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Entrevista al Profesor Vladimir Acosta

«Universidades con una visión distinta: no la visión del billete sino de la solidaridad»

Fuentes: ENcontrARTE

La Universidad es un sector clave en toda sociedad. De su seno salen la inteligencia que debe dedicarse a producir el nuevo conocimiento así como los cuadros dirigenciales. La Revolución Bolivariana de Venezuela obviamente no ha descuidado este importante ámbito; pero se da ahí un fenómeno bastante especial: debido a décadas de políticas neoliberales privatizadoras y en beneficio de minorías, la universidad pública ha sufrido un proceso de deterioro presupuestario e ideológico, por lo que hoy, como sector, no está alineada con el proceso que vive el país. Por el contrario, en buena medida hace parte de la oposición política, y su población (docente y estudiantil) es portadora de un proyecto ajeno al socialismo. De hecho, en el transcurso del año 2007 buena parte del movimiento estudiantil ha aparecido como un principal agente de la oposición (a partir de una estrategia urdida por los factores de poder, que los utilizan en función de su proyecto político antirrevolucionario). ¿Por qué? ¿Por qué buena parte de la universidad venezolana está jugando el papel de la oposición en este acalorado proceso que vivimos? ENcontrARTE dialogó con el Profesor Vladimir Acosta sobre estos aspectos, prestigioso catedrático de la Universidad Central de Venezuela, recientemente jubilado en esa casa de estudios, hoy día dedicado al análisis político y social en varios medios de comunicación masiva.

ENcontrARTE: La universidad sabemos que siempre juega un papel clave; es el semillero de futuros cuadros de la sociedad. Aquí, en Venezuela, en medio de una revolución como estamos viviendo, la universidad en su conjunto también debería jugar un papel de acompañamiento de todo lo que sucede. Pero vemos que las universidades, en términos generales, adversan la Revolución. ¿Cuál es exactamente el lugar de la universidad hoy día en Venezuela? ¿Cómo lo ves tú, universitario de toda tu vida, como profesor, como ciudadano, como bolivariano?

Vladimir Acosta: Una cosa es el papel que las universidades deberían tener en un proceso revolucionario, y otra cosa es el papel que están teniendo. El papel que deberían jugar nace de la visión que uno ha tenido de las universidades en tiempos pasados, en que tenían compromisos revolucionarios y actuaban en busca de objetivos revolucionarios, democráticos, oponiéndose a dictaduras, oponiéndose a gobiernos pseudos-democráticos o autoritarios como los que teníamos aquí. De alguna manera la idea que tenemos de la universidad hoy es comos si fuera la de los años 60 o 70. Y justamente el problema es que la universidad hoy en Venezuela −me refiero a las universidades públicas− son universidades que no tienen nada que ver con aquellas del pasado; o en todo caso tiene muy poco que ver, no sólo por su estructura, sino simplemente por el acceso de los estudiantes. Las universidades aquí eran universidades elitescas hasta que cayó Pérez Jiménez (me refiero a las universidades privadas). De paso algunas universidades incluso surgieron después de la caída de Pérez Jiménez, pero las universidades tradicionales, la Universidad del Zulia, La Universidad de Mérida, la Universidad Central en Caracas, que son universidades ya con mayor antigüedad, eran centros elitescos. Había que pagar para ingresar, teniendo unos cupos muy restringidos. Con el derrocamiento de Pérez Jiménez las universidades se ampliaron desde el punto de vista de su acceso. Dejaron de ser costosas. Se hicieron prácticamente de acceso libre y entró una masa de estudiantes importante. Esta masa de estudiantes procedía de sectores populares y de la propia clase media. Pero decía, justamente, que la clase media de los años 70 no es exactamente la misma clase media de hoy; esa clase media era un sector en cierta medida en ascenso social, que estaba buscando espacios nuevos y a pesar de que la clase media siempre ha sido muy conservadora, reaccionaria incluso, por lo menos una parte de esa clase media que estaba en ascenso tenía inquietudes de cambio social y era mucho más abierta y sus hijos también formaban parte de ella. Venían de sectores populares y se estaban volviendo clase media; en consecuencia, había entonces una actitud que no era abierta o masivamente reaccionaria, por lo menos había sectores de esa clase media que eran críticos, que tenían esperanzas de cambio y que se incorporaban a cualquier proceso de cambio. Al menos los toleraban sin condenarlos, y había un estudiantado que estaba incrementando su presencia en las universidades, que venía de sectores populares y de clase media pobre. Todo eso generaba un tipo de universidades en las cuales esos estudiantes eran una fuerza combativa. De allí salieron estudiantes revolucionarios que fueron a la lucha guerrillera, a la lucha armada, que arriesgaron su vida, muchos de ellos murieron en el camino, hubo desaparecidos, asesinados, torturados por esa pseudo-democracia puntofijista. La misma se encargó de dar una imagen de una universidad que era democrática, dado la participación de los estudiantes. Pero en verdad su estructura era la misma de hoy: una estructura piramidal, pre revolución francesa, en la cual se concentran todos los poderes con un claustro universitario restringido a un grupo de profesores y exclusión para la mayoría de los estudiantes, exclusión de los trabajadores, de los empleados. Es decir: la estructura de las universidades nunca fue democrática, lo que pasa es que ahora es mucho más evidente que no lo es, pero nunca lo fue, y antes se notaba menos porque los estudiantes eran mucho más combativos, más revolucionarios, y porque incluso una parte del profesorado elitesco mismo tenía ciertas conexiones con la izquierda, tenía posiciones un poquito más progresistas. Por supuesto había una derecha poderosa en la universidad, Acción Democrática, COPEI, pero había grupos de izquierda que también tenían representación entre los profesores, había profesores, hasta decanos también, que fueron bastante progresistas. Sin dudas era otra universidad. Lo que ha ocurrido con las universidades públicas venezolanas, la Central y todas las demás, es justamente que en la última etapa, las últimas dos décadas del puntofijismo, las universidades se fueron cerrando, la clase media se hizo más derechista, más conservadora y los sectores populares fueron siendo excluidos de la educación. Ese proceso empezó liquidando la educación primaria. La educación primaria, que era pública mayoritariamente, fue pasando fundamentalmente a manos privadas; se debilitó la educación primaria pública y se fortaleció la privada, lo cual ya significaba exclusión. En Venezuela iba creciendo la desigualdad, creciendo la pobreza, en estas últimas décadas cuartorepublicanas. Y entonces una buena parte de los estudiantes de origen humilde, de origen pobre, quedaba fuera, no tenía acceso siquiera a la primaria; y los que podían acceder, tenían que pagar escuelas privadas. Luego vino una segunda etapa que fue desmontar la educación secundaria, la educación de los liceos. Aquí, en los años 60 -se puede decir hasta los años 70- los mejores liceos eran los liceos públicos. Desde el punto de vista de su calidad, eran los mejores, y los liceos privados eran para los estudiantes malos, para los estudiantes reprobados. Egresar de un liceo privado era prácticamente una raya, como se dice, no tenía el mismo prestigio quien egresaba de un liceo privado, donde generalmente había rumores de que se podían comprar las notas con dinero y cosas por el estilo, que el estatus de un liceo público; Liceo Andrés Bello, Liceo Andrés Bello, Liceo Aplicación, eran liceos que tenían una tradición de lucha, y al mismo tiempo tenían una calidad académica. Pero eso fue desmontado de manera calculada por el mismo liberalismo, y la etapa siguiente tenía que ver con las universidades. Ya se estaban materializando, prácticamente en los años 80, y sobre todo en los años 90. Pero afortunadamente aquí, como dirían en Cuba «llegó el Comandante y mandó a parar». Aquí, al ganar Chávez a fines de 98, y después en el 99, se paró el proceso de privatización de la educación superior, que ya estaba prácticamente cocinado y hacia el cual ya se habían dado pasos importantes. En la universidad se cobraba por todo: se entraba gratuitamente pero había pruebas de admisión, pagos para esto, pagos para fotocopias, pagos para no sé qué cosa, pagos para exámenes, de tal manera que se iba privatizando la educación. Entonces, el acceso a las universidades era un acceso filtrado en el cual pasaban fundamentalmente, como hasta ahora, los sectores procedentes de las capas medias y de las capas altas. No sólo porque provenían de las capas medias sino porque estaban mejor preparados y porque los otros grupos menos afortunados se habían excluidos por razones económicas desde antes, de tal manera que lo que se generó fue un proceso de elitización, en el peor sentido de la palabra. No eran los mejores, eran los que tenían dinero, los que tenían recursos, los «hijos de papá, que iban entrando a las universidades públicas y no sólo a las privadas. Por supuesto las privadas siempre fueron pagas, y allí siempre tuvieron acceso fundamentalmente los estudiantes de clase media y media-alta. Así la Universidad Católica o la Santa María son universidades privadas donde acudían los hijos de la burguesía básicamente. Pero después aparecieron universidades elitescas como la Monte Ávila, que es para los hijos de los ricos, o la Metropolitana. De tal manera que se montó un aparataje de universidades privadas, elitescas para la minoría rica, y las universidades públicas pasaron a ser universidades en las que su profesorado se encerraba cada vez más y se volvía cada vez más reaccionario, con un estudiantado mayoritariamente de clase media o media-alta. Estudios hechos sobre eso han mostrado cómo en todas las universidades públicas pasaba eso. En algunas era muchísimo más grave, por ejemplo la Simón Bolívar. Es una universidad pública pero que funciona como una universidad privada y elitesca para minorías. A la Universidad Central le pasa lo mismo, quizá un poco en menor grado. A las Universidades del Zulia, de Carabobo y de los Andes les pasa lo mismo, de tal manera que el estudiantado universitario pasó a ser un estudiantado de clase media, muy condicionado por los valores de esta posición social, de inmediatismo, de derechismo, de conservatismo y con una visión de graduarse rápido, de salir rápido de la universidad a hacer dinero, o sea, utilizar las profesiones para hacer dinero sin ningún compromiso social, ninguna preocupación, ninguna protesta, ninguna huelga, nada parecido. Esas son las universidades que tenemos hoy.

Siempre hay acceso de algunos sectores populares a las universidades, siempre hay inquietud y protesta en algunos estudiantes, y esos son los que constituyen una esperanza dentro de las mismas, pero en esa estructura universitaria la universidad ha pasado a ser un refugio de la derecha, refugio profesoral y también una fuerza estudiantil. Y lo más grave de todo eso, y yo lo he comentado en muchas oportunidades, es que esas universidades son públicas. Yo, en esos años noventa, discutía en foros hechos en la universidad con los neoliberales dado que ellos utilizaban el argumento de que había que privatizarlas; el argumento que utilizaban era −dentro de ciertos límites− coherente, es decir, había que privatizar las universidades porque los estudiantes que ingresaban, por ser estudiantes de clase media-alta, tenían suficientes recursos para pagarse su educación, y resultaba incoherente que el Estado estuviera ofreciendo la educación gratuita a quienes por ser hijos de ricos se la podían pagar. Perfecto, dentro de esos límites era totalmente válida la privatización; el pequeño detalle que estos caballeros olvidaban es que esas universidades no eran privadas, eran públicas, y que por tanto eran universidades que tenían que estar abiertas a todos los estudiantes, a todo el mundo, y fundamentalmente a los estudiantes de los sectores populares que son la mayoría del país en todas partes. De tal manera que lo que había que hacer no era privatizar las universidades, sino justamente recuperar las universidades en términos de espacios abiertos, democráticos, a los cuales tuvieran acceso los sectores populares y por eso se podía mantener justamente la idea de que las universidades fuesen gratuitas y no pagas; esa era una de las discusiones de esos años. Finalmente el proceso se detuvo, pero si se quiere: dentro de ciertos límites. Es decir: las universidades no fueron privatizadas, pero de hecho funcionan todavía como si lo fueran, aún siendo universidades públicas, financiadas por el Estado, donde el acceso a los estudiantes de origen más humilde está seriamente restringido. Y además, el clasismo y el racismo se han convertido en unos componentes realmente repulsivos en su interior. Entonces, lo que habría que hacer aquí -y que creo que finalmente se está empezando a hacer- es adoptar medidas que tiendan a garantizar una democratización de las estructuras de las propias universidades. Eso hasta ahora no se ha hecho, pero hay algunos indicios, incluso dentro del proyecto de reforma presentado, que pueden apuntar en esta dirección.

ENcontrARTE: A propósito, justamente como una política de respuesta a esta situación de privatización que ha vivido la universidad, aparecen las universidades (vamos a llamarlas así) «paralelas» o «alternativas»: la Universidad Bolivariana, la UNEFA. Esa es una respuesta acertada, sin dudas; es, salvando las distancias, como las misiones, que son respuestas coyunturales a un problema estructural. ¿Tú cómo ves el surgimiento de estas universidades? ¿Esas respuestas tienen futuro a largo plazo? ¿Habría que, además de eso, buscar la democratización de las universidades públicas tradicionales?

Vladimir Acosta: Yo no creo que sean respuestas coyunturales; creo que son respuestas de largo alcance. Creo que justamente aquí se ha buscado un camino importante, interesante. También se está buscando cambiar las universidades tradicionales, pero sin dudas hay aún cierto retardo en aprobar modificaciones legales que facilitaran democratizar estas universidades públicas actuales, siendo las más conocidas la Central, la del Zulia, la de los Andes. Todas estas universidades se han convertido verdaderamente en unos antros de putrefacción intelectual, de mediocridad, de actitudes reaccionarias verdaderamente incalificables. Creo que la política que ha asumido el gobierno ha sido sumamente inteligente, y así ha respetado plenamente la autonomía universitaria, una autonomía que ahora defienden quienes la violaron en otra época. En época de Acción Democrática y de COPEI aquí se violó la autonomía universitaria, se allanaron las universidades, se metieron tropas, se metieron tanques de guerra, se disparó contra los edificios, se destrozaron libros y facultades enteras. Lo hizo Leoni, lo hizo Caldera, reformaron las leyes justamente para restringir la autonomía, porque las universidades eran espacios críticos contra esos gobiernos, e incluso se llegó a decir que la autonomía universitaria sólo funcionaba dentro de las aulas de clase. Eso lo defendían los neoliberales hipócritas, estos que ahora hablan de autonomía. Es decir que la policía podía recorrer los espacios internos de las universidades y no entrar a los salones, salvo que se estuviera cometiendo un delito. De tal manera que ésta era la visión que estos caballeros tenían de la autonomía universitaria; y ahora hablan de la autonomía. La autonomía ahora está en la Constitución, tiene rango constitucional, y este gobierno ha respetado la autonomía plenamente. Ahora ¿qué es lo que ha hecho el gobierno? En vista que estas universidades se han convertido en unos antros profundamente reaccionarios, en uno de los centros de la oposición más recalcitrante y se escudan en la autonomía universitaria para hacer lo que les da la gana; simplemente ha hecho inteligentemente lo que tenía que hacer. La comparación con las misiones va en cierto sentido, pero no en el sentido de que sean coyunturales. Dado el aparato político del Estado, un aparato político cuartorrepublicano, burocrático, autoritario y con poco sentido de compatibilidad con el pueblo, el gobierno se vio obligado a montar las misiones, porque si continuaba con los Ministerios todas las iniciativas iban a fracasar. Creo que el gobierno inteligentemente lo que ha hecho es un poco la política que yo llamo de Plaza Altamira. Este gobierno se caló durante seis, siete meses unos militares llamando a la insurrección, al golpe de Estado, desde una plaza de Caracas, algo que no pasa en ninguna parte; en cualquier democracia habrían allanado esa plaza, habrían metido presos a todos esos militares, este gobierno, calificado de dictatorial por esos partidarios de la dictadura que llamaban al golpe, este gobierno aceptó que estos militares gritaran, patalearan, insultaran, hicieran lo que les da la gana, y aquella plaza que era un centro de efervescencia contrarrevolucionaria y fascista se fue desgastando, desgastando, desgastando hasta que finalmente se desintegró y se disolvió sin que el gobierno tomara ninguna medida contra ellos. Yo llamo eso la política Plaza Altamira y creo que el gobierno lo ha hecho en el caso de las universidades. Es decir: dejarlas que se pudran solas. Y de hecho se siguen pudriendo, cocinando en esa basura, en esa mediocridad en que viven, y el gobierno no hace nada para afectarlas, incluso les da presupuesto y se los ha aumentado para que se cumpliera con todos los pasivos laborales. Jubilarse un profesor universitario en la época dorada de la Cuarta República, en la época de Caldera por ejemplo, significaba esperar 7 u 8 años para que de repente le pagaran a uno la jubilación por partes. Este gobierno está pagando, les ha aumentado los sueldos a todos los profesores; este gobierno paga las jubilaciones prácticamente en el plazo más corto posible, les ha dado todos los recursos posibles a las universidades pero no las ha tocado en términos políticos. Con inteligencia las ha dejado que se cocinen en su salsa podrida. Entonces, en ese contexto, es que se han creado otras universidades, que no son coyunturales. La Universidad Bolivariana, la UNEFA, todas estas universidades que se han creado, son universidades que tienen otra visión, otra concepción: democrática, participativa, protagónica, de acceso a los sectores populares. Entonces, lo que va pasando es que estas universidades nuevas tienen que aprender, tienen que corregir errores, tienen que madurar. Y por supuesto están madurando, están creciendo, se están superando, y las otras universidades tradicionales siguen pudriéndose día a día. Sucede con ellas como sucedió con la gente de Plaza Altamira.

ENcontrARTE: Tú decías de estas universidades que «se están pudriendo». Pero ¿de qué manera? Por lo que se ve, son un factor de poder realmente importante y preocupante, como los medios comerciales de comunicación, más aún que los partidos políticos. La universidad es un factor político muy importante. Hoy día se usa al estudiantado clasemediero como ariete contrarrevolucionario; sin fuerza real para tumbar al gobierno, por supuesto, pero básicamente como parte de un montaje mediático. Tal vez no son más que unos cuantos muchachitos utilizados, pero de todos modos las universidades dieran la impresión de estar en pie de lucha, y de ese modo, sirven para desestabilizar. ¿En qué sentido, entonces, esto de que se están pudriendo solas?

Vladimir Acosta: Los podridos también pelean. La putrefacción puede ser parte de la lucha. Lo que uno acaba de ver en la Universidad del Zulia con los dos muertos, que no es nada nuevo, es un espectáculo que tiene tiempo allí: bandas armadas de grupos de la oposición matándose entre ellos por el control de un centro estudiantil. Ahí hay profesores involucrados, autoridades involucradas, y entonces son delincuentes, malandros, asesinos, que son estudiantes o que no son estudiantes, que para el caso es lo mismo, pero actúan en las universidades armados de pistolas 9 milímetros, de escopetas y de sub-ametralladoras y se caen a tiros entre ellos. Y eso pasa en el Zulia, pasa en Mérida, donde estos grupos de bandidos de la universidad tienen apoyo de profesores y de partidos políticos. Eso pasa en Carabobo y pasa en cierta medida en la Central, aquí en Caracas. A pesar de ser testigo de la putrefacción de allá de la Central, después de todo parece que es la menos podrida, si uno la compara con Carabobo y sobre todo con la ULA o con la Universidad del Zulia. Se ve que verdaderamente la Universidad Central no ha llegado todavía a esos límites. Ahora la putrefacción está allí; ahora, justamente, inflar lo que ocurre en esas universidades es parte de la conspiración general mediática contra el gobierno, la conspiración mundial. Basta que tres muchachos peguen un grito en la Universidad Central o en la Universidad del Zulia para que Globovisión −y de Globovisión pase a CNN, y de CNN al mundo− muestre eso como una gran marcha de protesta contra la universidad. Exactamente igual que cada vez que salen cuatro viejas vestidas de blanco a pasear por el malecón de La Habana y nadie les hace nada, entonces salen diciendo que un miliciano las miró muy feo y que eso demuestra que en Cuba hay una dictadura, entonces es noticia en el país y es noticia en todos los medios de comunicación del mundo. Es el juego, la trampa mediática de manipular la información. Además quienes están aquí supuestamente peleando hoy contra el gobierno y contra la reforma constitucional, son los «hijitos de papá» de universidades ricas, estudiantes de la Metropolitana, de la Monte Ávila y de la Católica. Entonces uno los ve luchando por la autonomía universitaria, y son estudiantes de unas universidades que no tienen autonomía, porque justamente esas universidades no tienen autonomía. Al cura Ugalde, que es el rector de la Católica, no lo eligió nadie, sólo la mafia que controla esa universidad. Y él se elige y se reelige indefinida e ilimitadamente, y ahora está contra una reforma que se va a consultar con el pueblo para que Chávez sea, no el presidente eterno sino que tenga el derecho, como en cualquier país democrático, de lanzar su candidatura todas las veces que quiera hasta que el pueblo diga que no. La Monte Ávila es una universidad elitesca; ¿qué demonios de autonomía tiene esa universidad? La Santa María ¿qué autonomía tiene? Ninguna de esas universidades tiene autonomía. Entonces uno ve a unos estudiantes luchando por la amenaza contra la autonomía cuando ellos no tienen autonomía, unos los ve luchando contra el Artículo 109, que le da paridad en el voto a los estudiantes, y ninguno se ha leído ese artículo, simplemente porque como Chávez lo propone ellos se oponen. Entonces, quienes están manejando la lucha estudiantil inflada por los medios de comunicación para convertirlo en una especie de guerra civil son los «hijitos de papá», que son los hijos de la guarimba, porque a la gente se le olvida que estos chamos son los hijos de la guarimba, los hijos del sabotaje petrolero y de la guarimba. A esos chamos que hace 5 años tenían 14, 15, 16 años, los ponían a quemar sus propias urbanizaciones, a tirar piedras, a quemar cauchos y a destruir la ciudad. Esos chamos hoy están en la universidad y son los hijos de los guarimberos, y educados en la guarimba, educados en el odio, educados en la violencia y disfrazados de ovejitas con las manitos pintadas de blanco gritando «libertad» en el país donde hay más libertad en este planeta el día de hoy. Hay una inflación de este fenómeno. Ahora, de que las universidades actuales están podridas, eso es evidente: siguen teniendo un papel. De alguna manera podrían ser rescatables, pero eso no significa que las otras universidades sean una salida coyuntutal. No: esas universidades, la Bolivariana y la UNEFA, marcan la pauta, porque en cierta forma están vinculadas a un proyecto de país con toda la independencia que puedan tener para ello, pero entendiendo que este es otro país, que hay que construir una sociedad justa, digna, soberana, que vaya hacia el socialismo, dándole acceso a todos los sectores populares para estudiar. Universidades para estudiar carreras con una visión distinta, no la visión del billete, la visión del dinero, la visión de ascender socialmente para explotar a los otros. No, eso no, sino una visión solidaria. Aquí se están formando médicos con visión solidaria, están formándose profesionales de distintas carreras con una visión solidaria. Esas son las universidades del presente y del futuro; las universidades podridas éstas es cierto que tienen toda una trayectoria histórica, pero nadie puede vivir de su trayectoria histórica, porque uno vive de lo que está haciendo hoy y no de lo que se hizo cien años atrás. Digamos que hace cien años yo era de izquierda y ahora soy de derecha; de acuerdo, pero no vales por esa historia anterior sino que vales por lo que eres hoy. Entonces esas universidades tienen dos alternativas: o se van a podrir, pese a haber sido grandes centros académicos años atrás, o tendrán que adaptarse −sin que nadie las presione, sin que nadie las allane como antes, sin que nadie les diga lo que tienen que hacer− a un país que está cambiando, La autonomía no es independencia; una universidad autónoma recibe dinero del Estado, porque el Estado es el que las financia; el Estado les da libertad académica, libertad para decidir sus programas, dentro de ciertos límites, y por tanto, hay un marco dentro del cual la enseñanza tiene que sujetarse. El desarrollo de la ciencia, la investigación y también de valores tienen que ser distintos a los valores tradicionales, y es el Estado el que marca esos límites. Entonces, esas universidades tendrán −como se dice vulgarmente en Venezuela− que correr o encaramarse, es decir: o se adaptan a esta situación voluntariamente, o simplemente se van a reducir a unos niveles tales que van a ser unos esqueletos como tantos viejos partidos políticos en este país. Y ¿cómo se adaptan? Se adaptan porque, de alguna manera, quien decide la estructura de las universidades es el Estado. Eso es así en todas partes del mundo: las universidades son autónomas pero no son soberanas, no viven en países distintos. Aquí hay una Ley de Universidades, una Ley de Educación Superior profundamente reaccionaria que mantiene en las universidades una estructura académica que yo llamo siempre pre-Revolución Francesa. La división de poderes no existe en las universidades autónomas; eso de que hay un poder ejecutivo, uno legislativo y uno judicial no existe. Aquí los consejos universitarios son poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial, poder electoral y, como dice un amigo mío, son tribunal de alzada, es decir, tienen todos los poderes absolutos. Esas 25 personas que forman un consejo universitario controlan y gobiernan como les da la gana, pagándose y dándose el vuelto, a 50 mil personas, a 50 mil estudiantes. Excluyen a la mayor parte de los estudiantes de las elecciones, excluyen a la mitad de los profesores de las elecciones, porque los instructores no votan, en cambio votan los jubilados que se fueron de la universidad, muchos de ellos hace 10, 15 o 20 años sin tener nada que ver con la universidad en la actualidad. Y por supuesto excluyen por completo a los obreros. Estamos ante una estructura absolutamente reaccionaria, ni siquiera elitesca, porque cuando uno habla de élite piensa en un grupo selecto. Hoy día esos grupos son pseudo élites; ahí hay profesores que pretenden ser élites de pensamiento, y no tienen doctorado. Modifican las leyes para poder ser rectores y para poder ser decanos sin tener doctorado. Ninguna de las autoridades de la Central y de casi ninguna de las universidades actuales tiene doctorado, es decir, han ascendido lo suficiente para pretender desde su visión elitesca cargos académicos y sin embargo gobiernan las universidades porque esos son, ante todo, políticos. De tal manera que lo que tiene que hacer el Estado −y en eso hay que reconocer que se ha demorado− es cambiar la Ley de Educación. La Ley de Educación Superior, la Ley de Universidades, cualquiera de las dos, tiene que replantear la estructura de las universidades; el artículo 109 es un paso en esa dirección, es decir: incluir el voto paritario de los estudiantes, el derecho de los obreros a votar y de los profesores instructores a votar. Eso es un paso hacia la democratización de las universidades. Puede que de inmediato no lo sea, pero ese no es el problema; las constituciones no se pueden hacer para lo inmediato, se hacen con cierta proyección a mediano o largo plazo. Ahora, con el estudiantado que tienen, con los empleados controlados por las mafias profesorales, es probable que buena parte de los estudiantes, buena parte de los empleados, sigan votando por la derecha, pero eso no importa. Si las universidades se abren y se eliminan las pruebas de admisión, si se les da acceso a los estudiantes de origen popular, en unos años es probable que se vean los cambios. Los estudiantes pasan 4 o 5 años en la universidad, y luego se van. Entonces las universidades se están renovando desde el punto de vista estudiantil. En cosa de unos años habrá otra correlación de clases y otra visión dentro de esas universidades que va a presionar hacia su democratización. Por eso creo que lo más importante es cambiar la estructura.

ENcontrARTE: En ese sentido, el ingreso irrestricto, el ingreso sin cupo ¿jugaría como un elemento democratizador de las universidades? ¿Ese sería un gran cambio en la política universitaria en estos momentos?

Vladimir Acosta: Claro que lo sería, por supuesto. Hay que eliminar la prueba de admisión, esa es una estructura mafiosa. Las atribuciones que tienen los decanos para meter por arriba a todo el que le da la gana en las carreras, los profesores que por tener 15 años de docencia tienen derecho a que sus hijos entren sin prueba de admisión, todas estas cosas elitescas. Por eso mismo allí hay que democratizar el acceso a las universidades. Sobre la base de tener un bachillerato bien hecho, hay que abrir las universidades a toda la población. No es que tú vas a entrar a la universidad porque te da la gana. Hay requisitos para lograrlo: en la medida en que estás mejorando además la educación secundaria, también se está garantizando que estudiantes de origen humilde, con mejor preparación, entren a las universidades y que mejoren su calidad. Es decir: en la medida en que la universidad se democratiza, se pone más al servicio de la población. Pero para mí, el problema central está en la estructura de las universidades, que sólo se puede cambiar con la ley, no con la constitución. Es problema de ley, de ley de universidades, es decir, esa estructura piramidal, esa concentración de poderes, esa estructura en la cual el consejo universitario es la autoridad absoluta, donde los consejos de facultad tienen pocas atribuciones, los consejos de escuela no tienen ninguna facultad, ninguna capacidad de decisión. Todo eso hay que cambiarlo, hay que reestructurar la universidad sobre una base más participativa, más democrática, más protagónica, que garantice entonces que la estructura de la universidad facilite la caracterización democrática de la universidad, que rompa con una estructura medieval, la estructura del claustro, la estructura de estas pseudos élites y de una buena vez democratice las universidades. Siempre sobre la base del estudio, siempre sobre la base del conocimiento, del nivel académico, del estímulo a la calidad en la educación, sin que calidad se convierta en exclusión. Entonces, tal como están las cosas, los niños ricos y bonitos son los que saben y los pobres no tienen acceso. Pero los pobres tienen las mismas condiciones, la misma capacidad, por lo que hay que garantizárselas desde abajo, porque una de las cosas que hace que los estudiantes ricos puedan ser mejores que los pobres, es que los estudiantes pobres viven en lugares donde no hay espacio, donde tienen que pasar no sé cuántas horas para ir y venir de su casa, no hay libros, porque los libros son caros; sus padres no tuvieron educación y no tienen el valor de la educación, tienen que combinar el estudio con el trabajo, mientras que el estudiante de clase media o clase media-alta vive en una quinta o en un apartamento lujoso, sus padres son profesionales, el hijo tiene dinero, no trabaja, duerme bien y por tanto rinde muchísimo más y se vende eso como que él es superior, porque tiene la piel más clara, y el otro, por lo general, la tiene más oscura.

ENcontrARTE: Hablemos un momento de eso, del nivel académico. Justamente el discurso mediático mentiroso presenta la idea que estas nuevas universidades acordes a la revolución, la Bolivariana, la UNEFA, tienen un mal nivel académico. Esa es la matriz que han establecido.

Vladimir Acosta: Son mediocres porque son de la chusma, según la racista categorización de ellos.

ENcontrARTE: ¿Y qué podemos decir del nivel académico de esta nueva experiencia de universidades?

Vladimir Acosta: El nivel de las universidades públicas es deplorable, absolutamente deplorable, y cada vez es más bajo. Los sueldos en las universidades siguen siendo malos, los profesores muchas veces tienen distintas actividades para sobrevivir. Los controles son muy malos, pero ¿por qué? Se puede controlar al profesorado cuando el profesorado está bien preparado, bien estimulado, tiene biblioteca, tiene recursos. A profesores mal pagados no tiene sentido reclamarles que tengan un nivel de exigencia, porque justamente tienen que buscar la manera de sobrevivir. Hay una desproporción entre empleados y profesores en las universidades, hay empleados muy valiosos, muy trabajadores, pero hay otros que no hacen nada, y en las universidades hay una burocracia verdaderamente espantosa, una ineficiencia terrible. Por todo ello, entonces, el estudiantado viene muy mal preparado. El bachillerato privado tampoco es bueno, ese es un grandísimo embuste. La Universidad Simón Bolívar es una universidad de una gran mediocridad, aunque se presenta como una universidad de primera calidad. Eso es mentira. La Universidad Central tiene también una pésima calidad: los estudiantes estudian con fotocopias, las universidades se gastan el dinero en automóviles, en flotas de carros y en actividades que no tienen nada que ver con la docencia y la investigación, y las bibliotecas de las universidades dan vergüenza. Los profesores a veces les dan fotocopias a los alumnos y ni siquiera le dicen de qué libro forma parte y el estudiante, por ejemplo, se estudió el capítulo 5 sin saber quién es el autor del libro que está leyendo. Hay un desastre, un verdadero desastre académico en las universidades; el nivel es pésimo. Pero esas universidades no tienen ninguna calificación para decir que las otras universidades nuevas que creó el proceso son de bajo nivel. En realidad estos nuevos proyectos hasta ahora tienen la única desventaja de ser nuevas, no más que eso. Tienen que ir creando su propio profesorado. Es cierto que los estudiantes que vienen de los sectores populares vienen de un desnivel justamente, producto de un desnivel económico, social, y de un bachillerato que no tuvo las ventajas que tuvo el otro. Entonces utilizar todo eso demagógicamente para descalificar a estas universidades nuevas es un argumento absolutamente tramposo. Estas universidades están mejorando enormemente. Y cuídense estas universidades públicas que no sirven para nada y que cada vez son peores, cuídense de esas universidades nuevas porque son las universidades del futuro, las universidades que cada vez van siendo mejores, que le van a hacer la competencia en todos los terrenos y que las van a obligar o a adaptarse a este nuevo país, a esta nueva visión de las cosas, con toda la libertad que les da la autonomía, o a desaparecer o a seguirse pudriendo y convertirse en unos cascarones vacíos cada vez más fuera de la realidad y del país que se está construyendo. Ese es el reto que ellas tienen, y esa es la política inteligente que ha seguido este gobierno. Independientemente de su derecho a pudrirse, hay que tratar de reformar la Ley de Universidades, reconstruirla, para que lo que se hizo en el Artículo 109, que va a ser aprobado seguramente ahora en diciembre, se complemente con algo que es sustancial: cambiar la estructura de la universidad por la Ley. Una vez que se cambie por la ley -y las leyes se aprueban por mayoría, por discusión, como se aprueban todas las leyes aquí, democráticamente- esa ley va a incidir sobre la obligación de las universidades de adaptarse a las nuevas estructuras, y las nuevas estructuras con el nuevo acceso van a salvar a las universidades de sí mismas, de la mafia que las controla, y van a garantizar que esas nuevas universidades que después de todo son una inversión del Estado, tienen una historia, tienen una tradición, tienen un valor en sí misma, puedan ser rescatadas dentro de su autonomía y por sus propios estudiantes, y por sus propios profesores, con una visión distinta para un país que las necesita. Es decir, que si el gobierno las ha dejado pudrir es para respetarles el derecho que ellas tienen a pudrirse solas. Justamente ha construido otras universidades para que sirvan de modelo y para que, finalmente, estas universidades que son de todos nosotros, puedan realmente ser un ejemplo lo más brevemente posible, dentro de su autonomía, por su propia decisión. Debe apuntarse a convertir estas instituciones en unas universidades que se pongan a tono con lo que está pasando, que recuperen su prestigio, que recuperen su papel y que vengan a fortalecer una transformación que es de todos y que, de alguna manera, también las necesita, aunque se ha visto obligada a dejarlas de lado porque ellas quieren que las dejen de lado.

ENcontrARTE: Hablemos algo sobre el modelo de la academia en Latinoamérica. Sabemos que nuestros modelos latinoamericanos están totalmente imbuidos del modelo medieval europeo. Entonces ¿por dónde caminar hacia nuevos modelos académicos, nuevos modelos de educación superior? ¿Cómo pensar en una universidad para el pueblo acorde a la ciencia moderna, al saber moderno?

Vladimir Acosta: Esta es una discusión muy complicada que requeriría más tiempo. Yo creo que cuando se habla del saber hay que meter la discusión sobre los saberes, porque uno de los grandes problemas de las universidades, de nuestras universidades, es que son unas universidades colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista, blanca y gris de mirar el mundo. Son universidades donde los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país. Así, eso simplemente los convierte en unos profesionales dóciles, que pueden ser perfectamente manipulados por las fuerzas que dominan el mundo. Esta visión es la misma visión que aplican, por ejemplo, los europeos con sus ex-colonias africanas, que hacen los franceses con sus colonias, los ingleses con sus ex-colonias y que hacen los norteamericanos con nosotros que somos, prácticamente, ex protectorado, perdón, que en buena parte venimos siendo colonias o semi colonias de los Estados Unidos. Vaya usted a estudiar a Harvard, salga de aquí con una visión fragmentada, billetera y elitesca, racista y despectiva del pueblo. Porque usted, incluso si viene del pueblo (ese caso es hasta peor), usted viene del pueblo y tiene la piel un poco más oscura, usted se despegó de los de abajo porque usted tiene un diploma y ahora lo van a llamar «doctor». Incluso sin ser doctor, empezando por los abogados que son los primeros violadores de la ley, que no salen de doctores, porque la universidad no forma doctores, la universidad lo que forma son licenciados o su equivalente; cuando usted sale de abogado sale con una licenciatura en Derecho, pues para ser doctor hay que hacer un doctorado. Los únicos doctores que no son doctores, e incluso lo llaman de todas maneras «doctores», son los médicos. Uno los llama doctor y, sin embargo, buena parte son médicos porque no tienen doctorado, pero pase, porque por lo menos le curan a uno alguna enfermedad, sacándole un billete, y a veces arrancándole el órgano que no es para explotarlo. Bueno, hay una pila de bandidos también ahí con título de doctor, pero los abogados son generalmente de una ignorancia profunda. Yo tenía un amigo, hace años, que decía que uno ponía un burro en el reloj de la Universidad Central y lo venía a buscar dentro de 5 años y tenía un diploma de abogado. Eso suele pasar; basta ver cómo escriben y cómo redactan los documentos la mayor parte de los abogados. ¡Y todavía se hacen llamar doctores! La universidad no forma doctores, a menos que uno haga un doctorado, que es un post grado -ahora hay hasta post doctorado-. De manera que uno puede ser no sólo doctor, sino recontra doctor, que es un quinto nivel, pero de esta manera las universidades forman unos seres disociados, con una visión limitada, que entonces luego van a buscarse una beca para ir a los Estados Unidos a estudiar en las universidades norteamericanas para que le terminen de lavar el cerebro y luego venir de allá convertidos en agentes coloniales para ser después funcionarios, presidentes de organismos, de bancos, cosas por el estilo, o ministros, y hacer entonces la política de los Estados Unidos en su propio país. Igual que hacen los países coloniales, los países africanos, cuya élite estudió en Francia, o que estudió en Inglaterra. Entonces van a reproducir los modelos coloniales en sus países después, como funcionarios, banqueros, ministros y todo lo demás. Es un mecanismo terrible de dominación, entonces hay una visión fragmentada y colonizada de los saberes y una orientación de los profesionales hacia esa disociación para luego a convertirlos en agentes coloniales de las grandes potencias en sus propios países. ¿Cómo luchar contra ese modelo? Hay que luchar contra ese modelo, esa es una tarea esencial. Yo creo que en las universidades nuevas se está empezando a hacer, pero hay que discutir eso a fondo. Ese es un tema que valdría la pena conversarlo en otra oportunidad para no hacerlo con demasiada rapidez, para tener un poco más de calma en el análisis. Pero, sin dudas, eso es básico: universidades para el pueblo y con una nueva visión de país, de proyecto de sociedad y de universitario.

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