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Violencia del imperio

Fuentes: Koinonia

Todos los días asistimos, horrorizados, a la violencia en Irak y a las declaraciones del espíritu belicoso del Presidente G. Bush, y también de su contrincante J. Kerry con pequeños matices. Tal violencia está inscrita en el espíritu imperial arraigado en la cultura occidental. Ésta siempre fue imperialista, imponiéndose sobre todos los diferentes. En el […]

Todos los días asistimos, horrorizados, a la violencia en Irak y a las declaraciones del espíritu belicoso del Presidente G. Bush, y también de su contrincante J. Kerry con pequeños matices. Tal violencia está inscrita en el espíritu imperial arraigado en la cultura occidental. Ésta siempre fue imperialista, imponiéndose sobre todos los diferentes. En el siglo XVI tuvo lugar en América Latina el mayor genocidio de la historia, el de los colonizadores europeos. Bastaron 70 años de enfrentamientos militares, enfermedades y trabajos forzados para reducir la población de México de casi 22 millones de personas a sólo 1 millón 700 mil.

¿Por qué esta indescriptible violencia en personas de la vieja cristiandad? Porque interpretaron al indio como no-persona, ser inferior y semi-racional que puede ser esclavizado. Según Aristóteles que formó la inteligencia europea, es un «esclavo natural» al servicio de los hombres libres. Es paradigmática la famosa «Disputa de Valladolid» en 1550, en presencia del Emperador español Carlos V, entre Juan Ginés de Sepúlveda, renacentista y consejero de la Corte, y Bartolomé de las Casas, misionero y tenaz defensor de los indios.

La cuestión central era: ¿se puede hacer «guerra justa» contra los indios, por el hecho de que se resisten a la fe cristiana y son reacios a someterse al rey, que ha sido puesto por Dios como señor del mundo?

Sepúlveda sostiene que los indios son seres brutales y «esclavos naturales». Por su propio bien deben ser incorporados a la comunidad cristiana, a la fuerza. Si se resisten es lícito hacerles la guerra justa y, si llegara el caso, eliminarlos. Esto no es homicidio ni falta de amor, pues son ellos con su resistencia quienes se hacen culpables de su propia destrucción.

Las Casas, que se distinguió por el respeto, la convivencia y el diálogo, se oponía a toda violencia, pues, decía, son seres racionales, con cultura, y son hijos de Dios.

El primer documento que un Papa, Paulo III, escribió para América Latina, la bula Sublimis Deus, de 1537, fue para reafirmar que los indios son «verdaderos seres humanos, que no deben ser privados de su libertad, ni de la propiedad de sus pertenencias, ni deben ser reducidos a la esclavitud».

Pero esa bula nunca fue hecha pública en la colonia, pues deslegitimaba la expropiación de las riquezas en oro y plata llevadas por toneladas a Europa, donde sirvieron de base material para el surgimiento del capitalismo como primera expresión de un proyecto mundial, con sus perversos efectos.

Esta voluntad de exterminio del otro también estaba presente en los comienzos de la colonización italiana y alemana en el sur de Brasil. Las empresas de colonización y los colonos «limpiaban el terreno». Organizaban los fines de semana grupos de exterminio de los llamados «bugres», que eran los indígenas Kaigang y los Xokleng. Los abatían a tiros o los degollaban con machete sin el menor escrúpulo, como relatan en sus investigaciones Piero Brunello (Pioneri. Gli italiani in Brasile e il mito della frontiera, Donzelli, Roma 1994) y Sílvio Coelho dos Santos (Os indios Xokleng, memória visual, UFSC, Florianópolis 1997). Es el mismo gesto asesino de nuestro antepasado el homo sapiens, que hace 30 000 años exterminó al hombre de Neanderthal.

Siempre se buscan razones para la violencia. Ayer los indios, hoy los terroristas. Mañana… ¿no podrían ser los brasileros, incapaces de defender la Amazonia, que tiene una importancia estratégica para el Planeta? Lamentablemente, entra dentro de la lógica de la violencia imperial el que, algún día, sea «internacionalizada». ¿Sabremos oponernos eficazmente?