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El congreso del PT y los conservadores

Una crítica desde la izquierda

Fuentes: Barómetro Internacional

Si hubo de entre el ala conservadora de la política brasileña un gran victorioso, en el 4º Congreso Extraordinario del Partido de los Trabajadores (realizado en Brasilia, entre los días 2 a 4 de septiembre), este fue el actual alcalde de São Paulo Gilberto Kassab. Incentivado por antiguas aves de rapiña de la política brasileña, […]

Si hubo de entre el ala conservadora de la política brasileña un gran victorioso, en el 4º Congreso Extraordinario del Partido de los Trabajadores (realizado en Brasilia, entre los días 2 a 4 de septiembre), este fue el actual alcalde de São Paulo Gilberto Kassab. Incentivado por antiguas aves de rapiña de la política brasileña, el aliado de Guilherme Afif Domingos y Kátia Abreu ejecuta su plan de crear un partido tapón, el Partido Social Democrático (el PSD) y abrir una cuña entre el bloque oposicionista y el ala derecha del gobierno. Se trata así, de más un partido derechista con potencial para componer la base aliada y fortalecer el modelo del presidencialismo de coalición presupuestaria.

No estoy inventando nada, sólo concluyo lo obvio a partir del documento de Resolución Política del PT, página 22, en las últimas dos líneas del penúltimo párrafo. He ahí el texto: «Nuestros adversarios serán las agremiaciones que representan el bloque conservador, formado por el PSDB, por el DEM y el PPS, con los cuales no haremos chapas.»

Señal de los tiempos. El bloque conservador del Brasil, durante el periodo de la Asamblea Nacional Constituyente, se nombró a si mismo como de Centro. En aquel momento histórico, el Partido de los Trabajadores rechazó firmar la Constitución justamente en función de las maniobras de este conjunto de fuerzas. Hoy, otros tiempos, es el PT el que denomina a sus aliados de la derecha como Centro. Ya la otra derecha está compuesta por PSDB, DEM y PPS (que también lo son), se hace así un único bloque conservador. De esta forma, el partido de José Dirceu y Antonio Palocci ejecuta una pirueta conceptual digna de las revisiones históricas representadas por el peor periodo del estalinismo. El pragmatismo político retroalimenta un concepto erróneo, lavando el discurso.

Todo comienza con la idea, equivocada, de «progresista», como si el desarrollo de fuerzas productivas tuviera alguna relación intrínseca con la socialización de recursos y el poder. No tiene. Pero, abierta esa brecha, ahí entran todos los que componen el -de hecho, desde un punto de vista del capitalismo nacional- mejor gobierno de la historia de este país. Allá están los latifundistas (y la alabanza de la presidenta al agro-negocio y al modelo exportador), los capitanes de la industria (cuando hasta el presidente de la FIESP concursa electoralmente por un partido «socialista») y los bancos operando en el país (generando el mayor logro acumulado de la historia de la nación).

Todos estos sectores de la derecha económica brasileña están políticamente sobre-representados en el gobierno de Dilma. Abierta la puerta, en la base aliada para las elecciones municipales de 2014, ¡el PSD será muy bienvenido!

El congreso del PT y el Marco Regulatorio de los Medios

En diversas ocasiones la Moción del Congreso Extraordinario del PT (2 a 4 de septiembre de 2011), cuyo título «Compromiso con una agenda estratégica para las comunicaciones en el Brasil», asustó a una parte de los medios empresariales. Sinceramente, no observé en ella nada demasiado radical. Allí estaba un resumen de la trayectoria del partido en este tema. En la parte final, otro resumen, este de las grandes resoluciones tomadas en la 1ª Conferencia Nacional de Comunicación Social y del aún no ejecutado Capítulo V de la Constitución Federal de 1988. Entiendo que la reacción de los propietarios de redes fue demasiada. Primero, porque allí consta un libelo deseando el capitalismo de concurrencia en el sector. Segundo, porque este gobierno -así como el de Lula- no va a forzar Marco Regulatorio alguno y dejará que los agentes económicos se meneen a sus anchas. Para justificar este mi escepticismo, bastan sólo dos argumentos.

El PT no puede ir contra una parcela de su propia base aliada. Es parte constitutiva del sistema de dominación brasileño, el llamado coronelismo (caciquismo) electrónico. Estos coroneles de la comunicación social, en general, ejercen su dominación a partir de redes regionales, donde los vehículos locales se asocian a las redes nacionales o a sus afiliadas en las capitales. Tal fenómeno, alimentado por el ejercicio de la concesión de radios y TVs para políticos y apadrinados (socios o naranjas, generalmente), genera una sobre-representación de propietarios de medios (jurídicamente serían concesionarios), o simplemente radiodifusores. Antes que afirmen que exagero, invito a leer el portal del proyecto Dueños de la Mídia, donde constan informaciones detalladas a este respeto.

Otra incongruencia se da en las elecciones de los ministros de las Comunicaciones, a ejemplo de Paulo Bernardo Silva. Este es más un ex-sindicalista que se hizo un gestor de confianza del empresariado, ahora con atención especial en atender a los anhelos de los CEOs de las transnacionales de telecomunicaciones que operan en el Brasil. No podemos discutir sus múltiples calificaciones, pero, democratizar la comunicación social y crear un Plan Nacional de Banda Ancha (PNBL) para atender el interés público no forma parte de su lista de prioridades.

Conforme comprobamos arriba, radiodifusores y CEOs de transnacionales de telecomunicaciones no tienen por que preocuparse. La Moción tiene argumentos válidos, pero la motivación del partido de gobierno es meramente instrumental (las relaciones con la Red Record que lo digan). Ya las distinguidas facciones del movimiento por la democracia en la comunicación social (incluyendo la digital), pueden prepararse para años de pesadilla.

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