la acusación de ser reaccionario y de mitificar lo real?

Louisa Yousfi: La literatura es la única que lo permite, porque es otro régimen de verdad en el que todo eso cobra sentido. Un ámbito en el que se tienen todos los derechos. Tenemos entonces que ir a explorar lo que «esto» nos cuenta. Me he basado en el concepto de «imaginal» que debemos al filósofo y orientalista Henry Corbin, la herramienta necesaria para contar este espacio, que no es ni lo imaginario, ni la racionalidad, sino precisamente un ámbito mediano que permite relacionarlos. Corbin considera que Occidente ha perdido esta imaginación activa. En su opinión, no porque no exista en el mundo físico y material no existe en algún otro lugar. La literatura es un espacio que permite reconciliar todo activando un pensamiento iniciático que nos pone constantemente en contacto con el mundo y su sensibilidad.

Hassina Mechaï: ¿Es la literatura el único espacio de esta reconciliación? ¿Cómo hacer activa, si no eficaz, la metafísica?

Louisa Yousfi: Con esta trascendencia, que al ser descendientes de la inmigración hemos aprendido a «despreciar». Demasiado a menudo se consideran naderías las grandes alturas de miras, la espiritualidad, la religión; una forma de idealismo en el mejor de los casos, que rápidamente se asocia al oscurantismo si se trata del islam. En esta cuestión me gustaría sustraerme al régimen de la racionalidad triunfante que es aquella en la que he estado inmersa y que impide también dar cuenta de la importancia y de la veracidad de nuestros vínculos con los mundos invisibles, con los muertos y con la cuestión de Dios. La dialéctica del maestro y del discípulo permitía precisamente mostrar una transmisión, una herencia, un filiación. Este diálogo transmite un saber que no está en una verticalidad pura. A este respecto la metafísica traduce la necesidad que tengo de no seguir clavada al suelo.

Por lo que se refiere a la literatura, permite acceder a regiones inaccesibles de nuestro ser, el cual es, de todos modos, más amplio que la mera dimensión material. Mencioné en Seguir siendo bárbaro esos nudos persistentes en la conciencia de las personas postcolonizadas. En La Grande Méthode planteo que esos mismos nudos se salvan también de todo intento de aclaración tajante o de fijar el sentido. Son imágenes que nos acosan, como fantasmas, pero también son grandes imágenes o incluso grandes preguntas. Lo que yo quería contar es esta gran historia, esta gran aventura que hay dentro de nuestras vidas en la diáspora.

Además, rechazo la trampa de usar solo la mirada sociológica o la de las ciencias sociales para contar nuestras vidas en la diáspora. En el centro de esta historia tan sencilla, la repatriación del cuerpo, que se podría contar de manera distendida, se juega algo mucho más amplio, como una epopeya o una gran travesía.

Hassina Mechaï: ¿Estamos las personas provenientes de la inmigración condenadas siempre a la carencia, a no estar completas?

Louisa Yousfi: Somos creados, pero también hemos creado, remendado, enderezado lo torcido. Sí, tenemos una relación que se considera estridente con la religión, con la lengua, incluso con el conocimiento. Hemos oído hablar de otra cosa y reinvertimos este espacio. Es cierto que sigue habiendo incoherencias, como, por ejemplo, la importancia que puede tener para nosotros el país de origen, aunque no vayamos nunca o muy poco. Pero también ahí es donde tenemos que buscar el sentido y construir, porque ahí existe la posibilidad de arraigo y de apertura. Todo a la vez.

Todo ello constituye los contornos de un «nosotros», de un pueblo. Si lo afirmo es también para conjurar otros deseos de pertenencia, como aquel al que somos invitados, el «integracionismo» republicano. A partir de esa no pertenencia se encuentra también nuestra pertenencia. Yo digo «perteneces ya». Yo digo «hay ya algo digno en el lugar en el que estás. Ya eres digno. Ya hay una identidad digna que puedes tener».

«Vamos a tener que atravesar este invierno que se avecina»

Hassina Mechaï: ¿Es este libro también una manera de ofrecer a este «nosotros», a este pueblo, ese gran relato que también es una praxis?

Louisa Yousfi: Escribo sobre todo con la amenaza de fascismo que llega. La escritura es también un medio de constituir una especie de ejército que va a tener que enfrentarse a pruebas. Para afrontarlas, hay que saber que no se está solo, saber que se pertenece a una fuerza, a un pueblo que está ahí y que va a ser puesto a prueba. Pero ser puesto a prueba es también ser amado por Dios. En cualquier caso, es ser aquel a quien Dios identifica como aquel que tiene la capacidad de ser puesto a prueba. También es un libro que quiere afirmar que lo vamos a conseguir. Vamos a tener que atravesar este invierno que se avecina. Hay que vivirlo así, como una gran prueba que nosotros, a nuestra vez, tenemos que pasar. Pero este relato y esta prueba no corresponden al dominio de la pasión triste. Es el espacio que nos obliga a ponernos manos a la obra. Casi es una oportunidad. Casi es nuestra oportunidad.

No estoy elaborando un programa político pretendiendo que vamos a hacer la revolución. Pero este libro es una propuesta estética que nos permite tanto traspasar sentimientos de gloria, de valor, de valentía, como ser traspasados por estos sentimientos. Es necesario que al final nos sintamos a la vez un poco reconciliados y consolados, dispuestos a poner un poco de nuestra parte en la historia.

Hassina Mechaï: A propósito del fascismo, ¿es este «pueblo» surgido de la inmigración una especie de vigía o de canario en la mina?¿Son quienes lo ven venir antes que los demás?

Louisa Yousfi: Las personas descendientes de la inmigración son cada vez más objeto de políticas de exclusión y de criminalización. Hace años que la islamofobia se ha convertido en un sistema de gobierno. La cuestión antimilitarista está cerrada con un candado, lo mismo que los ámbitos de la existencia musulmana en Francia. ¿Cómo afirmar que se es solidario con las luchas, sobre todo con las luchas en Palestina, sin arriesgarse a acabar en la cárcel? Este cuello de botella se estrecha en nuestro entorno. No tenemos escapatoria, cada vez tenemos menos posibilidades de ser personas musulmanas o solidarias con los países del Sur. He visto claramente que en diez años cada vez hay menos palabras autorizadas. Cada vez es más difícil apoyar a los y las compañeras que han ido un poco más lejos, porque si se les apoya, se corre peligro de caer también. Hay una inmensa violencia contra las personas que somos militantes.

En efecto, en nuestra condición de personas árabes, de personas musulmanas, nos hemos convertido en el blanco prioritario del fascismo. Con todo, sigue habiendo una voluntad institucional de recuperarnos todavía y de integrarnos, pero a condición de aceptar todos sus compromisos. La negociación en esta agenda cada vez más racista y nacionalista es que tenemos que ir cada vez más lejos en estos compromisos para ser árabes aceptados y aceptables.

La particularidad del fascismo en Francia es que se atavía con las galas del progresismo. Para que sean preservados nuestros derechos tenemos que aceptar que estos derechos estén rodeados por todas partes de alambres de espino mortales para los demás. Seremos aceptados, pero si los demás mueren todos en torno a nosotros, como los exiliados y sus hijos. Se les va a internar en campos fuera de las fronteras europeas, donde reina la barbarie. Pero es la garantía de que nosotros seguimos con nuestra sencilla vida tranquila.

La cuestión decolonial obliga a permaneces conectados a la violencia de Occidente, del mundo. Nosotros la vemos, esta violencia nos mantiene despiertos, nos impide ceder completamente. Es lo que nos mantiene al borde del abismo.

Hassina Mechaï es periodista.

Notas:

(1) Seguir siendo bárbaro, Anagrama, 2024, traducido por Encarna Castejón del francés Rester barbare (La Fabrique) (N. de la t.).
(2) Recientemente, en junio de 2025, Bruno Retailleau, entonces ministro del Interior [francés] había calificado de «bárbaros» a los autores de la violencia en las calles de París tras la victoria del equipo Paris Saint-Germain en la Liga de Campeones. Léase sobre todo Ilyes Ramdani, «  Après la victoire du PSG, Retailleau cible les «  barbares  » : escalade verbale, arrière-goût colonial  », Mediapart, 2 de junio de 2025.

(3) Movimiento político que surgió en 2005 tras un llamamiento y que se convirtió en Parti des indigènes de la République (PIR, Partido de los Indígenas de la República) en 2010, antirracista y decolonial.

(4) Palabra que designa a las personas provenientes de la migración. Es la reproducción fonética de la aglutinación del artículo con la palabra, ya que en el lenguaje popular se añade frecuentemente el sonido «z» ante una vocal. El término «bled» que aparece a continuación designa el lugar extranjero del que es originaria una persona y en el Magreb una población pequeña en el interior del país (N. de la t.).

(5) El término «separatismo» no tiene una connotación geopolítica en este contexto, sino que se refiere a la supuesta voluntad, según la derecha francesa, del integrismo islámico de crear un orden paralelo a los valores republicanos franceses, otra forma de organizar la sociedad. El presidente francés Macron fue el primero en utilizarlo en este sentido (N. de la t.).

Texto original: https://afriquexxi.info/Louisa-Yousfi-Il-faut-investir-un-peu-de-notre-part-dans-l-histoire

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.