Washington ha amenazado con bloquear el acceso de Irak a sus propios ingresos petroleros depositados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York si en el próximo Gobierno se incluye a representantes de partidos armados chiitas que cuentan con el apoyo de Irán, según informó Reuters el 23 de enero.
La comunidad chiita es mayoritaria en Irak y tiene una afinidad religiosa con Irán, que también es un país cuya mayoría religiosa es también chiita. Estados Unidos invadió a Irak y ahorcó a su presidente con falsos pretextos de armas de destrucción masiva para tomar el control de sus vastos yacimientos petrolíferos.
Irak, en cierto modo, parece haber sido el modelo para la invasión de Venezuela. Acusaciones falsas contra su presidente legítimo con secuestro y posterior administración desde Estados Unidos del comercio de sus recursos petroleros. Delsy Rodríguez que tome nota.
El presidente Donald Trump parece estar metido en líos hasta el cuello con las manifestaciones en Minnesota, donde agentes federales antiinmigrantes reprimen a los manifestantes a balazos que ha causado ya varias muertes de ciudadanos estadounidenses. Su Gobierno se queda sin fondos este fin de enero y como si no fuera suficiente está preparando una intervención militar en Irán que puede terminar muy mal porque la República Islámica ya cuentan con misiles que pueden alcanzar territorio estadounidense. Ser atacado en su territorio sería una novedad para Washington, que hasta ahora ha atacado impunemente en todos los rincones del mundo porque sus adversarios no tenía medios para cruzar los dos océanos que protegen el territorio de EEUU.
«Esta advertencia estadounidense fue reiterada durante los últimos dos meses por el Encargado de Negocios de Estados Unidos en Bagdad, Joshua Harris, en conversaciones con funcionarios iraquíes e influyentes líderes chiitas», informó Reuters, citando a tres funcionarios iraquíes y una fuente familiarizada con el asunto.
La amenaza forma parte del esfuerzo del presidente estadounidense, Donald Trump, por debilitar a Irán mediante una campaña de «máxima presión» con sanciones económicas, que incluyen la aplicación de sanciones a las exportaciones petroleras de la República Islámica.
Trump también bombardeó las instalaciones nucleares de Irán como parte de la guerra no provocada de 12 días de Israel contra Irán en junio. Pero luego tuvo que pedir un alto el fuego porque Irán en represalia barrió con sus misiles a Israel porque al controlar toda la política de Washington es el lugar más sensible donde atacar a Estados Unidos.
Debido a las sanciones estadounidenses pocos países pueden comerciar con Irán, lo que aumenta su dependencia de los mercados iraquíes para sus exportaciones y del sistema bancario de Bagdad como vía de entrada de dinero al resto del mundo.
Como castigo, el Gobierno de Estados Unidos ha restringido el flujo de dólares a los bancos iraquíes en varias ocasiones en los últimos años, aumentando el precio de las importaciones para los consumidores del país y dificultando que Irak pague las importaciones de gas natural que en invierno necesita desesperadamente importar desde Irán.
En su locura agresiva Trump quiere ahora imponer arancel del 100% a las importaciones de Canadá para castigar a ese país vecino por exportar petróleo a China. La preocupación obsesiva de Trump por el petróleo proviene de que la escasez provoca aumento del precio de los combustibles, lo cual encarece el transporte y eso aumenta el precio de todos los productos que se comercian. Lo paradójico del caso es que la escasez de petróleo y el consecuente aumento del precio del transporte se debe a un daño autoinfligido por Estados Unidos al imponer sanciones a Rusia, porque en tiempos normales Rusia proveía un millón de barriles diarios de petróleo a Estados Unidos.
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