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Sobre la falsificación del concepto de clases sociales

Vicenç Navarro, las «clases medias» y la izquierda española

Fuentes: Canarias-semanal.org

Según expone el profesor Vicenç Navarro -conocido articulista y catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra- en un artículo titulado «El mito de las clases medias», la narrativa dominante en el análisis social en los Estados Unidos ha desterrado la posibilidad de cualquier estimación que implique la existencia de la lucha de clases […]

Según expone el profesor Vicenç Navarro -conocido articulista y catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra- en un artículo titulado «El mito de las clases medias», la narrativa dominante en el análisis social en los Estados Unidos ha desterrado la posibilidad de cualquier estimación que implique la existencia de la lucha de clases sociales.

Según Navarro, el discurso oficial dominante en aquel país sostiene que la mayoría de la población pertenece a lo que allí denominan «las clases medias». Bajo esa consideración se incluye a un enorme abanico de segmentos sociales con ingresos que oscilan entre los 18.000 y los 120.000 dólares al año. «En lugar de hablar de burguesía, pequeña burguesía, clases medias y clase trabajadora, se habla y promueve la tipología de la estructura social dividida entre ricos, clases medias y pobres». En un escenario social donde la mayoría de la población no se siente ni rica ni pobre, la tendencia más común es autodefinirse como «clase media».

Quienes defienden esta categorización social -escribe Navarro- «ocultan o desconocen que las encuestas que muestran dichos resultados están sesgadas en extremo, pues resultan de preguntarle a la población si pertenece a la clase alta, a la clase media o a la clase baja. Ante esta terminología, es lógico y predecible que la mayoría escoja la categoría de clase media».

Sin embargo, el profesor Navarro estima que «un estudio objetivo de la estructura social muestra que ésta es en los EEUU semejante a la que existe en la mayoría de los países de la UE-15, con casi idénticas categorías de clase social. En realidad, y objetivamente, hay más personas en EE.UU. que pertenecen a la clase trabajadora que a las clases medias. Y, por cierto, también hay más personas que se sienten más de clase trabajadora que de clase media. En realidad, cuando a la población estadounidense se le pregunta si pertenece a la clase alta, a las clases medias o a la clase trabajadora, hay más estadounidenses que se definen como clase trabajadora que como clase media».

Las llamadas «clases medias» y la izquierda española

Vicenç Navarro advierte en su artículo que el enorme dominio de las derechas europeas en la vida política de Europa ha impuesto la americanización de la cultura política en este continente, con «la utilización de la narrativa estadounidense en el discurso político europeo». Es por ello por lo que en Europa el discurso de clase ha desaparecido. Se ha sustituido fraudulentamente el término «clase trabajadora » por el de «clases medias».

De forma que resulta harto frecuente -advierte Navarro- que incluso dirigentes políticos que se reclaman a sí mismos como pertenecientes a la «izquierda» utilicen esta falaz sustitución en sus discursos. El profesor Navarro cita como ejemplo de ello la alocución del nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, presentando a su partido como «defensor de las clases medias».

Pese a que el profesor Navarro sólo menciona como ejemplo al PSOE, es frecuente escuchar este mismo tipo de discurso de finalidad electoralista en partidos como Izquierda Unida y, ahora, en «Podemos».

Según Navarro, el problema trasciende de la estricta terminología, pues muchos de los equipos dirigentes de estos partidos que se autodefinen como de «izquierda» proceden ellos mismos de las equívocamente denominadas «clases medias», que no son otra cosa que estratos sociales con renta media alta.

El artículo del profesor Navarro es particularmente interesante tratándose de quien se trata. Vicenç Navarro se ha definido en el pasado -y al parecer sigue definiéndose- como socialdemócrata y partidario de la aplicación en la economía de recetas keynesianas. Hay que decir, no obstante, que en sus últimos trabajos se observa una cierta radicalización política en las estimaciones que realiza, deslizándose aparentemente hacia posiciones situadas más a la izquierda. El artículo que glosamos, sin embargo, aunque hace valiosos reconocimientos no frecuentes hoy entre los intelectuales pertenecientes a la academia, no deja de contener algunas contradicciones e insuficiencias que, sin malograr la certeza de lo que afirma, dejan incompleta la crítica a determinados flancos del falso concepto de «clases medias».

Las clases sociales en la sociedad capitalista

De manera sumaria, puede decirse que en la sociedad capitalista desarrollada existen tres clases sociales esenciales cuyas características vienen definidas por su relación con la propiedad de los medios de producción. Por una parte, se encuentran las clases trabajadoras, cuya única propiedad esencial es su fuerza de trabajo, que venden a cambio de un salario. Le sigue la clase media, compuesta primordialmente por pequeños propietarios, comerciantes, profesionales independientes, pequeños propietarios rurales y pequeños empresarios. Su característica fundamental está definida por la propiedad de su modesto medio productivo. El tercer lugar lo ocupan los grandes propietarios de los medios de producción, de la banca, de las entidades financieras, los grandes terratenientes, etc. Los dueños, en definitiva, de los medios de producción de una sociedad capitalista determinada.

Cuando -como denuncia certeramente el profesor Vicenc Navarro- se intenta encubrir la adscripción de los individuos a las clases asalariadas, en realidad lo que se está tratando de hacer es difuminar su pertenencia a un grupo determinado para, de esa forma, anular su identidad y pertenencia social. Al difuminar su identidad no solo se neutraliza a los asalariados como clase social sino que también se los incapacita para la movilización, la solidaridad y, en su momento, para la misma rebelión.

En el artículo del profesor Navarro nos parece apreciar un vacío en este aspecto que no es baladí. Se trata de la precisión insoslayable de que la pertenencia a una u otra clase social está determinada por la relación que cada grupo social tiene con la propiedad de los medios de producción. De forma que las hoy llamadas «clases medias» en su mayoría no son más que franjas sociales de asalariados, peor o mejor remunerados, que al igual que todo el conjunto de la clase, vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario. En el trabajo de Navarro se detecta la ausencia de esta importante precisión, que aunque a algunos les pueda resultar poco relevante es, sin embargo, indispensable no solo para obtener una radiografía veraz de la sociedad contemporánea, sino también para interceptar falsificaciones groseras como la ya mentada adulteración del concepto de las «clases medias».

Por otra parte, al final de su artículo el profesor Navarro reivindica lo que él denomina «el gran éxito» de la socialdemocracia europea en los años de la posguerra mundial. Discrepamos radicalmente con determinadas valoraciones que formula Navarro acerca de la llamada «sociedad del bienestar » inaugurada, según él, por aquellas décadas. Sin embargo, ello no es óbice para que valoremos positivamente parte del contenido del artículo del profesor Navarro, nada frecuente estos días, por cierto, en los ámbitos universitarios españoles.

Fuente original: www.canarias-semanal.org